En­tre­vis­ta.

Es el di­rec­tor de tea­tro y ópe­ra es­pa­ñol más acla­ma­do del mun­do. Y el más po­lé­mi­co. El pri­me­ro de nues­tro país que di­ri­gi­rá en el Me­tro­po­li­tan Ope­ra Hou­se de Nue­va York y que aca­ba de triun­far en la Ópe­ra Na­cio­nal de Pa­rís. Ra­di­ca­do en Sui­za des­de 2013, B

La Voz de Galicia (A Coruña) - XL Semanal - - Sumario - POR DIE­GO BAGNERA / FO­TO­GRA­FÍA: AN­TÓN GOIRI

Ca­lix­to Biei­to, el di­rec­tor de tea­tro y ópe­ra es­pa­ñol más acla­ma­do del mun­do, se po­ne al fren­te del Tea­tro Arria­ga de Bil­bao. Ha­bla­mos con él.

IPARA QUE SE EN­TIEN­DA RÁ­PI­DA­MEN­TE: si An­to­nio Ban­de­ras es­tá en el top 50 de los ac­to­res más de­man­da­dos de Holly­wood, Ca­lix­to Biei­to es­tá en el top 10 de los di­rec­to­res de es­ce­na de to­do el mun­do. Acla­ma­do en Ale­ma­nia, Sue­cia, No­rue­ga, Di­na­mar­ca, Sui­za, In­gla­te­rra, Ar­gen­ti­na, Es­ta­dos Uni­dos y un lar­go ro­sa­rio de paí­ses con tra­di­ción es­cé­ni­ca, aca­ba de triun­far en la Ópe­ra Na­cio­nal de Pa­rís, con Lear, de Ari­bert Rei­mann, y el año que vie­ne se con­ver­ti­rá en el pri­mer es­pa­ñol que di­ri­ge en el Me­tro­po­li­tan Ope­ra Hou­se de Nue­va York, don­de pre­sen­ta­rá su ver­sión de La forza del des­tino, de Ver­di. Tie­ne, a su vez, en­car­gos has­ta 2021 y un pro­yec­to por de­lan­te en Bil­bao que lo lle­na de ilu­sión. A los nom­bres de Frank Gehry, Nor­man Fos­ter o Ara­ta Iso­za­ki –ar­qui­tec­tos con los que Bil­bao se ha con­ver­ti­do en una es­pe­cie de mu­seo al ai­re li­bre– su­ma aho­ra el nom­bre de Ca­lix­to Biei­to pa­ra co­man­dar otra de sus jo­yas ar­qui­tec­tó­ni­cas y cul­tu­ra­les: el Tea­tro Arria­ga, un es­pa­cio mul­ti­dis­ci­pli­nar, téc­ni­ca­men­te pre­pa­ra­do pa­ra al­ber­gar y pro­du­cir al­gu­nos de los mon­ta­jes más pun­te­ros de tea­tro, ópe­ra y dan­za de Eu­ro­pa. A gran­des pro­pó­si­tos, gran­des apues­tas. Na­die me­jor pa­ra ayu­dar­los en es­te plan que el pro­pio Biei­to, por su do­ble fa­ce­ta de di­rec­tor de es­ce­na de pri­mer or­den con ex­pe­rien­cia a su vez en di­ri­gir tea­tros, co­mo cer­ti­fi­can sus on­ce años al fren­te del Tea­tre Ro­mea de Bar­ce­lo­na o los que lle­va des­de 2013 co­mo uno de los di­rec­to­res ar­tís­ti­cos del Tea­tro de Ba­si­lea, ciu­dad en la que des­de en­ton­ces re­si­de. De to­do es­to y más ha­bla­mos con un di­rec­tor que allá don­de va a na­die de­ja in­di­fe­ren­te.

Xl­se­ma­nal. De­fi­nía Bor­ges el tea­tro co­mo un lu­gar en el que unas per­so­nas si­mu­lan creer ser otras fren­te a otras que si­mu­lan creer­las. ¿Por qué so­bre­vi­ve es­te jue­go de si­mu­la­ción des­pués de tan­tos si­glos? Ca­lix­to Biei­to. Por­que es pro­fun­da­men­te hu­mano. Y va a so­bre­vi­vir mien­tras ha­ya hu­ma­nos. Es una res­pues­ta muy sen­ci­lla, pe­ro creo que so­bre­vi­ve por eso. Por­que es el ar­te de ju­gar, de si­mu­lar, de ha­cer creer. En­ton­ces fun­cio­na. XL. ¿Tie­ne tam­bién al­go de sue­ño lú­ci­do? C.B. Sí, el sue­ño des­pier­to de po­der vi­vir ex­pe­rien­cias que tú no vi­ves nor­mal­men­te. Uno no tie­ne por ejem­plo diez mu­je­res co­mo pue­des te­ner en es­ce­na sien­do En­ri­que VIII. XL. Me re­fe­ría a que us­ted es de los di­rec­to­res que ven el es­ce­na­rio co­mo un lu­gar en el que de­be ha­cer­se vi­si­ble aque­llo que, co­mo so­cie­dad, no siem­pre que­re­mos afron­tar. Y se lle­va tam­bién las tor­tas por ello, por no trai­cio­nar el dra­ma en pos del show. No ha­ce en­tre­te­ni­mien­to... C.B. Sí, pe­ro no ha­go na­da de es­to de mo­do cons­cien­te. Lo que sé es que no pue­do trai­cio­nar­me. No pue­do. No lo he he­cho nun­ca. Es una cues­tión, creo yo, de ca­rác­ter. Así co­mo soy cal­vo o ten­go los ojos os­cu­ros. No sé. Vie­ne en el pa­que­te. No pue­do ha­cer­lo, no po­dría. Lo mis­mo que no me sien­to y pien­so: «Aho­ra ve­rás, voy a pro­vo­car a es­ta gen­te». No. Yo no es­pecu­lo con lo que es­toy ha­cien­do. Ha­go lo que creo que es, lo que sien­to. A ve­ces me can­sa mu­cho, pe­ro a ve­ces me da mu­cha ener­gía. Por­que ser muy trans­pa­ren­te es bueno, pe­ro a ve­ces es du­ro. XL. Ha­blan­do de ello, le han pues­to to­do ti­po de eti­que­tas: en­fant te­rri­ble, rom­pees­ce­na­rios, trans­gre­sor, pro­vo­ca­dor, y lo han abu­chea­do mu­chas ve­ces, al­go que no le gus­ta... C.B. No, no me gus­ta que me abu­cheen, cla­ro. Pe­ro, a ver, esa no­che duer­mo, eh. XL. ¿Aho­ra lo abu­chean me­nos? C.B. No lo sé. No lo he cal­cu­la­do [son­ríe]. Pe­ro bueno, ya ve­re­mos Die Sol­da­ten en Madrid... [su ver­sión de es­ta ópe­ra de Zim­mer­man se ve­rá el año que vie­ne en el Tea­tro Real]. Nun­ca se ha re­pre­sen­ta­do en Es­pa­ña, y es un es­pec­tácu­lo muy muy po­de­ro­so, que ha te­ni­do un re­ci­bi­mien­to in­creí­ble en Zú­rich y en Berlín. A ver qué pa­sa con mis pai­sa­nos… [ríe]. XL. ¿Na­die es pro­fe­ta en su tie­rra? C.B. No, no. Yo me he sen­ti­do muy re­com­pen­sa­do en Bar­ce­lo­na y en Madrid. Y he ga­na­do premios bue­nos. Me he sen­ti­do y me sien­to bien allí, y lle­van­do aho­ra co­mo se me ofre­ce lle­var el Arria­ga en Bil­bao… Es otro re­co­no­ci­mien­to. XL. ¿Ha de­tec­ta­do ya qué les es­can­da­li­za a sus de­trac­to­res: la re­in­ter­pre­ta­ción de los clá­si­cos, la re­ubi­ca­ción geo­grá­fi­ca y tem­po­ral de los con­flic­tos, los des­nu­dos...? C.B. No lo sé. La ver­dad, no lo sé. So­bre to­do, lo de los des­nu­dos. Mi primera fan­ta­sía eró­ti­ca fue con un cua­dro de Ru­bens: El rap­to de las hi­jas de Leu­ci­po. Es­to es real. Y no veo que na­die se es­can­da­li­ce an­te un Ru­bens ni que an­te El jar­dín de las de­li­cias, del Bos­co, se plan­tee: «Oye, por qué es­te le es­tá me­tien­do a es­te otro una flau­ta en el cu­lo». No pres­to por ello mu­cha aten­ción a es­tas cosas. No me gus­ta que me pi­ten, pe­ro tam­po­co le doy im­por­tan­cia. Aho­ra: sí sé que hay gen­te que, sin co­no­cer mi tra­ba­jo, me ha pre­juz­ga­do. No sé si eso es o no un de­fec­to es­pa­ñol, pe­ro bueno… XL. ¿Cuán­do em­pe­za­rá, por cier­to, su tra­ba­jo en el Arria­ga? C.B. En 2017. An­tes ya es­tá to­do pro­gra­ma­do y no he que­ri­do can­ce­lar na­da. Su­ma­ré a lo que hay. Me he com­pli­ca­do la vida acep­tan­do, pe­ro es por la ilu­sión que me pro­vo­ca. El Arria­ga es un tea­tro muy her­mo­so y creo que se pue­den ha­cer mu­chas cosas en él. Mis ami­gos me di­cen: «Vas a apor­tar mu­chas cosas allí», pe­ro creo que tam­bién yo voy a apren­der mu­cho. XL. ¿Pre­sen­ta­rá tam­bién tra­ba­jos su­yos? C.B. Sí, mis mon­ta­jes se van a ver en Bil­bao. So­lo en Bil­bao. XL. ¿Res­ca­ta­rá tra­ba­jos que no he­mos vis­to en Es­pa­ña? C.B. Sí, no so­lo ópe­ra. Tam­bién tea­tro. Hay cosas mías que es­tán aho­ra con to­do ven­di­do en Stuttgart que quie­ro lle­var. In­ten­ta­ré ha­cer tam­bién to­da la pe­da­go­gía po­si­ble. Quie­ro in­vi­tar a gen­te de fue­ra que ven­ga a tra­ba­jar con la gen­te del País Vas­co y que la gen­te del País Vas­co viaje tam­bién fue­ra. XL. Y pro­gra­ma­rá cosas en eus­ke­ra, su­pon­go. C.B. Sí, cla­ro, así co­mo tra­ba­jo en da­nés, en ru­so, en no­rue­go, en sue­co, es nor­mal que ten­ga in­te­rés por el eus­ke­ra. XL. ¿No te­me que al­gu­nos lo vean co­mo un ac­to de con­des­cen­den­cia y otros, de pro­vo­ca­ción? C.B. No, no me im­por­ta. «Allá don­de fue­res, haz lo que vie­res». Si lo ha­go con otras len­guas, ¿por qué no con el eus­ke­ra? Ha­ré tam­bién mu­chas cosas en cas­te­llano, por­que la po­bla­ción es bi­lin­güe. Y ven­drán cosas en in­glés, en ale­mán o fran­cés. Lo nor­mal. Co­mo en un tea­tro eu­ro­peo. XL. Cuan­do mi­ra atrás y ve su re­co­rri­do, ¿qué? ¿Ha lle­ga­do más le­jos de lo que creía que lle­ga­ría? C.B. Sí... Mu­cho. La vida me es­tá dan­do más de lo que yo es­pe­ra­ba. Nun­ca me ha­bía sen­ta­do a pen­sar has­ta dón­de

"EL TEA­TRO SO­BRE­VI­VE POR­QUE ES PRO­FUN­DA­MEN­TE HU­MANO. ES EL AR­TE DE JU­GAR. EL SUE­ÑO LÚ­CI­DO DE VI­VIR VA­RIAS VI­DAS" "LO ME­JOR QUE LE HA PA­SA­DO A LA HU­MA­NI­DAD ES EM­PE­ZAR A PIN­TAR PA­RE­DES EN UNA CUE­VA. LOS DE­MÁS SO­MOS SO­LO CONTINUADORES DE AQUE­LLO"

lle­ga­ré. Sí que­ría tra­ba­jar en di­fe­ren­tes len­guas, eso sí. Soy una per­so­na cu­rio­sa. Por eso, a ve­ces, cuan­do me pre­gun­tan: «¿Vas a edu­car al pú­bli­co en Bil­bao?», di­go: «No. No soy un pro­fe­sor. Voy a es­ti­mu­lar la cu­rio­si­dad del pú­bli­co, que es al­go di­fe­ren­te». Yo ex­pre­so lo que ha es­cri­to un se­ñor. Y con mi mi­ra­da, que es dis­tin­ta a la de otros. Y ya es­tá. En eso es­toy. XL. ¿Y có­mo lle­ga al tea­tro un ni­ño de Mi­ran­da de Ebro for­ma­do en­tre los 4 y los 15 años por los je­sui­tas? C.B. Es que con los je­sui­tas te­nía­mos un tea­tro muy gran­de. Y yo can­ta­ba en el co­ro y sa­lía en las obras. Los je­sui­tas, ade­más, uti­li­zan el tea­tro co­mo me­dio pe­da­gó­gi­co. Ya cuan­do evan­ge­li­za­ron en Amé­ri­ca, re­pre­sen­ta­ban las li­tur­gias co­mo for­ma de pe­da­go­gía. Yo hoy no soy un ca­tó­li­co prac­ti­can­te, no soy tam­po­co an­ti­ca­tó­li­co. No soy re­li­gio­so, di­ga­mos, pe­ro mi cul­tu­ra es ca­tó­li­ca, sí. Me que­do con las cosas po­si­ti­vas. XL. Y lo de vi­vir ca­si un avión y en ho­te­les, ¿le com­pen­sa? ¿Via­jar era un sue­ño de jo­ven, y es­te, el pre­cio a pa­gar? C.B. Sí, yo so­ña­ba con ir­me al nor­te, que siem­pre me ha gus­ta­do. Y me gus­ta­ba mu­cho un tro­feo de rugby: el Cin­co Na­cio­nes. Lo veía en la te­le y me gus­ta­ba la nie­bla en los es­ta­dios de Es­co­cia, las high­lands. De muy jo­ven em­pe­cé a leer, ade­más, ro­man­ti­cis­mo. Es­ta­ba fas­ci­na­do con ello. Y siem­pre so­ña­ba: al­gún día me iré al nor­te, al po­lo nor­te in­clu­so. Y su­pe tam­bién pron­to que que­ría tra­ba­jar en otros paí­ses y otras len­guas. XL. ¿Có­mo es la ex­pe­rien­cia de ir de ciu­dad en ciu­dad, de elen­co en elen­co? ¿Có­mo se sien­te en esos en­sa­yos? C.B. Es­toy ex­tre­ma­da­men­te re­la­ja­do en los en­sa­yos. Me

EN GI­RA CON­TI­NUA Los mon­ta­jes de Biei­to van re­pre­sen­tán­do­se por va­rios paí­ses du­ran­te años. Su ver­sión de Fi­de­lio, de Beet­ho­ven, de 2011, ha vuel­to a ver­se es­te año en Mú­nich.

CON JO­SEP M. POU Biei­to y Jo­sep Maria Pou coin­ci­die­ron en 2004 en un me­mo­ra­ble Rey Lear y en 2012 en Fo­rests, tam­bién de Sha­kes­pea­re.

UNO DE SUS RE­CIEN­TES ÉXI­TOS El mon­ta­je de Biei­to de The Fairy Queen, de Pur­cell, con to­do ven­di­do en Stuttgart, po­dría lle­gar al Arria­ga.

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