"Las se­ño­ras me co­gían de los mo­fle­tes y me de­cían: 'Lo que te pa­re­ces al Se­ñor'"

Ma­nuel Ca­rras­co

La Voz de Galicia (A Coruña) - XL Semanal - - Ella&él -

Na­cí en Is­la Cris­ti­na (Huel­va), en 1981. Que­dé se­gun­do en ‘Ope­ra­ción Triun­fo II’. Es­toy de gi­ra con ‘Bai­lar el vien­to’, mi sép­ti­mo dis­co, y gra­bo la nue­va tem­po­ra­da de ‘La Voz’, don­de soy ‘coach’.

Xlse­ma­nal. Ca­da uno de sus dis­cos lo ha gra­ba­do en un si­tio dis­tin­to: Ma­drid, Tu­rín, Bue­nos Ai­res, Nue­va York, Mi­lán, Lon­dres… ¿Lo van echan­do de to­dos los es­tu­dios? Ma­nuel Ca­rras­co. [Ríe] Soy yo el que va cam­bian­do de lu­gar y de pro­duc­tor, bus­can­do co­sas nue­vas que me mo­ti­ven. Has­ta aho­ra no he re­pe­ti­do con nin­gún pro­duc­tor. To­dos me han apor­ta­do mu­chas co­sas y siem­pre pien­so que hay otros que me po­drán apor­tar más. XL. En 13 años pa­sa de alumno ‘triun­fi­to’ a coach de La Voz. ¿Es un pro­fe­sor exi­gen­te? M.C. No mu­cho. La ma­yo­ría de los con­cur­san­tes que lle­gan a La Voz vie­nen can­tan­do bas­tan­te bien; sa­ben mu­chí­si­mo más que cuan­do yo me pre­sen­té a Ope­ra­ción Triun­fo. XL. Es­tos con­cur­sos tie­nen bas­tan­tes de­trac­to­res, can­tan­tes in­clui­dos... M.C. Lo sé y no lo en­tien­do. Hay mi­les de pro­gra­mas mu­cho más cri­ti­ca­bles. Tan­to en OT co­mo en La Voz, la gen­te

bus­ca un sue­ño, pro­bar­se a sí mis­mo o una opor­tu­ni­dad en la mú­si­ca. ¿Qué tie­ne eso de cri­ti­ca­ble? XL. Co­mo coach de La Voz Kids, ga­nó a Ro­sa­rio y a Bisbal. ¿Quién di­jo que te­nía mie­do? M.C. Bueno, bueno, fue pu­ra anéc­do­ta; ade­más, yo no ga­né, quien ga­nó fue el chi­qui­llo. En aquel pro­gra­ma pa­sé mo­men­tos muy bue­nos y otros di­fí­ci­les, por­que siem­pre es muy du­ro de­cir­le que no a un ni­ño. XL. Por cier­to, con esos oja­zos, ¿le con­fun­den aún con Ma­nu Te­no­rio? M.C. Es­tá cla­ro que es por el nom­bre, tam­bién me lla­man Ma­nu Ca­rre­ño. Y eso que nun­ca me han lla­ma­do Ma­nu, ni en el co­le­gio ni mi fa­mi­lia. XL. ¿Es ver­dad que una pro­duc­to­ra nor­te­ame­ri­ca­na le pro­pu­so ha­cer de Je­su­cris­to? M.C. Es ver­dad, cuan­do lle­va­ba el pe­lo más lar­go. En­ton­ces, las se­ño­ras ma­yo­res por la ca­lle me co­gían de los mo­fle­tes y me de­cían: «Lo que te pa­re­ces al Se­ñor». XL. Veo que ya lo han re­co­no­ci­do las ad­mi­ra­do­ras y que hay co­la es­pe­ran­do a que ter­mi­ne es­ta en­tre­vis­ta. ¿Cuán­to tar­da un día nor­mal en ha­cer la com­pra? M.C. Ha­ce bas­tan­te tiem­po que no me me­to en esos líos [ríe]; ya de por sí no me gus­ta mu­cho ir de com­pras. XL. ¿Qué ha­ce en un día li­bre? M.C. Si pue­do, no sal­go a la ca­lle. Apro­ve­cho pa­ra que­dar­me en ca­sa lo más tran­qui­lo po­si­ble.

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