DESA­YUNO

Loly Gar­cía, la atle­ta fe­me­ni­na más lon­ge­va.

La Voz de Galicia (A Coruña) - XL Semanal - - Conocer Historia -

Xlse­ma­nal. Fue la pri­me­ra mu­jer en formar par­te del com­bi­na­do na­cio­nal. Loly Gar­cía. Du­ran­te la Re­pú­bli­ca las mu­je­res co­rrían, pe­ro en la épo­ca de Franco es­tu­vo prohi­bi­do. En el año 64 se hi­zo la pri­me­ra se­lec­ción es­pa­ño­la de atle­tis­mo en la que par­ti­ci­pa­ban mu­je­res… y ahí es­ta­ba yo. XL. Tie­ne de­ce­nas de me­da­llas, pe­ro ¿cuál es pa­ra us­ted su me­jor mar­ca? L.G. La que con­se­guí en el Es­ta­dio Hey­sel de Bru­se­las, cuan­do hi­ce 400 me­tros en 59,8 se­gun­dos. Fui la pri­me­ra en Es­pa­ña en ba­jar de un mi­nu­to en esa ca­rre­ra. Es­ta­ba muy ner­vio­sa, pe­ro cuan­do empecé a co­rrer fue co­mo si vo­la­ra. Te­nía 15 años. XL. Ha­ce 52 años, una mu­jer gua­pa que co­rría en pan­ta­lón cor­to ¿oía de todo? L.G. ¡De todo! Era tre­men­do. Me de­cían que no te­nía ver­güen­za, que me fue­ra pa­ra ca­sa, que pa­re­cía una ar­tis­ta… Una se­ño­ra que re­par­tía la pren­sa me da­ba con los pe­rió­di­cos en las pier­nas. XL. ¿Y los hom­bres qué opi­na­ban? L.G. Les gus­ta­ba y, co­mo me co­no­cían,

de­cían: «Loly es muy bue­na, co­rre muy rá­pi­do». Con ellos no ha­bía pro­ble­mas por­que yo en­tre­na­ba con el equi­po de fút­bol del Cel­ta y mi en­tre­na­dor era el mis­mo que el de los hom­bres. Es­ta­ban acos­tum­bra­dos a ver­me co­rrer. XL. ¿Có­mo co­no­ció a Ja­vier Ál­va­rez, su ma­ri­do? L.G. Mi en­tre­na­dor le pi­dió que hi­cie­ra de lie­bre pa­ra que yo co­rrie­ra de­trás. ¡Y me enamo­ré de la lie­bre! [Ríe]. Yo te­nía 14 años y él, 21. Cua­tro des­pués Ja­vier par­ti­ci­pó en las Olim­pia­das de Mé­xi­co y, lue­go, en las de Mú­nich. XL. Y se ca­só con 19 años. L.G. Sí, nos ca­sa­mos por­que a mi pa­dre, mi­li­tar, lo des­ti­na­ron a Ma­drid y yo, que es­ta­ba lo­qui­ta por Ja­vier, no lle­va­ba muy bien vi­vir en Ma­drid y él, en Vigo. XL. ¿Y lo­gra­ban vi­vir del atle­tis­mo? L.G. ¡No! Na­die en aque­lla épo­ca. No ha­bía ayu­das. Al ter­mi­nar de es­tu­diar, pu­si­mos una tien­da de de­por­tes; yo iba ca­da día co­rrien­do des­de Prie­gue a Vigo por la ca­rre­te­ra de la pla­ya y sa­lu­da­ba a los ci­clis­tas que me cru­za­ba. XL. ¿Us­ted no sa­be lo que es te­ner un gra­mo de gra­sa en el cuer­po? L.G. No. Siem­pre fui del­ga­da. Pe­so 49 ki­los y mi­do 1,71. Co­mo bien, pe­ro me mue­vo mu­cho, no sé es­tar quie­ta. XL. Una cu­rio­si­dad: ¿cuántos za­pa­tos de ta­cón tie­ne en su ar­ma­rio? L.G. Nin­guno. So­lo una vez me pu­se unos: en la bo­da de mi hi­ja, que es muy pi­ja y que se em­pe­ñó en que te­nía que ir muy bien ves­ti­da. No aguan­té mu­cho, en el ban­que­te me los qui­té [ríe].

Con mer­me­la­da 'Loly' «Siem­pre a las 7:00, con mi ma­ri­do. To­ma­mos ca­fé con le­che y tos­ta­das con man­te­qui­lla y mer­me­la­da, que yo mis­ma ha­go: te­ne­mos na­ran­jos y man­za­nos»

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