DESA­YUNO

La Voz de Galicia (A Coruña) - XL Semanal - - Ella & El -

Con el ga­na­dor de Pa­sa­pa­la­bra David Leo García.

Xlsemanal. ¿Se le aca­ba­ron los pro­ble­mas por una bue­na tem­po­ra­da? David Leo García. Es­pe­ro que sí, al me­nos los eco­nó­mi­cos. Aun­que has­ta el año que vie­ne, creo, no co­bro. Y aún le de­bo 7000 eu­ros a mi pa­dre. XL. Oi­ga, los poe­tas no ha­blan de di­ne­ro: lo ven de­ma­sia­do pro­sai­co. D.L.G. En­ton­ces se­rá me­jor te­ner­lo pa­ra no preo­cu­par­nos por su fal­ta [ríe]. XL. ¿Va a ser el pri­mer poe­ta mi­llo­na­rio? D.L.G. Bueno, ya es­tá An­to­nio Ga­la [ríe]. XL. ¿Ha cal­cu­la­do ya cuán­to pa­ga­rá en im­pues­tos y cuán­to le que­da­rá? D.L.G. ¡Puf!, sí: voy a pa­gar dos cén­ti­mos por ca­da es­pa­ñol; y tam­bién sé que lle­ga­ré a los 80 años sien­do mi­leu­ris­ta. XL. An­tes de ter­mi­nar Fi­lo­lo­gía, em­pe­zó a par­ti­ci­par en con­cur­sos de ra­dio y te­le­vi­sión. ¿Veía ne­gro el fu­tu­ro? D.L.G. Ter­mi­né la ca­rre­ra en el peor mo­men­to de la cri­sis y bus­qué tra­ba­jo, sin nin­gu­na suer­te, en aca­de­mias y edi­to­ria­les. En­tré en un ca­lle­jón sin sa­li­da, pen­sé en ir­me fue­ra. Así que me plan­teé los con­cur­sos co­mo un tra­ba­jo: me da­ban más opor­tu­ni­da­des que el mer­ca­do la­bo­ral. Con el cuar­to ga­né el di­ne­ro su­fi­cien­te pa­ra in­de­pen­di­zar­me. XL. Du­ran­te tres años se pre­pa­ró a fon­do pa­ra pre­sen­tar­se al cas­ting de Pa­sa­pa­la­bra. D.L.G. Sí. Me hi­ce dos ve­ces los 2400 ros­cos de la web del pro­gra­ma, to­man­do no­tas y me­mo­ri­zan­do de­fi­ni­cio­nes. Es­tu­dia­ba, ade­más, pa­la­bras del dic­cio­na­rio que po­dían sa­lir y usé un pro­gra­ma in­for­má­ti­co que me en­se­ñó un con­trin­can­te. En los úl­ti­mos me­ses es­tu­dié cua­tro ho­ras dia­rias y me­mo­ri­za­ba cien pa­la­bras nue­vas al día. XL. Ha si­do tan lar­go co­mo una se­gun­da ca­rre­ra, ¿qué va a ha­cer aho­ra? D.L.G. Con­cur­so otra vez, aho­ra por 90.000 eu­ros, con con­cur­san­tes a los que ad­mi­ro: Paz, Je­ro, Li­lit, Su­sa­na, Al­ber­to… Es la me­jor ex­pe­rien­cia que pue­do te­ner: com­par­tir pla­tó con ellos. XL. Pa­re­ce al­go adic­ti­vo. ¿Ne­ce­si­ta­rá de un psi­có­lo­go pa­ra vi­vir sin Pa­sa­pa­la­bra? D.L.G. Un po­co de va­cío sí que sien­to: lle­vo nue­ve me­ses vi­nien­do aquí ca­da se­ma­na, me he he­cho ami­go de los trabajadores... Es una pér­di­da. Un ami­go di­ce en un ver­so: «Cuan­do uno lo­gra un fin, se que­da tris­te: la me­ta se lo tra­ga». XL. ¿Lo pa­ra la gen­te por la ca­lle? D.L.G. Sí, me fe­li­ci­tan, me di­cen que han su­fri­do con­mi­go, pe­ro que tam­bién han apren­di­do mu­cho, co­sa que agra­dez­co. XL. ¿Cuán­tos sel­fies se ha­ce al día? D.L.G. No los cuen­to: me vol­ve­ría lo­co. Es muy in­ten­so. Uno de mis gran­des pla­ce­res era leer en la te­rra­za de un ca­fé. Aho­ra es im­po­si­ble.

David Leo García Ma­la­gue­ño, de 28 años. Vi­vo des­de ha­ce cua­tro en Bar­ce­lo­na. Li­cen­cia­do en Fi­lo­lo­gía His­pá­ni­ca, he pu­bli­ca­do dos li­bros de poe­sía. Des­pués de 109 pro­gra­mas en 'Pa­sa­pa­la­bra', he ga­na­do 1.866.00 eu­ros.

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