"La gen­te pre­fie­re cien mil eu­ros hoy an­tes que un mi­llón den­tro de diez años"

Ma­ru Val­di­vie­so Ma­drid, 1964. De­jé De­re­cho pa­ra ser ac­triz. He he­cho ci­ne, te­le­vi­sión y tea­tro; ga­né un Max y hoy ac­túo en­can­ta­da en 'El test', en el Co­fi­dis Al­cá­zar (Ma­drid), con Luis Mer­lo, An­to­nio Molero e It­ziar Atien­za.

La Voz de Galicia (A Coruña) - XL Semanal - - Ella & Él -

Xl­se­ma­nal. En El test se plan­tea un di­le­ma: re­ci­bir cien mil eu­ros aho­ra o un mi­llón en diez años. ¿Lo tie­ne ya cla­ro? Ma­ru Val­di­vie­so. Co­mo a mí me va bien y no ten­go hi­jos, yo es­pe­ra­ría diez años y co­ge­ría el mi­llón. Pe­ro, tal y co­mo es­tán las co­sas, ca­si to­do el mun­do co­ge los cien mil eu­ros. XL. Más va­le pá­ja­ro en mano que... M.V. ¡Exac­to! Es una fra­se que se re­pi­te mu­cho en la fun­ción. La gen­te no tie­ne mu­chas es­pe­ran­zas de que en el fu­tu­ro le va­yan a ir bien las co­sas y pre­fie­re pá­ja­ro en mano. Cien mil eu­ros pue­den ali­viar mu­chos su­fri­mien­tos. XL. ¿Con di­ne­ro se con­si­gue to­do? M.V. No, eso no. Se es­tá vien­do a su vez có­mo el di­ne­ro cau­sa mu­cho su­fri­mien­to. XL. ¿A uno mis­mo? M.V. El di­ne­ro ayu­da a la fe­li­ci­dad si vi­ves de cier­ta ma­ne­ra y tie­nes de­ter­mi­na­dos idea­les. Si tu fi­lo­so­fía de vi­da es otra, a lo me­jor te da más igual. Hoy se mi­ra de­ma­sia­do lo que tie­nes, no lo que eres. XL. To­do el en­re­do de es­ta obra em­pie­za en­tre ami­gos que, me­dio ju­gan­do, de­ci­den

res­pon­der a un test de per­so­na­li­dad. M.V. Sí, a ve­ces em­pie­zas ju­gan­do y al fi­nal ex­plo­ta la bom­ba ató­mi­ca. Esa pre­gun­ta dis­pa­ra co­sas feas y per­so­na­les. XL. Na­da co­mo ju­gar al do­mi­nó y no en­re­dar en el pa­sa­do. M.V. Eso se­gu­ro: to­dos te­ne­mos un pa­sa­do tur­bio y es­con­de­mos co­sas. XL. Cla­ro que de po­lí­ti­ca y re­li­gión me­jor no ha­blar mu­cho en fa­mi­lia. M.V. ¡Ja­ja­ja! Yo creo que ha­bla­mos de­ma­sia­do de to­do y que te­ne­mos una enor­me ver­bo­rrea que nos ha­ce de­cir co­sas que ni sen­ti­mos ni pen­sa­mos, so­lo por no sa­ber es­tar ca­lla­dos. XL. Di­ce que de no ser ac­triz se ha­bría de­di­ca­do a la po­lí­ti­ca, ¿se­ría na­ran­ja, mo­ra­da, ro­ja o azul? M.V. Se­ría de iz­quier­da, pe­ro no mo­ra­da. Siem­pre he vo­ta­do al Par­ti­do So­cia­lis­ta y nun­ca me he es­con­di­do, aun­que las co­sas es­tén co­mo es­tán. XL. Di­ce que gra­cias al tea­tro so­bre­vi­ven las mu­je­res de su edad por­que el ci­ne las re­ti­ra a la pri­me­ra arru­ga. M.V. Es así. Lue­go el ci­ne te re­co­ge cuan­do eres una vie­ji­ta. Pe­ro mien­tras es­cri­ban y di­ri­jan hom­bres, las pa­re­jas de los ac­to­res de 50 y 60 años en el ci­ne ten­drán 24. ¡Hom­bre! No hay mo­do de com­pe­tir. En el tea­tro, en cam­bio, los per­so­na­jes pa­ra no­so­tras son más in­tere­san­tes. XL. ¿Es cier­to que un tua­reg ofre­ció por us­ted 20 ca­me­llos? M.V. Sí [ríe]. Es­tá­ba­mos en el de­sier­to ro­dan­do una pe­lí­cu­la. Pe­ro por la ma­qui­lla­do­ra, que era ru­bia, ofre­cía 40 y 80 ca­bras. Y es­ta­ba dis­pues­to a pa­gar.

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