Lo que ven los ojos

La Voz de Galicia (A Coruña) - XL Semanal - - Correo -

El co­ra­zón se me con­trae al fi­na­li­zar de leer la car­ta de Pi­lar Fer­nán­dez Sán­chez. Sí, ten­go a mi ma­dre en una re­si­den­cia. Su pa­dre, mi abue­lo, vi­vió con no­so­tros cuan­do en­viu­dó ha­ce unos 40 años. En­ton­ces pa­re­cía lo nor­mal. Mi ma­dre era viu­da y, li­te­ral­men­te, le co­rres­pon­día. Es­cu­ché su si­len­cio, lo vi en­ve­je­cer, en­cor­var­se y mi­rar con sus pe­que­ños ojos a mi her­ma­na y a mí. Es­tos ojos que ha he­re­da­do mi ma­dre. Co­mo an­da­ba con ca­cha­ba, sa­lía to­dos los días. Le gus­ta­ba to­mar al­go. Lue­go apa­re­ció la de­men­cia se­nil, pe­ro po­día an­dar y sa­lía. En sus úl­ti­mos mo­men­tos lo veía por la ca­lle y lo se­guía con la mi­ra­da. No me co­no­cía. Un día en­fer­mó, es­tu­vo en­tran­do y sa­lien­do del hos­pi­tal du­ran­te unos me­ses, y… al fin se apa­gó su luz. Mi ma­dre si­gue sus pa­sos. Mien­tras pudo, vi­vió so­la. Lue­go la lle­va­mos a un cen­tro de día; y tras una caí­da y unos me­ses en ca­sa de mi her­ma­na la lle­va­mos a la re­si­den­cia. Sí, la re­si­den­cia. La he vis­to de­te­rio­rar­se, per­der in­hi­bi­cio­nes que nun­ca hu­bie­se creí­do. Em­pie­za ya a no acor­dar­se de quién soy. Des­pués de re­ci­bir es­tas y otras pu­ña­la­das, aho­ra es­toy tran­qui­lo. Ella es­tá bien y me re­con­for­ta. Pe­ro esa car­ta me ha abierto al­gu­na de las he­ri­das del co­ra­zón. Y me pre­gun­to: ¿qué es­ta­mos ha­cien­do mal? A mí me ha da­do imá­ge­nes que nun­ca hu­bie­se ima­gi­na­do. Ella, que so­la, con po­cos re­cur­sos, pudo sa­car ade­lan­te a dos hi­jos. J. GAR­CÍA RUE­DA. BILBAO PE­DRO

"En sus úl­ti­mos mo­men­tos la veía por la ca­lle y la se­guía con la mi­ra­da. No me co­no­cía"

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