Uan­do el car­ce­le­ro ce­rró la puer­ta, Henry David Tho­reau son­rió tran­qui­lo. «No pu­de me­nos que pen­sar en la es­tu­pi­dez de esa ins­ti­tu­ción (el Es­ta­do) que me tra­ta­ba co­mo si sim­ple­men­te fue­se un mon­tón de car­ne, san­gre y hue­sos. Ni por un mo­men­to me sen­tí enc

La Voz de Galicia (A Coruña) - XL Semanal - - Conocer Historia -

por­que se ne­gó a pa­gar el poll tax, el im­pues­to para po­der vo­tar. «Ba­jo un go­bierno que en­car­ce­la in­jus­ta­men­te, el ver­da­de­ro lu­gar para el hom­bre jus­to es la cár­cel», anotó sin es­tar afli­gi­do en ab­so­lu­to por ver­se tras las re­jas de la pri­sión de Con­cord, la ciu­dad cer­ca­na a Bos­ton en la que na­ció ha­ce aho­ra 200 años. Se ne­gó a pa­gar el im­pues­to por­que no es­ta­ba de acuer­do con la gue­rra con­tra Mé­xi­co ni con la es­cla­vi­tud: «Es­te pue­blo de­be de­jar de te­ner esclavos y de lu­char con­tra Mé­xi­co, aun­que le cues­te su pro­pia exis­ten­cia co­mo pue­blo», pro­cla­mó. To­zu­do, desafian­te, Henry David Tho­reau fue un es­pí­ri­tu libre. Fue pa­ci­fis­ta y desobe­dien­te. Se ins­pi­ra­ron en él y lo ad­mi­ra­ron Gand­hi (de­vo­to lec­tor de su en­sa­yo Desobe­dien­cia ci­vil) y Mar­tin Lut­her King, en­tre otros. Fue tam­bién na­tu­ra­lis­ta y uno de los pri­me­ros im­pul­so­res de la de­fen­sa del me­dioam­bien­te: «Quien ta­la ár­bo­les más allá de un de­ter­mi­na­do nú­me­ro es­tá ex­ter­mi­nan­do a las aves», pro­nos­ti­có. Sus re­fle­xio­nes sue­nan hoy muy ac­tua­les: de­fen­día una ali­men­ta­ción sa­na, de­cía que so­bra­ban es­ti­mu­lan­tes y ca­lo­rías en la die­ta de sus con­tem­po­rá­neos, lo di­jo en el si­glo XIX. Pro­pug­na­ba la vi­da en la na­tu­ra­le­za y su pro­tec­ción: «Creo en el bos­que, en la pra­de­ra y en la no­che en la que cre­ce el grano. [...] Su­pon­go que lo que en otros hom­bres es re­li­gión en mí es amor por la na­tu­ra­le­za», ex­pli­có. Sus des­crip­cio­nes de los bos­ques, ríos y pai­sa­jes, que re­co­rrió con un

"Ba­jo un go­bierno que en­car­ce­la in­jus­ta­men­te, el lu­gar para el hom­bre jus­to es la cár­cel", anotó tras ser apre­sa­do

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