Ca­sa­do y con cua­tro hi­jos, no es par­ti­da­rio de la po­li­ga­mia y deóen­de que las mu­je­res pue­dan con­du­cir, al­go in­só­li­to en Ara­bia Saudí

La Voz de Galicia (A Coruña) - XL Semanal - - Magazine En Primer Plano -

Qsu pro­pia fa­mi­lia. Es el cuar­to hi­jo del rey Sal­mán y de su ter­ce­ra es­po­sa, Fah­da, una mu­jer que por su li­na­je tie­ne mu­cho pre­di­ca­men­to en­tre las tri­bus be­dui­nas y que ejer­ce una gran in­fluen­cia en­tre bam­ba­li­nas. Es su men­to­ra. Con­vie­ne re­cor­dar que la mo­nar­quía saudí no es he­re­di­ta­ria a la usan­za eu­ro­pea; allí, los her­ma­nos del rey tie­nen prio­ri­dad so­bre los hi­jos. Fah­da pro­cu­ró que sus re­to­ños re­ci­bie­sen una edu­ca­ción ex­cel­sa. Y era muy se­ve­ra. «Mis her­ma­nos y yo no en­ten­día­mos por qué no se nos per­do­na­ba ni un so­lo fa­llo. Pe­ro aque­llos cas­ti­gos nos hi­cie­ron más fuer­tes», re­cuer­da el prín­ci­pe. Vi­vió con su fa­mi­lia en la cor­te del en­ton­ces rey Fahd, pe­ro el rey no le dio mu­cha 'bo­la'. No hu­bo si­ne­cu­ras pa­ra él en las gran­des em­pre­sas pú­bli­cas y su pa­so por el Go­bierno fue fu­gaz. Pa­só a la em­pre­sa pri­va­da. Y cuan­do el rey Ab­da­lá, su­ce­sor de Fahd, nom­bró al pa­dre de Sal­mán mi­nis­tro de De­fen­sa lo hi­zo con una con­di­ción: que aquel prín­ci­pe des­len­gua­do y al­ta­ne­ro, se­gún sus de­trac­to­res, no pi­sa­se el mi­nis­te­rio. Pe­ro dis­cre­ta­men­te con­si­guió bue­nos con­tra­tos de ar­ma­men­to y se hi­zo im­pres­cin­di­ble pa­ra su pro­ge­ni­tor, que lle­gó al trono en enero de 2015. Y de in­me­dia­to le hi­zo sal­tar­se unos cuan­tos tur­nos pa­ra lle­gar don­de es­tá aho­ra; pi­san­do va­rios ca­llos, los de su pri­mo, mi­nis­tro del In­te­rior, y los de Muq­rin bin Ab­du­la­ziz, ex­je­fe del es­pio­na­je, en­tre otros. Su ju­ga­da maes­tra es con­ver­tir la com­pa­ñía es­ta­tal de pe­tró­leo, Aram­co, el or­gu­llo de los sau­díes, en un fon­do de in­ver­sio­nes des­co­mu­nal. Dos bi­llo­nes de dó­la­res, su­fi­cien­tes pa­ra com­prar de una tacada Ap­ple, Goo­gle, Mi­cro­soft y Berks­hi­re Hat­ha­way, las ma­yo­res com­pa­ñías del mun­do. Pe­ro que el pri­mer pa­so sea la pri­va­ti­za­ción del cin­co por cien­to de la pe­tro­le­ra es ca­si una afren­ta na­cio­nal y po­ne mu­ni­ción en ma­nos de sus enemi­gos. Si fra­ca­sa, el jo­ven prín­ci­pe no so­lo per­de­rá su turno. Se­gún fuen­tes nor­te­ame­ri­ca­nas, la eco­no­mía saudí po­dría des­plo­mar­se. Las con­se­cuen­cias se­rían glo­ba­les.

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