Ser cop­to en Egip­to

La Voz de Galicia (A Coruña) - XL Semanal - - Magazine Firmas - Por

no es fá­cil ser cop­to en Egip­to. Po­si­ble­men­te no lo fue­ra nun­ca, des­de el si­glo I, que es cuan­do co­men­zó la co­sa. Los cop­tos son cris­tia­nos, de ma­tiz or­to­do­xo –muy pró­xi­mos a los ca­tó­li­cos–, que ya sé que es una afir­ma­ción que me­re­ce mu­cha por­me­no­ri­za­ción, pe­ro no es el ca­so aho­ra. No son or­to­do­xos de Cons­tan­ti­no­pla, pa­ra en­ten­der­nos, lo son de Ale­jan­dría y des­de el Cis­ma de Orien­te has­ta aho­ra han pa­sa­do mo­men­tos buenos y ma­los. Los de aho­ra son muy ma­los. Fer­nan­do de Ha­ro los co­no­ce bien, ha es­cri­to y fil­ma­do sus cui­tas, y me ha con­ta­do al de­ta­lle la vi­da de es­tos diez mi­llo­nes de egip­cios que es­tán en el peor si­tio y en el peor mo­men­to, sien­do víc­ti­mas co­la­te­ra­les de esa suer­te de gue­rra ci­vil que vi­ve el is­lam. Ha­ce unos días, en pleno Do­min­go de Ra­mos, dos te­rro­ris­tas sui­ci­das se lle­va­ron por de­lan­te la vi­da de mu­chos fie­les cop­tos que se dis­po­nían a ce­le­brar su mi­sa y su ben­di­ción de las pal­mas. En la igle­sia de San Jor­ge y en la ca­te­dral de San Mar­cos es­ta­ban apos­ta­dos sen­dos in­di­vi­duos, uno con bom­ba ado­sa­da y otro con bom­ba ocul­ta en­tre los pri­me­ros ban­cos, don­de se asien­tan hom­bres y diá­co­nos. Ex­plo­ta­ron: en San Jor­ge, 27 muer­tos. En San Mar­cos, 17. Pu­do ha­ber re­sul­ta­do muer­to Teo­do­ro II, el pa­pa cop­to, pe­ro sa­lió ile­so. De­cía que los cop­tos son las víc­ti­mas pro­pi­cia­to­rias de esa lar­ga y san­grien­ta gue­rra en­tre is­la­mis­tas, en­tre chií­tas y su­níes –o su­ni­tas y chiíes–. Los su­níes tam­bién vi­ven gue­rrean­do en­tre di­fe­ren­tes fac­cio­nes, lo que ha­ce que en­ten­der el pro­ce­so de en­fren­ta­mien­tos den­tro del is­lam sea al­go pa­re­ci­do a ha­cer un Te­trix con los ojos ven­da­dos. Se­ría mu­cho más fá­cil si hu­bie­ra buenos muy buenos y ma­los muy ma­los, y se­ría­mos de uno y ya es­tá, pe­ro to­das las fac­cio­nes tie­nen ma­los muy ma­los en­tre los su­yos y ha­cen de esa gue­rra un con­flic­to en­tre fa­ná­ti­cos de di­ver­so ma­tiz. Los cop­tos son víc­ti­mas, ya que el ISIS o Daesh quie­re des­es­ta­bi­li­zar Egip­to y ha en­ten­di­do que la me­jor ma­ne­ra de ha­cer­lo es ase­si­nar cop­tos pa­ra que ese país is­lá­mi­co no inau­gu­re una sen­da ha­cia un is­lam ilus­tra­do, mo­derno y to­le­ran­te que con­tem­ple fe­nó­me­nos co­mo el de la lai­ci­dad o la li­ber­tad de con­cien­cia. En la Uni­ver­si­dad cai­ro­ta de al-az­har se es­tá tra­ba­jan­do mu­cho en eso, am­pa­ra­dos por la apues­ta de mo­de­ra­ción re­li­gio­sa del lí­der Al Si­si, la úni­ca moderada en su re­la­ción con la go­ber­na­ción de las co­sas, por cier­to. Al Si­si al­can­zó el po­der tras un gol­pe de Es­ta­do con­tra el ré­gi­men de los Her­ma­nos Mu­sul­ma­nes: me­tió a su lí­der y an­te­rior pre­si­den­te en la cár­cel y aquí paz y allá gloria. La li­ber­tad de ex­pre­sión en Egip­to es una bro­ma y los De­re­chos Hu­ma­nos son un chis­te. Pe­ro Al Si­si, pa­ra bue­na par­te de Oc­ci­den­te, es la ga­ran­tía de lu­cha con­tra el is­la­mis­mo ra­di­cal. Pue­de ser pa­ra mu­chos egip­cios peor que Mu­ba­rak, pe­ro es un buen alia­do de los ser­vi­cios de se­gu­ri­dad de los paí­ses su­frien­tes del te­rro­ris­mo is­la­mis­ta. Y por ahí se va sal­van­do, sien­do in­clu­so de los lí­de­res pre­fe­ri­dos de Do­nald Trump, que no sé yo si es un buen mar­cha­mo. Pe­ro de­cía que la apues­ta egip­cia es la de re­con­du­cir el is­lam a ve­re­das pro­pias del si­glo XXI. No es la apues­ta de to­dos, ni mu­cho me­nos, pe­ro sí de al­gu­nos lí­de­res y pen­sa­do­res que me­re­cen la aten­ción. To­do aquel que quie­ra con­du­cir al is­lam a las afue­ras del me­die­va­lis­mo en el que vi­ve va a ser pi­so­tea­do por las dos co­rrien­tes prin­ci­pa­les, los su­níes li­de­ra­dos por Ara­bia Sau­dí y los chií­tas in­car­di­na­dos en Irán, esos que lle­van des­de el año seis­cien­tos y pi­co dis­cu­tien­do si el pro­fe­ta co­rrec­to era es­te o aquel y pe­lean­do con mu­cho ahín­co. Los su­níes son mu­chos más, sean sa­la­fis­tas o waha­bi­tas, pe­ro los chií­tas no son des­pre­cia­bles ni mu­cho me­nos. El Daesh, su­níes de to­mo y lo­mo,

Es­tos diez mi­llo­nes de egip­cios es­tán en el peor si­tio y en el peor mo­men­to, víc­ti­mas co­la­te­ra­les de esa suer­te de gue­rra ci­vil que vi­ve el is­lam

Qa­pues­ta por cor­tar ca­be­zas de quie­nes quie­ran ha­cer del Is­lam al­go cer­cano a los tiem­pos que co­rren, y lo me­jor es que esa ca­be­za sea cop­ta pa­ra así es­car­men­tar a cris­tia­nos y ad­ver­tir a mu­sul­ma­nes. Y ahí via­ja aho­ra mis­mo el Pa­pa Francisco, al lu­gar en el que la me­jor ma­ne­ra de arries­gar tu vi­da es ir a mi­sa. Aten­tos a la evo­lu­ción de las co­sas.

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