El po­lí­gra­fo.

La Voz de Galicia (A Coruña) - XL Semanal - - Sumario -

Pe­ro ¿có­mo mu­rió, de ver­dad, Bin La­den?

Tras diez años de bús­que­da, a co­mien­zos de 2011, la in­te­li­gen­cia es­ta­dou­ni­den­se tu­vo in­di­cios de que Bin La­den se en­con­tra­ba en la lo­ca­li­dad de Ab­bot­ta­bad (Pa­kis­tán). El 29 de abril de 2011, el pre­si­den­te es­ta­dou­ni­den­se dio luz ver­de a la Operación Lan­za de Nep­tuno sin co­mu­ni­cár­se­la al Go­bierno pa­kis­ta­ní por te­mor a que al­guno de sus in­te­gran­tes la fil­tra­ra. El 1 de ma­yo de ese año, en el es­te de Af­ga­nis­tán, los miem­bros del co­man­do SEAL se em­bar­ca­ron en dos he­li­cóp­te­ros rum­bo a Pa­kis­tán. Oba­ma, su equi­po de ase­so­res y la se­cre­ta­ria de Es­ta­do, Hi­llary Clin­ton, se reunie­ron en una sa­la de ope­ra­cio­nes de la Ca­sa Blan­ca para se­guir en di­rec­to la ac­ción an­ti­te­rro­ris­ta. Se­gún el pri­mer co­mu­ni­ca­do ofi­cial de la Ca­sa Blan­ca, la operación ape­nas du­ró cua­ren­ta mi­nu­tos y se sal­dó con la muer­te de Bin La­den, un hi­jo ma­yor del te­rro­ris­ta, una mu­jer no iden­ti­fi­ca­da y dos hom­bres. En la primera ver­sión del co­mu­ni­ca­do de pren­sa se di­jo que el lí­der de Al Qae­da ha­bía uti­li­za­do co­mo es­cu­do a la mu­jer que es­ta­ba jun­to con él, ra­zón por la que fue he­ri­da por los SEAL. Días des­pués, el mis­mo por­ta­voz se­ña­ló que Bin La­den no se pa­ra­pe­tó de­trás de una mu­jer y que no es­ta­ba ar­ma­do, aun­que in­sis­tió en que las au­to­ri­da­des pa­kis­ta­níes no es­ta­ban al co­rrien­te de la operación an­ti­te­rro­ris­ta. Al­gu­nos me­dios se pre­gun­ta­ron có­mo era po­si­ble la pa­si­vi­dad de las tro­pas pa­kis­ta­níes de un cuar­tel cer­cano al re­fu­gio de Bin La­den, que sin du­da tu­vie­ron que oír el ti­ro­teo. Ha­ce al­go más de un año, el pe­rio­dis­ta Sey­mour Hersh –ga­na­dor de un Pre­mio Pu­lit­zer por un reportaje so­bre la ma­tan­za de My Lai en la gue­rra de Viet­nam– es­cri­bió un ar­tícu­lo en la Lon­don Re­view of Books en el que re­ve­la­ba que Bin La­den no es­ta­ba li­bre, sino pre­so en el com­ple­jo de Ab­bot­ta­bad cus­to­dia­do por agen­tes pa­kis­ta­níes. Cuan­do lle­ga­ron los es­ta­dou­ni­den­ses, los pa­kis­ta­níes ya ha­bían aban­do­na­do el com­ple­jo, tal y co­mo ha­bían pac­ta­do con el Pen­tá­gono pre­via­men­te. La in­for­ma­ción que apor­ta Hersh echa por la borda la ver­sión ofi­cial de la Ca­sa Blan­ca. Los SEAL lle­ga­ron al lu­gar y se li­mi­ta­ron a eje­cu­tar al lí­der de Al Qae­da. Se­gún esa hi­pó­te­sis, el cuer­po del te­rro­ris­ta no fue arro­ja­do al mar, tal y co­mo afir­mó la Ca­sa Blan­ca, sino que se en­te­rró en las mon­ta­ñas de Hin­du Kush, las más al­tas de Af­ga­nis­tán.

Pa­re­ce que Bin La­den era pri­sio­ne­ro de agen­tes pa­kis­ta­níes po­co an­tes del ata­que es­ta­dou­ni­den­se

Captura de un ví­deo en el que se ve za­pear a Bin La­den. Lo di­fun­dió EE.UU. en 2011.

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