do­min­go con… Desa­yuno de

Na­cí en Choisy-le-roi, Fran­cia, ha­ce 46 años. Soy ilu­sio­nis­ta e hip­no­ti­za­dor. Has­ta el 22 de oc­tu­bre pre­sen­to '1, 2, 3… hip­no­tí­za­me' en el Tea­tro Nue­vo Apo­lo (Ma­drid). Un jue­go de hip­no­sis co­lec­ti­va con el pú­bli­co.

La Voz de Galicia (A Coruña) - XL Semanal - - Sumario -

Jeff Tous­saint.

Xl­se­ma­nal. Lo lla­man ‘el hip­no­ti­za­dor de El hor­mi­gue­ro’. Jeff Tous­saint. Mu­chos me co­no­cen por­que he ido a ese pro­gra­ma, pe­ro ha­go unos 200 es­pec­tácu­los al año. XL. ¿Su hip­no­sis es tea­tral o cien­tí­fi­ca? J.T. Yo ten­go un más­ter en hip­no­sis de es­pec­tácu­lo y no pue­do prac­ti­car la hip­no­sis te­ra­péu­ti­ca. Se la de­jo a los psi­co­te­ra­peu­tas y a los mé­di­cos. Yo apren­dí hip­no­sis tea­tral a los 16 años, en Ve­ne­zue­la, tra­ba­jan­do en la san­te­ría de un pa­ra­psi­có­lo­go ita­liano re­ti­ra­do. XL. ¿Y có­mo lle­ga us­ted aquí? J.T. Mi pa­dre tra­ba­ja­ba en Fran­cia en la cons­truc­ción y, a mis 8 años, nos fui­mos a Ve­ne­zue­la. Allí me crie y vi­ví has­ta 1996, cuan­do vi­ne a Es­pa­ña. XL. ¿Tie­ne po­de­res para dor­mir a la gen­te y con­tro­lar su vo­lun­tad? J.T. [Ríe]. Cla­ro que no. La hip­no­sis así en­ten­di­da no exis­te para mí; to­do es cues­tión de co­mu­ni­ca­ción y su­ges­tión. La gen­te a la que hip­no­ti­zo de­be in­tere­sar­se, co­la­bo­rar y de­jar­se lle­var para tras­pa­sar la ba­rre­ra de la men­te

cons­cien­te y po­der im­plan­tar en ella pen­sa­mien­tos se­lec­ti­vos. XL. Hay es­pec­tácu­los en los que ha hip­no­ti­za­do a mu­cha gen­te a la vez. J.T. Se pue­de hip­no­ti­zar a 10 o a 200 per­so­nas a la vez. Es com­pli­ca­do por­que to­dos en­tran en la hip­no­sis, pe­ro no to­dos con la mis­ma fa­ci­li­dad. So­lo el 30 por cien­to de los que suben al es­ce­na­rio en­tra en hip­no­sis pro­fun­da. XL. ¿Po­dría in­du­cir un cam­bio de vo­to? J.T. [Ríe]. Eso ha­cen los po­lí­ti­cos. Las cam­pa­ñas elec­to­ra­les y la pu­bli­ci­dad son otra for­ma de hip­no­sis. Los po­lí­ti­cos bus­can su­ges­tio­nar­nos para lo­grar vo­tos. XL. ¿Y us­ted no les pue­de echar una mano? J.T. No. La hip­no­sis ba­ja las in­hi­bi­cio­nes, pe­ro no ma­ni­pu­la ni in­ter­fie­re en el li­bre al­be­drío. Na­die se con­vier­te en una ma­rio­ne­ta dor­mi­da que con­tro­lo. El que no quie­re ha­cer al­go no lo ha­ce. XL. ¿Có­mo se sien­te el hip­no­ti­za­do? J.T. Pien­sa: «Me ape­te­ce ha­cer lo que me di­ces y no lo pue­do evi­tar». Tie­ne la sen­sa­ción de ha­ber to­ma­do una co­pa de más, pe­ro sin es­tar bo­rra­cho. Se sien­te to­tal­men­te des­in­hi­bi­do, di­ver­ti­do. XL. ¿Es más fá­cil con hom­bres o mu­je­res? J.T. Con los hom­bres, aun­que ten­ga­mos más mie­do al ri­dícu­lo: so­mos más sim­ples. Las mu­je­res es­tán más abier­tas a pro­bar co­sas nue­vas –ellas suben más al es­ce­na­rio–, pe­ro no se de­jan ma­ni­pu­lar tan fá­cil­men­te. XL. ¿A quién le gus­ta­ría hip­no­ti­zar? J.T. A Ra­joy, Sán­chez, Igle­sias y Ri­ve­ra para que acuer­den un Go­bierno y re­ba­jen el im­pues­to en los tea­tros.

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