Mo­da.

Con el ac­tor Ma­xi Igle­sias.

La Voz de Galicia (A Coruña) - XL Semanal - - Sumario - Por Ra­quel Pe­láez l Fo­to­gra­fía Her­vás & Ar­cher l Es­ti­lis­mo Ve­ró­ni­ca Suá­rez

Con sus ga­fas de es­pe­jo, su per­fil de ga­lán clá­si­co de los años cin­cuen­ta y su en­jam­bre de fans en la puer­ta, Ma­xi Igle­sias ha­bla con tran­qui­li­dad de los 25 años que lle­va de­lan­te de una cá­ma­ra. «Era un be­bé muy mono y me que­da­ba quie­te­ci­to, así que era per­fec­to pa­ra pu­bli­ci­dad», ase­gu­ra. Fí­si­ca o quí­mi­ca, Men­ti­ras y gor­das, Vel­vet, La em­ba­ja­da… To­da una vi­da ha­cien­do ci­ne y te­le­vi­sión lo ha con­ver­ti­do en un ti­po con mu­cho ca­llo: «A mí aho­ra lo úni­co que me qui­ta el sue­ño es el jet lag», bro­mea. Eso sí, cuan­do el be­llo dur­mien­te sube una fo­to a Ins­ta­gram co­mo Dios lo tra­jo al mun­do, la co­sa so­cial se po­ne ca­len­ti­ta.

Xl­se­ma­nal. Así que el oto­ño le ha ro­ba­do el ba­ña­dor… Ma­xi Igle­sias. No en­tien­do la que se ha lia­do en las re­des so­cia­les. Pu­se esa fo­to sin nin­gu­na in­ten­ción. Voy a pla­yas nu­dis­tas des­de que era pe­que­ño. XL. Ima­gino que re­vi­sa­ría el pe­rí­me­tro pa­ra que no hu­bie­ra fo­tó­gra­fos de­lan­te. M.I. Bueno, no sa­be­mos, igual sa­le por ahí al­gún fron­tal [se ríe]. Es­tá cla­ro que no pue­des con­tro­lar to­do al cien por cien por­que, si no, no vi­vi­ría. Ade­más, a mí no me im­por­ta que me vean des­nu­do. XL. Co­sa que sus fans le agra­de­cen mu­cho. ¿Ya en el co­le­gio lo per­se­guían las chi­cas? M.I. Mu­cho más que aho­ra. Yo creo que, cuan­do me ven, pien­san: «Va­le, pue­de ser mono, ojos azu­les, pe­ro es el de la tele». Y eso las fre­na mu­cho. XL. ¿Se­rá que tie­ne al­gu­na de­bi­li­dad in­con­fe­sa­ble? M.I. Pues sí, que soy muy romántico. XL. ¿Y a eso lo con­si­de­ra us­ted un pun­to dé­bil? M.I. En los tiem­pos que co­rren sí. A mí no me fun­cio­na. Des­de aquí ha­go un lla­ma­mien­to pa­ra que la gen­te sea más ro­mán­ti­ca y más de­ta­llis­ta con­mi­go. XL. ¿Cuán­do se dio cuen­ta de que es­to de ser ac­tor iba en se­rio? M.I. Con la se­rie Fí­si­ca o quí­mi­ca. In­clu­so an­tes de que se es­tre­na­ra, ya nos pa­ra­ban por la ca­lle por­que se hi­zo una cam­pa­ña de pu­bli­ci­dad muy fuer­te. XL. ¿Y có­mo se lle­va eso con 17 años? M.I. Es com­pli­ca­do. In­clu­so tu­ve que de­jar de ir a cla­se, por­que en el co­le­gio no me per­mi­tie­ron se­guir fal­tan­do pa­ra ro­dar. Ter­mi­né la se­cun­da­ria y el ba­chi­lle­ra­to a dis­tan­cia. XL. ¿Me­re­ció la pe­na? M.I. Cla­ro, pe­ro me afec­tó tan­to que me fui a Aus­tra­lia a pen­sar en­tre una tem­po­ra­da y otra. Que­ría es­tar al otro la­do del mun­do, don­de na­die me co­no­cie­ra. XL. De­ja­ría a los guio­nis­tas de la se­rie co­mién­do­se las uñas… M.I. Sí, hu­bo mu­cha ten­sión. No se

"Hay mu­cha gen­te que me pre­juz­ga. La fra­se que más he es­cu­cha­do en mi vi­da es: 'Pen­sa­ba que eras un gi­li­po­llas'"

Qpo­dían creer que me plan­tea­ra de­jar­lo. Pe­ro en la pro­duc­to­ra me ayu­da­ron mu­cho. En­ten­die­ron que te­nía que es­tu­diar y me de­ja­ron com­pa­gi­nar­lo con las gra­ba­cio­nes. XL. ¿Y des­de en­ton­ces ha te­ni­do que pa­sar por mu­cho cas­ting? M.I. Ni te ima­gi­nas. Pe­ro me en­can­ta, por­que de­mues­tra que has lle­ga­do allí su­peran­do una prue­ba. En Vel­vet, por ejem­plo, me lla­ma­ron di­rec­ta­men­te y no es lo mis­mo. XL. ¿Por eso le de­cía Jo­sé Sa­cris­tán que es­ta­ba allí por su ca­ra bo­ni­ta? M.I. Sí, sí. Lue­go ha­blé con los guio­nis­tas por­que en La em­ba­ja­da vol­vió a sa­lir la fra­se de mi ca­ra bo­ni­ta. Pe­ro ya me di cuen­ta de que era al­go re­cu­rren­te, no so­lo de mi per­so­na­je. XL. ¿Por qué no re­no­vó La em­ba­ja­da? M.I. Ha­blar de po­lí­ti­ca y co­rrup­ción en un ca­nal ge­ne­ra­lis­ta no ter­mi­nó de gus­tar. En se­ries co­mo Hou­se of cards, el per­so­na­je que ha­ce de pre­si­den­te del Go­bierno es ca­paz de ma­tar a al­guien con sus pro­pias ma­nos y na­die se es­can­da­li­za, pe­ro aquí ha­ces al­go así y la gen­te se echa las ma­nos a la ca­be­za. XL. ¿Y qué ha­ce un ac­tor cuan­do no le sue­na el te­lé­fono? M.I. Re­la­jar­se. Pre­fie­ro que no sue­ne [ríe]. Aho­ra es­toy es­tu­dian­do Psi­co­lo­gía por­que, en el fu­tu­ro, me gus­ta­ría di­ri­gir o pro­du­cir pa­ra no es­pe­rar esa lla­ma­da, sino ser yo el que la ha­ga. XL. Y en su tiem­po li­bre ¿le gus­ta cui­dar­se? M.I. Voy mu­cho en mo­to y, co­mo lle­vo el cas­co abier­to, pro­cu­ro po­ner­me siem­pre una hi­dra­tan­te fres­qui­ta. Y, de vez en cuan­do, me ha­go un pee­ling. XL. ¿Le ha re­cri­mi­na­do al­gu­na chi­ca que se cui­da más que ella? M.I. Al re­vés, me di­cen que soy muy de­ja­do pa­ra es­to. De to­das for­mas hay mu­cha gen­te que me pre­juz­ga. XL. ¿A qué se re­fie­re? M.I. Hom­bre, la fra­se que más he oí­do en mi vi­da es: «Pen­sa­ba que eras un gi­li­po­llas».

PAN­TA­LÓN y CA­MI­SA, de Ca­ru­so; y CHA­QUE­TA, de An­tony Mo­ra­to. La al­fom­bra es de Ikea.

CHA­QUE­TA, de Ele­na Be­na­rroch; CA­MI­SE­TA, de Just Ca­va­lli; y PAN­TA­LÓN, de An­tony Mo­ra­to.

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