Desa­yuno de do­min­go con…

Na­cí en Ro­ma en 1975, du­ran­te el exi­lio de mi pa­dre (Benito Ra­bal). Soy ac­tor y di­rec­tor de ci­ne. Es­toy en los Tea­tros Lu­cha­na in­ter­pre­tan­do 'Ha­cia el amor', ba­jo la di­rec­ción de José Car­los Pla­za.

La Voz de Galicia (A Coruña) - XL Semanal - - Sumario -

el ac­tor Li­ber­to Ra­bal.

Xlse­ma­nal. Han pa­sa­do 20 años des­de que pro­ta­go­ni­zó Car­ne tré­mu­la, de Al­mo­dó­var. Y ya ha cum­pli­do los 40. Li­ber­to Ra­bal. Es­toy en­can­ta­do con mi edad, me que­da mu­cho por vi­vir y no me cam­bia­ría por aque­llos 20. Hoy día, en los paí­ses desa­rro­lla­dos… XL. ¡Pa­re!, no se me pon­ga in­ten­so que so­lo re­cor­da­ba tiem­pos fe­li­ces. L.R. Yo soy in­ten­so por na­tu­ra­le­za, pe­ro in­ten­to contenerme. Mi na­tu­ra­le­za es emi­nen­te­men­te re­fle­xi­va. Hay per­so­nas que son bom­bi­llas in­ten­sí­si­mas y otras, fun­di­das. A mí me gus­ta per­te­ne­cer al gru­po de las que bri­llan con in­ten­si­dad. XL. Ha­cia el amor es un tex­to de Ingmar Berg­man, so­bre la pa­re­ja, adap­ta­do por Adria­na Da­vi­do­va, su mu­jer, con quien lo in­ter­pre­ta. L.R. Es un tex­to muy du­ro que tra­ta de en­ten­der el amor como lo es: egoís­ta, in­com­ple­to… Berg­man di­ce que no exis­te el amor ro­mán­ti­co, so­lo el real; y si lo acep­ta­mos así, ten­dre­mos al­go en nues­tras vi­das que nos lle­ne un po­co más que el va­cío que so­le­mos te­ner. XL. Bueno… Berg­man tu­vo más de 20 pa­re­jas, e hi­jos con va­rias de ellas. L.R. El amor siem­pre es con­flic­ti­vo y, de mo­men­to, Adria­na y yo se­gui­mos enamo­ra­dos. A ve­ces uno es jo­ven y es­tú­pi­do, pe­ro tie­ne suer­te: lle­va­mos 20 años con­ver­san­do jun­tos. Aun­que el amor no hay que dar­lo por ga­ran­ti­za­do nun­ca por­que en­ton­ces es­tá muer­to. XL. Fue 'chi­co Al­mo­dó­var' con Bar­dem, Pe­né­lo­pe, Án­ge­la Molina… L.R. Sí, y cre­cí mu­cho. Creo que en­tre Pe­dro y yo aún que­da al­go por ha­cer y es él, ló­gi­ca­men­te, quien de­be­rá de­cir­lo. XL. Tra­ba­jó con su abue­lo Paco en Los san­tos inocen­tes, lo di­ri­gió su pa­dre en El her­mano bas­tar­do de Dios, lo no­mi­na­ron al Go­ya por Tran­vía a la Mal­va­rro­sa… y tra­ba­jó con su abue­la Asun­ción Balaguer en Que­ri­dos poe­tas. L.R. Sí, y me han di­cho co­sas pre­cio­sas y ho­rro­ro­sas. No sien­to el pe­so del ape­lli­do; sí el ca­ri­ño de la gen­te, pe­ro no lo tu­ve más fá­cil por ser Ra­bal: no hay más que re­pa­sar mis tra­ba­jos, los cas­tings, las ve­ces que he par­ti­do de ce­ro. XL. Ha­ce diez años con­tó en te­le­vi­sión que su mu­jer, su hi­jo y us­ted mal­vi­vían con dos eu­ros dia­rios. ¿Qué pa­só? L.R. Aque­llo fue un error, no vol­ve­ré a ha­blar de eso. A ve­ces ha­ces co­sas por no sa­ber có­mo son. Me arre­pen­tí. XL. ¿Le ofre­cie­ron ir a más pro­gra­mas? L.R. Sí, y lo he re­cha­za­do. Pe­ro lo agra­dez­co: te ofre­cen mu­cho di­ne­ro y nun­ca sa­bes si un día tie­nes un pro­ble­ma de sa­lud y lo aca­bas ne­ce­si­tan­do. Es in­creí­ble el di­ne­ro que hay ahí.

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