ED­DIE RED­MAY­NE "Me sien­to co­mo un mar­ciano"

In­ter­pre­tar a Step­hen Haw­king le hi­zo ga­nar un Os­car. Y cer­ti­fi­có su ta­len­to po­nién­do­se en la piel de una pio­ne­ra del cam­bio de se­xo. El ac­tor de 'La chi­ca da­ne­sa', bri­tá­ni­co de mo­da en Holly­wood, se su­mer­ge aho­ra en el mun­do de 'Harry Pot­ter' con 'Ani­mal

La Voz de Galicia (A Coruña) - XL Semanal - - Entrevista - POR CAR­LOS MA­NUEL SÁN­CHEZ / FO­TO­GRA­FÍA: JA­SON BELL

SUS MO­DA­LES SON EX­QUI­SI­TOS, CO­MO co­rres­pon­de a un an­ti­guo alumno de Eton, el co­le­gio más eli­tis­ta del mun­do –«So­lo te per­ca­ta­bas de que ibas en cha­qué cuan­do lle­ga­ban los tu­ris­tas a ha­cer­te fo­tos», re­cuer­da–, y del Tri­nity Co­lle­ge de Cam­brid­ge. A sus 34 años, Ed­die Red­may­ne, hi­jo de un ban­que­ro de la City lon­di­nen­se y ex­mo­de­lo, que ju­ga­ba al rug­bi con el prín­ci­pe Gui­ller­mo, es el más lau­rea­do (Os­car, Glo­bo de Oro, Pre­mio del Sin­di­ca­to de Ac­to­res, Bafta...) de la ge­ne­ra­ción de ac­to­res 'pi­jos' bri­tá­ni­cos que han conquistado Holly­wood en los úl­ti­mos tiem­pos: Be­ne­dict Cum­ber­batch, Ja­mes Mca­voy, Tom Hidd­les­ton... Su mu­jer, Han­nah Bags­ha­we, a quien co­no­ció ha­ce cua­tro años, es su re­la­cio­nes pú­bli­cas y la ma­dre de su hi­ja de po­cos me­ses. Red­may­ne ca­si siem­pre vis­te tra­jes os­cu­ros, ya sea en ne­gro o en azul, por­que es dal­tó­ni­co y con­fun­de el ma­rrón y el rojo con el ver­de. El ac­tor in­ter­pre­ta aho­ra al ca­za­dor de cria­tu­ras má­gi­cas Newt Sca­man­der, pro­ta­go­nis­ta de Ani­ma­les fan­tás­ti­cos y dón­de en­con­trar­los [es­treno: el 18 de no­viem­bre], adap­ta­ción al ci­ne de la no­ve­la ho­mó­ni­ma que J. K. Row­ling pu­bli­có en 2001 so­bre las cria­tu­ras má­gi­cas del uni­ver­so Harry Pot­ter y que se men­cio­na co­mo li­bro de texto de Hog­warts en Harry Pot­ter y la pie­dra fi­lo­so­fal, la pri­me­ra no­ve­la de la se­rie. La pe­lí­cu­la, pri­me­ra de una pen­ta­lo­gía, es­tá am­bien­ta­da en Nue­va York unos se­ten­ta años an­tes de que arran­que la his­to­ria del cé­le­bre ni­ño ma­go, con guion de la pro­pia Row­ling. Ha­bla­mos de to­do ello y de mu­cho más con el in­tér­pre­te bri­tá­ni­co en un ho­tel que, cu­rio­sa­men­te, se lla­ma Lon­don, aun­que es­te­mos en Los Án­ge­les.

"Lo úni­co que me im­por­ta es que mi be­bé si­ga vi­vo. Ate­so­ro ca­da mo­men­to" "He in­ter­pre­ta­do mu­chos pa­pe­les en los que me han pues­to a pa­rir"

Xlsemanal. Us­ted ha ga­na­do un Os­car, pe­ro no es­toy se­gu­ro de que la gen­te lo re­co­noz­ca por la ca­lle... Ed­die Red­may­ne. Es que no me re­co­no­cen. XL. ¿Se le que­dan mi­ran­do en plan: «Es­te ti­po pe­li­rro­jo y con pe­cas me sue­na de al­go»? E.R. [Ríe]. Sí, sí... A ve­ces me pa­ran por la ca­lle y te­ne­mos unos diá­lo­gos muy gra­cio­sos. Me pre­gun­tan si por ca­sua­li­dad soy ac­tor. Y les di­go que sí. Y me pre­gun­tan en qué pe­lí­cu­la he sa­li­do. Y les di­go que en una de la que na­die ha oído ha­blar. Y di­cen: «Oh, qué pe­na». Y si­guen su ca­mino ras­cán­do­se la co­ro­ni­lla y mi­rán­do­me de reojo. XL. O sea, que ga­nar un Os­car no le ha cam­bia­do la vi­da... E.R. No. ¡Qué bien! En Lon­dres me mue­vo en Me­tro y me pa­ran de vez en cuan­do, pe­ro es una fa­ma muy li­ge­ra. XL. Qui­zá to­da­vía tie­ne esa li­ber­tad por­que us­ted es de esos ac­to­res que se 'di­suel­ven' en el per­so­na­je... E.R. ¿Qué quie­re de­cir? XL. Pien­so en sus pa­pe­les: el fí­si­co Step­hen Haw­king, el pin­tor tran­se­xual en La chi­ca da­ne­sa y aho­ra el ca­za­dor de mons­truos Newt Sca­man­der... Hay ac­to­res que siem­pre son re­co­no­ci­bles, pe­ro us­ted se trans­for­ma fí­si­ca­men­te. ¿Có­mo lo con­si­gue? E.R. Bueno, a Haw­king fui a ver­lo. Sa­bes có­mo es, la en­fer­me­dad que pa­de­ce, pue­des re­unir­te con sus ami­gos y su fa­mi­lia; in­ten­tas en­ten­der sus mo­ti­va­cio­nes y per­so­ni­fi­car lo que re­pre­sen­ta. Con La chi­ca da­ne­sa no tu­ve esos re­cur­sos. No es­tá vi­va, pe­ro hay li­bros es­cri­tos por ella y li­bros so­bre ella. Así que pue­des es­tu­diar el per­so­na­je. Pe­ro con Sca­man­der ne­ce­si­tas al­gún ti­po de ayu­da pa­ra em­pe­zar a ima­gi­nár­te­lo. XL. ¿Y qué hi­zo? E.R. Fui a ver a J. K. Row­ling an­tes del ro­da­je. Tie­ne un sa­ber en­ci­clo­pé­di­co so­bre los per­so­na­jes de sus li­bros. Le pue­des pre­gun­tar cual­quier co­sa. XL. ¿Qué tal su en­cuen­tro? E.R. Fue in­creí­ble. Lo que pa­sa es que so­lo te­nía una ho­ra. Así que fue una con­ver­sa­ción mo­no­te­má­ti­ca so­bre Sca­man­der. Un per­so­na­je que a ella le apa­sio­na. XL. Sca­man­der es un so­li­ta­rio que se sien­te fue­ra de lu­gar en la so­cie­dad. ¿Tie­ne us­ted al­go en co­mún con él? E.R. Sí. Ab­so­lu­ta­men­te. A ve­ces me sien­to co­mo un mar­ciano. En lu­ga­res a los que no es­tás acos­tum­bra­do y con gen­te con la que no es­tás có­mo­do. In­ter­pre­tas un pa­pel pa­ra ha­cer ver que es­tás a gus­to. Pe­ro por den­tro... ¡aaaaah! XL. Pe­ro es que, si no te adap­tas, el pre­cio que de­bes pa­gar es la so­le­dad. E.R. Ya, pe­ro lo que me gus­ta de Sca­man­der es que él es co­mo es. No se trai­cio­na a sí mis­mo pa­ra ser acep­ta­do. No se adap­ta a las cir­cuns­tan­cias. No se rin­de. Él es­tá mu­cho más có­mo­do en su pe­lle­jo que yo en el mío. Y es muy va­lien­te que acep­te es­tar so­lo. Le im­por­ta más su mi­sión, cum­plir su des­tino en la vi­da. XL. El lec­tor o el es­pec­ta­dor de Harry Pot­ter ¿se des­co­lo­ca­rá con es­ta pre­cue­la am­bien­ta­da a prin­ci­pios del si­glo XX? E.R. Creo que no. Es un mun­do que re­co­no­ce­rá, le re­sul­ta­rá fa­mi­liar. Pe­ro es al­go to­tal­men­te nue­vo. Y esa es la gra­cia. XL. ¿Ha­ber es­tu­dia­do en un co­le­gio tan ex­clu­si­vo co­mo Eton es co­mo ha­ber ido a Hog­warts? E.R. [Se ríe] Un po­co sí. XL. Allí tu­vo co­mo 'com­pi' al prín­ci­pe Gui­ller­mo, ¿qué tal? E.R. Es muy ma­jo, un hom­bre en­can­ta­dor. Nos ve­mos de vez en cuan­do. Ad­mi­ro su tra­ba­jo, que es muy com­pli­ca­do. XL. A us­ted lo han nom­bra­do ofi­cial de la Or­den del Im­pe­rio bri­tá­ni­co. ¿Su pró­xi­mo tí­tu­lo se­rá el de sir? E.R. Tu­ve un ta­ta­ra­bue­lo que lo fue, pe­ro du­do mu­cho que yo va­ya a se­guir sus pa­sos... XL. Sca­man­der es un 'ma­gi­zoó­lo­go', cap­tu­ra cria­tu­ras fan­tás­ti­cas. Al­go así co­mo lo de ca­zar po­ke­mons, ¿no? E.R. ¡Es ver­dad! XL. Apues­to a que sa­can un jue­go... E.R. Gra­cias por la idea [se ríe]. To­do el mun­do jue­ga en In­gla­te­rra, pe­ro no sé muy bien qué es ni có­mo se ha­ce. Soy muy tor­pe con la tec­no­lo­gía. No en­tien­do ni mi te­lé­fono. No sé pa­ra que sir­ven mu­chas apli­ca­cio­nes. Y me da lo mis­mo, la ver­dad. Me gus­ta el con­tac­to hu­mano. Un smartp­ho­ne te ha­ce per­der tiem­po, de­man­da mu­cho de ti. El mun­do de­sa­pa­re­ce y, si no es­tás aten­to, te lo pier­des. Y pa­ra un ac­tor es muy im­por­tan­te ob­ser­var. XL. Leí que se com­pró un te­lé­fono 'ton­to'. E.R. Sí, uno con el que so­lo pue­des ha­cer y re­ci­bir lla­ma­das, aun­que tam­bién ten­go un ipho­ne. Que­ría sim­pli­fi­car. XL. O sea, que se hi­zo una cu­ra de des­in­to­xi­ca­ción tec­no­ló­gi­ca. E.R. Exac­to. A la gen­te le ha­ce fal­ta una bue­na cu­ra de des­in­to­xi­ca­ción tec­no­ló­gi­ca. A mí tam­bién, eh. XL. ¿Y qué tal la ex­pe­rien­cia? E.R. No fue có­mo ima­gi­na­ba. No es­tás pen­dien­te del mó­vil, eso es ver­dad, pe­ro al prin­ci­pio o al fi­nal del día me te­nía que pa­sar un par de ho­ras aten­dien­do al co­rreo elec­tró­ni­co. XL. Su­pon­go que es cues­tión de adap­tar­se. E.R. Es, más bien, cues­tión de apren­der a ser dis­ci­pli­na­do con­ti­go mis­mo. Y a no per­der to­do el día con dis­trac­cio­nes. XL. ¿Sien­te pre­sión en su tra­ba­jo?

E.R. Sí, un ac­tor sien­te es­trés y an­sie­dad siem­pre, so­bre to­do an­te un nue­vo per­so­na­je. Y lo lle­vo co­mo pue­do. Tra­to de apro­ve­char esa pre­sión y esa an­sie­dad pa­ra tra­ba­jar más du­ro y pa­ra in­ten­tar no de­cep­cio­nar a la gen­te. Pe­ro, al fi­nal, acep­tas que siem­pre vas a de­cep­cio­nar a al­guien. XL. ¿Le cau­sa in­se­gu­ri­dad el te­mor a de­cep­cio­nar? E.R. Es un asun­to pe­lia­gu­do. Qui­zá las me­jo­res crí­ti­cas las he te­ni­do por mi pa­pel de Step­hen Haw­king. Pe­ro hay gen­te que abo­rre­ce ese tra­ba­jo. Y le das vuel­tas a eso. He in­ter­pre­ta­do mu­chos pa­pe­les en los que me han pues­to a pa­rir. Siem­pre quie­res ha­cer­lo lo me­jor po­si­ble, pe­ro acep­tas que no

con­ten­ta­rás a to­do el mun­do. Los se­res hu­ma­nos so­mos sub­je­ti­vos. Im­pre­sio­nas a al­guien y de­cep­cio­nas a otro. De­bes en­con­trar tu pro­pia va­ra de me­dir. Ser tu pro­pio juez. XL. ¿Es ver­dad que llo­ra cuan­do lee una ma­la crí­ti­ca? E.R. No. Eso lo es­cri­bió un pe­rio­dis­ta que de­cía que yo ha­bía llo­ra­do le­yen­do una crí­ti­ca su­ya y es to­tal­men­te fal­so. Y, ade­más, es un asun­to que me po­ne de muy ma­la le­che. XL. Pues creo que es­ta pre­gun­ta tam­bién le va a fas­ti­diar. Us­ted es in­glés; yo, es­pa­ñol; se su­po­ne que am­bos so­mos eu­ro­peos... E.R. Ya veo. Pre­fie­ro no ha­blar de po­lí­ti­ca si le pa­re­ce bien. XL. Dí­ga­me so­lo por qué se han ido us­te­des de la UE... E.R. ¡No lo sé! De ver­dad que no sé la res­pues­ta. Yo no que­ría. Yo vo­té en con­tra del bre­xit. XL. Aca­ba de ser pa­dre, ¿le im­por­ta ha­blar de su fa­mi­lia? E.R. No, no... Ade­lan­te. XL. ¡Fe­li­ci­da­des! E.R. ¡Gra­cias! Bueno, es asom­bro­so. Es­ta­mos al prin­ci­pio y co­mo que to­da­vía no te lo crees. Y tie­nes mu­cho mie­do a fas­ti­diar­la, po­nes to­do el cui­da­do del mun­do... Lo úni­co que te im­por­ta es que tu be­bé si­ga vi­vo. ¿Sa­be que hoy es el pri­mer día que no es­toy con mi hi­ja des­de que na­ció? De­jé ayer a mi mu­jer y a mi hi­ja en Lon­dres pa­ra vo­lar a Los Án­ge­les y me sien­to muy ra­ro. Pe­ro ser pa­dre es tan emo­cio­nan­te. In­ten­tas ate­so­rar ca­da mo­men­to. XL. Co­no­ció a su mu­jer en la ado­les­cen­cia, aun­que se ca­sa­ron ha­ce un par de años. ¿Fue su pri­mer amor? E.R. Bueno, éra­mos quin­cea­ñe­ros cuan­do nos co­no­ci­mos. Yo pen­sé que la ha­bía im­pre­sio­na­do. «Jo, la ten­go en el bo­te». Y en­ton­ces ella me pi­dió que le pre­sen­ta­ra a un ami­go mío [se ríe]. «Va­le, es­tá bien». Me cos­tó un mon­tón su­pe­rar­lo, so­bre to­do por mi or­gu­llo. Tar­da­mos quin­ce años en sa­lir co­mo pa­re­ja, pe­ro éra­mos bue­nos ami­gos. Y nos co­no­cía­mos muy bien. Nos veía­mos es­po­rá­di­ca­men­te. Has­ta que via­ja­mos jun­tos a Flo­ren­cia y... XL. Una ha­bi­ta­ción con vis­tas... E.R. [Se ríe]. Flo­ren­cia es pre­cio­sa. Me en­can­ta. XL. Am­bos es­tu­dia­ron Ar­te en la uni­ver­si­dad. E.R. Sí. Ella es an­ti­cua­ria. Y si yo no fue­ra ac­tor, qui­zá fue­ra con­ser­va­dor de un mu­seo o mar­chan­te. No sé, es po­si­ble. A los dos nos in­tere­sa el ar­te y va­mos a ga­le­rías con fre­cuen­cia. XL. Su pa­dre pro­ce­de del mun­do de las fi­nan­zas. ¿Le da con­se­jos? E.R. No, qué va. Yo creo que to­do el mun­do in­ten­ta sa­car al­gu­na lec­ción de to­do lo que pa­só, de la cri­sis y to­do eso. Pe­ro el mun­do es un lu­gar muy caó­ti­co. Y to­do lo que po­de­mos ha­cer es man­te­ner la cal­ma e ir pa­so a pa­so. Creo que na­die tie­ne una ver­da­de­ra no­ción de lo que pue­de pa­sar de aquí en ade­lan­te. Me gus­ta­ría que al­gu­nos po­lí­ti­cos la tu­vie­ran. Pe­ro me te­mo que no. XL. Us­ted ayu­da eco­nó­mi­ca­men­te a ac­to­res jó­ve­nes... E.R. Lo ha­go de ma­ne­ra es­po­rá­di­ca. Mi­re, yo soy un pri­vi­le­gia­do. He te­ni­do mu­cha suer­te en la vi­da. He te­ni­do bue­nos men­to­res, ac­to­res de los que he apren­di­do mu­cho. Y he te­ni­do la gran for­tu­na de que mis pa­dres vi­vían en Lon­dres cuan­do em­pe­cé mi ca­rre­ra. Así que no ne­ce­si­ta­ba pa­gar un al­qui­ler. Es ca­rí­si­mo vi­vir en Lon­dres. Y ves a gen­te que quie­re ir a la es­cue­la de ar­te dra­má­ti­co, pe­ro no pue­de pa­gár­se­lo. O tie­ne que in­cu­rrir en unos gas­tos enor­mes, en­deu­dar­se, co­mo les pa­sa a mu­chos uni­ver­si­ta­rios. Y arras­trar una car­ga fi­nan­cie­ra que te va a las­trar du­ran­te años. A ve­ces re­ci­bo car­tas de gen­te que me pi­de ayu­da y si la his­to­ria me re­sue­na por den­tro tra­to de echar­les una mano.

"Es­tu­dié en Eton con el prín­ci­pe Gui­ller­mo. Es muy ma­jo. Ad­mi­ro su tra­ba­jo"

EL PA­PÁ NO­VA­TO Red­may­ne y su mu­jer, Han­nah Bags­ha­we, se co­no­cían des­de el ins­ti­tu­to, pe­ro tar­da­ron quin­ce años en for­mar pa­re­ja. Se ca­sa­ron en di­ciem­bre de 2014 y el pa­sa­do ju­nio se con­vir­tie­ron en los pa­dres de la pe­que­ña Iris Mary Red­may­ne.

EL PIJO CAMALEÓNICO Des­de su Os­car, en 2014, crí­ti­ca y pú­bli­co ce­le­bran ca­da pa­pel de Red­may­ne, pe­ro lo cier­to es que el ac­tor acu­mu­la pro­ta­go­nis­mo y pre­mios des­de ha­ce más de una dé­ca­da con se­cun­da­rios no­ta­bles en ci­ne, te­le­vi­sión y tea­tro e in­clu­so un pre­mio Tony de Broad­way.

'La teo­ría del to­do' (2014)

'La chi­ca da­ne­sa' (2015)

'Ani­ma­les fan­tás­ti­cos y dón­de en­con­trar­los' (2016)

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