Juan Die­go Bot­to.

Juan Die­go Bot­to Bue­nos Ai­res, Ar­gen­ti­na, 41 años. Vi­ne a Es­pa­ña a los 3 con mi ma­dre. Soy di­rec­tor, au­tor y ac­tor. He ro­da­do en EE.UU. la se­rie 'Good beha­voir' (TNT) y en Es­pa­ña 'Pul­sa­cio­nes', ya en An­te­na 3.

La Voz de Galicia (A Coruña) - XL Semanal - - Sumario -

Xl­se­ma­nal. En Pul­sa­cio­nes es­tá us­ted muer­to des­de el pri­mer ca­pí­tu­lo. Juan Die­go Bot­to. Pe­ro me van re­vi­vien­do de for­ma do­si­fi­ca­da. Mi per­so­na­je es un pe­rio­dis­ta que mue­re en me­dio de una in­ves­ti­ga­ción, no por cau­sas na­tu­ra­les, se sospecha, sino de for­ma vio­len­ta y pro­vo­ca­da. XL. Y tras­plan­tan su co­ra­zón a otro hom­bre. J.D.B. A un mé­di­co que em­pie­za a te­ner vi­sio­nes de la vi­da de mi per­so­na­je; no se li­bra­rá de mi pre­sen­cia has­ta que aca­be la in­ves­ti­ga­ción que yo no ce­rré. XL. An­gus­tia lo de un cuer­po con me­mo­ria. J.D.B. Un po­co. Hay un re­fe­ren­te en una pe­li an­ti­gua, no re­cuer­do su tí­tu­lo, en la que a un hom­bre le tras­plan­tan la mano de un ase­sino y em­pie­za a ase­si­nar. XL. ¿Cree que, tras es­ta se­rie, se re­du­ci­rá la lis­ta de es­pe­ra de los tras­plan­tes? J.D.B. Es­pe­ro que no, se­ría una te­rri­ble con­se­cuen­cia co­la­te­ral. Al pre­sen­tar la se­rie, me lla­mó la aten­ción que mu­chos nos pre­gun­ta­ran si ha­bía­mos ha­bla­do con per­so­nas que hu­bie­sen vi­vi­do una ex­pe­rien­cia si­mi­lar, co­mo

si pu­die­ra ser al­go real. Es­to es cien­cia fic­ción y no tie­ne na­da de cien­tí­fi­co. XL. ¿Vi­ve a caballo en­tre EE.UU. y Es­pa­ña? J.D.B. Con las dos se­ries, 2016 ha si­do muy in­ten­so. En Ca­ro­li­na del Nor­te es­tu­vi­mos seis me­ses ro­dan­do Good beha­voir, 14 ho­ras dia­rias de lu­nes a vier­nes. No he te­ni­do va­ca­cio­nes. XL. A es­tas al­tu­ras, con su ca­ra y su cu­rrí­cu­lum, ¿aún de­be ha­cer cas­tings? J.D.B. Sin du­da. En el de la se­rie de TNT hu­bo diez mil ac­to­res de to­do el mun­do. XL. En ella, us­ted es un ase­sino a suel­do y Mi­che­lle Doc­kery, la pro­ta­go­nis­ta de Down­ton Ab­bey, una la­dro­na pro­fe­sio­nal. J.D.B. Es una ac­triz es­tu­pen­da y su pa­pel no tie­ne na­da que ver con el de Down­ton… Aquí es una la­dro­na al­cohó­li­ca que se enamo­ra de un si­ca­rio. Qui­zá es­te año ro­de­mos otra tem­po­ra­da. XL. Ha vi­vi­do pues dos hu­ra­ca­nes: el que gol­peó en Ca­ro­li­na y... Trump. J.D.B. Sí, por las gran­des inun­da­cio­nes de­bi­mos pa­rar el ro­da­je al­gu­nos días. Res­pec­to a Trump… fui a ver uno de sus mí­ti­nes. Si en Es­pa­ña vi­vi­mos una ma­la comedia, la de allí es ne­fas­ta. Na­die hu­bie­ra creí­do ha­ce diez años que exis­ti­ría un pre­si­den­te más a la de­re­cha que Bush. En es­ta vi­da, to­do es sus­cep­ti­ble de em­peo­rar. XL. ¿Su com­pro­mi­so po­lí­ti­co se ha apla­ca­do con la edad? J.D.B. Se ha mul­ti­pli­ca­do. Soy más to­le­ran­te, pe­ro no me­nos vehe­men­te. Yo no pue­do de­cir­le a mi hi­ja: «Es­to es un desas­tre, así que no­so­tros a lo nues­tro».

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