DE LA CA­LLE A LAS GA­LE­RÍAS

La Voz de Galicia (A Coruña) - XL Semanal - - Conocer Arte -

El pre­cio de las obras de Banksy so­lo las ha­ce ase­qui­bles a un gru­po de com­pra­do­res muy con­cre­to: los que pue­den pa­gar más de 100.000 eu­ros por una se­ri­gra­fía de 50 por 50 cen­tí­me­tros. Las obras más ca­ras ron­dan el me­dio mi­llón. Su­mas co­mo esas so­lo se pa­gan cuan­do el clien­te da por se­gu­ra la in­ver­sión, es de­cir, an­ti­ci­pa una fu­tu­ra subida del pre­cio. En Áms­ter­dam se ha abier­to el nue­vo Mu­seo de Ar­te Con­tem­po­rá­neo, y lo ha­ce con una do­ble ex­po­si­ción: Andy War­hol y Banksy. Am­bos com­par­ten ya un mis­mo ni­vel. Lo cu­rio­so es que es­te ti­po de éxi­tos siem­pre ha si­do un ta­bú pa­ra el grafitero más fa­mo­so del mun­do, al­go de lo que siem­pre ha hui­do. Y es que es­te ar­tis­ta, que cuen­ta en­tre sus fans con Brad Pitt y An­ge­li­na Jo­lie, se con­vir­tió en Banksy por­que se obs­ti­nó en ser un fan­tas­ma, por­que vi­ve al mar­gen de mu­seos, ga­le­rías y re­vis­tas es­pe­cia­li­za­das, por­que se bur­la del mer­ca­do del ar­te y de los co­lec­cio­nis­tas acau­da­la­dos. Y, ade­más, es un ti­po di­ver­ti­do, au­tén­ti­co, que ha apor­ta­do al­go pro­pio a la tra­di­ción ar­tís­ti­ca de la que sur­gió. Banksy com­par­te con sus com­pa­ñe­ros de spray esa épi­ca de la gue­rri­lla, pe­ro hay al­go que lo di­fe­ren­cia de ellos: es mu­cho me­jor.

LA BÚS­QUE­DA DE UN FAN­TAS­MA

¡Nun­ca me en­con­tra­réis! Ese era el re­to que Banksy lan­za­ba al mer­ca­do del ar­te, al sis­te­ma, a los me­dios. El re­to fue acep­ta­do. El que más en se­rio se lo to­mó fue la edi­ción do­mi­ni­cal del Daily Mail. En el ve­rano de 2008, un equi­po de cua­tro pe­rio­dis­tas se en­ca­mi­nó a Bris­tol. Lo di­ri­gía Clau­dia Jo­seph, una re­por­te­ra que ya ha­bía tra­ba­ja­do pa­ra el pe­rió­di­co si­guien­do el ras­tro a fa­mi­lia­res de El 'an­ti­par­que' de atrac­cio­nes que el ar­tis­ta ha abier­to en So­mer­set, In­gla­te­rra. fa­mo­sos. Y era es­pe­cial­men­te bue­na en lo su­yo. Ocho años an­tes, los pe­rió­di­cos y pá­gi­nas web bri­tá­ni­cos se ha­bían vis­to sa­tu­ra­dos de ar­tícu­los y re­por­ta­jes que apun­ta­ban quién po­día es­con­der­se de­trás del pseu­dó­ni­mo de Banksy. En unos se de­cía que se tra­ta­ba de un ti­po lla­ma­do Ro­bin Banks; en otros, que era un co­lec­ti­vo de va­rios ar­tis­tas. La pe­rio­dis­ta Clau­dia Jo­seph, una fa­ná­ti­ca de su tra­ba­jo, bu­ceó en ban­cos de imá­ge­nes y ar­chi­vos has­ta que dio con una fo­to­gra­fía. En ella se veía a un hom­bre arro­di­lla­do, con tro­zos de car­tón re­cor­ta­dos y bo­tes de spray. Pre­sun­ta­men­te, la ima­gen se ha­bría to­ma­do en Ja­mai­ca y, pre­sun­ta­men­te tam­bién, era Bansky. Me­ses más tar­de, tras nu­me­ro­sas pes­qui­sas, Jo­seph en­con­tró un in­for­man­te que no so­lo creía co­no­cer al hom­bre que apa­re­cía en la fo­to, sino que tam­bién pu­do dar­le un nom­bre: Ro­bin Gun­ning­ham. Pa­re­cía una bue­na pis­ta. Gun­ning­ham era de la mis­ma zo­na de Bris­tol de la que pre­sun­ta­men­te pro­ce­día Bansky. La pe­rio­dis­ta se di­ri­gió a la se­de cen­tral del Re­gis­tro Ci­vil de Lon­dres y pi­dió ac­ce­der a la fi­cha de Ro­bin Gun­ning­ham, ve­ni­do al mun­do el 29 de ju­lio de 1973. Allí tam­bién ave­ri­guó los nom­bres de sus pa­dres: Pe­ter Gor­don Gun­ning­ham –eje­cu­ti­vo ju­bi­la­do– y Pa­me­la Ann Daw­kin-jo­nes –an­ti­gua se­cre­ta­ria–. La pa­re­ja se ha­bía se­pa­ra­do. Al fi­nal de su in­ves­ti­ga­ción, Clau­dia Jo­seph te­nía una lis­ta con 20 ami­gos, pa­rien­tes y ar­tis­tas ca­lle­je­ros de Bris­tol. Ade­más, des­cu­brió que al­gu­nos de los an­ti­guos com­pa­ñe­ros de pi­so de Gun­ning­ham tam­bién eran ami­gos de Banksy. Una mu­jer ad­mi­tió que ha­bía en­con­tra­do obras de Banksy cuan­do com­pró una ca­sa en la que ha­bía vi­vi­do Gun­ning­ham. Ca­lien­te, ca­lien­te, pen­só la re­por­te­ra. Fi­nal­men­te, un buen día lla­mó a la puer­ta de ese ju­bi­la­do lla­ma­do Pe­ter Gun­ning­ham, el pre­sun­to pa­dre de Ro­bin. «¿Su hi­jo es el ar­tis­ta co­no­ci­do co­mo Banksy?», le pre­gun­tó. El an­ciano res­pon­dió edu­ca­da­men­te que no po­día de­cir­le na­da. Son­rió y guar­dó si­len­cio. Aque­llo fue la con­fir­ma­ción, di­ce Clau­dia Jo­seph hoy.

El Mu­seo de Ar­te Con­tem­po­rá­neo de Áms­ter­dam ex­hi­be a Banksy con War­hol. Sus obras va­len me­dio mi­llón de eu­ros

LOS AL­GO­RIT­MOS

En aque­llos tiem­pos, año 2008, las téc­ni­cas cri­mi­no­ló­gi­cas no es­ta­ban

DISMALAND.

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