¡Se aca­bó el di­ne­ro!

El sis­te­ma fi­nan­cie­ro es­tá al bor­de de una re­vo­lu­ción. Nu­me­ro­sas 'start-ups' anun­cian un mun­do sin ca­je­ros, sin di­ne­ro en efec­ti­vo y sin ca­jas B. Wall Street y Si­li­con Va­lley no han tar­da­do en reac­cio­nar. Ob­je­ti­vo: ha­cer­se con el con­trol de los nue­vos (e

La Voz de Galicia (A Coruña) - XL Semanal - - Conocer Tecnología - POR CAR­LOS MANUEL SÁNCHEZ / FO­TO­GRA­FÍA: RYAN DON­NELL

Los ca­je­ros au­to­má­ti­cos tie­nen los días con­ta­dos. En Sue­cia, el 95 por cien­to de los mi­cro­pa­gos se ha­cen sin 'cash'; en Di­na­mar­ca los van a eli­mi­nar an­tes de 2030

Qué ha­cen cien eje­cu­ti­vos de Wall Street reuni­dos en se­cre­to en una sa­la de jun­tas ? No, no es un chis­te... La reunión, fil­tra­da por Bloom­berg, tu­vo lu­gar el año pa­sa­do en las ofi­ci­nas de Nas­daq –el ín­di­ce bur­sá­til de las com­pa­ñías tec­no­ló­gi­cas– en Nue­va York. Allí es­ta­ban Visa, Pfi­zer, Ci­ti­group... To­dos los pe­ces gor­dos. Fue­ron con­vo­ca­dos por Adam Lud­win, pre­si­den­te de la start-up Chain. A puer­ta ce­rra­da. ¿Or­den del día? Pro­bar un soft­wa­re re­vo­lu­cio­na­rio ba­sa­do en el sis­te­ma Block­chain [en­se­gui­da le ex­pli­co], ca­paz de eje­cu­tar transac­cio­nes al ins­tan­te. ¿Pe­ro las ór­de­nes de Bol­sa no se eje­cu­tan en cues­tión de dé­ci­mas de se­gun­do? Las ór­de­nes sí, pe­ro el di­ne­ro no cam­bia de ma­nos has­ta pa­sa­dos unos días. Mien­tras tan­to, ese ca­pi­tal es­tá in­mo­vi­li­za­do; es im­pro­duc­ti­vo. Va­le... Pe­ro si ese sis­te­ma es tan fantástico, ¿por qué no anun­ciar­lo a bom­bo y pla­ti­llo? ¿A qué vie­ne tan­to se­cre­tis­mo? Se­gún Lud­win, «por­que ha lle­ga­do la ho­ra de to­mar de­ci­sio­nes que cam­bia­rán el sis­te­ma fi­nan­cie­ro». De­ci­sio­nes drás­ti­cas... Y la pren­sa «pue­de coar­tar» a los que tie­nen que to­mar­las. Ima­gi­ne un mun­do sin di­ne­ro en efec­ti­vo. Un mun­do en el que los ca­je­ros au­to­má­ti­cos se irán ex­tin­guien­do co­mo es­tá pa­san­do con las ca­bi­nas te­le­fó­ni­cas. ¿En se­rio? Pues sí. Los nór­di­cos ya es­tán en ello. En Sue­cia, el 95 por cien­to de las ven­tas al por me­nor se pa­ga sin di­ne­ro en me­tá­li­co, y en Di­na­mar­ca lo eli­mi­na­rán an­tes de 2030.

LLE­GA LA RE­VO­LU­CIÓN. Es­ta­mos al prin­ci­pio de una re­vo­lu­ción de los sis­te­mas de pa­go. El ana­lis­ta Greg Sa­tell com­pa­ra en la re­vis­ta For­bes el mo­men­to ac­tual con el que se vi­vió en los años se­ten­ta, cuan­do con­flu­ye­ron tres fac­to­res que cam­bia­ron nues­tra ma­ne­ra de en­ten­der las fi­nan­zas. Uno fue el ta­len­to hu­mano. Se ce­rró el pro­gra­ma Apo­lo y de­ce­nas de in­ge­nie­ros de la NASA aca­ba­ron en Wall Street. Otro fue la tec­no­lo­gía. Hew­lett Pac­kard pu­so en ma­nos de los co­rre­do­res de Bol­sa los pri­me­ros ter­mi­na­les. Y el ter­ce­ro fue la ecua­ción Black Scho­les. El mo­de­lo ma­te­má­ti­co que des­en­ca­de­nó los mer­ca­dos de de­ri­va­das, op­cio­nes, fu­tu­ros... To­das esas he­rra­mien­tas de in­ver­sión que na­die en­tien­de del to­do y que 'pe­ta­ron' en la cri­sis de 2008. Hoy esos tres fac­to­res vuel­ven a es­tar ahí, re­no­va­dos. Te­ne­mos el ta­len­to. Hay más de 6500 start-ups en el mun­do de­di­ca­das a las fintech, las nuevas fi­nan­zas tec­no­ló­gi­cas. Y si un mi­llen­nial es un con­ver­so de la ban­ca on-li­ne, un na­ti­vo di­gi­tal ja­más pon­drá el pie en una su­cur­sal. Te­ne­mos so­lu­cio­nes tec­no­ló­gi­cas pa­ra los pa­gos sin con­tac­to, gra­cias a las tar­je­tas Con­tactless o al pro­to­co­lo NFC (Near Field Com­mu­ni­ca­tions), que per­mi­te que dos dis­po­si­ti­vos cer­ca­nos se 'en­tien­dan' en­tre sí, y de es­te mo­do po­de­mos com­prar acer­can­do el mó­vil a un ter­mi­nal de ven­ta. Es­to li­be­ra el mun­do de los mi­cro­pa­gos; pa­ra en­ten­der­nos, no ha­ce fal­ta lle­var

'cha­ta­rra' en el bol­si­llo pa­ra com­prar el pan. Fi­nal­men­te, te­ne­mos las ma­te­má­ti­cas. Un mo­de­lo po­ten­te y con­fia­ble que re­vo­lu­cio­na el con­cep­to mis­mo del di­ne­ro. Ese mo­de­lo es el Block­chain. ¿Y qué dia­blos es el Block­chain? Si le di­go que es una ca­de­na de blo­ques, a la ma­yo­ría le so­na­rá a chino. Si aña­do que es el fun­da­men­to en el que es­tá ba­sa­do el bit­coin, la fa­mo­sa crip­to­mo­ne­da di­gi­tal, al­gu­nos irán atan­do ca­bos. Y hay quien se pre­gun­ta­rá, con sus­pi­ca­cia, si el bit­coin no es lo que usan los nar­cos, hac­kers y otros 'ci­ber­ma­los' pa­ra ha­cer sus te­je­ma­ne­jes sin de­jar ras­tro... Pues sí, pe­ro tam­po­co de­ja ras­tro un bi­lle­te de cur­so le­gal, di­cho sea de pa­so... El bit­coin nun­ca com­pe­ti­rá con el eu­ro y el dó­lar, es una ra­re­za en la pe­ri­fe­ria del sis­te­ma. A mu­chos les da re­pe­lús.

A los ban­cos y a los go­bier­nos, es­pe­cial­men­te. Así que ol­ví­de­se del bit­coin co­mo mo­ne­da. So­lo es la cás­ca­ra. Pe­ro el Block­chain, su nuez, ha lle­ga­do pa­ra que­dar­se. Y son los ban­cos y los go­bier­nos los que es­tán más in­tere­sa­dos en in­te­grar­lo en el sis­te­ma. Por la cuen­ta que les trae... ¿En qué con­sis­te? El Block­chain es una es­pe­cie de li­bro de con­ta­bi­li­dad com­par­ti­do en­tre mi­les de or­de­na­do­res. Pú­bli­co y trans­pa­ren­te. En esa ba­se de da­tos des­cen­tra­li­za­da se al­ma­ce­nan to­das las ope­ra­cio­nes

Ya es po­si­ble el pa­go en lí­nea sin in­ter­me­dia­rios, ins­tan­tá­neo y ca­si sin cos­te. El sis­te­ma se lla­ma Block­chain y los ban­cos lo ven co­mo una ame­na­za

rea­li­za­das en for­ma de blo­ques. Ca­da blo­que de in­for­ma­ción se ve­ri­fi­ca en­tre to­dos los or­de­na­do­res de la red. Ca­da or­den de com­pra­ven­ta se ac­tua­li­za al ins­tan­te. No se pue­de re­pe­tir una ope­ra­ción. O sea, no pue­do pa­gar dos ve­ces con la mis­ma mo­ne­da. Ni se pue­de ma­ni­pu­lar. No hay po­si­bi­li­dad de ca­ja B. To­do es­tá a la vista. Lo cual ha­ce fro­tar­se las ma­nos a los mi­nis­tros de Ha­cien­da... De­frau­dar, en teo­ría, es im­po­si­ble.

MO­NE­DE­RO CON LLA­VES. ¡No tan rá­pi­do! Aun­que to­das las transac­cio­nes es­tán a la vista, las iden­ti­da­des del com­pra­dor y del ven­de­dor es­tán pro­te­gi­das. Es de­cir, se man­tie­nen el ano­ni­ma­to del que en­vía el di­ne­ro y el del que lo re­ci­be. Ca­da uno tie­ne su 'mo­ne­de­ro', es de­cir, su cuen­ta vir­tual. Con dos lla­ves. Una pú­bli­ca y otra pri­va­da. La cla­ve pú­bli­ca pue­de ser con­sul­ta­da por cual­quie­ra, al igual que una di­rec­ción de co­rreo. Yo te en­vío la 'pas­ta' a esa di­rec­ción, que vie­ne a ser co­mo tu nú­me­ro de cuen­ta ban­ca­ria. Pe­ro la pri­va­da so­lo la co­noz­co yo, es de­cir, so­lo yo pue­do abrir mi mo­ne­de­ro. La seguridad es má­xi­ma. Así que has­ta que no en­cuen­tre una ma­ne­ra de vin­cu­lar una ope­ra­ción a un con­tri­bu­yen­te, to­do de­pen­de­rá de nues­tra bue­na vo­lun­tad a la ho­ra de ha­cer una fac­tu­ra, lo que tam­bién su­ce­de hoy con los pa­gos en me­tá­li­co. Pe­ro la gran su­ble­va­ción de Block­chain, su la­do más sal­va­je, es que per­mi­te que ven­de­do­res y clien­tes, o par­ti­cu­la­res en­tre sí, se co­nec­ten y ha­gan pa­gos en lí­nea sin in­ter­me­dia­rios. Y ade­más en el mis­mo tiem­po –un sus­pi­ro– en el que se en­vía un e-mail y con el mis­mo cos­te –ín­fi­mo–, aun­que sea en­tre paí­ses di­fe­ren­tes. Y, va­ya, es­to es una ame­na­za al ne­go­cio de los ban­cos, que pier­den sus co­mi­sio­nes. Y por eso la ban­ca es­tá tan in­tere­sa­da en do­mes­ti­car el Block­chain. El 80 por cien­to ya tie­ne equi­pos desa­rro­llan­do apli­ca­cio­nes ba­sa­das en es­te sis­te­ma. Las pri­me­ras sal­drán es­te año.

'BITDÓLARES'. Y star­tups co­mo Dwolla le es­tán me­tien­do pre­sión a los ban­cos, se­gún The Fi­nan­cial Ti­mes, que sien­ten el alien­to de las fi­nan­zas di­gi­ta­les en el co­go­te. ¿Qué ha­cer? ¿Lu­char con­tra tu enemi­go o unir­te a él? Ni lo uno ni lo otro. ¡Com­prar­lo! Bu­si­ness In­si­der re­co­ge un es­tu­dio de 253 ban­cos: uno de ca­da cin­co (uno de ca­da tres en Es­pa­ña) es­tá in­vir­tien­do en start-ups. Pe­ro no so­lo los ban­cos, to­dos quie­ren su tro­zo de pas­tel, in­clui­das com­pa­ñías de te­le­fo­nía y re­des so­cia­les. Lo que se ave­ci­na es una alian­za sin pre­ce­den­tes en­tre Wall Street y Si­li­con Va­lley, esa ban­da de li­ber­ta­rios que hu­bie­ran pre­fe­ri­do pres­cin­dir de las di­vi­sas na­cio­na­les, pe­ro que aho­ra as­pi­ra a con­ver­tir­las en 'bitdólares'.

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