Pe­ter Thiel

UN GURU DE SI­LI­CON VA­LLEY EN LA COR­TE DE TRUMP

La Voz de Galicia (A Coruña) - XL Semanal - - Magazine En Portada - POR CAR­LOS MA­NUEL SÁNCHEZ

Es el in­ver­sor con más éxi­to de Si­li­con Va­lley. Y aho­ra ha vuel­to a ga­nar con una arries­ga­da apues­ta: apo­yar a Do­nald Trump. Su le­ma es «na­da con­tra co­rrien­te». Su idea­rio, el li­be­ra­lis­mo a ul­tran­za y la des­apa­ri­ción del Es­ta­do. Es la es­tre­lla en el equi­po de ase­so­res del nue­vo pre­si­den­te. Y tiene un plan.

Ame­ri­ca ES EL TITANIC. O ha­ce­mos al­go o nos hun­di­mos. Y lo úni­co que ha­cen los po­lí­ti­cos es cam­biar las si­llas de lu­gar en cu­bier­ta». Así ha­bla Pe­ter Thiel, de 49 años, el sor­pren­den­te gu­rú de ca­be­ce­ra del pre­si­den­te elec­to de Es­ta­dos Uni­dos Do­nald Trump, el nue­vo ca­pi­tán del bar­co. Thiel –con­si­de­ra­do el in­ver­sor con más éxi­to de Si­li­con Va­lley– es el gran fi­cha­je de su equi­po de tran­si­ción, pe­ro tam­bién es al­go más; es uno de los ti­mo­ne­les que mar­can el rum­bo ideo­ló­gi­co de su go­bierno. Y es que, a di­fe­ren­cia de lo que pa­re­ce ocu­rrir con Trump, Pe­ter Thiel sí tiene un plan. Thiel siem­pre ha pre­su­mi­do de sus do­tes pro­fé­ti­cas. Don­de po­ne el ojo po­ne la ba­la. Pri­me­ro, en los ne­go­cios –Paypal, Fa­ce­book, Pa­lan­tir, Airbnb, Spo­tify...– y, aho­ra, en la po­lí­ti­ca. Na­die apos­ta­ba por Trump co­mo ca­ba­llo ga­na­dor cuan­do Thiel do­nó 1,25 mi­llo­nes de dó­la­res a la

cam­pa­ña del mag­na­te neo­yor­quino. «¡Me­jor na­da con­tra co­rrien­te!», es su le­ma. Y a Thiel no le im­por­ta pro­yec­tar una ima­gen de su­per­vi­llano. De he­cho, se de­fi­ne por su es­tra­te­gia de lle­var la con­tra­ria. The Con­tra­rian lo apo­da la pren­sa nor­te­ame­ri­ca­na.

¿POR QUÉ APO­YA THIEL A TRUMP? Para res­pon­der a es­ta pre­gun­ta pri­me­ro hay que en­ten­der cuál es el cre­do de Thiel, que se con­fie­sa un li­ber­ta­rio, un tér­mino po­co co­mún por es­tos pa­gos, que ha­ce re­fe­ren­cia a un mo­vi­mien­to ideo­ló­gi­co que de­fien­de el in­di­vi­dua­lis­mo fren­te al Es­ta­do y que no hay que con­fun­dir con el li­ber­ta­ris­mo eu­ro­peo ni con el anar­quis­mo. Y Thiel lo ha pues­to de mo­da. Un li­ber­ta­rio nor­te­ame­ri­cano es un in­di­vi­dua­lis­ta a ul­tran­za, un ul­tra­li­be­ral, enemi­go de cual­quier con­trol del go­bierno que cor­te las alas a los em­pre­sa­rios. «Si­go com­pro­me­ti­do con la fe de mis años de ju­ven­tud: con la ab­so­lu­ta li­ber­tad hu­ma­na co­mo con­di­ción pre­via para el ma­yor bien. Es­toy en con­tra de los im­pues­tos, de los to­ta­li­ta­ris­mos y de que la muer­te sea inevi­ta­ble para to­do el mun­do... Me si­go ca­li­fi­can­do co­mo li­ber­ta­rio. Pe­ro de­bo con­fe­sar que he cam­bia­do so­bre có­mo al­can­zar mis ob­je­ti­vos. Lo más im­por­tan­te es que ya no creo que li­ber­tad y de­mo­cra­cia sean com­pa­ti­bles», es­cri­bió en un en­sa­yo para el Ins­ti­tu­to Ca­to, un think tank del mo­vi­mien­to li­ber­ta­rio en 2009. Lo que, leí­do aho­ra, re­sul­ta, cuan­do me­nos, per­tur­ba­dor. Con­vie­ne acla­rar que no todos los li­ber­ta­rios apo­yan a Trump. De he­cho, la ma­yor par­te cree que el re­pu­bli­cano no es­tá a su al­tu­ra. Por­que ellos se con­si­de­ran unos ele­gi­dos, una éli­te por su in­te­li­gen­cia o el es­ca­la­fón so­cial que ocu­pan, pe­ro tam­bién in­com­pren­di­dos por la ma­sa. Aun­que den­tro de los li­ber­ta­rios nor­te­ame­ri­ca­nos hay di­fe­ren­tes es­cue­las, su fi­lo­so­fía par­te del 'ob­je­ti­vis­mo' de Ayan Rand, una pen­sa­do­ra y es­cri­to­ra de ori­gen ru­so que sen­tó las ba­ses del mo­vi­mien­to con sus li­bros El ma­nan­tial y La re­be­lión de Atlas. Bá­si­ca­men­te, de­fien­de que el in­di­vi­dua­lis­mo y el egoís­mo per­so­nal, en reali­dad, lle­van al bien co­mún; que el Es­ta­do

"NO CREO QUE DE­MO­CRA­CIA Y LI­BER­TAD SEAN COM­PA­TI­BLES", AFIR­MA THIEL

ABORRECE LA UNI­VER­SI­DAD. OFRE­CE DI­NE­RO A LOS JÓ­VE­NES MÁS BRI­LLAN­TES PARA QUE DE­JEN LOS ES­TU­DIOS

es un pé­si­mo in­ven­to en cuan­to a que fo­men­ta el pro­tec­cio­nis­mo, que so­lo sir­ve para am­pa­rar a los va­gos, y que los más ca­pa­ces de­ben ser quie­nes go­bier­nen. Es de­cir, los gran­des 'ogros' de es­te mun­do son el so­cia­lis­mo y el altruismo. Y, aun­que es­to pue­da pa­re­cer un re­su­men sim­plis­ta, no dis­ta del len­gua­je de Rand en sus no­ve­las-en­sa­yo, pro­pio de los li­bros de au­to­ayu­da de me­dia­dos del si­glo XX. El len­gua­je de Pe­ter Thiel, que con­si­de­ra a Rand su ma­yor ins­pi­ra­ción, es mu­cho más so­fis­ti­ca­do y más efi­caz, aun­que lleno de con­tra­dic­cio­nes. Pe­ro Thiel no es al­guien que se sien­ta in­có­mo­do con las con­tra­dic­cio­nes. De he­cho, son su se­llo. The New York Ti­mes, enor­me­men­te crí­ti­co con su in­cohe­ren­cia, di­ce de Thiel que, co­mo in­te­lec­tual, «sus ar­gu­men­tos so­lo es­tán va­li­da­dos por sus éxi­tos fi­nan­cie­ros». Que no son po­cos. Thiel na­ció en 1967 en Fránc­fort (Ale­ma­nia). Su pa­dre era in­ge­nie­ro y la familia vi­vió, si­guien­do los em­pleos del pro­ge­ni­tor, en Eu­ro­pa, Áfri­ca y Amé­ri­ca. Pe­ter cam­bió sie­te ve­ces de es­cue­la, pe­ro en to­das des­ta­có. Fue cam­peón in­fan­til de aje­drez, es­tu­dió De­re­cho y Fi­lo­so­fía en la Uni­ver­si­dad de Stan­ford y tra­ba­jó en un bu­fe­te eco­nó­mi­co de Nue­va York. «Fue el pe­rio­do más in­fe­liz de to­da mi vi­da. Du­ró sie­te me­ses y tres días», re­cuer­da. Pa­só una crisis exis­ten­cial. Fi­chó por Cre­dit Suis­se, don­de apren­dió las ba­ses de la in­ver­sión de ca­pi­tal ries­go. Fun­dó la pla­ta­for­ma de pa­go Paypal y dio el pe­lo­ta­zo en 2002, cuan­do la ven­dió a ebay; y el su­per­pe­lo­ta­zo en 2004, cuan­do le pres­tó me­dio mi­llón a un in­sol­ven­te de­ser­tor de la uni­ver­si­dad lla­ma­do Mark Zuc­ker­berg a cam­bio del diez por cien­to de su em­pre­sa. UN GU­RÚ EN EL VALLE. Des­de ahí, él per­so­nal­men­te, o a tra­vés su fon­do Foun­ders Fund, ha par­ti­ci­pa­do en ca­si to­das las em­pre­sas que han triun­fa­do en los úl­ti­mos diez años: Lin­ke­din; Spo­tify, Airbnb y, más re­cien­te­men­te, Spa­cex, la com­pa­ñía es­pa­cial de su so­cio en Paypal, Elon Musk. En una épo­ca en que el éxi­to em­pre­sa­rial es la quin­tae­sen­cia del gla­mour y la in­te­li­gen­cia sexy, al cóc­tel so­lo ha­cía fal­ta aña­dir­le unas go­ti­tas de fi­lo­so­fía... El re­sul­ta­do es que tan­to las con­fe­ren­cias de Thiel co­mo su li­bro Ze­ro to one: how to build the fu­tu­re [De ce­ro a uno: có­mo cons­truir el fu­tu­ro] son la Bi­blia para mu­chos em­pren­de­do­res,

LA 'MA­FIA' DE PAYPAL Es­ta fo­to de los crea­do­res de Paypal (con Pe­ter Thiel en el cen­tro) se hi­zo mun­dial­men­te fa­mo­sa por­que a todos los que apa­re­cen les fue lue­go muy bien en Si­li­con Va­lley. Pe­ro a nin­guno tan bien co­mo a Thiel.

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