EL DRA­MA DE MI VI­DA

Se hi­cie­ron fa­mo­sos en al­gu­nas de las se­ries de te­le­vi­sión más vis­tas: 'Aí­da', 'Hos­pi­tal Cen­tral', 'Vel­vet', 'Amar en tiem­pos re­vuel­tos'... Aho­ra sal­tan a la are­na del gran fo­ro ro­mano de Mé­ri­da, en la 62.ª edi­ción del mí­ti­co Fes­ti­val In­ter­na­cio­nal de Tea

La Voz de Galicia (A Coruña) - XL Semanal - - Magazine En Portada -

Ar­man­do del Río lle­va CHA­QUE­TA, de Har­mont & blai­ne; PA­ÑUE­LO, de Sal­sa; CA­MI­SA y COR­BA­TA, de Brooks Brot­hers, PAN­TA­LÓN, de Cre­mieux: y ZA­PA­TI­LLAS, de Jimmy Choo. Fé­lix Gó­mez vis­te CHA­QUE­TA, de Ds­qua­red2; CA­MI­SA, de Ten­key, JEANS, de Lo­ve Mos­chino, COR­BA­TA, de An­to­nio Mo­ra­to; y ZA­PA­TOS, de Geox. Ma­ri­na San Jo­sé lle­va VES­TI­DO de M.U.S.T; STILETTO, de Jimmy Choo; y CO­LLAR y PUL­SE­RA, de Swa­rovs­ki. Me­la­nie Oli­va­res lu­ce PAN­TA­LÓN de seda, de Ni­ce Things; TOP len­ce­ro, de Hanky Panky; PUL­SE­RA, de Ali­bey; y SAN­DA­LIAS, de Pu­ra Ló­pez.

Fe­li­ciano Gó­mez na­ció en Car­mo­na (Se­vi­lla) y de­bu­tó en la se­rie de te­le­vi­sión de Ca­nal Sur Pla­za Al­ta, en 1998. Ese mis­mo año for­mó par­te co­mo ac­tor fi­jo de la se­rie Al sa­lir de cla­se. Dos años más tar­de, en 2000, rue­da su pe­lí­cu­la, Be­sos pa­ra to­dos, di­ri­gi­da por Jai­me Chá­va­rri. Des­de en­ton­ces ha tra­ba­ja­do en una do­ce­na de pe­lí­cu­las y en otras tan­tas obras de tea­tro. Es­te ve­rano, en Mé­ri­da, Fé­lix es el pro­ta­go­nis­ta de Ale­jan­dro Magno (del 13 al 17 de ju­lio). Xlse­ma­nal.

Se­vi­llano de Car­mo­na y sin acen­to del sur. Fé­lix Gó­mez. Lo tu­ve que de­jar en ca­sa cuan­do me vi­ne a Ma­drid, ha­ce 16 años. Yo soy muy ca­be­zón y me em­pe­ñé mu­cho en qui­tár­me­lo, en­tre otras co­sas por­que era muy di­fí­cil tra­ba­jar si no te­nías acen­to neu­tro.

XL. Es­tu­dió a la vez De­re­cho y Ar­te Dra­má­ti­co.

F.G. De­re­cho no lo ter­mi­né, pe­se a que tam­bién era vo­ca­cio­nal y a que lo es­tu­dia­ba por te­ner otra salida en caso de que fra­ca­sa­ra mi ca­rre­ra de ac­tor. Cuan­do es­ta­ba en ter­ce­ro de De­re­cho y cuar­to de Ar­te Dra­má­ti­co em­pe­cé a tra­ba­jar en una se­rie de te­le­vi­sión y ya no pu­de con to­do a la vez. Te­nía 20 o 21 años y no te­nía vi­da. Re­cuer­do que se me da­ba muy bien Pe­nal y que me plan­tea­ba es­pe­cia­li­zar­me en cri­mi­no­lo­gía. Aho­ra no tie­ne mu­cho sen­ti­do que la aca­be por­que sé que ya no voy a ejer­cer la abo­ga­cía.

XL. En su úl­ti­mo tra­ba­jo te­le­vi­si­vo in­ter­pre­tó a Fer­nan­do Ál­va­rez de To­le­do, du­que de Al­ba y aho­ra en Mé­ri­da se me­te­rá en la piel na­da me­nos que de Ale­jan­dro Magno.

F.G. ¡Me­nu­dos per­so­na­ja­zos tan in­creí­bles! Yo ya so­lo voy a ad­mi­tir pa­pe­les de re­yes pa­ra arri­ba [ríe]. Ha­cer de Ale­jan­dro Magno aho­ra es una opor­tu­ni­dad ma­ra­vi­llo­sa pa­ra mí; pe­ro es que, ade­más, Ale­jan­dro Magno es mi hé­roe des­de ni­ño. No re­cuer­do en qué mo­men­to exac­to apa­re­ce en mi vi­da por­que lo re­cuer­do des­de siem­pre li­ga­do a mí.

XL. ¿Qué le lla­ma­ba más la aten­ción de él? F.G. Me im­pre­sio­na­ba lo mu­cho que Ale­jan­dro ad­mi­ra­ba a Da­río, su enemi­go por ex­ce­len­cia, con el que no de­jó de lu­char, has­ta el pun­to de sen­tir mu­cho do­lor y su­fri­mien­to cuan­do lo ase­si­na­ron sin te­ner la opor­tu­ni­dad de ha­ber­se ba­ti­do con él ca­ra a ca­ra.

XL. Tam­bién des­de ni­ño vie­ne di­cien­do que quie­re ser ac­tor de Holly­wood, ¿có­mo lle­va es­ta cues­tión?

F.G. Tra­ba­jar en Holly­wood es pa­ra mí una me­ta cons­tan­te y si­go en ello. De he­cho, ten­go allí agen­tes que me bus­can co­sas y vi­vo par­te del año en Los Án­ge­les. De­sa­for­tu­na­da­men­te, los pi­lo­tos que he­mos he­cho de los dos úl­ti­mos pro­yec­tos, al fi­nal, no se con­vir­tie­ron en se­rie. Den­tro de po­co me vol­ve­ré a mar­char pa­ra ver si a la ter­ce­ra va la ven­ci­da, pien­so se­guir lu­chan­do por con­se­guir mi sue­ño.

XL. Cuen­ta que a su pa­dre no le gus­tó na­da que se de­di­ca­ra a es­ta pro­fe­sión.

F.G. Pa­ra él no fue un pla­to de gus­to por­que no veía con res­pe­to es­ta pro­fe­sión. Él es em­pre­sa­rio y es­tá en otro mun­do. Y mi ma­dre me pre­gun­ta qué se me ha per­di­do en Holly­wood por­que lo que quie­re es te­ner­me en ca­sa. Co­mo ma­má ga­lli­na que es, ella que­rría te­ner a to­dos los po­llue­los muy cer­qui­ta.

XL. ¿Si­gue sien­do un sue­ño por cum­plir el te­ner hi­jos?

F.G. Sí, me gus­ta­ría mu­cho ser pa­dre. Yo ven­go de fa­mi­lia nu­me­ro­sa y ten­go mu­chos pri­mos –vein­ti­tan­tos por un la­do y cin­cuen­ta y tan­to por el otro– cria­dos co­mo her­ma­nos. De mo­men­to, la vi­da me es­tá lle­van­do por otros de­rro­te­ros y es­toy muy fo­ca­li­za­do en mi ca­rre­ra pro­fe­sio­nal y hay ve­ces que me pre­gun­to si a mis 38 años no se me es­ta­rá pa­san­do un po­co el arroz, por­que no quie­ro ser un pa­pá con 50 años.

XL. ¡Pues ya se pue­de es­pa­bi­lar! Ten­drá, al me­nos, can­di­da­ta…

F.G. ¡Pues no! [Ríe]. No hay can­di­da­ta, pe­ro pien­so que cuan­do lle­gue el mo­men­to la ha­brá. Si no hay can­di­da­ta, es por­que no es el mo­men­to. Es­to nun­ca se sa­be, pue­de sur­gir de la no­che a la ma­ña­na.

XL. Por cier­to, me han di­cho que tie­ne un pron­to com­pli­ca­do y eso no ayu­da mu­cho.

F.G. ¡Qué va! [Ríe]. Re­co­noz­co que soy im­pul­si­vo y ca­be­zón y que, cuan­do me en­fa­do, pue­do de­cir co­sas de las que lue­go me arre­pien­to; pe­ro en ge­ne­ral no soy una per­so­na com­pli­ca­da.

XL. ¿Es ver­dad que era un ni­ño gor­di­to?

F.G. Sí, fui más bien fon­dón has­ta los 17 años. Aho­ra, aun­que soy muy co­ci­ni­tas y me en­can­ta co­mer, es­toy muy en­gan­cha­do al cross­fit y no ten­go di­fi­cul­tad en man­te­ner­me.q

"Tra­ba­jar en Holly­wood es mi me­ta. Ten­go agen­tes allí y vi­vo par­te del año en Los Án­ge­les"

Ella y su her­mano, Da­vid, han si­do el se­cre­to me­jor guar­da­do de Ana Be­lén y Víc­tor Ma­nuel, que des­de el pri­mer mo­men­to los man­tu­vie­ron ale­ja­dos de los fo­cos. Al ter­mi­nar el ba­chi­lle­ra­to, Ma­ri­na em­pe­zó a tra­ba­jar ha­cien­do co­ros a sus pa­dres. Pron­to en­con­tra­rá su hue­co en las se­ries de te­le­vi­sión: Amis­ta­des pe­li­gro­sas, Gran Re­ser­va y, so­bre to­do, Amar en tiem­pos re­vuel­tos, don­de fue pro­ta­go­nis­ta de 424 epi­so­dios. Aho­ra de­bu­ta en el Fes­ti­val de Mé­ri­da. Xlse­ma­nal. Tie­ne 32 años… Ma­ri­na San Jo­sé. Per­dón, 33 en sep­tiem­bre.

XL. ¿Por qué se po­ne años? ¿Quie­re ser ma­yor?

M.S.J. [Ríe]. No me preo­cu­pa na­da cum­plir años.

XL. ¿Es ver­dad que hu­bo un tiem­po en que que­ría ser ve­te­ri­na­ria?

M.S.J. Sí, sí; mi pa­sión por los ani­ma­les no ha cam­bia­do na­da; pe­ro lo que ha­bía que ha­cer con los ani­ma­les si me con­ver­tía en ve­te­ri­na­ria ya no me ha­cía tan­ta gra­cia. Yo es­toy dis­pues­ta a cui­dar de los ani­ma­les, pe­ro no a abrir­los en ca­nal.

XL. La pro­fe­sión de ac­tor tam­bién tie­ne su la­do os­cu­ro, y us­ted lo su­po des­de que na­ció.

M.S.J. No iba en­ga­ña­da, no; sa­bía per­fec­ta­men­te dón­de me me­tía. Y, pe­se a to­do, me de­ci­dí por es­to. Em­pe­cé en Wi­lliam Lay­ton un año y lue­go otro… y así me fui me­tien­do, po­co a po­co. No te­nía muy cla­ro lo que que­ría, pe­ro sí que yo no iba a es­tu­diar una ca­rre­ra con­ven­cio­nal. Ade­más, no me gus­ta­ba mu­cho es­tu­diar.

XL. Pues de­be de es­tar to­man­do de su pro­pia me­di­ci­na por­que los ac­to­res…

M.S.J. Sí, sí, no si­gas: aho­ra es­toy es­tu­dian­do el día en­te­ro, más que en to­da mi vi­da [ri­sas].

XL. ¿Por qué em­pe­zó uti­li­zan­do pseu­dó­ni­mo?

M.S.J. Em­pe­cé ha­cien­do co­ros a mis pa­dres y no me ape­te­cía mu­cho que la gen­te me re­co­no­cie­se. Por eso me pu­se Xa­na, un nom­bre de la mi­to­lo­gía as­tu­ria­na. La gen­te que tie­ne amor ha­cia mis pa­dres me iden­ti­fi­ca rá­pi­do por el ape­lli­do San Jo­sé. Es un ha­la­go que me re­la­cio­nen con ellos, qué du­da ca­be, pe­ro tam­bién me gus­ta que me re­co­noz­can por mí mis­ma.

XL. Y, de pron­to, cua­tro años se­gui­dos en el elen­co de Amar en tiem­pos re­vuel­tos.

M.S.J. Es cu­rio­so por­que hi­ce una prue­ba dos años an­tes y no me co­gie­ron, no de­bía de es­tar yo pre­pa­ra­da. Y lue­go mi­ra: más de 400 ca­pí­tu­los se­gui­dos.

XL. Y aho­ra, en ju­lio, a Mé­ri­da.

M.S.J. ¡Puf!, to­da­vía no me he he­cho mu­cho a la idea: no lo quie­ro pen­sar de­ma­sia­do por­que el tea­tro ro­mano de Mé­ri­da es un sue­ño pa­ra cual­quier ac­tor. Mi pa­pel es muy bo­ni­to: soy Asia­na, una prin­ce­sa gue­rre­ra, muy gue­rre­ra, que va a lu­char con­tra Ale­jan­dro Magno.

XL. Ma­ri­na, sin em­bar­go, de­rro­cha dul­zu­ra. M.S.J. Eso es lo que se ve de mí en el pri­mer plano, pe­ro lue­go… A ve­ces ten­go ma­la le­che, so­bre to­do cuan­do me pongo de los ner­vios [ríe].

XL. ¿Qué no so­por­ta?

M.S.J. La ma­la edu­ca­ción... y hay mu­cha.

XL. Ad­vier­te que no quie­re ha­blar de po­lí­ti­ca, que no se va a ‘mo­jar’ en pú­bli­co.

M.S.J. Es una de­ci­sión que he to­ma­do, sí; qui­zá por­que he vis­to mu­cho com­pro­mi­so por arri­ba, en mis pa­dres. Mi tra­ba­jo es mi tra­ba­jo y no quie­ro mez­clar­lo con to­do lo que con­lle­va asu­mir com­pro­mi­sos po­lí­ti­cos.

XL. ¿Y us­ted tie­ne cla­rí­si­ma la cues­tión po­lí­ti­ca?

M.S.J. ¡Cla­rí­si­ma y re­que­te­cla­rí­si­ma! Va­mos, de to­da la vi­da.

XL. Lo más que ha di­cho es que vo­ta ‘a los de siem­pre’. ¿No la han con­ven­ci­do los nue­vos par­ti­dos?

M.S.J. No.

XL. ¿Vi­ve so­la?

M.S.J. Sí. Bueno… con mis pe­rros, mis dos pá­ja­ros, mis pe­ces y mis ra­nas.

XL. ¡Ma­dre mía! Al fi­nal tra­ba­ja pa­ra pa­gar al ve­te­ri­na­rio.

M.S.J. Pues un po­co sí [ríe]. A las ra­nas no las lle­vo al ve­te­ri­na­rio y me du­ran bas­tan­te. Las que ten­go lle­van en ca­sa ya tres años y pa­san el in­vierno tan ri­ca­men­te.

XL. ¿Pe­ro dón­de vi­ve us­ted? ¿Có­mo es su ca­sa?

M.S.J. Es un áti­co que tie­ne una te­rra­za con char­qui­tos pa­ra que las ra­nas pue­dan vi­vir suel­tas. Es un po­co jun­gla.

XL. ¿Y qué me cuen­ta de los pá­ja­ros?

M.S.J. Que son hem­bra y ma­cho de aga­por­ni, el pá­ja­ro del amor. Los he cria­do des­de pe­que­ñi­tos con pa­pi­llas, son co­mo pe­rros, su­per­ma­ne­ja­bles, y tam­bién es­tán suel­tos por la ca­sa.

XL. ¿Y los pe­rros no ha­cen na­da a las ra­nas, a los pe­ces ni a los pá­ja­ros?

M.S.J. Aho­ra so­lo ten­go una pe­rra, Mora, que he­re­dé de mi abue­la; pe­ro Mora sa­be per­fec­ta­men­te que las ra­nas, los pe­ces y los pá­ja­ros son par­te de la fa­mi­lia.

XL. ¿Qué ha­ce cuan­do se va de gi­ra?

M.S.J. Re­par­to: mis pa­dres se que­dan con la pe­rra y mis ve­ci­nos y ami­gos –que son ma­ra­vi­llo­sos– se en­car­gan de los de­más.

XL. Ma­ri­na, ¿es tan happy co­mo pa­re­ce?

M.S.J. ¡Sí! Al me­nos, lo in­ten­to. Q

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