La fuer­za de la men­te

Na­ció en Wo­llon­gong, Aus­tra­lia, en 1991. Es el me­jor ve­lo­cis­ta es­pa­ñol de la his­to­ria. El año pa­sa­do, ca­si pier­de una mano en un gra­ve per­can­ce de trá­fi­co. No sa­be aún cuán­do vol­ve­rá a com­pe­tir, pe­ro quie­re es­tar el pró­xi­mo ve­rano en el Mundial de Lon­dres

La Voz de Galicia (A Coruña) - XL Semanal - - Magazine Se Habla De... - con Bruno Hor­te­lano

Xl­se­ma­nal. ¿Có­mo se en­cuen­tra des­pués de to­do lo vi­vi­do? Bruno Hor­te­lano. Muy op­ti­mis­ta. Mi reha­bi­li­ta­ción va len­ta, pe­ro bien. Aún no pien­so en com­pe­tir, pe­ro no de­jo de so­ñar con el re­gre­so a la pis­ta. XL. ¿Qué es­tá sien­do más du­ro? B.H. La reha­bi­li­ta­ción fí­si­ca. La men­te nun­ca me ha da­do problemas; la ten­go más sa­na que nun­ca. XL. ¿Qué pen­sa­mien­to le pa­sa por la ca­be­za cuan­do se mi­ra aho­ra la mano? B.H. A ve­ces se me ol­vi­da lo que me pa­só. Pe­ro lo que me vie­ne a la men­te cuan­do mi­ro mi mano es lo fuer­te que voy a lle­gar a Tokio 2020. XL. ¿Ha cam­bia­do en al­go la vi­sión so­bre su vi­da? B.H. He apren­di­do que las co­sas pue­den lle­gar a es­tar muy muy mal, pe­ro que la vi­da se­gui­rá sien­do be­lla. XL. ¿Lo su­ce­di­do le ha­ce más fuer­te men­tal­men­te? B.H. Me ha abier­to los ojos a la fra­gi­li­dad de la vi­da; de un mo­men­to a otro te pue­den ro­bar to­do. Aho­ra me pro­pon­go ha­cer to­do lo que ha­ga fal­ta pa­ra dar la me­jor ver­sión de mí mis­mo. XL. ¿En qué sen­ti­do? B.H. El do­lor de las se­ries du­ras ya no sig­ni­fi­ca lo mis­mo. La pe­re­za ya no tie­ne lu­gar. ¡La ca­be­za lo dic­ta to­do! XL. ¿El Mundial de Lon­dres es su me­jor es­tí­mu­lo? B.H. Los ob­je­ti­vos son vi­ta­les pa­ra sa­lir de mo­men­tos di­fí­ci­les. Sir­ven pa­ra cla­var la mi­ra­da a lo le­jos, tra­ba­jar en esa di­rec­ción y bo­rrar por com­ple­to de la men­te los mie­dos. XL. ¿Pue­de as­pi­rar al má­xi­mo en­tre­nan­do en España o es me­jor en Es­ta­dos Uni­dos, don­de re­si­de su en­tre­na­dor? B.H. Hay atle­tas con mu­cho ta­len­to en España y en Es­ta­dos Uni­dos. La cla­ve es crear un plan in­te­li­gen­te con mi en­tre­na­dor y lue­go ol­vi­dar­me del mun­do ex­te­rior pa­ra tra­ba­jar y tra­ba­jar. El éxi­to de­pen­de me­nos del am­bien­te en el que uno es­tá y más del es­ta­do in­te­rior. Aun así, es­tar ro­dea­do de gen­te am­bi­cio­sa ayu­da a crear ese es­ta­do in­te­rior que bus­co. XL. Ha vi­vi­do muy po­co en España, pe­ro di­ce que siem­pre so­ñó con ga­nar una me­da­lla y es­cu­char el himno. ¿De dón­de le vie­ne ese sen­ti­mien­to? B.H. Mi fa­mi­lia es es­pa­ño­la y tam­bién mi san­gre. La ca­sa en la que me crie en Ca­na­dá fue una ex­ten­sión de España, don­de vi­ví la cul­tu­ra es­pa­ño­la. En las co­pas del mun­do nos des­per­tá­ba­mos de ma­dru­ga­da pa­ra ver ju­gar a la se­lec­ción y vien­do los Jue­gos Olím­pi­cos em­pu­já­ba­mos a los es­pa­ño­les. Lo lle­vo den­tro. XL. Su ob­se­sión siem­pre ha si­do bus­car sus lí­mi­tes. ¿Sien­te que aún es­tá le­jos de al­can­zar­los? B.H. No sé si es­toy le­jos o cer­ca de mi lí­mi­te, pe­ro en Río me acer­qué más que nun­ca. Ade­más, si lle­go a mi lí­mi­te no se­ré cons­cien­te de ello has­ta años des­pués. Por eso nun­ca me con­for­ma­ré. XL. La gen­te ya es­pe­ra mu­cho de us­ted. ¿Có­mo lle­va esa pre­sión? B.H. Com­pe­tir ba­jo pre­sión es al­go que tam­bién hay que en­tre­nar. Cuan­do lle­guen las ci­tas im­por­tan­tes, usa­ré la adre­na­li­na de la ca­rre­ra y del pú­bli­co pa­ra in­ten­tar pro­du­cir lo me­jor de mí. XL. Le gus­ta vi­sua­li­zar las ca­rre­ras con la me­di­ta­ción. ¿Por qué es tan im­por­tan­te? B.H. La me­di­ta­ción es par­te de mi téc­ni­ca de ca­rre­ra igual que el as­pec­to fí­si­co. Me va bien vi­sua­li­zar los mo­vi­mien­tos com­pi­tien­do, y más de una vez he so­ña­do con unos re­sul­ta­dos que lue­go se hi­cie­ron reali­dad. La vi­sua­li­za­ción pre­pa­ra los múscu­los pa­ra eje­cu­tar de la ma­ne­ra que tú quie­res. XL. ¿Qué cree que sen­ti­rá el día que vuel­va a par­ti­ci­par en una ca­rre­ra? B.h.se­rá un día de pu­ra fe­li­ci­dad y lo se­rá gra­cias a la can­ti­dad de gen­te que se ha vol­ca­do con­mi­go, ayu­dán­do­me du­ran­te to­do es­te año. Y de aquí en ade­lan­te siem­pre que ten­ga al­gún éxi­to, ten­go cla­ro, que se­rá gra­cias a ellos. O RI­CAR­DO URIBARRI

"Cuan­do me mi­ro la mano, pien­so lo fuer­te que voy a lle­gar a Tokio 2020"

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