Desa­yuno de do­min­go con… la me­xi­ca­na Lau­ra Es­qui­vel, au­to­ra del su­per­ven­tas Co­mo agua pa­ra cho­co­la­te.

Lau­ra Es­qui­vel Soy es­cri­to­ra, na­cí en Mé­xi­co ha­ce 65 años y es­cri­bí mi pri­me­ra no­ve­la, 'Co­mo agua pa­ra cho­co­la­te', ha­ce 25. Des­pués de sie­te tí­tu­los más, aho­ra publico la se­gun­da par­te: 'El dia­rio de Ti­ta' (Edi­to­rial Su­ma).

La Voz de Galicia (A Coruña) - XL Semanal - - Sumario -

Xl­se­ma­nal. Cuan­do pu­bli­có Co­mo agua pa­ra cho­co­la­te era do­cen­te, ha­cía te­le­vi­sión y tea­tro, pe­ro dio un gi­ro a su vi­da al fi­lo de los 40... Lau­ra Es­qui­vel. To­tal­men­te, siem­pre di­go que Co­mo agua... fue el parteaguas; cam­bió mi vi­da y me lan­zó a la li­te­ra­tu­ra. XL. El dia­rio de Ti­ta es la con­ti­nua­ción de aque­lla no­ve­la. ¿Tam­bién es­ta va a te­ner con­ti­nui­dad? L.E. Sí, va a ser una tri­lo­gía y es­pe­ro que en 2017 se pu­bli­que la ter­ce­ra par­te: Mi ne­gro pa­sa­do. Con es­ta en­tre­ga se ter­mi­na la sa­ga. XL. Sus no­ve­las siem­pre son his­to­rias de amor... L.E. ¡Sí, cla­ro! El amor es la úni­ca ma­ne­ra de vi­vir, de ha­cer política, co­ci­nar… Al­gu­nas gen­tes no creen en el amor y por eso es­ta­mos en el mundo que es­ta­mos. XL. ¿Si­gue sien­do mi­li­tan­te? L.E. ¡Sí!, par­ti­ci­po des­de ha­ce años en el Mo­vi­mien­to de Re­ge­ne­ra­ción Nacional (Mo­re­na), que fun­dó An­drés

Ma­nuel Ló­pez Obra­dor, y soy dipu­tada. La ma­yo­ría de la gen­te juz­ga y cri­ti­ca des­de la ba­rre­ra sin en­trar­le al to­ro. XL. Los escritores de best se­llers no sue­len pre­sen­tar­se a dipu­tados, qui­zá por no per­der lec­to­res... L.E. Pues yo sí y la gen­te me si­gue le­yen­do igual, en 36 idio­mas y en 60 paí­ses. No pue­do que­dar­me cru­za­da de bra­zos an­te la po­bre­za, los pro­ble­mas de los re­fu­gia­dos, la co­rrup­ción… XL. En El dia­rio..., co­mo en otras obras su­yas, hay pre­sen­cias de ul­tra­tum­ba, bru­je­ría, etc. ¿Es un po­co cha­ma­na? L.E. ¡No!, pe­ro creo en la al­qui­mia y en que to­do se trans­for­ma. Di­cen que ha­go rea­lis­mo má­gi­co y no es así: quien ha­ya te­ni­do una ma­dre cas­tran­te sa­be que su pre­sen­cia no aca­ba con la muer­te. XL. ¿Es su ca­so? L.E. Mi ma­má no era cas­tran­te, pe­ro sí muy au­to­ri­ta­ria. Era una fe­mi­nis­ta que nos in­cul­có dis­ci­pli­na, co­sa que le agra­dez­co. Y sien­to su apoyo des­pués de muer­ta. Las pre­sen­cias de los muer­tos son ver­dad: unos las per­ci­ben, las ven y has­ta las es­cu­chan y otros no. XL. La no­ve­la es­tá lle­na de re­ce­tas que, se­gún con qué áni­mo se pre­pa­ren, pue­den sa­nar o ma­tar... L.E. Sí, por eso hay que cui­dar lo que uno di­ce y con qué in­ten­ción. XL. Ha di­cho: «No me im­por­ta que me til­den de lo­ca». L.E. Sí, al­gu­na vez me to­ma­ron por lo­ca y yo lo es­cu­ché. En­ton­ces di­je que, si es­tar lo­ca es creer por en­ci­ma de to­do en el amor, yo es­toy to­tal­men­te lo­ca.

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