La enig­má­ti­ca Cla­ra Pee­ters to­ma el Mu­seo del Pra­do

En sus ca­si 200 años de vi­da, el Mu­seo del Pra­do nun­ca ha de­di­ca­do una mues­tra a una mu­jer. Lo ha­ce aho­ra por pri­me­ra vez con Cla­ra Pee­ters, una ar­tis­ta enig­má­ti­ca del si­glo XVII. Se la pre­sen­ta­mos.

La Voz de Galicia (A Coruña) - XL Semanal - - Sumario - POR FÁ­TI­MA URIBARRI

fl amen­ca, de bue­na po­si­ción so­cial y fuer­te per­so­na­li­dad. Así era Cla­ra Pee­ters, la pri­me­ra mu­jer pro­ta­go­nis­ta de una ex­po­si­ción del Mu­seo del Pra­do. Sí. ¡La pri­me­ra! Sue­na tre­men­do, pe­ro el sus­to disminuye cuan­do Mi­guel Fa­lo­mir –di­rec­tor ad­jun­to de Con­ser­va­ción e In­ves­ti­ga­ción del Pra­do– ex­pli­ca que, a pe­sar de que la pi­na­co­te­ca cum­pli­rá 200 años en 2019, ape­nas lle­va unos 30 años or­ga­ni­zan­do ex­po­si­cio­nes pe­rió­di­cas. El mu­seo ate­so­ra 56 pin­tu­ras y 49 obras grá­fi­cas fir­ma­das por mu­je­res. Muy po­co te­nien­do en cuen­ta los in­men­sos fon­dos del Pra­do. So­lo 52 mu­je­res tie­nen el pri­vi­le­gio de fi­gu­rar co­mo au­to­ras de obras de su co­lec­ción. Y de ellas úni­ca­men­te tres son del si­glo XVI y nue­ve del si­glo XVII. No ha si­do fá­cil ser mu­jer ar­tis­ta. Ca­si to­das las que lo lo­gra­ron eran hi­jas de pin­to­res que se ha­bían cria­do ro­dea­das de lien­zos y pig­men­tos o da­mas de bue­na cu­na que se en­tre­te­nían con los pin­ce­les. So­la­men­te un pe­que­ño pu­ña­do de ellas –una mi­no­ría de es­ta mi­no­ría– lo­gró vi­vir de su ar­te. Una de las que

con­si­guió ven­der sus crea­cio­nes fue Cla­ra Pee­ters. ¿Quién fue y por qué el Mu­seo del Pra­do la ha ele­gi­do a ella pa­ra rom­per el hie­lo? «Sa­be­mos muy po­co de ella, y to­do lo que co­no­ce­mos lo he­mos ex­traí­do de sus obras», res­pon­de Ale­jan­dro Ver­ga­ra, comisario de la ex­po­si­ción El ar­te de Cla­ra Pee­ters, que arran­ca­rá el pró­xi­mo 25 de oc­tu­bre. Por la fe­cha que fi­gu­ra en la ma­de­ra de los bas­ti­do­res de sus cua­dros y las ins­crip­cio­nes en los cu­chi­llos de pla­ta que apa­re­cen en sus bo­de­go­nes de­du­ci­mos que Cla­ra Pee­ters na­ció en Am­be­res en­tre 1588 y 1590. Por la ri­que­za de es­tos ma­te­ria­les (la ma­de­ra, por ejem­plo, ve­nía de los bos­ques del Bál­ti­co) ave­ri­gua­mos que te­nía una po­si­ción desaho­ga­da, lo cual tam­bién trans­mi­ten los can­de­le­ros de pla­ta, las co­pas de cris­tal de Rö­mer, la por­ce­la­na o las ja­rras de ce­rá­mi­ca que pin­ta. Y por las co­fias, ves­ti­dos y co­lla­res con los que se au­to­rre­tra­tó con­fir­ma­mos que per­te­ne­cía a un en­torno ur­bano y que era dies­tra: una vez se mues­tra con los pin­ce­les en la mano. Pe­ro apa­re­ce ca­mu­fla­da, ca­si fan­tas­ma­gó­ri­ca: en ta­ma­ño di­mi­nu­to y en el re­fle­jo de los ob­je­tos re­lu­cien­tes que in­clu­ye en sus bo­de­go­nes. Se au­to­rre­tra­tó mu­chas ve­ces (por lo me­nos en ocho de sus obras), pe­ro siem­pre en mi­nia­tu­ra, co­mo a es­con­di­das. «Era su ma­ne­ra de mos­trar­se, de reivin­di­car­se –in­ter­pre­ta Ale­jan­dro Ver­ga­ra–. Y es tam­bién un alar­de de su pe­ri­cia».

Tam­bién sa­be­mos que Cla­ra Pee­ters era due­ña de una per­so­na­li­dad fuer­te por­que se hi­zo un si­tio. Tu­vo mé­ri­to. Le to­có vi­vir el es­plen­dor de Ru­bens, que eclip­só al res­to de los au­to­res de su en­torno y su tiem­po. Era ca­si im­po­si­ble so­bre­sa­lir. Pe­ro ella lo lo­gró a ba­se de des­par­pa­jo y tra­ba­jo con­cien­zu­do. La osa­día la lle­vó a ser pio­ne­ra: fue el pri­mer pin­tor del mun­do que in­clu­yó pe­ces en los bo­de­go­nes. «Lue­go, la si­guie­ron otros; el te­ma se pu­so de mo­da», cuen­ta Ale­jan­dro­ver­ga­ra. Sus ma­ne­ras eran pró­xi­mas a lo mo­derno, a lo que ha­cía Ca­ra­vag­gio en Ita­lia o Sán­chez Co­tán en Es­pa­ña, un nue­vo es­ti­lo mar­ca­do por el rea­lis­mo. «Se es­ta­ba pa­san­do del idea­lis­mo al rea­lis­mo, lo que nos ro­dea em­pe­za­ba a te­ner va­lor y be­lle­za», ex­pli­ca el comisario de la ex­po­si­ción del Pra­do. No es­ta­ba ins­cri­ta en el gre­mio de pin­to­res –«He­mos bus­ca­do Pee­ters en mu­chas lis­tas y no fi­gu­ra», cuen­ta Ver­ga­ra–. Su pri­mer cua­dro es de 1607, lo ates­ti­gua el do­cu­men­to de un co­lec­cio­nis­ta. Fue­ron va­rios sus clien­tes im­por­tan­tes; en­tre otros, el mar­qués de Le­ga­nés o el rey Fe­li­pe IV de Es­pa­ña. De ahí que el Mu­seo del Pra­do ten­ga cua­tro de sus bo­de­go­nes, lo que lo con­vier­te en el ma­yor co­lec­cio­nis­ta del mun­do de Cla­ra Pee­ters. Aho­ra, el Pra­do mues­tra 15 de las 35 obras que se con­ser­van de la pintora; to­do, bo­de­go­nes y el re­tra­to de una mu­jer. Co­mo no po­día asis­tir a una aca­de­mia a for­mar­se (era im­pen­sa­ble acu­dir a un es­tu­dio lleno de hom­bres y ¡con mo­de­los des­nu­dos!), Cla­ra Pee­ters se de­di­có a la na­tu­ra­le­za muerta, un gé­ne­ro fac­ti­ble en el ám­bi­to do­més­ti­co. Eso ex­pli­ca que sea muy há­bil re­tra­tan­do ob­je­tos y no tan du­cha con los se­res vi­vos. Era te­naz y mi­nu­cio­sa, lo que le hi­zo des­ta­car en los de­ta­lles y en la ar­mo­nía de la com­po­si­ción de sus cua­dros. So­bre­sa­le en su ma­ne­ra de pre­sen­tar el con­tras­te en­tre co­lo­res y en la com­po­si­ción. «Es una fi­gu­ra cla­ve del bo­de­gón. No so­lo la he­mos ele­gi­do a ella por ser mu­jer», pun­tua­li­za Mi­guel Fa­lo­mir. «Y no va a ser la úl­ti­ma», aña­de.

PA­RA SA­BER MÁS

El ar­te de Cla­ra Pee­ters. Mu­seo del Pra­do. Del 25 de oc­tu­bre de 2016 al 19 de fe­bre­ro de 2017.

"Es una fi­gu­ra cla­ve. No so­lo la he­mos ele­gi­do por ser mu­jer", di­ce el res­pon­sa­ble del Pra­do

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