En por­ta­da.

Reunimos en ex­clu­si­va a Ma­rio Var­gas Llosa, Arturo Pérez-re­ver­te y Ja­vier Marías pa­ra ha­blar de lec­tu­ras, pa­sio­nes, re­cuer­dos y has­ta ma­nías. Un en­cuen­tro úni­co.

La Voz de Galicia (A Coruña) - XL Semanal - - Sumario - POR FERNANDO GOITIA / FO­TO­GRA­FÍA: AN­TÓN GOIRI

SI, EN LU­GAR DE LEERLA, pu­die­ra us­ted es­cu­char es­ta con­ver­sa­ción en­tre es­tos tres es­cri­to­res, no lo du­de, en su men­te que­da­ría fi­ja­da pa­ra siem­pre la ri­sa de Ma­rio Var­gas Llosa. El No­bel de Li­te­ra­tu­ra ce­le­bra a car­ca­ja­das con­ta­gio­sas, vi­ta­les, cla­ve qui­zá de su lu­ci­dez a los 81 años, los co­men­ta­rios ma­li­cio­sa­men­te ca­ri­ño­sos que Arturo Pérez-re­ver­te le lan­za a su ami­go y co­le­ga Ja­vier Marías y la ele­gan­cia con la que es­te los re­ci­be. Pa­la­bras co­mo com­pli­ci­dad y res­pe­to, to­tal­men­te mu­tuo, so­bre­vue­lan al ape­ri­ti­vo por el co­me­dor pri­va­do de El 38 de La­rum­be, el res­tau­ran­te ma­dri­le­ño don­de es­tos tres aca­dé­mi­cos de la RAE –si­llas L,T y R– se dis­po­nen a al­mor­zar. Dos pa­la­bras om­ni­pre­sen­tes que van de­jan­do es­pa­cio, de for­ma pro­gre­si­va, a otras co­mo pa­sión, tra­ba­jo, lec­tu­ras, me­mo­ria, in­fan­cia, edu­ca­ción, ma­chis­mo, eli­tis­mo, pe­si­mis­mo y otros '-is­mos'; o a nom­bres co­mo Flau­bert, Stend­hal, Hitch­cock, John Ford e in­clu­so Po­ké­mon, por ade­lan­tar al­gu­nos. Sur­gi­da a mo­do de ce­le­bra­ción pre­via de la Fe­ria del Li­bro –arran­ca el pró­xi­mo vier­nes en Ma­drid–, es­ta ci­ta úni­ca es, de al­gún mo­do, un ho­me­na­je a quie­nes aman la len­gua, la li­te­ra­tu­ra y, al igual que Var­gas Llosa, Marías y Pérez-re­ver­te, en­tien­den el pla­cer de leer co­mo «una ex­pe­rien­cia pri­vi­le­gia­da» sin la cual nues­tra sen­si­bi­li­dad y nues­tra fan­ta­sía que­da­rían gra­ve­men­te da­ña­das. De la mano de la co­lom­bia­na Pi­lar Re­yes, edi­to­ra de Al­fa­gua­ra y, a la sa­zón, una de las per­so­nas que me­jor co­no­ce la in­ti­mi­dad li­te­ra­ria de es­tos tres au­to­res de no­ve­las, re­la­tos, en­sa­yos, ar­tícu­los, obras de tea­tro y otros ar­te­fac­tos li­te­ra­rios, la con­ver­sa­ción arran­ca in­qui­rien­do so­bre sus res­pec­ti­vos há­bi­tos de es­cri­tu­ra. To­ma la pa­la­bra Ma­rio Var­gas Llosa. MA­RIO VAR­GAS LLOSA. Bueno, yo es­cri­bo a mano, siem­pre. In­clu­so los ar­tícu­los, fí­ja­te. El rit­mo ese de la mano es el que más me con­vie­ne. Es­cri­bo en la ma­ña­na, y en la tar­de pa­so a la compu­tado­ra, pe­ro to­do a mano. Hay días en que uno tra­ba­ja mu­chí­si­mo, diez pá­gi­nas qui­zá, aun­que que­des muy ex­te­nua­do, y otros en que la co­sa sa­le a re­ga­ña­dien­tes. No im­por­ta, yo me sien­to y, aun­que ten­ga co­mo náu­seas, ahí es­toy. ARTURO PÉREZ-RE­VER­TE. ¡Cla­ro, so­mos pro­fe­sio­na­les! Yo, de he­cho, me lo to­mo co­mo ir a la ofi­ci­na. Me le­van­to y, ten­ga o no ga­nas, me sien­to al or­de­na­dor. JA­VIER MARÍAS. Yo siem­pre es­cri­bo a má­qui­na y, ade­más, pá­gi­na a pá­gi­na. Tra­ba­jo ca­da una has­ta la ex­te­nua­ción, has­ta dar­la por bue­na, aun­que eso me obli­gue a te­clear ca­da una cin­co ve­ces. Pe­ro me fun­cio­na. Me voy acos­tum­bran­do a ella, la voy asi­mi­lan­do y, ade­más, no re­leo na­da has­ta que he fi­na­li­za­do la no­ve­la. VAR­GAS LLOSA. ¡Es­cri­bes a má­qui­na! Y ten­drás una bue­na re­ser­va de cin­tas, por­que... MARÍAS. Bueno, hay una pa­pe­le­ría cer­ca de ca­sa que me las trae. Sie­te ca­da vez. PI­LAR RE­YES. ¿Y có­mo son sus ru­ti­nas? PÉREZ-RE­VER­TE. Yo me le­van­to y es­toy has­ta las dos, dos y me­dia. Por la tar­de re­vi­so y lo de­jo lis­to pa­ra el día si­guien­te. Es­cri­bo seis ho­ras ca­da día... MARÍAS. ¿Tú? ¡Qué va, qué va! ¡Pe­ro si via­jas ca­si to­dos los días de tu vi­da!

"Es im­por­tan­te man­te­ner vi­vos los idea­les, ac­tuar co­mo si la muer­te fue­ra un ac­ci­den­te. Hay que ser op­ti­mis­ta. No hay al­ter­na­ti­va" –Var­gas Llosa–

PÉREZ-RE­VER­TE. ¿Qué quie­res de­cir, que las no­ve­las me las ha­ce un ne­gro? [Se ríen a car­ca­ja­das]. Lo que pa­sa es que me dis­ci­plino mu­cho, no co­mo tú. Es que Ja­vier se acues­ta tar­dí­si­mo. Le lla­mas a las do­ce y no exis­te, no es per­so­na. ¡Es un ve­ge­tal! MARÍAS. Pe­ro bueno, ¿qué mé­ri­to hay en ma­dru­gar? Yo duer­mo lo mis­mo –de cua­tro a on­ce o un po­co más– y tra­ba­jo por las tar­des. VAR­GAS LLOSA. ¡Te acues­tas a las cua­tro! Yo no, yo siem­pre me le­van­té muy tem­prano, des­de chi­co. Duer­mo cin­co ho­ras y me­dia lo más y me voy al gim­na­sio. Una ho­ra. To­dos los días. PÉREZ-RE­VER­TE. Así es­tá co­mo es­tá el tío [se ríen]. Por cier­to, Ma­rio, de Ja­vier ya lo sé, pe­ro tú, cuan­do es­tás con una no­ve­la, ¿te vi­ta­mi­nas con li­bros, con au­to­res que te crean es­ta­do de áni­mo? MARÍAS. ¿Te re­fie­res a lo que di­jo Faulk­ner en aque­lla entrevista a la Paris Re­view, que lo pri­me­ro que ha­cía era leer unas pá­gi­nas de la Bi­blia pa­ra po­ner­se a tono? PÉREZ-RE­VER­TE. Sí. A mí me pa­sa con Con­rad. Cuan­do es­toy que ne­ce­si­to, no ins­pi­ra­ción: vi­ta­mi­nas, ener­gía, ga­nas de tra­ba­jar, por la tar­de leo una o dos ho­ras de Con­rad y me dan ga­nas de se­guir sien­do es­cri­tor. VAR­GAS LLOSA. Di­rás que es al­go un po­co per­ver­so, pe­ro ¿tú sa­bes qué me le­van­ta el áni­mo? Cuan­do es­toy des­mo­ra­li­za­do leo el sui­ci­dio de Ma­da­me Bo­vary, que se to­ma el ar­sé­ni­co en el ca­far­naum y hay esa des­crip­ción ab­so­lu­ta­men­te ge­nial don­de se le va des­com­po­nien­do la ca­ra, ¡has­ta que le sal­ta la len­gua! La per­fec­ción de esa es­ce­na atroz, la be­lle­za de la des­crip­ción tan pre­ci­sa... MARÍAS. A mí Sha­kes­pea­re me re­sul­ta real­men­te fér­til. Abres al­go al azar y en­cuen­tras frases enig­má­ti­cas que ves que de­ben de te­ner un re­co­rri­do... PÉREZ-RE­VER­TE. Es que hay au­to­res

que te de­jan puer­tas en­tor­na­das que tú tie­nes que abrir. Por eso releer es tan im­por­tan­te. Tu co­ra­zón y tu ca­be­za han cam­bia­do y el li­bro es nue­vo. VAR­GAS LLOSA. Y, de pron­to, des­cu­bres co­sas que se te pa­sa­ron... En to­das las obras maes­tras en­cuen­tras más co­sas de las que vis­te en la pri­me­ra lec­tu­ra. PI­LAR RE­YES. Tú de­cías, Ja­vier, que no po­drías vol­ver a leer a Faulk­ner. MARÍAS. Sí, le ten­go un po­co de mie­do... VAR­GAS LLOSA. Yo nun­ca he po­di­do releer la tri­lo­gía de Los tres mos­que­te­ros. No me he atre­vi­do, fí­ja­te, por­que fue una lec­tu­ra tan fun­da­men­tal que

ten­go mie­do de que no sea ya lo que fue pa­ra mí. ¡Me cam­bió la vi­da! MARÍAS. Pues es tan bue­na que, in­clu­so li­te­ra­ria­men­te, es me­jor de lo que pro­ba­ble­men­te crees que es. PÉREZ-RE­VER­TE. Pa­ra un jo­ven lec­tor es EL li­bro. Lo he leí­do va­rias ve­ces. La úl­ti­ma ha­rá unos cin­co años. Aún me emo­ciono y se me mo­ja el la­gri­mal con la muer­te de Por­tos en la gru­ta de Loc­ma­ria, cuan­do di­ce: «Es de­ma­sia­do pe­so». VAR­GAS LLOSA. ¡Oh, sí! Y lo que di­ce el na­rra­dor: «Es la pri­me­ra vez que pen­só en lo que ocu­rri­ría si él no co­rría. Y eso lo de­jó pa­ra­li­za­do». ¡Ma­ra­vi­llo­so! MARÍAS. ¿De ver­dad no la has re­leí­do? VAR­GAS LLOSA. No, des­de ni­ño. ¡A mí me mar­có la in­fan­cia! So­ñé y so­ñé con la his­to­ria de los mos­que­te­ros. PI­LAR RE­YES. Re­cuer­do el ar­tícu­lo por tu 80 cumpleaños don­de de­cías que, de tu in­fan­cia, te acor­da­bas más de per­so­na­jes de fic­ción que de per­so­nas reales... VAR­GAS LLOSA. Sí, cla­ro. Esos per­so­na­jes es­tán mu­cho más vi­vos en la me­mo­ria que mis com­pa­ñe­ros de co­le­gio. MARÍAS. Pe­ro es na­tu­ral, por­que en las no­ve­las asis­tes a la vi­da de al­guien... PI­LAR RE­YES. Esa es la ri­que­za del ni­ño lec­tor, que vi­ve dos vi­das: la de su día a día y la de los li­bros, que es te­ner otra me­mo­ria. PÉREZ-RE­VER­TE. Sí, mul­ti­pli­cas la vi­da por to­dos los li­bros que lees. Por eso la in­fan­cia de un ni­ño lec­tor es tan ri­ca, por­que vi­ve mil vi­das, ha­ce mil via­jes y lle­ga a la ado­les­cen­cia con mil mun­dos vi­si­ta­dos y con mil ami­gos con los cua­les ha vi­vi­do, ha lu­cha­do y ha via­ja­do. Un ni­ño lec­tor tie­ne una ri­que­za que... MARÍAS. Y un apren­di­za­je de la na­tu­ra­le­za hu­ma­na que nun­ca al­can­zas en la vi­da real. Ade­más de una pér­di­da de la in­ge­nui­dad; y a sal­vo, ya que no vi­ve, en reali­dad, las si­tua­cio­nes de pe­li­gro de las no­ve­las. VAR­GAS LLOSA. ¿Y qué pa­sa con los ni­ños de hoy que no leen? Es una ex­pe­rien­cia pri­vi­le­gia­da y si no la tie­nes, de al­gu­na ma­ne­ra por lo me­nos, tu sen­si­bi­li­dad y tu fan­ta­sía son me­nos ri­cas. La re­la­ción con la ima­gen ja­más pue­de ser tan ri­ca pa­ra un ni­ño co­mo la que es­ta­ble­ce con un per­so­na­je de fic­ción, esa his­to­ria que al ni­ño lo des­lum­bra, lo he­chi­za, que en­vuel­ve sus sue­ños... PÉREZ-RE­VER­TE. Es­ta­mos de acuer­do. Aun­que el mun­do que vie­ne es muy dis­tin­to al nues­tro y ha­brá que es­tar adies­tra­do pa­ra so­bre­vi­vir en él. VAR­GAS LLOSA. Bueno, cla­ro, pe­ro no es­toy se­gu­ro de que sea me­jor pa­ra la for­ma­ción de la per­so­na­li­dad que el mun­do en el que la li­te­ra­tu­ra era un in­gre­dien­te fun­da­men­tal. PÉREZ-RE­VER­TE. Sin du­da. Pe­ro es­tan­do de acuer­do con eso di­ré que, aun­que yo no sé en­con­trar­le la épi­ca a Po­ké­mon, a lo me­jor un chi­co de do­ce años sí. No sé, los grandes mi­tos ya no lle­gan por la li­te­ra­tu­ra a los jóvenes, lle­gan por los vi­deo­jue­gos. Ojo, no es que juz­gue si es bueno o ma­lo, pe­ro me pre­gun­to qué va a sa­lir de ahí. Mi cu­rio­si­dad es có­mo se­rá el jo­ven cul­to del año 2050. No se­rá co­mo el de 1950, des­de lue­go. MARÍAS. Yo veo que se ha per­di­do es­truc­tu­ra, tem­po, pau­sa, ex­pec­ta­ti­va... Las no­ve­las po­dían ser más tre­pi­dan­tes o más pau­sa­das, pe­ro siem­pre ha­bía eso. Y en el ci­ne tam­bién. Eso sí que me pa­re­ce una pér­di­da, por­que la ver­da­de­ra vi­da sí tie­ne eso: con­den­sa­ción, pau­sa, es­pe­ra, ame­na­za... PI­LAR RE­YES. ¿En breve la no­ve­la se­rá un gé­ne­ro pa­ra unos po­cos? VAR­GAS LLOSA. La li­te­ra­tu­ra no va a des­apa­re­cer, pe­ro se­rá ca­da vez más mar­gi­nal. La poe­sía, la no­ve­la, los en­sa­yos... Se­rá un mar­gen muy gran­de, nu­me­ro­so, pe­ro ya no re­pre­sen­ta­rá, de nin­gu­na ma­ne­ra, la orien­ta­ción cen­tral de la cultura, de la vi­da crea­ti­va. PÉREZ-RE­VER­TE. Ma­rio, ¡es que so­mos los úl­ti­mos pis­to­le­ros! [Se ríen a car­ca­ja­das]. VAR­GAS LLOSA. A pro­pó­si­to, ano­che es­tu­ve con Fernando Sa­va­ter y con­tó una co­sa que me de­jó muy in­tri­ga­do. Ha­bía da­do una vuel­ta por la universidad en San Se­bas­tián y se ha­bía que­da­do im­pre­sio­na­do con la can­ti­dad de car­te­les que ha­bía con­tra el amor ro­mán­ti­co... PÉREZ-RE­VER­TE. Por­que es ma­chis­ta... VAR­GAS LLOSA. Sí, el amor ro­mán­ti­co co­mo in­gre­dien­te fun­da­men­tal de la ex­plo­ta­ción, la dis­cri­mi­na­ción y la vio­len­cia de gé­ne­ro; la fuen­te de to­do lo que an­da mal en la sociedad. Pe­ro si el amor no es ro­mán­ti­co, ¿qué co­sa es? Es que sin amor ro­mán­ti­co, sim­ple­men­te, ¡ya no hay amor! MARÍAS. Or­te­ga de­cía: «El es­pa­ñol se ca­rac­te­ri­za por to­mar al rá­bano por las ho­jas» [se ríen a car­ca­ja­das]. VAR­GAS LLOSA. Pe­ro es que el mun­do en­te­ro es­tá to­man­do el rá­bano por las ho­jas. Es fran­ca­men­te in­quie­tan­te. PÉREZ-RE­VER­TE. Mi­rad, cuan­do sa­lió Fal­có, mi no­ve­la, que ya sa­béis

"Mi in­se­gu­ri­dad al es­cri­bir una no­ve­la es irre­me­dia­ble y em­peo­ra con los años. Y lue­go es­tá ese te­mor a que, por las pri­sas, es­tro­pees el fi­nal" –Marías–

que es un es­pía tor­tu­ra­dor, ase­sino, sin es­crú­pu­los..., una periodista me di­jo: «Oi­ga, pe­ro es­te per­so­na­je es que no res­pe­ta el no de una mu­jer». Fí­ja­te: lo que le lla­ma­ba la aten­ción de un tor­tu­ra­dor y un ase­sino es que no res­pe­te el no de una mu­jer. Es un sín­to­ma sig­ni­fi­ca­ti­vo de lo que vie­ne. MARÍAS. Bueno, y ya si es un na­rra­dor en pri­me­ra per­so­na, co­mo en mis no­ve­las: «Es que us­ted di­ce...». Oi­ga, que yo no di­go na­da, lo di­ce el na­rra­dor que es tan per­so­na­je co­mo los de­más. Y se que­dan así, co­mo di­cien­do: «Ya, pe­ro lo ha es­cri­to us­ted...». PÉREZ-RE­VER­TE. Lo car­gan to­do a tu cuen­ta per­so­nal. Te ha­cen res­pon­sa­ble de lo que pien­sa ca­da uno de ellos. PI­LAR RE­YES. ¿Y les ha pa­sa­do de gen­te que se acer­que y les cuen­te his­to­rias de vi­da pa­ra que us­te­des las es­cri­ban? MARÍAS. Sí, sí. A esos les di­go: «Bueno, ¡pe­ro es­crí­ba­la us­ted!» [se ríe]. PÉREZ-RE­VER­TE. Es­cri­bí un ar­tícu­lo so­bre eso, ¿te acuer­das, Ja­vier? De una vez que me vino uno que me di­jo: «Ah, don Arturo tal y tal. Pues es que yo quie­ro es­cri­bir una no­ve­la». «¿So­bre qué?», le pre­gun­té. «Ah, no sé, quie­ro es­cri­bir una no­ve­la» [em­pie­zan a reír­se]. Y le di­je: «¿Y por qué no com­po­ne us­ted una can­ción?». «No, no, una can­ción es muy di­fí­cil» [se ríen más]. En fin... MARÍAS. ¡Con lo di­fí­cil que es es­cri­bir una no­ve­la! PI­LAR RE­YES. Que­ría pre­gun­tar­les. ¿Han apren­di­do al­go pa­ra el ar­te de na­rrar de al­gu­na se­cuen­cia ci­ne­ma­to­grá­fi­ca? VAR­GAS LLOSA. Yo apren­dí una co­sa del ci­ne: la ve­lo­ci­dad. En la no­ve­la an­tes ha­bía des­crip­cio­nes muy largas. La no­ve­la mo­der­na ha cam­bia­do to­tal­men­te por la in­fluen­cia del ci­ne. PÉREZ-RE­VER­TE. Sí, el ci­ne nos aho­rra mu­cho tra­ba­jo, por­que ape­las a esa me­mo­ria au­dio­vi­sual del lec­tor y no tie­nes que des­cri­bir tan­to. En mi ca­so, John Ford es fun­da­men­tal en mi vi­da co­mo es­cri­tor. Con él apren­dí que un se­cun­da­rio só­li­do te ga­ran­ti­za un buen hi­lo na­rra­ti­vo. Esos sar­gen­tos de Ford fue­ron de­ci­si­vos pa­ra mí. Y hay es­ce­nas que aún me po­nen la piel... En Fort Apa­che, que sa­le la ca­ba­lle­ría y las es­po­sas ven ir­se a los hé­roes; en mis tiem­pos de re­por­te­ro, yo vi sa­lir a los hom­bres a lu­char y a las mu­je­res mi­rán­do­los, co­mo en aque­lla pe­lí­cu­la que vi de ni­ño... «No pue­do ver­le. So­lo veo las ban­de­ras». ¿Te acuer­das? O cuan­do John Way­ne le qui­ta del cue­llo el pa­ñue­lo a Cons­tan­ce To­wers [en Mi­sión de au­da­ces]... MARÍAS. Son de­ta­lles mí­ni­mos, pe­ro te en­se­ñan que los de­ta­lles en las no­ve­las son su­ma­men­te im­por­tan­tes. A ve­ces, es una so­la lí­nea la que pro­vo­ca la emo­ción. Yo del que más he apren­di­do pa­ra la na­rra­ción es de Hitch­cock. Tie­ne una téc­ni­ca na­rra­ti­va ex­tra­or­di­na­ria. Hay una es­ce­na de Mar­nie la la­dro­na en que la pro­ta­go­nis­ta abre una ca­ja fuer­te mien­tras, en pla­nos al­ter­nos, hay una se­ño­ra de la lim­pie­za en el pa­si­llo que se va acer­can­do ha­cia don­de es­tá ella. No la ve. Y se acer­ca y se acer­ca... La va a pi­llar. Y, de pron­to, a Tip­pi He­dren se le cae el bol­so, ha­ce rui­do y, en­ton­ces, re­sul­ta que la mu­jer es sor­da [se ríen]. PÉREZ-RE­VER­TE. ¡Era un mal­di­to ge­nio! VAR­GAS LLOSA. Hom­bre, pe­ro de las no­ve­las tam­bién re­cuer­do epi­so­dios im­bo­rra­bles. En Es­plen­do­res y mi­se­ria de las cor­te­sa­nas [de Bal­zac] hay una

"El sis­te­ma es­tá crea­do pa­ra ma­cha­car cual­quier des­te­llo de bri­llan­tez o in­de­pen­den­cia. ¡Es el triun­fo de los tor­pes!" –Pérez-re­ver­te– "Di­cen que el amor ro­mán­ti­co es in­gre­dien­te fun­da­men­tal de la vio­len­cia de gé­ne­ro. Pe­ro si el amor no es ro­mán­ti­co, ¿qué es?" –Var­gas Llosa–

es­ce­na con el pro­ta­go­nis­ta sen­ta­do en una di­li­gen­cia fren­te a una se­ño­ra que, per­ci­be de pron­to, ca­da vez que hay un ba­che se to­ca la ro­di­lla. ¡El via­je en­te­ro él lo pa­sa con­cen­tra­do en la ro­di­lla! Es de una de­li­ca­de­za, de una in­te­li­gen­cia... PÉREZ-RE­VER­TE. ¡Qué ma­ra­vi­lla! PI­LAR RE­YES. Los tres son aca­dé­mi­cos y es­cri­to­res. ¿Hay dis­cu­sio­nes en la RAE en­tre es­cri­to­res y lin­güis­tas? PÉREZ-RE­VER­TE. El pro­ble­ma que se da más a me­nu­do de­ri­va de que ellos tie­nen una vi­sión fría de la len­gua, co­mo la­dri­llos de una pa­red; les da igual lo que es­cri­ba Var­gas Llosa o el pros­pec­to de un me­di­ca­men­to, mien­tras que no­so­tros te­ne­mos ca­da ma­ña­na 20 pro­ble­mas por re­sol­ver en for­ma de frases, til­des, pun­to y co­ma... Ahí sí que te­ne­mos ás­pe­ras dis­cu­sio­nes. MARÍAS. No­so­tros te­ne­mos al­go que, a me­nu­do, fi­ló­lo­gos, le­xi­có­gra­fos y lin­güis­tas no tie­nen, que es, no sé có­mo de­fi­nir­lo: un sen­ti­do de la len­gua, del ma­tiz de las pa­la­bras. VAR­GAS LLOSA. Cla­ro, una co­sa es tra­ba­jar con la len­gua vi­va y otra con la len­gua in­mo­vi­li­za­da por la cien­cia. PÉREZ-RE­VER­TE. Te­ne­mos oí­do, co­mo el mú­si­co. La ex­pe­rien­cia y el adies­tra­mien­to te ge­ne­ran un sen­ti­do del rit­mo que no es­tá en las re­glas. De­tec­tas si al­go va mal... En li­te­ra­tu­ra, to­do aque­llo que fun­cio­na es vá­li­do y lo que no fun­cio­na no es vá­li­do. Ven­ga de la ley que ven­ga. VAR­GAS LLOSA. ¡Ab­so­lu­ta­men­te! Esa es la gran fron­te­ra con ellos; que te­ne­mos una in­tui­ción ins­tan­tá­nea de la in­co­rrec­ción. Una mú­si­ca. Sien­tes que fal­ta o que so­bra al­go. Es muy sub­je­ti­vo y si al­go te chi­rría en una fra­se eso de­ter­mi­na­rá, fi­nal­men­te, que la con­si­de­res co­rrec­ta o in­co­rrec­ta. MARÍAS. La cues­tión del rit­mo de la pro­sa es esen­cial. Me pue­do es­tar equi­vo­can­do, pe­ro per­ci­bo esa mú­si­ca y soy ca­paz de reha­cer una pá­gi­na en­te­ra, y a má­qui­na, por­que ne­ce­si­to una es­drú­ju­la, ese ad­je­ti­vo… VAR­GAS LLOSA. Sí, yo reha­go mu­cho, co­rri­jo mu­cho, y hay que ser im­pla­ca­ble. Es Flau­bert pu­ro: cor­tar, co­rre­gir, cor­tar; no ser com­pla­cien­te con uno mis­mo res­pec­to a las pa­la­bras. Hay que me­ter el ha­cha. Aun­que tam­bién el ex­ce­so de au­to­crí­ti­ca pue­de ser muy des­truc­tor. Si in­sis­tes en co­rre­gir y en reha­cer, pue­des es­tro­pear lo que es­ta­ba bien. Hay que sa­ber cuál es el lí­mi­te. PI­LAR RE­YES. Los per­so­na­jes de Ma­rio, por ejem­plo, tie­nen una es­pe­ci­fi­ci­dad de ha­bla muy cla­ra, muy tra­ba­ja­da... VAR­GAS LLOSA. Es que un per­so­na­je se de­fi­ne por su ma­ne­ra de ha­blar. Hay cier­tas ex­pre­sio­nes que so­lo las pue­de de­cir una per­so­na de un cier­to sec­tor so­cial y que otro no di­ría ja­más. MARÍAS. Yo no ha­go eso. PÉREZ-RE­VER­TE. Por­que la fran­ja so­cial de tus per­so­na­jes es muy ho­mo­gé­nea. To­dos, pi­jos [car­ca­ja­das]. MARÍAS. No, no son pi­jos [si­guen rién­do­se los de­más]. Es gen­te nor­mal, más o me­nos cul­ti­va­da... Si mi­ras a la li­te­ra­tu­ra es­pa­ño­la eso ca­si no ha exis­ti­do. PÉREZ-RE­VER­TE. ¡Es­toy de co­ña, Ja­vier! Oye, otra pre­gun­ta: ¿qué pa­la­bra de la len­gua es­pa­ño­la es la que más os gus­ta? VAR­GAS LLOSA. 'Li­ber­tad'. Es ma­ra­vi­llo­sa. Es una pa­la­bra ri­ca, po­si­ti­va, a pe­sar de es­tar ma­no­sea­da, tan mal usa­da. PÉREZ-RE­VER­TE. La mía es 'ul­tra­ma­ri­nos'. Lo tie­ne to­do. Tie­ne la­tín, tie­ne his­to­ria, tie­ne mar, tie­ne Amé­ri­ca, tie­ne has­ta aro­ma; hue­le a las tien­das de ul­tra­ma­ri­nos. Es una no­ve­la de pa­la­bra. Me en­can­ta. MARÍAS. La mía es una pa­la­bra muy li­te­ra­ria. 'Re­mem­bran­za', que es una pa­la­bra pre­cio­sa. PÉREZ-RE­VER­TE. Her­mo­sí­si­ma. Y te va mu­cho. Las tres que he­mos di­cho co­rres­pon­den a nues­tra li­te­ra­tu­ra. VAR­GAS LLOSA. Bo­ni­ta pre­gun­ta, sí. PI­LAR RE­YES. Que­ría pre­gun­tar­les por la dis­tin­ción en­tre es­cri­bir no­ve­las y ar­tícu­los de opi­nión, que los tres es­cri­ben y que son ejer­ci­cios tan dis­tin­tos. VAR­GAS LLOSA. Pe­ro com­ple­men­ta­rios, por­que es muy pe­li­gro­so que la li­te­ra­tu­ra se cor­te de la vi­da, de la ca­lle... MARÍAS. A mí me cho­ca que soy mu­cho más sin­ce­ro y bru­tal en las no­ve­las que en las co­lum­nas, por­que con es­tas tie­nes más pre­sión. An­tes de­cía­mos que la gen­te te con­fun­de con tus per­so­na­jes o tus na­rra­do­res, pe­ro aquí lo di­go yo y lo opino yo. Y mu­chas ve­ces pien­sas: «Bueno, voy a de­cir al­go que no cae­rá muy bien, pe­ro tam­po­co voy a amar­gar­les el do­min­go con al­go te­rri­ble y pe­si­mis­ta». PI­LAR RE­YES. Hay una co­lum­na de Arturo, la que ga­nó el Pre­mio Don Qui­jo­te de Pe­rio­dis­mo, que me pa­re­ció es­pe­cial­men­te de­pri­men­te. PÉREZ-RE­VER­TE. Los go­dos del em­pe­ra­dor Va­len­te. Sí, pre­ten­día de­cir que to­do el sus­tra­to so­bre el cual se han ci­men­ta­do los grandes avan­ces de li­ber­ta­des, de los de­re­chos del hom­bre, la idea de Eu­ro­pa co­mo faro del mun­do se es­tá yen­do al ca­ra­jo. Soy muy pe­si­mis­ta res­pec­to al fu­tu­ro de ese mun­do, des­de Ho­me­ro has­ta hoy; to­do eso se es­tá des­mo­ro­nan­do. VAR­GAS LLOSA. ¿Pe­ro eres tan pe­si­mis­ta de ver­dad o es un ra­to de mal hu­mor que…?

"El ni­ño lec­tor tie­ne un apren­di­za­je de la na­tu­ra­le­za hu­ma­na que no se al­can­za en la vi­da real. Ade­más de una pér­di­da de la in­ge­nui­dad" –Marías–

PÉREZ-RE­VER­TE. Lo soy de ver­dad. Vol­tai­re, Mon­tes­quieu, Mon­taig­ne, Cer­van­tes… es­tán con­de­na­dos a muer­te. VAR­GAS LLOSA. Pe­ro es un pe­si­mis­mo que no tie­ne jus­ti­fi­ca­ción. El mun­do en­te­ro es­tá mu­cho peor que Eu­ro­pa. PÉREZ-RE­VER­TE. Pe­ro Eu­ro­pa era el faro y su luz es­tá par­pa­dean­do. VAR­GAS LLOSA. Yo creo que es im­po­si­ble que una per­so­na co­mo Arturo ten­ga pe­si­mis­mo. Tú eres la ne­ga­ción del pe­si­mis­mo. El tra­ba­jo que tie­nes, có­mo en­fren­tas tu vo­ca­ción..., hay una pos­tu­ra op­ti­mis­ta en la ba­se de to­do eso. PÉREZ-RE­VER­TE. Sí, pe­ro des­con­fío de la con­di­ción hu­ma­na. To­do se es­tre­lla en el mis­mo es­co­llo. VAR­GAS LLOSA. Ah, bueno. Es­tá bien, esa vi­gi­lan­cia me pa­re­ce jus­ta, pe­ro que no creas en es­te mun­do... PÉREZ-RE­VER­TE. Aho­ra te lo di­go al re­vés. Lo ra­ro es que un tío con tu ex­pe­rien­cia, tu cultura y con lo que sa­bes del ser hu­mano y del mun­do en que vi­vi­mos si­ga sien­do op­ti­mis­ta [se ríen]. VAR­GAS LLOSA. No hay al­ter­na­ti­va, vie­jo. Si no, te mue­res. PÉREZ-RE­VER­TE. A lo me­jor eso te man­tie­ne jo­ven, pre­ci­sa­men­te. Tu vi­ta­li­dad, tu ac­ti­vi­dad, tu vi­gor qui­zá ten­gan mu­cho que ver con que si­gues te­nien­do fe en esas co­sas. VAR­GAS LLOSA. Es im­por­tan­te man­te­ner vi­vos los idea­les, ac­tuar co­mo si la muer­te fue­ra un ac­ci­den­te. MARÍAS. ¿Sa­bes lo que pa­sa? La gen­te, en tér­mi­nos ge­ne­ra­les, ca­da vez sa­be me­nos de His­to­ria, có­mo fue el mun­do an­tes de que na­cie­ran; hay de­sin­te­rés y es muy di­fí­cil apre­ciar lo que tie­nen aho­ra. PÉREZ-RE­VER­TE. Es que hoy, cuan­do un ni­ño bri­lla des­de el co­le­gio to­do el sis­te­ma es­tá crea­do pa­ra ma­cha­car cual­quier des­te­llo de bri­llan­tez, de in­te­li­gen­cia o de in­de­pen­den­cia, pa­ra que no de­je a los tor­pes atrás. ¿Os dais cuen­ta del des­cré­di­to que la éli­te tie­ne y del aco­so que hay? Es una de las peo­res ame­na­zas que te­ne­mos. Nos es­tán de­jan­do sin éli­tes. ¡Es el triun­fo de los tor­pes! VAR­GAS LLOSA. Que ha­ya una di­fe­ren­cia­ción de acuer­do con tu ta­len­to, tu ca­pa­ci­dad de tra­ba­jo, tu con­tri­bu­ción al bie­nes­tar ge­ne­ral. Oye, si no hay eso, es que... MARÍAS. Jun­to con ra­cis­ta, ma­chis­ta y se­xis­ta, eli­tis­ta es hoy el peor in­sul­to. Hay una ci­ca­te­ría ge­ne­ra­li­za­da que no en­tien­do. PI­LAR RE­YES. So­lo una úl­ti­ma pre­gun­ta. Los tres es­tán aho­ra ter­mi­nan­do li­bros. ¿Có­mo es ese es­ta­do fi­nal? PÉREZ-RE­VER­TE. Te voy a ha­cer yo una in­ter­pre­ta­ción de Ja­vier. En cuan­to Ja­vier tie­ne una no­ve­la es una de­li­cia de Ja­vier. Es pa­ra lle­vár­se­lo a ca­sa. Pe­ro cuan­do la em­pie­za es in­so­por­ta­ble. Di­ce: «No sé si la aca­ba­ré. Es ma­lí­si­ma. No sé si la pu­bli­ca­ré». ¡Que eres un ago­nías! [Se ríen]. MARÍAS. No, no... PÉREZ-RE­VER­TE. ¿Có­mo que no? Aquí es­tá un tes­ti­go [se­ña­la a Pi­lar Re­yes]. Aho­ra bien, cuan­do es­tá a pun­to de ter­mi­nar­la y ya la ve, se re­la­ja y es fe­liz, en­can­ta­dor, son­rien­te [se ríen]. ¿Es o no es así, Ja­vier Marías? MARÍAS. No es así, por­que yo pro­cu­ro ser agra­da­ble en to­do mo­men­to [car­ca­ja­das]. Cuan­do cie­rro la má­qui­na, no doy la la­ta. Si tú me pre­gun­tas, pues te di­go: «Lo que es­toy es­cri­bien­do es una por­que­ría». Es ver­dad. PÉREZ-RE­VER­TE. «No sé si la ter­mi­na­ré, no sé si es­ta no­ve­la…». MARÍAS. «De­be­ría ti­rar­la, es una por­que­ría» [se ríe]. Mi in­se­gu­ri­dad es irre­me­dia­ble y em­peo­ra con los años. Y lue­go tam­bién hay el can­san­cio y el te­mor a que por las pri­sas es­tro­pees el fi­nal: «Aquí me ten­go que cal­mar, apla­car las pri­sas, man­te­ner el tem­po, el rit­mo; no pue­do, de pron­to, abre­viar». Y es una ten­ta­ción. PÉREZ-RE­VER­TE. Lo mío es un pro­ce­so continuo. Ter­mino una no­ve­la y ya ten­go en la ca­be­za la si­guien­te. MARÍAS. ¡Es in­to­le­ra­ble! [Se ríe]. ¿Aca­bas una y tie­nes la si­guien­te? PÉREZ-RE­VER­TE. A la se­ma­na yo ya es­toy es­cri­bien­do otra. Una no­ve­la que es­tás ter­mi­nan­do no te abu­rre, pe­ro ya es de­ma­sia­da con­vi­ven­cia. Te ape­te­ce cam­biar, sen­tir otra vez ese es­ta­do de ex­pec­ta­ción, dor­mir­te ca­da día pen­san­do en lo que es­cri­bi­rás por la ma­ña­na. Le­van­tar­me y de­cir: «¡Me to­ca no­ve­la nue­va!». En vez de: «¡Mal­di­ta sea, me to­ca ar­tícu­lo!» [se ríen to­dos a car­ca­ja­das]. PI­LAR RE­YES. ¿Tú sa­bes que Ja­vier lle­va la lis­ta de cuán­tas pá­gi­nas es­cri­be ca­da mes? PÉREZ-RE­VER­TE. Es un psi­có­pa­ta [se ríen]. Te de­bes a tu le­yen­da. MARÍAS. Y tam­bién la lis­ta de cuán­tos días he po­di­do tra­ba­jar. El año pa­sa­do fue­ron 161 días que no pu­de ha­cer na­da. Cuan­do ha­go una in­te­rrup­ción de cua­tro, cin­co, sie­te días, vuel­vo –me cues­ta, pe­ro vuel­vo– y a me­nu­do me di­go: «¿Y quié­nes son es­tos? ¿Qué es lo que les es­tá pa­san­do? Si ya no me acuer­do de na­da» [se ríe]. VAR­GAS LLOSA. Co­mo la his­to­ria de Bal­zac, que es­cri­bía tres no­ve­las a la vez y las his­to­rias se le con­fun­dían y los per­so­na­jes se le cru­za­ban. Y al fi­nal en­con­tró la ma­ne­ra ma­ra­vi­llo­sa esa de ha­cer sal­tar a los per­so­na­jes de las his­to­rias. ¡Pe­ro es que le ocu­rría en la vi­da real! ¡Fan­tás­ti­co!

"Mi pa­la­bra fa­vo­ri­ta es 'ul­tra­ma­ri­nos'. Tie­ne la­tín, his­to­ria, mar, tie­ne Amé­ri­ca, tie­ne has­ta aro­ma. Es una no­ve­la de pa­la­bra" –Pérez-re­ver­te–

De dcha. a iz­da.: Arturo Pérez-re­ver­te, Ma­rio Var­gas Llosa, Ja­vier Marías y su edi­to­ra, Pi­lar Re­yes, en el res­tau­ran­te ma­dri­le­ño El 38 de La­rum­be.

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