Un des­tino de dos rue­das

La Voz de Galicia (A Coruña) - XL Semanal - - Ella&él Viaje - ———

Tu­lum con­ser­va el en­can­to de un pue­blo cos­te­ro, y una bue­na op­ción para re­co­rrer­lo es al­qui­lar una bi­ci.

EL 11- S FUE DE­TER­MI­NAN­TE PARA MU­CHAS PER­SO­NAS. Tam­bién para Me­lis­sa Perl­man: ese día de­ci­dió que ha­bía lle­ga­do el mo­men­to de aban­do­nar la Gran Man­za­na. Al­gún tiem­po (y al­gu­nos ki­ló­me­tros) des­pués en­con­tró el lu­gar donde em­pe­zar de nue­vo: Tu­lum, un pa­raí­so a unos 130 ki­ló­me­tros al sur de Can­cún, en el co­ra­zón de la lla­ma­da Ri­vie­ra Ma­ya. Allí se es­ta­ble­ció en 2002 y dos años más tar­de ya ha­bía abier­to su pri­mer spa re­sort, en una ca­sa que ha­bía per­te­ne­ci­do a Pa­blo Es­co­bar. Y, aun­que la per­dió en un in­trin­ca­do con­flic­to con el Go­bierno, hoy re­gen­ta Aman­sa­la Bi­ki­ni Boot­camp, un re­sort eco­chic (Me­lis­sa ase­gu­ra que fue ella quien in­ven­tó el tér­mino, hoy om­ni­pre­sen­te 'Hip­pies' y mo­chi­le­ros han da­do pa­so a nom­bres cé­le­bres co­mo Sean Penn o Jes­si­ca Lan­ge en Tu­lum) donde prac­ti­car yo­ga al ama­ne­cer y re­ci­bir tra­ta­mien­tos ma­yas tra­di­cio­na­les, a ba­se de ba­rro y miel. De­mi Moo­re se cuen­ta entre quie­nes lo han pro­ba­do. La tra­yec­to­ria vi­tal de es­ta neo­yor­qui­na mues­tra a la per­fec­ción la trans­for­ma­ción que ha ex­pe­ri­men­ta­do Tu­lum en los úl­ti­mos años. Hip­pies y mo­chi­le­ros han da­do pa­so a nom­bres cé­le­bres co­mo Sean Penn, Jes­si­ca Lan­ge, Aman­da Hearst, Evan Ra­chel Wood o Ka­te Bos­worth. A es­te rin­cón del Ca­ri­be –que la edi­ción ita­lia­na de Vo­gue bau­ti­zó co­mo «la nue­va Goa»– vie­nen fa­mo­sos y no tan fa­mo­sos a ol­vi­dar­se de sus Jimmy Choo y cal­zar­se las ha­waia­nas; ya sea por unos días o in­clu­so para que­dar­se.

UN DES­TINO PARA LA RE­NO­VA­CIÓN

Boho­chic o gy­pset (su­ma de gy­psy, 'gi­tano', y jet set) son los neo­lo­gis­mos em­plea­dos para des­cri­bir el am­bien­te que se res­pi­ra aquí. Abun­dan las cla­ses de yo­ga, las bar­bas hipster y las pie­les bron­cea­das. Mu­chos 'ex­pa­tria­dos de lu­jo' de Mi­lán, Bue­nos Ai­res o Los Án­ge­les han ve­ni­do a mon­tar su piz­ze­ría o su pe­que­ña bou­ti­que de pro­duc­tos artesanales. Mr. Blackbird es un clá­si­co entre es­tos úl­ti­mos. Tras estar ca­si un año ce­rra­da, la bou­ti­que ha reabier­to sus puer­tas a co­mien­zos de es­te año en un nue­vo em­pla­za­mien­to: ca­rre­te­ra Tu­lum-bo­ca Pai­la, ki­ló­me­tro 8,4, en el la­do de la pla­ya. Así se dan las in­di­ca­cio­nes aquí, con una re­fe­ren­cia al pun­to ki­lo­mé­tri­co de la ca­rre­te­ra de la pla­ya y una in­di­ca­ción para sa­ber ha­cia qué la­do mi­rar: iz­quier­da o de­re­cha, pla­ya o sel­va.

Po­co menos de un ki­ló­me­tro más cer­ca de Tu­lum pue­blo se en­cuen­tra otro de los must de la zo­na. El res­tau­ran­te Hart­wood es re­la­ti­va­men­te fá­cil de lo­ca­li­zar, por las co­las que se for­man. No ad­mi­te re­ser­vas, así que con­vie­ne ir pron­to: abre a las seis de la tar­de y me­dia ho­ra an­tes ya em­pie­za a ha­ber gen­te es­pe­ran­do. Me­re­ce la pe­na. El lo­cal es­tá re­gen­ta­do por Eric Wer­ner: un chef jo­ven y gua­po que tam­bién de­ci­dió aban­do­nar Man­hat­tan y es­ta­ble­cer­se con su mu­jer, Mya, en es­ta lo­ca­li­dad de la pe­nín­su­la del Yu­ca­tán donde no hay una so­la ca­sa que su­pere en al­tu­ra a las pal­me­ras que la ro­dean. Hart­wood cam­bia de me­nú cada día, en fun­ción de lo que con­si­ga en el mer­ca­do lo­cal. Usa so­lo in­gre­dien­tes y re­ce­tas re­gio­na­les –ta­ma­rin­do, ce­vi­ches, he­la­do de maíz– y ener­gía so­lar: to­do se co­ci­na a mano, aquí no hay elec­tro­do­més­ti­cos. Los que ten­gan in­te­rés en co­no­cer­lo de cer­ca pue­den apun­tar­se a los re­ti­ros cu­li­na­rios que or­ga­ni­za el re­sort Ca­sa de las Olas. El pró­xi­mo es en ma­yo e in­clu­ye cla­ses en res­tau­ran­tes de re­fe­ren­cia, co­mo Hart­wood o Cetli. Eric Wer­ner es­tá a pun­to de pu­bli­car su pri­mer li­bro de co­ci­na: «Hart­wood es el lu­gar con el que yo sue­ño», es­cri­be Re­né Red­ze­pi, chef de No­ma, en la in­tro­duc­ción. Lo de pres­cin­dir de la ener­gía eléc­tri­ca no es mé­ri­to de Hart­wood, es la nor­ma ge­ne­ral en la zo­na. La red eléc­tri­ca y las ca­ñe­rías bri­llan por su au­sen­cia en

'ENGANCHADOS' AL PA­RAÍ­SO

Ya lo lla­man la nue­va Goa. Nin­gún edi­fi­cio su­pera la al­tu­ra de las pal­me­ras

la ca­rre­te­ra de la pla­ya. Aquí, en los ho­te­les no hay ai­re acon­di­cio­na­do y una lin­ter­na es más que re­co­men­da­ble por la no­che. Aun­que el pre­cio al­can­ce los 500 dó­la­res por es­tan­cia. Co­mo en Co­qui Co­qui. Otro en­torno hippy­chic con his­to­ria de­trás. Re­gen­ta­do por Ni­co­lás Ma­lle­vi­lle, mo­de­lo ar­gen­tino que se enamo­ró de es­ta zo­na, y su mu­jer, la di­se­ña­do­ra ita­lia­na Francesca Bo­na­to. En 2001 com­pra­ron un te­rreno. «Que­ría cons­truir la ca­sa de mis sue­ños y me vi con­ver­ti­do en hos­te­le­ro», cuen­ta hoy Ni­co­lás, que ha le­van­ta­do ya un pe­que­ño em­po­rio en la re­gión. Tie­ne cua­tro pe­que­ños re­sorts de lu­jo en la pe­nín­su­la de Yu­ca­tán: uno en Tu­lum y el res­to no muy le­jos (en Co­ba, Va­lla­do­lid, Mé­ri­da), y una per­fu­me­ría. Su mu­jer ha mon­ta­do su pro­pia lí­nea de ro­pa y com­ple­men­tos. Ha­cien­da Montaecristo se lla­ma, y ase­gu­ran que na­ció de la ne­ce­si­dad: «Cal­vin Klein no ven­día len­ce­ría aquí», ha re­su­mi­do Francesca. Así que ella se pu­so ma­nos a la obra uti­li­zan­do téc­ni­cas tra­di­cio­na­les, co­mo el lla­ma­do 're­bo­zo', para ela­bo­rar bol­sos, sandalias o jo­yas. La pa­re­ja ita­loar­gen­ti­na sir­vió de re­cla­mo para la jet del mun­do de la mo­da que hoy es tan om­ni­pre­sen­te allí. Sien­na Mi­ller o Ja­de Jag­ger son dos de los ros­tros ha­bi­tua­les en su spa. Aun­que hay otros nom­bres res­pon­sa­bles de la trans­for­ma­ción de Tu­lum, co­mo el fo­tó­gra­fo Ma­rio Tes­tino, que se com­pró hace años una ca­sa y or­ga­ni­zó nu­me­ro­sas se­sio­nes de fotos an­tes de ven­der­la. No ha sido el úni­co. El que vi­si­ta es­ta re­gión que­da pren­da­do. Le ocu­rrió a Pa­co de Lu­cía, que se es­ta­ble­ció en una pe­que­ña lo­ca­li­dad cer­ca­na a Tu­lum. Cui­da­do: es­to 'en­gan­cha'. Q

Des­can­so to­tal El re­sort Ca­sa de las Olas tie­ne cin­co sui­tes di­se­ña­das para con­se­guir des­co­nec­tar.

La ac­triz De­mi Moo­re.

Ho­tel con aro­ma Co­qui Co­qui cuen­ta con un spa jun­to a las rui­nas de Tu­lum y con una ex­clu­si­va per­fu­me­ría.

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