Su re­si­den­cia es­tá pro­te­gi­da con me­di­das de se­gu­ri­dad: las ven­ta­nas son opa­cas y las puer­tas so­lo se abren con tar­je­tas

La Voz de Galicia (A Coruña) - XL Semanal - - Magazine -

que él en­ca­be­za? Hay se­gui­do­res su­yos en to­dos los ni­ve­les del Es­ta­do tur­co: en la jus­ti­cia, en la economía, en la política... Cuan­do Er­do­gan ac­túa con­tra el apa­ra­to del Es­ta­do, par­te de su red se ve afec­ta­da. Es lo que es­tá pa­san­do. Gü­len in­si­núa que el pro­pio Er­do­gan po­dría ha­ber pues­to en mar­cha el gol­pe pa­ra re­for­zar más su po­der. Apun­ta que el presidente ha lle­ga­do a de­cir que se le ha­bía ofre­ci­do una opor­tu­ni­dad de oro pa­ra ha­cer lim­pie­za. Con es­tas in­si­nua­cio­nes, en­fren­ta la teo­ría de la cons­pi­ra­ción de Er­do­gan con la su­ya pro­pia. ¿Prue­bas? Él tam­po­co tie­ne nin­gu­na. Aun­que Er­do­gan exi­ge a Es­ta­dos Uni­dos la en­tre­ga de Gü­len, él no cree que lo ex­tra­di­ten. Es­tá se­gu­ro de que na­die po­drá ofre­cer a los es­ta­dou­ni­den­ses una so­la prue­ba con­tra él. «La jus­ti­cia en Es­ta­dos Uni­dos fun­cio­na. Los nor­te­ame­ri­ca­nos no me en­tre­ga­rán si no hay fun­da­men­tos só­li­dos pa­ra ha­cer­lo». Por otro la­do, ase­gu­ra, apre­cia enor­me­men­te a su país de aco­gi­da. Tie­ne con­di­ción de re­si­den­te per­ma­nen­te y se in­tere­sa por la política nor­te­ame­ri­ca­na. «Hi­llary Clin­ton es una bue­na mu­jer –de­cla­ra–. Es una es­pe­ran­za pa­ra es­te país». Gü­len vi­ve en Es­ta­dos Uni­dos des­de 1999, cuan­do se li­bró por los pe­los de ser de­te­ni­do en su país. Po­co an­tes de que la jus­ti­cia tur­ca dic­ta­ra una or­den en su con­tra, el clé­ri­go ha­bía ani­ma­do en un ser­món a los su­yos a ha­cer­se con el po­der in­fil­trán­do­se en las ins­ti­tu­cio­nes del Es­ta­do. Su as­cen­so co­men­zó en los se­sen­ta, co­mo imán en una mez­qui­ta de Edir­ne, al no­roes­te de Tur­quía. El ca­ris­má­ti­co clé­ri­go di­fun­día sus pré­di­cas en cin­tas de ví­deo y de au­dio, y el nú­me­ro de sus se­gui­do­res no de­ja­ba de au­men­tar. Al mis­mo tiem­po creó una red de es­cue­las pri­va­das, aca­de­mias de for­ma­ción y re­si­den­cias de es­tu­dian­tes: los lla­ma­dos 'fa­ros'. A lo lar­go de dé­ca­das, la red de Gü­len se fue nu­trien­do de es­tu­dian­tes for­ma­dos en sus cen­tros que, con los años, aca­ba­ron al fren­te de pe­rió­di­cos, te­le­vi­sio­nes y ban­cos. Las opi­nio­nes so­bre el imán nun­ca son ti­bias. An­ti­guos miem­bros de Hiz­met des­cri­ben el mo­vi­mien­to co­mo una sec­ta si­mi­lar a la cien­cio­lo­gía. Otros ven en él la fi­gu­ra más

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