Pe­cha­ku­cha.

Pre­sen­ta­ción mi­ni­ma­lis­ta de 20 dia­po­si­ti­vas mos­tra­das du­ran­te 20 se­gun­dos ca­da una. Na­ció en To­kio y anun­cia el fin del

La Voz de Galicia (A Coruña) - XL Semanal - - Especial Hombre -

es­pí­ri­tu de equi­po, aho­rra gas­tos y se aco­mo­da bien a los ho­ra­rios fle­xi­bles, ar­gu­men­tan sus par­ti­da­rios. Se fa­ci­li­tan las mi­cro­rreu­nio­nes es­pon­tá­neas en­tre per­so­nal de di­ver­sos de­par­ta­men­tos, lo que in­cen­ti­va las so­lu­cio­nes ima­gi­na­ti­vas. pre­ci­san de otro ti­po de am­bien­te pa­ra que aflo­re su talento. Los sue­cos hi­cie­ron un es­tu­dio y lle­ga­ron a la con­clu­sión de que la gen­te que tra­ba­ja en un des­pa­cho es­tá más con­ten­ta. Nór­di­cos y cen­troeu­ro­peos tie­nen de­re­cho por ley a un es­pa­cio de ofi­ci­na con luz so­lar y cier­ta pri­va­ci­dad, que en el ca­so de Ale­ma­nia es­tá ta­bu­la­da: 28 me­tros cua­dra­dos de me­dia. Pe­ro en los paí­ses an­glo­sa­jo­nes el open spa­ce es ca­da vez más la nor­ma. Y la al­ter­na­ti­va es de­pri­men­te: los cu­bícu­los, una so­lu­ción 'yan­qui' a ba­se de biom­bos que re­sul­ta ba­ra­ta, pe­ro que crea un am­bien­te tris­tón. Lo ul­ti­mí­si­mo son las so­lu­cio­nes hí­bri­das, co­mo ha he­cho la fir­ma de ser­vi­cios fi­nan­cie­ros Ernst & Young, que es­tá com­ple­tan­do la mu­dan­za de 2500 pro­fe­sio­na­les a su nue­va se­de en la To­rre Az­ca de Ma­drid. En­tor­nos co­la­bo­ra­ti­vos y mul­ti­dis­ci­pli­na­res, La otra 'pa­ta' del open spa­ce es la or­ga­ni­za­ción. Em­pe­zan­do por la 'des­con­fe­ren­cia', un for­ma­to de reunión en el que la agen­da no es­tá pre­de­fi­ni­da. La in­ven­tó el gu­rú Ha­rri­son Owen en los años ochen­ta. Los asis­ten­tes pro­po­nen los te­mas. No se tra­ta de po­nen­cias ni de char­las ma­gis­tra­les, sino de co­lo­quios. Y los asis­ten­tes pue­den asu­mir tres ro­les: el de fa­ci­li­ta­dor –con­du­ce la se­sión, em­pe­zan­do por un 'mer­ca­di­llo de ideas'–; el de 'abe­ja', que va de gru­po en gru­po 'po­li­ni­zan­do' con sus apor­ta­cio­nes el tra­ba­jo de los di­fe­ren­tes equi­pos; y el de 'ma­ri­po­sa', que vue­la a su ai­re y no in­ter­vie­ne, pe­ro que in­ter­ac­túa con los que se to­man un des­can­so. La úni­ca ley es la de los dos pies. Ca­da cual es li­bre de mo­ver­se por don­de quie­ra. Y el ho­ra­rio es muy

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