En pri­mer plano.

¿Ha em­pe­za­do ya con el cam­bio de ar­ma­rio?

La Voz de Galicia (A Coruña) - XL Semanal - - Sumario - POR CAR­LOS MA­NUEL SÁN­CHEZ

La in­dus­tria tex­til es la se­gun­da más con­ta­mi­nan­te del pla­ne­ta. El pro­ble­ma me­dioam­bien­tal alar­ma ya a los pro­pios fa­bri­can­tes. Se lo con­ta­mos.

Ca­da año se ven­den 80.000 mi­llo­nes de pren­das en el mun­do. Y la in­dus­tria tex­til es la se­gun­da más con­ta­mi­nan­te del pla­ne­ta. Des­de que em­pre­sas co­mo Za­ra y H&M im­pu­sie­ron el 'pron­to mo­da', el con­su­mo de pren­das se ha dis­pa­ra­do, mien­tras to­ne­la­das de ro­pa vie­ja se acu­mu­lan sin que na­die se­pa bien qué ha­cer con ellas. El pro­ble­ma me­dioam­bien­tal ha lle­ga­do a tal pun­to que alar­ma a los pro­pios fa­bri­can­tes. Se lo con­ta­mos.

Es uno de esos ri­tos es­ta­cio­na­les que, ade­más de dar­nos una pe­re­za infinita, nos ha­ce plan­tear­nos unas cuán­tas pre­gun­tas in­có­mo­das. Por ejem­plo, ¿qué coar­ta­da ten­go pa­ra ha­ber­me com­pra­do es­te jer­sey, enaje­na­ción men­tal? ¿Cuán­tas ve­ces me vol­ve­ré a po­ner ese ves­ti­do, ce­ro o nin­gu­na? ¿A quién le en­cas­que­to los pan­ta­lo­nes que ya no le va­len al ni­ño? ¿De qué fi­bra es es­ta ca­mi­sa que no me ha du­ra­do ni dos la­va­dos? En fin, ¿có­mo he lle­ga­do a ser pro­pie­ta­rio de es­te mon­tón de ro­pa que no ca­brá nun­ca en los ca­jo­nes sin la ayu­da de una pren­sa hi­dráu­li­ca? Iro­nías apar­te, us­ted tie­ne un di­le­ma en el ar­ma­rio. Y lo peor es que no so­lo lo tie­ne us­ted. Es­ta­mos an­te un pro­ble­ma a es­ca­la mun­dial. Ca­da año se ven­den 80.000 mi­llo­nes de pren­das en el mun­do. Y la in­dus­tria tex­til es la se­gun­da más con­ta­mi­nan­te del pla­ne­ta. Es res­pon­sa­ble del 20 por cien­to de los tó­xi­cos que se vier­ten en el agua. Es ho­ra de sol­tar las­tre, pe­ro el asun­to es com­pli­ca­do. Ca­da es­pa­ñol se des­pren­de de unos sie­te ki­los de ro­pa al año. Y aun­que to­da­vía es­ta­mos muy le­jos de los es­ta­dou­ni­den­ses, que se des­ha­cen de 35 ki­los, es mu­cha te­la... Sea­mos sin­ce­ros: si­gue aca­ban­do en el ver­te­de­ro el 75 por cien­to de la ro­pa que ya no nos va­le. Do­nar, re­ci­clar o re­ven­der son las me­jo­res op­cio­nes, pe­ro ni si­quie­ra cum­plien­do con nues­tras obli­ga­cio­nes de con­su­mi­do­res con­cien­cia­dos po­de­mos re­sol­ver el en­tuer­to, que se nos ha ido de las ma­nos.

UN PRO­BLE­MA MUN­DIAL. ¿Qué ha su­ce­di­do? La ex­pli­ca­ción se re­su­me en dos pa­la­bras: fast fas­hion ('pron­to mo­da'). Un con­su­mo in­dis­cri­mi­na­do de ro­pa, im­pul­sa­do por el mo­de­lo ba­sa­do en la ve­lo­ci­dad im­pues­to por las gran­des ca­de­nas tex­ti­les. Un mo­de­lo que no exis­tía ha­ce 20 años, pe­ro que aho­ra tie­ne di­men­sio­nes pla­ne­ta­rias. Com­pra­mos cua­tro ve­ces más pren­das que en los años no­ven­ta. ¿Por qué? Por­que es más ba­ra­ta, gra­cias a la des­lo­ca­li­za­ción, que ha pro­pi­cia­do que la ma­yo­ría de las 250.000 fá­bri­cas que hay en el mun­do es­tén en Asia. El fe­nó­meno es com­ple­jo. Za­ra fue la pio­ne­ra al im­plan­tar la re­po­si­ción de nue­vos di­se­ños dos ve­ces por se­ma­na en sus tien­das. Triun­fó y los de­más 'chu­pa­ron rue­da'. Es­to di­na­mi­tó el con­cep­to de 'tem­po­ra­da' con el que tra­ba­ja­ba tra­di­cio­nal­men­te la mo­da y que se es­truc­tu­ra­ba en dos pe­rio­dos: pri­ma­ve­ra-ve­rano y oto­ño-in­vierno. Aho­ra se bus­ca que el clien­te se de­je caer a me­nu­do por la tien­da y 'pi­que' al­go. La pren­da tex­til se ha con­ver­ti­do en un pro­duc­to pe­re­ce­de­ro. Ya no du­ra va­rios años, ni se he­re­da en­tre her­ma­nos ni se da a un co­no­ci­do... Es la ob­so­les­cen­cia pro­gra­ma­da lle­va­da a sus úl­ti­mas con­se­cuen­cias. El fac­tor pre­cio se con­vier­te en de­ci­si­vo, en de­tri­men­to de la ca­li­dad. Hoy, la ro­pa es mu­cho más ba­ra­ta de lo que era a

El mo­de­lo de 'fast fas­hion' no exis­tía ha­ce 20 años. Pe­ro aho­ra tie­ne di­men­sio­nes pla­ne­ta­rias. Com­pra­mos cua­tro ve­ces más pren­das que en los no­ven­ta

fi­na­les del si­glo pa­sa­do. Y bas­tan­te peor... No era lo mis­mo cuan­do se fa­bri­ca­ba en Ca­ta­lu­ña, don­de la in­dus­tria te­nía una so­le­ra cen­te­na­ria, que aho­ra en Ban­gla­dés. Los ar­gu­men­tos a par­tir de aquí en­tran en el te­rreno de la mo­ral y son am­bi­va­len­tes. ¿Se pue­de fa­bri­car éti­ca­men­te una ca­mi­se­ta de tres eu­ros sin man­te­ner al tra­ba­ja­dor en con­di­cio­nes de­plo­ra­bles? Uf... Pe­ro por lo me­nos tie­ne tra­ba­jo, peor es­ta­ría en la ca­lle... Eso, por un la­do de la ecua­ción. Y, por el otro, con la cri­sis y el em­po­bre­ci­mien­to de la cla­se me­dia en el mun­do desa­rro­lla­do, al me­nos nos que­da el con­sue­lo de que to­da­vía po­de­mos ir­nos de com­pras. Li­via Firth, co­no­ci­da ac­ti­vis­ta por una mo­da 'res­pon­sa­ble' y es­po­sa del ac­tor Co­lin Firth, lo re­su­me así: «Nos han ven­di­do el mi­to de que com­prar un ves­ti­do por me­nos de diez dó­la­res

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