En­tre­vis­ta.

Uno pre­si­de la Co­mi­sión Eu­ro­pea y el otro, el Par­la­men­to. Son, por lo tan­to, dos de los hom­bres más po­de­ro­sos de Eu­ro­pa. Ami­gos des­de ha­ce años, nos ha­blan en es­ta char­la con­jun­ta de las con­se­cuen­cias del 'bre­xit', de los gran­des pro­ble­mas de Eu­ro­pa y tam

La Voz de Galicia (A Coruña) - XL Semanal - - Sumario - POR MI­CHAEL SAUGA, KLAUS BRINKBÄUMER Y HONRAD KNAUP

Los pre­si­den­tes del Par­la­men­to Eu­ro­peo y de la Co­mi­sión, Mar­tin Schulz y Jean-clau­de Juncker, char­lan so­bre las con­se­cuen­cias del bre­xit, los gran­des pro­ble­mas de la Unión Eu­ro­pea y tam­bién de su amis­tad y sus con­ver­sa­cio­nes te­le­fó­ni­cas a pri­me­ra ho­ra de la ma­ña­na.

IEL 'BRE­XIT' HA SU­PUES­TO un trau­ma pa­ra la Unión Eu­ro­pea, pe­ro tam­bién es­tá sir­vien­do pa­ra que los eu­ro­peos ha­gan exa­men de con­cien­cia so­bre el fun­cio­na­mien­to de sus ins­ti­tu­cio­nes. Las be­cas Eras­mus, la Agen­cia Es­pa­cial Eu­ro­pea o el CERN y el la­bo­ra­to­rio de in­ves­ti­ga­ción en fí­si­ca de par­tí­cu­las son ejem­plos de que la co­la­bo­ra­ción fun­cio­na. La va­ci­lan­te po­lí­ti­ca so­bre re­fu­gia­dos, la es­ca­sa coor­di­na­ción a la ho­ra de en­fren­tar­se al te­rro­ris­mo yiha­dis­ta o el fra­ca­so de la unión fis­cal y ban­ca­ria son mues­tras de sus de­fec­tos. En es­te cli­ma de in­cer­ti­dum­bre, y des­pués de la di­mi­sión del pri­mer mi­nis­tro bri­tá­ni­co, Da­vid Ca­me­ron, que asu­mió su res­pon­sa­bi­li­dad tras el bre­xit, son mu­chas las vo­ces que se pre­gun­tan si los dos má­xi­mos man­da­ta­rios de la UE, Jean-clau­de Juncker, pre­si­den­te de la Co­mi­sión, y Mar­tin

Schulz, je­fe del Eu­ro­par­la­men­to, hi­cie­ron lo su­fi­cien­te pa­ra evi­tar la es­ci­sión. Schulz y Juncker son dos su­per­vi­vien­tes que lle­van en los or­ga­nis­mos co­mu­ni­ta­rios tan­to tiem­po que la bu­ro­cra­cia los ha so­ma­ti­za­do. Es­tá por ver si la UE so­bre­vi­vi­rá in­dem­ne a su ges­tión. A Schulz na­die lo pue­de acu­sar de ti­bie­za a la ho­ra de de­fen­der en voz al­ta sus idea­les eu­ro­peís­tas, pe­ro las no­ti­cias so­bre los des­bo­ca­dos gas­tos de su sé­qui­to –1,2 mi­llo­nes de eu­ros, más los 280.000 de su suel­do– se co­no­cie­ron en el peor mo­men­to. A Jean-clau­de Juncker, por su par­te, le sal­pi­có de lleno el es­cán­da­lo cuan­do sa­lió a la luz que Lu­xem­bur­go se ha­bía con­ver­ti­do en un pa­raí­so fis­cal pa­ra 240 mul­ti­na­cio­na­les en su eta­pa de pri­mer mi­nis­tro. Y, pa­ra col­mo, el ví­deo don­de se le ve be­bi­do en un ac­to ofi­cial, sa­lu­dan­do a los sor­pren­di­dos je­fes de Es­ta­do pro­pi­nán­do­les bo­fe­ta­das 'ca­ri­ño­sas', dio más mu­ni­ción a los ta­bloi­des bri­tá­ni­cos que apo­ya­ban el bre­xit. Que su pre­de­ce­sor, Jo­sé Ma­nuel Du­rão Ba­rro­so, ha­ya fi­cha­do por el ban­co Gold­man Sachs tam­po­co ayu­da, pues es un ejem­plo de có­mo fun­cio­nan las 'puer­tas gi­ra­to­rias' en las al­tas es­fe­ras co­mu­ni­ta­rias. Schulz y Juncker ale­gan que no han te­ni­do cul­pa en el ma­yor fra­ca­so en la his­to­ria de la UE. En es­ta en­tre­vis­ta, nos ha­blan de to­do ello.

"PA­RA LOS JE­FES DE ES­TA­DO, BRU­SE­LAS TIE­NE LA CUL­PA DE TO­DO. LLE­VA SIEN­DO ASÍ DES­DE HA­CE 20 AÑOS. Y ESO ES MOR­TAL PA­RA EU­RO­PA"

– SCHULZ – "NUES­TRA AMIS­TAD VA MÁS ALLÁ DE LA PO­LÍ­TI­CA. AM­BOS VE­NI­MOS DEL EN­TORNO OBRE­RO. SU ABUE­LO ERA MINERO. MI PA­DRE, OBRE­RO DEL ME­TAL"

– JUNCKER –

Xl­se­ma­nal. Se­ñor Juncker, ¿cuál fue la pri­me­ra per­so­na con la que tu­vo con­tac­to des­pués de co­no­cer la no­ti­cia del bre­xit? Jean-clau­de Juncker. Con Mar­tin Schulz. Tie­ne la cos­tum­bre de lla­mar­me por las ma­ña­nas, en­tre las sie­te y las ocho... A ve­ces me gus­ta­ría que aban­do­na­ra esa cos­tum­bre. Mar­tin Schulz. Creo re­cor­dar que fue, más bien, en­tre las seis y las sie­te. Es­ta­ba to­tal­men­te sor­pren­di­do. Unos días an­tes ha­bía apos­ta­do a que los bri­tá­ni­cos se­gui­rían en la UE. Juncker. Yo apos­té por el bre­xit. De he­cho, Jo­nat­han Hill –el co­mi­sa­rio bri­tá­ni­co de Fi­nan­zas– me de­be una li­bra. XL. ¿Qué se di­je­ron por te­lé­fono? Schulz. Yo di­je: «Jean-clau­de, creo que la co­sa va mal». Lue­go in­sis­tí en que la UE de­bía reac­cio­nar con ce­le­ri­dad. Lo úl­ti­mo que ne­ce­si­tá­ba­mos era una si­tua­ción de 'im­pas­se'. Juncker. Yo pen­sa­ba lo mis­mo. Es­tá­ba­mos de acuer­do en que los bri­tá­ni­cos te­nían que pre­sen­tar lo an­tes po­si­ble la so­li­ci­tud for­mal de sa­li­da pa­ra evi­tar in­cer­ti­dum­bres. XL. Mu­chas ve­ces, us­te­des apa­re­cen, co­mo ese día, co­mo so­cios po­lí­ti­cos sin fi­su­ras. ¿En­tien­den que en Eu­ro­pa ha­ya gen­te que con­si­de­re que hay, di­ga­mos, cier­to con­cha­beo? Juncker. Ton­te­rías. Mar­tin y yo di­ri­gi­mos las dos prin­ci­pa­les ins­ti­tu­cio­nes co­mu­ni­ta­rias. Man­te­ne­mos una co­la­bo­ra­ción ba­sa­da en la con­fian­za. Aho­ra, des­pués de 30 años en Bru­se­las, le pue­do de­cir que la re­la­ción en­tre la Co­mi­sión y el Par­la­men­to nun­ca ha­bía si­do tan flui­da. XL. Pre­ci­sa­men­te es ahí don­de mu­chos ven el pro­ble­ma. A fin de cuen­tas, la mi­sión de un Par­la­men­to es con­tro­lar al Eje­cu­ti­vo, y no ser­vir­le de com­par­sa. Schulz. Aquí no ca­be ha­blar de com­par­sas. Tan­to Jean-clau­de co­mo yo te­ne­mos muy cla­ro que desem­pe­ña­mos pa­pe­les di­fe­ren­tes. En­tre no­so­tros tam­bién hay ro­ces. La Co­mi­sión pa­sa bas­tan­tes ma­los ra­tos en el Par­la­men­to. Juncker. Es al­go que asu­mo con filosofía. En mi dis­cur­so de to­ma de po­se­sión di­je: «No soy el la­ca­yo del Par­la­men­to». Esa pos­tu­ra a ve­ces lle­va a con­flic­tos, que se re­suel­ven ha­blan­do. XL. A pe­sar de to­do, hay mu­cha gen­te en Eu­ro­pa que los con­si­de­ra un sím­bo­lo de esa po­lí­ti­ca tec­no­crá­ti­ca que se desa­rro­lla en las som­bras y que se sue­le aso­ciar con la Unión Eu­ro­pea y el eu­ro. In­clu­so al­gu­nos los cul­pan del bre­xit. ¿Re­co­no­cen su cul­pa­bi­li­dad? Juncker. No, ¿por qué de­be­ría ha­cer­lo? No se pue­de sos­te­ner que los bri­tá­ni­cos ha­yan vo­ta­do a fa­vor de la sa­li­da de la UE por cul­pa del eu­ro; de he­cho, ni si­quie­ra son miem­bros de la unión mo­ne­ta­ria. Por otro la­do, la cri­sis de los re­fu­gia­dos ape­nas ha afec­ta­do a su país. Mi ex­pli­ca­ción es otra: en sus 43 años de per­te­nen­cia a la UE, Gran Bre­ta­ña nun­ca ha ter­mi­na­do de de­ci­dir si quie­re for­mar par­te de Eu­ro­pa ín­te­gra o so­lo par­cial­men­te. Schulz. Los prin­ci­pa­les res­pon­sa­bles del 'bre­xit' son los con­ser­va­do­res bri­tá­ni­cos, que han to­ma­do co­mo rehén a un con­ti­nen­te en­te­ro. En ori­gen, Da­vid Ca­me­ron pro­pu­so el re­fe­rén­dum pa­ra ase­gu­rar­se en el car­go. Y, en lo que se re­fie­re a esa ima­gen ne­ga­ti­va que us­ted men­cio­na, me sien­to or­gu­llo­so de que la se­ño­ra Le Pen en Fran­cia me in­sul­te. Si gen­te co­mo esa no me ata­ca­ra, se­ría se­ñal de que es­toy ha­cien­do al­go mal. XL. Las crí­ti­cas no lle­gan so­lo des­de los po­pu­lis­tas de de­re­chas. Se­ñor Juncker, los mi­nis­tros de Asun­tos Ex­te­rio­res po­la­co y che­co han exi­gi­do su di­mi­sión. Di­cen sen­tir­se man­go­nea­dos por la Co­mi­sión.

Juncker. Po­co des­pués de que se hi­cie­ra pú­bli­ca esa pe­ti­ción de di­mi­sión, tu­ve oca­sión de pa­sar va­rias ho­ras con la pri­me­ra mi­nis­tra po­la­ca. No me di­jo ni una so­la pa­la­bra so­bre di­mi­sio­nes. Y el pri­mer mi­nis­tro che­co me aca­ba de in­sis­tir en que ten­go que se­guir en mi car­go. XL. ¿Nie­ga que una se­rie de paí­ses del es­te de Eu­ro­pa se sien­ten ma­ne­ja­dos por la Co­mi­sión, por ejem­plo, con la im­po­si­ción de las cuo­tas pa­ra la aco­gi­da de re­fu­gia­dos? Juncker. Por «im­po­si­ción» yo en­tien­do al­go di­fe­ren­te. Es cier­to que la Co­mi­sión pro­pu­so las cuo­tas, pe­ro fue­ron los mi­nis­tros reuni­dos en el Con­se­jo de Jus­ti­cia e In­te­rior los que vo­ta­ron adop­tar­las. XL. Los eu­ro­peos del Es­te lo ven de otra ma­ne­ra. Pien­san que lo que ha pro­vo­ca­do el des­cen­so de las ci­fras de re­fu­gia­dos ha si­do el cie­rre de fron­te­ras en la ru­ta de los Bal­ca­nes... Schulz. Nos he­mos acos­tum­bra­do a ver có­mo los Es­ta­dos miem­bros res­pon­sa­bi­li­zan a la Co­mi­sión de to­do aque­llo so­bre lo que no son ca­pa­ces de po­ner­se de acuer­do. El chi­vo ex­pia­to­rio siem­pre es Jean-clau­de Juncker. ¿Me per­mi­te ci­tar un par de ejem­plos? XL. Por fa­vor. Schulz. El plan pa­ra es­ta­ble­cer un im­pues­to a las transac­cio­nes fi­nan­cie­ras es­tá so­bre la me­sa des­de ha­ce años, pe­ro los Es­ta­dos no con­si­guen al­can­zar un acuer­do. So­bre la lu­cha con­tra el te­rro­ris­mo, el Par­la­men­to Eu­ro­peo apro­bó de ur­gen­cia una ley pa­ra el re­gis­tro de da­tos de los pa­sa­je­ros de avión, pe­ro lue­go los mi­nis­tros de In­te­rior ne­ce­si­ta­ron me­ses pa­ra dar su vis­to bueno, al tiem­po que re­cha­za­ron el in­ter­cam­bio au­to­má­ti­co de da­tos. Son so­lo dos ejem­plos de en­tre mu­chos. La co­la­bo­ra­ción en­tre los go­bier­nos na­cio­na­les no fun­cio­na. XL. A los eu­ro­peos no les im­por­ta mu­cho de quién sea la cul­pa. Lo que les mo­les­ta son las eter­nas dispu­tas de po­der y que los pro­ce­di­mien­tos sean tan lar­gos y po­co trans­pa­ren­tes. Schulz. Eso es cier­to, a mu­cha gen­te la po­lí­ti­ca de Bru­se­las y Es­tras­bur­go le pa­re­ce al­go de otra ga­la­xia. Ven­gan al­gu­na vez a una reunión del Con­se­jo en Bru­se­las. ¿Sa­ben lo que pa­sa en

esas reunio­nes? Ca­da je­fe de Es­ta­do o de Go­bierno da su pro­pia rue­da de pren­sa, y to­dos trans­mi­ten en las 24 len­guas ofi­cia­les el mis­mo men­sa­je: «He im­pues­to mis pun­tos de vis­ta». Y si las co­sas no han sa­li­do co­mo ellos que­rían, lo que di­cen es: «Bru­se­las tie­ne la cul­pa». Lle­va sien­do así des­de ha­ce 20 años. Y eso de­ja se­cue­las. Es mor­tal pa­ra Eu­ro­pa. Juncker. Ade­más, exis­te una per­cep­ción dis­tor­sio­na­da de lo que su­ce­de en Bru­se­las. Cir­cu­lan his­to­rias in­ven­ta­das so­bre si Juncker quie­re im­po­ner el eu­ro en to­das par­tes o pre­ten­de re­for­zar el pa­pel de la UE, aun­que ese mis­mo día ha­ya he­cho de­cla­ra­cio­nes en sen­ti­do con­tra­rio. No es al­go que su­ce­da por­que sí. Se ha­ce con la in­ten­ción de de­bi­li­tar a las ins­ti­tu­cio­nes eu­ro­peas. XL. Us­te­des dos no so­lo es­tán de acuer­do en cues­tio­nes po­lí­ti­cas, tam­bién man­tie­nen una es­tre­cha re­la­ción per­so­nal. ¿Qué hay de es­pe­cial en su amis­tad? Schulz. Me que­do con el di­cho po­pu­lar: «Los ami­gos son las per­so­nas que se que­dan cuan­do to­dos los de­más se van». Nun­ca me he vis­to en una si­tua­ción en la que mis com­pa­ñe­ros me ha­yan aban­do­na­do, pe­ro es­toy se­gu­ro de que, si se die­se esa si­tua­ción, Jean-clau­de es­ta­ría ahí. Juncker. En po­lí­ti­ca hay dis­tin­tas ca­te­go­rías de amis­ta­des. Mi amis­tad con el pri­mer mi­nis­tro grie­go, Ale­xis Tsi­pras, por ejem­plo… XL. … que us­ted en­fa­ti­zó es­pe­cial­men­te du­ran­te los mo­men­tos ál­gi­dos de la cri­sis grie­ga… Juncker. … yo la des­cri­bi­ría co­mo una amis­tad fun­cio­nal. Su país se en­con­tra­ba en­ton­ces a pun­to de sa­lir de la eu­ro­zo­na, mu­chos grie­gos se sen­tían aban­do­na­dos por los eu­ro­peos; en aquel mo­men­to me pa­re­ció ade­cua­do mos­trar­me co­mo un ami­go de Gre­cia. Se tra­ta­ba de la dig­ni­dad del país. Sin em­bar­go, la amis­tad con Mar­tin es muy dis­tin­ta, por pro­fun­da; va mu­cho más allá de la po­lí­ti­ca. XL. ¿Có­mo em­pe­zó esa amis­tad? Schulz. Nos co­no­ci­mos en una en­tre­ga de pre­mios en Aquis­grán. Jean-clau­de ya era una fi­gu­ra re­le­van­te en Bru­se­las. Yo era un jo­ven dipu­tado del Par­la­men­to Eu­ro­peo. Con­ver­sa­mos du­ran­te bas­tan­te ra­to, y des­de aquel día nues­tros con­tac­tos se fue­ron ha­cien­do más y más in­ten­sos. Pe­ro hay otra co­sa que nos une, y es que am­bos ve­ni­mos del en­torno obre­ro. Juncker. Mi pa­dre era obre­ro del me­tal y el abue­lo de Mar­tin, minero. En es­tos ofi­cios hay una con­cien­cia es­pe­cial de la so­li­da­ri­dad. Y eso crea pun­tos de con­tac­to que no se dan en otras re­la­cio­nes. Schulz. Hay otro as­pec­to bio­grá­fi­co más que nos acer­ca. Tu pa­dre, Jean-clau­de, fue obli­ga­do a alis­tar­se en el ejér­ci­to alemán, fue he­ri­do de gra­ve­dad y aca­bó sien­do pri­sio­ne­ro de gue­rra de los ru­sos. El her­mano de mi ma­dre ca­yó en 1945 lim­pian­do mi­nas. Son co­sas que mar­can la in­fan­cia y que ayu­dan a ex­pli­car un po­co más por qué am­bos de­fen­de­mos la uni­dad eu­ro­pea. Juncker. Siem­pre he vis­to co­mo un pe­que­ño mi­la­gro que, des­pués de la gue­rra, las gen­tes de las re­gio­nes fron­te­ri­zas de to­da Eu­ro­pa es­tu­vie­ran dis­pues­tas a ol­vi­dar­lo to­do y desa­rro­llar un pro­yec­to ba­jo el le­ma «nun­ca más gue­rra», que si­gue vi­gen­te hoy. Siem­pre se di­ce que Eu­ro­pa es un pro­yec­to de las élites. No es cier­to. En reali­dad, es una crea­ción de los sol­da­dos del fren­te, de los pri­sio­ne­ros de los cam­pos, de las mu­je­res que re­ti­ra­ban es­com­bros. Fue­ron ellos los que di­je­ron que a par­tir de ese mo­men­to las co­sas se iban a ha­cer de otra ma­ne­ra. De Gau­lle y Ade­nauer se li­mi­ta­ron a re­co­ger ese an­he­lo. XL. Oskar La­fon­tai­ne –in­flu­yen­te po­lí­ti­co alemán– di­jo una vez que en la po­lí­ti­ca no hay amis­ta­des ver­da­de­ras, so­lo co­mu­ni­da­des tem­po­ra­les de ob­je­ti­vos. Juncker. Bueno, La­fon­tai­ne ha de­mos­tra­do ser fiel a su má­xi­ma… Schulz. Yo pue­do en­ten­der a Oskar. En la vi­da po­lí­ti­ca es ex­tre­ma­da­men­te di­fí­cil man­te­ner una amis­tad cuan­do hay to­da una cons­te­la­ción de po­de­res e in­tere­ses en con­tra. Co­noz­co a ami­gos del mun­do de la po­lí­ti­ca que, con sus ac­tos, so­me­ten su amis­tad a prue­bas muy du­ras. XL. ¿A qué ami­gos se re­fie­re us­ted? Schulz. For­ma par­te de la esen­cia de una amis­tad no di­vul­gar cier­tas co­sas en pú­bli­co…

"EU­RO­PA NO ES UN PRO­YEC­TO DE LAS ÉLITES, SINO DE LOS SOL­DA­DOS, MU­JE­RES Y PRI­SIO­NE­ROS QUE SU­FRIE­RON LA SE­GUN­DA GUE­RRA MUN­DIAL"

– JUNCKER –

XL. Bueno, se­ñor Schulz, en reali­dad, le ha fa­lla­do has­ta su ami­go Juncker: tras las úl­ti­mas elec­cio­nes eu­ro­peas, am­bos acor­da­ron que él lo no­mi­na­ría a us­ted co­mo su se­gun­do. Pe­ro no lo hi­zo. ¿Le sen­tó mal? Schulz. Al prin­ci­pio, sí. Pe­ro lue­go lo ha­bla­mos. Le di­je que se ha­bía com­pro­me­ti­do con­mi­go. Él me con­tes­tó que no ha­bía po­di­do man­te­ner el com­pro­mi­so por las re­sis­ten­cias in­ter­nas. Lo en­ten­dí. La cla­ve es la sin­ce­ri­dad. Las men­ti­ras y las tre­tas aca­ban con la amis­tad. XL. En po­lí­ti­ca no es ra­ro com­pe­tir por un mis­mo pues­to con un ami­go. ¿Al fi­nal el po­der es más im­por­tan­te que la amis­tad? Schulz. ¿Me es­tá pre­gun­tan­do si yo sa­cri­fi­ca­ría una amis­tad por un pa­so ade­lan­te en mi ca­rre­ra? Gra­cias a Dios, en mi vi­da po­lí­ti­ca nun­ca he te­ni­do que to­mar una de­ci­sión co­mo esa. Y tam­po­co me lo pue­do ima­gi­nar. XL. ¿Y a us­ted, se­ñor Juncker, le ha pa­sa­do al­gu­na vez? Jun­ker. No, mis ami­gos me han aho­rra­do to­mar de­ci­sio­nes de ese ti­po. Pe­ro tam­po­co pue­des de­jar que una fi­de­li­dad cie­ga a la amis­tad te ha­ga ol­vi­dar el in­te­rés ge­ne­ral. Si Mar­tin me pro­pu­sie­ra al­go sin sen­ti­do, nues­tra amis­tad no me im­pe­di­ría ha­cer lo con­tra­rio. XL. ¿Ha te­ni­do que re­cha­zar al­gu­na pro­pues­ta del se­ñor Schulz? Jun­ker. No siem­pre te­ne­mos la mis­ma opi­nión, pe­ro, en esos ca­sos, lo ha­bla­mos. Eu­ro­pa es una de­mo­cra­cia, y las di­fe­ren­cias de opi­nión son al­go con­sus­tan­cial a ella. El pro­ble­ma es que, si en Eu­ro­pa dos go­bier­nos o dos ins­ti­tu­cio­nes tie­nen opi­nio­nes di­fe­ren­tes, eso se trans­for­ma in­me­dia­ta­men­te en una cri­sis. En Ale­ma­nia, si el Go­bierno y los par­la­men­tos re­gio­na­les no com­par­ten una mis­ma lí­nea, na­die se plan­tea que es­té en jue­go la su­per­vi­ven­cia de la Re­pú­bli­ca. Me sor­pren­de enor­me­men­te que en Eu­ro­pa to­do el mun­do ten­ga es­ca­lo­fríos cuan­do dos ins­ti­tu­cio­nes o dos per­so­nas ex­pre­san pun­tos de vis­ta dis­tin­tos. XL. ¿Tam­bién ha­blan us­te­des de cues­tio­nes pri­va­das? Schulz. Sí. XL. Úl­ti­ma­men­te han cir­cu­la­do no­ti­cias so­bre el es­ta­do de sa­lud de Juncker y su con­su­mo de al­cohol. ¿Han ha­bla­do de ello? Schulz. Cla­ro. He­mos com­par­ti­do la in­dig­na­ción que nos cau­sa la di­fu­sión de es­te ti­po de sim­ple­zas. Jean-clau­de tie­ne uno de los tra­ba­jos más exi­gen­tes y du­ros del mun­do. Es inevi­ta­ble que a ve­ces uno pa­rez­ca can­sa­do. Mu­chos de esos co­men­ta­rios for­man par­te de una cam­pa­ña po­lí­ti­ca, in­du­da­ble­men­te. XL. ¿Qué di­ce us­ted al res­pec­to, se­ñor Juncker? Jun­ker. Ya he di­cho en el Par­la­men­to que no es­toy ni en­fer­mo ni can­sa­do. Pun­to.

"DA­VID CA­ME­RON PRO­PU­SO EL RE­FE­RÉN­DUM PA­RA ASE­GU­RAR­SE EN EL CAR­GO. LOS CUL­PA­BLES DEL 'BRE­XIT' SON LOS CON­SER­VA­DO­RES BRI­TÁ­NI­COS"

– SCHULZ –

MO­CIÓN DE CON­FIAN­ZA Así sa­lu­dó Juncker a Schulz an­tes del úl­ti­mo pleno so­bre el es­ta­do de la Unión Eu­ro­pea, ce­le­bra­do en Es­tras­bur­go el pa­sa­do sep­tiem­bre.

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