"Ni pi­ja ni na­da. Soy una 'cu­rran­ta'"

25 años en lo más al­to de la pro­fe­sión no son pro­duc­to de la ca­sua­li­dad, sino del te­són y la in­te­li­gen­cia. En me­dio de los pre­pa­ra­ti­vos na­vi­de­ños, Nie­ves Ál­va­rez ha­ce un al­to pa­ra char­lar con no­so­tros de to­do, tam­bién de su re­cien­te se­pa­ra­ción.

La Voz de Galicia (A Coruña) - XL Semanal - - Especial Navidad La Musa - POR Ele­na Castelló FO­TO­GRA­FÍA Ma­rio Sierra ES­TI­LIS­MO Jo­sé He­rre­ra

LA NA­VI­DAD o, al me­nos, di­ciem­bre tie­nen un lu­gar es­pe­cial en la me­mo­ria de la mo­de­lo Nie­ves Ál­va­rez (Ma­drid, 1974). Nie­ves em­pe­zó su ca­rre­ra con 17 años, cuan­do al sa­lir del co­le­gio, con su uni­for­me, un agen­te de Eli­te Mo­del le pre­gun­tó si que­ría ser mo­de­lo. En 2002 se ca­só con el fo­tó­gra­fo ita­liano Mar­co Se­ve­ri­ni, al que co­no­ció con 18 años –él te­nía 31–, pa­dre de sus tres hi­jos –Adriano (2005) y los me­lli­zos Bran­do y Bian­ca (2007)–. La pa­re­ja se se­pa­ró ha­ce un año y me­dio y ge­ne­ró cier­to re­vue­lo por su ima­gen de pa­re­ja 'per­fec­ta'. Pe­ro su re­cuer­do re­la­cio­na­do con la Na­vi­dad se re­mon­ta mu­cho más le­jos, a la in­fan­cia, y no tie­ne que ver con la ce­le­bra­ción, sino con el tra­ba­jo du­ro: el que ha­cían sus pa­dres, due­ños de un ne­go­cio de ul­tra­ma­ri­nos, que en es­tas fe­chas al­can­za­ba un rit­mo fre­né­ti­co. Nie­ves ayu­da­ba a ha­cer ces­tas y po­ner los la­zos. «Mi pa­dre tra­ba­ja­ba hasta la ma­dru­ga­da –cuen­ta–. Era un mo­men­to muy fuer­te pa­ra el ne­go­cio y to­dos ayu­dá­ba­mos». Su voz es sua­ve, pe­ro ríe mu­cho y re­ve­la un sen­ti­do del hu­mor fran­co y na­tu­ral, que a pri­me­ra vis­ta no es fá­cil de aso­ciar con su ele­gan­cia un pun­to dis­tan­te.

Xl­se­ma­nal. Pues hay mu­cha gen­te que tie­ne de us­ted la ima­gen de ni­ña 'pi­ja'. Nie­ves Ál­va­rez. Ni pi­ja ni na­da [ri­sas]. Yo soy una 'cu­rran­ta'. Es lo que se vi­vía en mi ca­sa, la de una fa­mi­lia nor­mal, de cla­se me­dia. No nos fal­ta­ba de na­da, pe­ro mis pa­dres tra­ba­ja­ban de la ma­dru­ga­da a la no­che. Yo he vis­to el es­fuer­zo con el que nos han sa­ca­do ade­lan­te. Mi te­na­ci­dad me la in­cul­ca­ron ellos. Na­die te va a re­ga­lar na­da. Te lo tie­nes que tra­ba­jar tú. Aun­que lue­go la Na­vi­dad era siem­pre la Na­vi­dad… XL. ¿Hoy la ce­le­bra a la ita­lia­na o a la es­pa­ño­la? N.Á. ¡A mi ca­sa vie­ne to­do el mun­do! La Be­fa­na –la bru­ja ita­lia­na que trae los re­ga­los–, los Re­yes Ma­gos, Pa­pá Noel… La ce­le­bro con mis pa­dres, co­mo siem­pre. Me gus­ta arre­glar­me, pe­ro de for­ma so­bria, pan­ta­lón de ta­lle al­to, una ca­mi­sa ne­gra o un ves­ti­do sen­ci­llo con unas bai­la­ri­nas… Y ti­ro de ca­pón pre­co­ci­na­do, por­que no sé ni me gus­ta co­ci­nar [ri­sas]. La vi­vo más por los ni­ños, no soy una per­so­na muy de la Na­vi­dad. Creo que hay un es­pí­ri­tu con­su­mis­ta un po­co ago­ta­dor. XL. Eso de que es una chi­ca tran­qui­la y con­ser­va­do­ra es otro tó­pi­co… N.Á. Sí, ¡otro tó­pi­co! Igual que el de «mo­de­lo igual a ton­ta». Yo de ton­ta ten­go ce­ro [ri­sas]. Soy una mu­jer de mun­do y de men­te muy abier­ta. Eso sí, ¡soy bue­na chi­ca! [Ri­sas]. Y es­toy muy or­gu­llo­sa de de­cir­lo. Pe­ro lo de tran­qui­la… ¡pues tam­po­co! Yo sé dón­de ten­go que es­tar tran­qui­la o dón­de pue­do bai­lar y di­ver­tir­me. XL. Pe­ro no le gus­ta­ba ir a las fies­tas cuan­do em­pe­za­ba. N.Á. Sí, es ver­dad. Yo era muy dis­ci­pli­na­da. Pe­ro no sé si hi­ce bien o mal, por­que mu­chas ve­ces co­no­cer a al­guien en un am­bien­te dis­ten­di­do es mu­cho mejor que ha­cer­lo en el es­tric­to mo­men­to de en­se­ñar tu book. Pe­ro es que era muy tí­mi­da, aun­que lue­go me trans­for­ma­ra de­lan­te de la cá­ma­ra. XL. Qui­zá eso la pro­te­gió de pe­li­gros… N.Á. ¡Pe­ro es que ese es otro tó­pi­co! Por­que hay dro­gas en mi pro­fe­sión y en mu­chas otras, es al­go que es­tá en la ca­lle, en el mun­do. No te pue­des es­con­der en tu ca­sa por si te ofre­cen. Y a mí, en 25 años de pro­fe­sión, ja­más me han ofre­ci­do na­da. ¡Na­da! Qui­zá tam­bién sa­bían a quién se lo po­dían ofre­cer y a quién no. Yo creo que lo im­por­tan­te es sa­ber lo que quie­res y sa­ber de­cir que no. XL. ¿Nun­ca se re­be­ló? N.Á. Es cier­to que en unas si­tua­cio­nes te­nía clarísimo que no es no, pe­ro en otras doy de­ma­sia­do. Por in­ten­tar que to­do el mun­do es­té bien, doy, doy y, al fi­nal, me apa­go, me con­su­mo. He oí­do mu­cho eso de que «es que Nie­ves es tan bue­na…». Un día la ca­be­za me hi­zo 'clic'. Me can­sé. No es que cam­bies: ma­du­ras. Y no es que seas ma­la, es que to­do tie­ne un lí­mi­te, no pue­de ser que te ab­sor­ban to­da la ener­gía… XL. ¿Le ocu­rría en sus re­la­cio­nes per­so­na­les? N.Á. Me he vuel­to mu­cho más exi­gen­te en el tra­ba­jo y con las amis­ta­des, sé per­fec­ta­men­te las que quie­ro a mi la­do y las que no. Cuan­do tie­nes una vi­da de­ma­sia­do ex­pues­ta al pú­bli­co, tie­nes que ha­cer ba­lan­ce, pa­ra que no te afec­te to­do, y yo lo he en­con­tra­do. Me ha cos­ta­do, pe­ro lo he en­con­tra­do [ri­sas]. XL. ¿Se ha sen­ti­do po­co res­pe­ta­da por los co­men­ta­rios que ha ge­ne­ra­do su se­pa­ra­ción? N.Á. Yo soy quien soy por mi tra­ba­jo, no por ha­ber­me ca­sa­do con... o ser no­via de… Me ca­sé muy jo­ven, siem­pre he es­ta­do con la mis­ma per­so­na, nun­ca he ge­ne­ra­do ese mor­bo. Al prin­ci­pio me afec­tó mu­chí­si­mo, du­ran­te me­ses he es­ta­do mal, por­que no es­toy acos­tum­bra­da a es­tar en bo­ca de to­dos, a leer co­sas in­creí­bles… No to­do va­le. Aho­ra in­ten­to vi­vir­lo con ri­sas. Mis hi­jos es­tán bien, eso es lo que im­por­ta. XL. Lue­go, su se­pa­ra­ción se ha vis­to co­mo al­go mo­dé­li­co… N.Á. Una se­pa­ra­ción ci­vi­li­za­da es lo

"Du­ran­te me­ses he es­ta­do mal por mi se­pa­ra­ción. Lees co­sas in­creí­bles"

que de­be ser. No so­mos ejem­plo de na­da. Tie­ne que pa­sar al­go gra­ví­si­mo, y en nues­tro ca­so no ha pa­sa­do, pa­ra rom­per con una per­so­na y no que­rer vol­ver a ver­la… El pa­dre de mis hi­jos es­ta­rá en mi vi­da pa­ra siem­pre. XL. De­cía que em­pe­zó muy jo­ven su re­la­ción. ¿Cree que eso es per­ju­di­cial? Yo so­lo pue­do de­cir­te una co­sa, y es que ha si­do una ex­pe­rien­cia que ha me­re­ci­do la pe­na.

Nie­ves Ál­va­rez es una de las po­cas mo­de­los es­pa­ño­las que pue­de pre­su­mir de ha­ber tra­ba­ja­do con los maes­tros. Yves Saint Lau­rent, La­croix, Un­ga­ro… Hoy si­gue tra­ba­jan­do con Stép­ha­ne Ro­lland y aca­pa­ran­do por­ta­das y cam­pa­ñas de pu­bli­ci­dad, pe­ro ha diversificado su ca­rre­ra con el di­se­ño de ro­pa pa­ra ni­ños con su mar­ca N+V y la te­le­vi­sión, co­mo pre­sen­ta­do­ra de un pro­gra­ma de mo­da.

XL. Siem­pre ha di­cho que le fas­ci­na­ban los te­ji­dos, el ofi­cio del crea­dor…

QN.Á. Qui­zá por­que lo vi­ví con el más gran­de. Yves [Saint Lau­rent] era tan per­fec­cio­nis­ta… Me fas­ci­na­ba ese afán de bus­car lo mejor. Yo siem­pre de­cía que era co­mo la re­li­gión Saint Lau­rent. Sa­lías y te pa­sea­bas de­lan­te de él hasta que pro­nun­cia­ba la pa­la­bra má­gi­ca: «photo», que sig­ni­fi­ca­ba que el look es­ta­ba per­fec­to. XL. En su pro­fe­sión hay mu­cha pre­sión con el as­pec­to fí­si­co… Us­ted su­frió anore­xia en la ado­les­cen­cia. N.Á. Pe­ro no creo que sea una pre­sión del mun­do de la mo­da, es una pre­sión so­cial. La gen­te se re­to­ca con el te­lé­fono las fotos de las re­des so­cia­les y no son mo­de­los. La anore­xia no tie­ne na­da que ver con la mo­da. Son pro­ble­mas que van más allá, que tie­nen que ver con la ado­les­cen­cia, con la iden­ti­dad, gue­rras con el mun­do que tie­nes en tu ca­be­za que te lle­van a ese agu­je­ro ne­gro. Cuan­do me pro­pu­sie­ron ser mo­de­lo, eso me ayu­dó. Sí, pa­ra mí fue mi sal­va­ción. XL. Otra co­sa que ha sor­pren­di­do es que opi­ne de po­lí­ti­ca con na­tu­ra­li­dad. N.Á. Bueno, soy ciu­da­da­na, vo­to, pa­go mis im­pues­tos y ten­go de­re­cho a opi­nar. Y no sé por qué tie­ne que ser un ta­bú. Pa­re­ce que si eres de un la­do, es cool de­cir tu opi­nión po­lí­ti­ca; si eres pro­gre, pa­re­ce guay de­cir lo que pien­sas. Si di­ces otra co­sa, te tie­nes que ca­llar. Yo creo en mi país. Y no veo por qué me ten­go que ca­llar. XL. ¿En­ton­ces us­ted no es pro­gre? N.Á. Bueno, yo soy una mu­jer de mun­do [ri­sas]. Quie­ro de­cir, que se tien­de a des­ca­li­fi­car al­gu­nas opi­nio­nes y ca­da cual tie­ne la su­ya XL. ¿Có­mo se ve en unos años? N.Á. Ser una Carmen dell’ore­fi­ce, que si­gue des­fi­lan­do con 70 años, o una Naty Abascal, ma­ra­vi­llo­sa, no es­ta­ría na­da mal [ri­sas].

"Por in­ten­tar que to­dos es­tén bien, doy, doy, doy y, al fi­nal, me apa­go, me con­su­mo"

VES­TI­DO, de Schia­pa­re­lli; y PEN­DIEN­TES, RE­LOJ y ANI­LLO, Bvlga­ri. To­da la de­co­ra­ción es de Los Pe­ño­tes. Cris­ta­le­ría y cu­ber­te­ría, de Za­ra Ho­me.

TRA­JE, de Jus­ti­cia Ruano; CO­LLAR, de Pao­la Q; ZA­PA­TOS, de Aquaz­zu­ra; y ANI­LLO, de Lu­xen­ter.

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