Entrevista. Daron Ace­mo­glu, una má­qui­na de pro­ce­sar da­tos, es el pa­dre de la teo­ría de las éli­tes ex­trac­ti­vas, un im­pre­sio­nan­te es­tu­dio de la eco­no­mía glo­bal. ¿Por qué fra­ca­san las na­cio­nes?

Di­cen de él sus co­le­gas que es una má­qui­na de pro­ce­sar y ana­li­zar da­tos. De ese ta­len­to sur­gió la teo­ría de las éli­tes ex­trac­ti­vas pa­ra ex­pli­car el fra­ca­so de las na­cio­nes, un im­pre­sio­nan­te es­tu­dio de la eco­no­mía glo­bal. Ha­bla­mos con él cuan­do va a re­ci­bi

La Voz de Galicia (A Coruña) - XL Semanal - - Sumario - POR A NA­TA GARRO/ FO TO GRA­FÍA:LYNNBARRY

DARON ACE­MO­GLU NOS CI­TA EN SU DES­PA­CHO del Ins­ti­tu­to Tec­no­ló­gi­co de Mas­sa­chu­setts (MIT) un día fes­ti­vo sin ha­ber re­pa­ra­do en que es fes­ti­vo. Se dis­cul­pa son­rien­do: «Nor­mal­men­te, mi asis­ten­te me avi­sa de es­tas me­te­du­ras de pa­ta». Es­te tur­co de 49 años, asen­ta­do en Es­ta­dos Uni­dos des­de ha­ce 24, es ca­paz de lle­var en la ca­be­za los sis­te­mas eco­nó­mi­cos y po­lí­ti­cos de to­dos los paí­ses del pla­ne­ta –y no es una exa­ge­ra­ción–, pe­ro con los días de la se­ma­na tie­ne di­fi­cul­ta­des... de­ma­sia­do pro­sai­co. Ace­mo­glu es co­no­ci­do en el MIT por su enor­me ca­pa­ci­dad pa­ra ana­li­zar da­tos y por ser in­fa­ti­ga­ble. Su te­sis doc­to­ral de 1992 ya fue con­si­de­ra­da la me­jor te­sis eco­nó­mi­ca pre­sen­ta­da en la pres­ti­gio­sa Es­cue­la

de Eco­no­mía y Cien­cia Po­lí­ti­ca de Londres, don­de es­tu­dió. Aho­ra es uno de los eco­no­mis­tas más acla­ma­dos de su ge­ne­ra­ción y ha si­do re­co­no­ci­do con el Pre­mio Fun­da­ción BBVA Fron­te­ras del Co­no­ci­mien­to en la ca­te­go­ría de eco­no­mía, fi­nan­zas y ges­tión de em­pre­sas. Sus apor­ta­cio­nes han cris­ta­li­za­do en va­rios li­bros, uno de los cua­les – ¿Por qué fra­ca­san los paí­ses?, coes­cri­to con Ja­mes Ro­bin­son, ca­te­drá­ti­co de Har­vard– ha lle­ga­do a best se­ller. Su teo­ría es que ni la geo­gra­fía ni el cli­ma ni la cul­tu­ra ex­pli­can las di­fe­ren­cias eco­nó­mi­cas en­tre los paí­ses. Son las ins­ti­tu­cio­nes po­lí­ti­cas y eco­nó­mi­cas las que ha­cen que unos sean prós­pe­ros y otros, po­bres. Po­lí­ti­ca y eco­no­mía no se pue­den se­pa­rar. Ace­mo­glu y Ro­bin­son in­tro­du­cen una ter­mi­no­lo­gía que ya ha ca­la­do: ins­ti­tu­cio­nes in­clu­si­vas fren­te a ex­trac­ti­vas. Las pri­me­ras tie­nen or­ga­ni­za­cio­nes plu­ra­lis­tas y «crean mer­ca­dos don­de las per­so­nas no so­lo tie­nen li­ber­tad pa­ra ejer­cer la pro­fe­sión que me­jor se adap­ta a su ta­len­to, sino que tam­bién pro­por­cio­nan la opor­tu­ni­dad de que sea así». Y no, no se tra­ta so­lo de li­bre mer­ca­do. Es más, acla­ran los au­to­res, las ins­ti­tu­cio­nes in­clu­si­vas re­quie­ren «es­ta­dos po­de­ro­sos y su­fi­cien­te­men­te cen­tra­li­za­dos». En de­fi­ni­ti­va, be­ne­fi­cian a los ciu­da­da­nos. Las se­gun­das, las ex­trac­ti­vas, «tie­nen co­mo ob­je­ti­vo ex­traer ren­tas y ri­que­za de un sub­con­jun­to de la so­cie­dad pa­ra be­ne­fi­ciar a un sub­con­jun­to dis­tin­to». Es de­cir, per­pe­túan a la éli­te. Y sí, pue­de leer­se co­mo la 'cas­ta'. Aun­que si al­go no es Ace­mo­glu es un 'an­ti­sis­te­ma'.

Xl­se­ma­nal. Su teo­ría de las éli­tes ex­trac­ti­vas pue­de dar a en­ten­der, aun­que in­tu­yo que no era la in­ten­ción del li­bro, que los úni­cos res­pon­sa­bles de la crisis son los lí­de­res y las éli­tes. Pe­ro ¿y los ciu­da­da­nos? ¿No tie­ne ca­da país los lí­de­res que me­re­ce? Daron Ace­mo­glu. Tie­ne ra­zón en que qui­zá da­mos la im­pre­sión de que so­lo hay que cul­par a los lí­de­res, pe­ro no que­ría­mos de­cir eso. Lo que que­re­mos en­fa­ti­zar es que el cam­bio vie­ne siem­pre des­de aba­jo. XL. O sea, ¿que los ciu­da­da­nos de­ben re­vol­ver­se? D.A. In­clu­so ba­jo los sis­te­mas más po­ten­tes de ins­ti­tu­cio­nes ex­trac­ti­vas hay opor­tu­ni­da­des pa­ra pro­tes­tar. Así que, has­ta cier­to pun­to, la gen­te que vi­ve ba­jo esas ins­ti­tu­cio­nes no ha si­do ca­paz de or­ga­ni­zar­se, de ha­cer sa­cri­fi­cios y de ser más ac­ti­va pa­ra mi­nar el sis­te­ma. Aun­que, por otro la­do, ¿có­mo vas a ha­cer eso en Co­rea del Nor­te? ¿Y me­re­cen los nor­co­rea­nos el sis­te­ma que tie­nen? XL. Se­gu­ro que los nor­co­rea­nos no lo me­re­cen y que el uso de la fuer­za de una for­ma tan bru­tal co­mo ejer­ce Co­rea es coer­ci­ti­vo. Pe­ro hay otros sis­te­mas con al­tos ín­di­ces de co­rrup­ción en Eu­ro­pa, por ejem­plo, y si­guen ga­nan­do elec­cio­nes. Qui­zá no con­si­de­ra­mos que la co­rrup­ción sea real­men­te un pro­ble­ma... D.A. Yo creo que en mu­chos paí­ses lo que hay es una cier­ta de­s­es­pe­ran­za por la fal­ta de op­cio­nes. Los vo­tan­tes tie­nen mie­do de que el ti­po que ven­ga des­pués sea in­clu­so peor que el que es­tá. En Es­pa­ña mi­re quién es la al­ter­na­ti­va... ¿Es Po­de­mos? Ese es el pro­ble­ma. Si hay una al­ter­na­ti­va, es más di­fí­cil que los par­ti­dos que han si­do ten­ta­dos por la co­rrup­ción o han mi­ra­do pa­ra otro la­do si­gan en el po­der. Us­ted igual cree que hay que ir más allá y vo­tar a quien sea pa­ra cam­biar la si­tua­ción y pien­sa «bueno, no pa­sa na­da si te­ne­mos tres años de Po­de­mos. Igual arrui­nan la eco­no­mía un po­co más de lo que hu­bie­ra he­cho el PP, pe­ro lue­go qui­zá ten­ga­mos un nuevo y me­jor Go­bierno». Pe­ro co­rrer ese ries­go es mu­cho pe­dir… XL. ¿Por qué da us­ted por he­cho que Po­de­mos va a arrui­nar más la eco­no­mía? D.A. Mi­re Gre­cia. Es di­fí­cil se­ña­lar el cos­te exac­to del Go­bierno de Sy­ri­za en la eco­no­mía, pe­ro la si­tua­ción es­tá muy mal. An­tes de ellos, Gre­cia es­ta­ba ba­jo un Go­bierno que se po­dría com­pa­rar con el del PP. Qui­zá no te­nían una tra­yec­to­ria im­pe­ca­ble, pe­ro ha­bían ini­cia­do un pro­ce­so de re­for­ma y la eco­no­mía grie­ga es­ta­ba mos­tran­do ras­gos de que se mo­vía, muy des­pa­cio, en la di­rec­ción co­rrec­ta. Tras la elec­ción de Sy­ri­za to­do se de­tu­vo y, des­pués de dos años de gran in­cer­ti­dum­bre, aho­ra Sy­ri­za es­tá adop­tan­do al­gu­nas de las po­lí­ti­cas que ellos mis­mos ha­bían re­pu­dia­do y las co­sas se es­tán nor­ma­li­zan­do. XL. Pe­ro, si me lo per­mi­te, veo una cier­ta in­cohe­ren­cia con su pro­pia teo­ría. Us­ted di­ce que pa­ra aca­bar con las ins­ti­tu­cio­nes ex­trac­ti­vas y las éli­tes co­rrup­tas tie­ne que pro­du­cir­se una re­vuel­ta. Y re­sul­ta que, cuan­do se pro­po­ne una re­vo­lu­ción, no le gus­ta... D.A. Es cier­to que se ne­ce­si­tan cier­tos desafíos ex­ter­nos que sa­cu­dan las co­sas. Y us­ted pre­gun­ta ¿por qué no es eso Sy­ri­za o Po­de­mos? El pro­ble­ma es que esa fuer­za ex­te­rior ne­ce­si­ta te­ner un plan eco­nó­mi­co apli­ca­ble. Por­que si lle­gan al po­der so­lo co­mo un par­ti­do de pro­tes­ta, sin una al­ter­na­ti­va via­ble,

"He­mos crea­do un sis­te­ma fi­fi nan­cie­ro que no be­ne­fi­fi­cia a la so­cie­dad. Hay que re­plan­teár­se­lo por­que ca­da vez ge­ne­ra más ries­go. Es preo­cu­pan­te"

po­si­ble­men­te sea con­tra­pro­du­cen­te. Y aquí hay una gran di­fe­ren­cia en­tre so­cial­de­mo­cra­cia y mar­xis­mo. Yo creo que mu­chos paí­ses ne­ce­si­tan prác­ti­cas so­cial­de­mó­cra­tas, pe­ro, si en vez de eso, tie­nes una ideo­lo­gía mar­xis­ta que quie­re des­truir el sis­te­ma ca­pi­ta­lis­ta, eso va a em­peo­rar las co­sas aún más. Y ad­mi­to que es un te­rreno bo­rro­so por­que al­gu­nos de los éxi­tos so­cial­de­mó­cra­tas del si­glo XX se mo­vie­ron den­tro del so­cia­lis­mo, es cier­to. Pe­ro no es­ta­mos ya en el si­glo pa­sa­do y creo que los res­tos del mar­xis­mo son un pe­li­gro. XL. En su li­bro, Es­ta­dos Uni­dos es un ejem­plo de buen fun­cio­na­mien­to por sus ins­ti­tu­cio­nes, y mi­re aho­ra… ahí tie­nen a Trump. ¿Qué ha pa­sa­do pa­ra que es­tén go­ber­na­dos por un se­ñor que en­ca­ja en la des­crip­ción de éli­te ex­trac­ti­va? D.A. Bueno, es­to re­quie­re una lar­ga con­ver­sa­ción… Si tu­vié­se­mos que ha­cer­lo cor­to, yo di­ría que lo que ha pa­sa­do en Es­ta­dos Uni­dos no es­tá en­te­ra­men­te di­vor­cia­do de lo que es­tá pa­san­do en Eu­ro­pa. Te­ne­mos una ten­den­cia en to­do el mun­do al au­ge del po­pu­lis­mo. Yo veo es­to co­mo una con­se­cuen­cia de al me­nos tres ten­den­cias. XL. Que son... D.A. He­mos vi­vi­do enor­mes cam­bios tec­no­ló­gi­cos, con una glo­ba­li­za­ción ma­si­va, pe­ro una enor­me par­te de la po­bla­ción no se ha be­ne­fi­cia­do de ello. Co­mo es­to ha es­ta­do pa­san­do du­ran­te 35 años, el des­con­ten­to ha ido cre­cien­do y se ha am­pli­fi­ca­do por el

"Cla­ro que Trump ha­ce fe­li­ces a sus se­gui­do­res. No por­que sus me­di­das eco­nó­mi­cas los be­ne­fi­fi­cien, sino por­que los ha­ce sen­tir­se su­pe­rio­res"

shock de la crisis fi­nan­cie­ra. Aho­ra, una par­te muy sig­ni­fi­ca­ti­va de la po­bla­ción es muy in­fe­liz y eso ha lle­va­do a mu­cha gen­te ha­cia el po­pu­lis­mo de ex­tre­ma de­re­cha. Una gen­te, por cier­to, que en el Me­dio Oes­te ame­ri­cano eran ha­bi­tua­les vo­tan­tes de los de­mó­cra­tas. XL. Esa es una ra­zón eco­nó­mi­ca digamos 'com­pren­si­ble'. ¿Y las otras dos? D.A. El cam­bio de la je­rar­quía so­cial es otra de ellas. A lo lar­go de los úl­ti­mos 70 años he­mos vi­vi­do un enor­me cam­bio so­cial. La rí­gi­da y de­sigual je­rar­quía so­cial im­pe­ran­te en el pa­sa­do en la que los tra­ba­ja­do­res blan­cos de me­dia­na edad es­ta­ban arri­ba y los ne­gros, las mu­je­res y los gais, to­da la gen­te 'di­fe­ren­te', es­ta­ban aba­jo ha co­lap­sa­do. Ha des­apa­re­ci­do esa po­si­bi­li­dad de que un sec­tor de la so­cie­dad 'ma­cha­que' a otro. La co­rrec­ción po­lí­ti­ca, que in­ten­ta pre­ve­nir el dis­cur­so hu­mi­llan­te, es un ejem­plo de ello. XL. Pe­ro es­to es bueno, ¿no? D.A. Es bueno pa­ra los que con­si­guen los de­re­chos, cla­ro. Pe­ro hay gen­te que pier­de el de­re­cho a 'sen­tir­se su­pe­rior'. XL. No exis­te tal de­re­cho… D.A. No, pe­ro eso no im­pi­de que quie­nes creían te­ner­lo es­tén en­fa­da­dos. Ade­más, han si­do cas­ti­ga­dos por la crisis y eso ha dis­pa­ra­do el en­fa­do. Y eso ha de­ja­do a los po­pu­lis­tas de de­re­cha co­mo el úni­co can­di­da­to pa­ra ellos por­que el Par­ti­do De­mó­cra­ta fue el im­pul­sor de la co­rrec­ción po­lí­ti­ca y el tra­to equi­ta­ti­vo. Y ahí se co­ló Trump. XL. Oi­ga, ¿y Trump va a ha­cer fe­li­ces a esos se­ño­res del Me­dio Oes­te? D.A. Sí y no. Sí, por­que él ya les ha­ce sen­tir de nuevo su­pe­rio­res. El es­ta­tus so­cial pa­ra ellos ha me­jo­ra­do. Eco­nó­mi­ca­men­te, no. Los pla­nes eco­nó­mi­cos de Trump no les van a be­ne­fi­ciar ni re­mo­ta­men­te. Pe­ro so­cial­men­te se sien­ten em­po­de­ra­dos. XL. ¿Y cuál es el ter­cer fac­tor? D.A. La in­mi­gra­ción. En la his­to­ria, la in­mi­gra­ción siem­pre ha si­do un pro­ce­so muy di­fí­cil. In­clu­so en Es­ta­dos Uni­dos. Cual­quier pe­rio­do de au­ge de la in­mi­gra­ción ha traí­do gran­des reac­cio­nes en con­tra, a pe­sar de que en­ri­que­cie­ron el país, in­clu­so en el cor­to pla­zo. XL. Pues la in­mi­gra­ción no va a pa­rar. D.A. Es un he­cho. Pe­ro ne­ce­si­ta­mos te­ner una dis­cu­sión más cons­truc­ti­va pa­ra li­diar con ella. Eu­ro­pa ha ex­pe­ri­men­ta­do con va­rias for­mas y nin­gu­na ha si­do un gran éxi­to. XL. ¿Qué for­mas? D.A. Sim­pli­fi­can­do, los fran­ce­ses han di­cho: «De acuer­do, no­so­tros va­mos a aco­ger a to­dos los nor­te­afri­ca­nos de las an­ti­guas co­lo­nias fran­ce­sas, pe­ro va­mos a ne­gar to­tal­men­te su di­fe­ren­cia. Tie­nen que ser fran­ce­ses, que acep­tar nues­tros va­lo­res. Y, ade­más, no va­mos a ha­cer na­da es­pe­cial pa­ra in­te­grar­los. Que vi­van en los ban­lieues ». Eso ha si­do ne­fas­to. Ho­lan­da di­jo: «Va­mos a acep­tar a to­dos los in­mi­gran­tes y ser mul­ti­cul­tu­ra­les, va­mos a re­co­no­cer y apo­yar su cul­tu­ra», y esa aper­tu­ra no or­ga­ni­za­da tam­po­co ha fun­cio­na­do. Eso ha per­mi­ti­do que los gru­pos mu­sul­ma­nes más ra­di­ca­les se hi­cie­ran con el con­trol por­que eran los me­jor or­ga­ni­za­dos. Los in­gle­ses lo han he­cho un po­qui­to me­jor, pe­ro tam­bién ha sa­li­do mal. Ale­ma­nia lo ha he­cho bien, pe­ro el nú­me­ro de in­mi­gran­tes que lle­ga es enor­me y es com­pren­si­ble el des­con­ten­to... Es un te­ma muy di­fí­cil. XL. Pe­ro se­gu­ro que us­ted tie­ne una pro­pues­ta, una opi­nión al me­nos... D.A. Ins­tin­ti­va­men­te yo es­toy en con­tra de re­gu­lar las prác­ti­cas cul­tu­ra­les. Eso me pa­re­ce an­ti­li­be­ral. Por otro la­do, en­tien­do que tie­nes que ha­cer al­go fren­te a los gru­pos ra­di­ca­les o mez­qui­tas que adoc­tri­nan lo peor. No hay una so­lu­ción fá­cil. Pe­ro hay que en­con­trar la for­ma de que los in­mi­gran­tes no se sien­tan ciu­da­da­nos de se­gun­da. Hay que de­fi­nir la so­cie­dad de mo­do que, sin ser for­za­dos, se va­yan in­te­gran­do pa­ra que no sean adoc­tri­na­dos por los que in­ten­tan des­truir el sis­te­ma. XL. ¿Pe­ro us­ted cree que hay que re­gu­lar más la in­mi­gra­ción? D.A. Más, hay que re­gu­lar­la mu­cho. Pe­ro no co­mo lo han he­cho los fran­ce­ses. Di­cien­do 'no­so­tros so­mos su­pe­rio­res'. Se re­quie­re cier­ta hu­mil­dad. XL. Un te­ma cla­ve en su li­bro es la de­sigual­dad. Los ri­cos son ca­da vez más ri­cos y los po­bres, más po­bres. ¿Es­to va a se­guir así? D.A. Sí, ab­so­lu­ta­men­te. XL. Pues es­ta­mos bien… ¿Hay for­ma de cam­biar­lo? ¿Nue­vos im­pues­tos a la ri­que­za, co­mo pro­po­ne Pi­ketty? D.A. No, la­men­ta­ble­men­te no hay una so­lu­ción fá­cil. El pro­ce­so por el que las nue­vas tec­no­lo­gías van a qui­tar­le tra­ba­jo a la gen­te que an­tes te­nía sa­la­rios de­cen­tes va a con­ti­nuar. El pro­ce­so por el cual los que es­tán crean­do, pro­du­cien­do o fi­nan­cian­do es­tas nue­vas tec­no­lo­gías se van a ha­cer más y más ri­cos, va a con­ti­nuar. Lo úni­co que no­so­tros po­de­mos ha­cer es con­tro­lar

"La in­mi­gra­ción hay que re­gu­lar­la mu­cho, pe­ro no co­mo los fran­ce­ses, cre­yén­do­se su­pe­rior. Re­quie­re cier­ta hu­mil­dad" "Se ne­ce­si­tan desafíos ex­ter­nos que sa­cu­dan los sis­te­mas. En Es­pa­ña, ¿es Po­de­mos? Los res­tos del mar­xis­mo son un pe­li­gro"

có­mo tie­ne lu­gar ese pro­ce­so. XL. ¿Quién es 'no­so­tros'? ¿La gen­te, el Go­bierno? D.A. No­so­tros, el Es­ta­do, digamos. Pe­ro lo que in­ten­to de­cir es lo si­guien­te: es muy pro­ba­ble que la in­te­li­gen­cia ar­ti­fi­cial (en for­ma de co­ches sin con­duc­tor, ro­bots...) re­em­pla­ce a mu­chos tra­ba­ja­do­res. La cues­tión es qué van a ha­cer esos tra­ba­ja­do­res. Una op­ción es que se que­den en el pa­ro. Pe­ro una se­gun­da po­si­bi­li­dad es que an­tes de que esa tec­no­lo­gía lle­gue y re­em­pla­ce esos tra­ba­jos ha­yan si­do me­jor en­tre­na­dos y ten­gan la ha­bi­li­dad de adap­tar­se a nue­vos tra­ba­jos. XL. Pe­ro no se van a ne­ce­si­tar tan­tos pro­gra­ma­do­res ni to­do el mun­do es tan in­te­li­gen­te co­mo pa­ra de­di­car­se a crear al­go­rit­mos... D.A. Lo que yo di­go es que no hay evi­den­cia de que es­te­mos vien­do el fi­nal del tra­ba­jo. En mu­chos ca­sos, la eli­mi­na­ción de un tra­ba­jo lle­ga jun­to con la crea­ción de uno nuevo. XL. ¿Us­ted no cree que va­ya­mos a ser re­em­pla­za­dos por ro­bots a cor­to pla­zo? D.A. Una pe­que­ña par­te, se­gu­ro. Pe­ro es­to no es el fin del tra­ba­jo. XL. Pe­ro si us­ted mis­mo aca­ba de ter­mi­nar un es­tu­dio so­bre el im­pac­to de los ro­bots en el mer­ca­do la­bo­ral, y los da­tos son alar­man­tes… D.A. Sí, es más ne­ga­ti­vo de lo que es­pe­ra­ba, pe­ro en el cor­to pla­zo es­ta­mos ha­blan­do de una re­duc­ción del uno o el dos por cien­to de la fuer­za la­bo­ral. Y el es­tu­dio es del mer­ca­do la­bo­ral de Es­ta­dos Uni­dos, don­de los tra­ba­ja­do­res es­tán muy mal pre­pa­ra­dos. Tie­nen la peor edu­ca­ción po­si­ble pa­ra ser ca­pa­ces de ha­cer las tran­si­cio­nes ne­ce­sa­rias. XL. De­pen­de­rá de la tran­si­ción... D.A. No es­ta­mos ha­blan­do de que tra­ba­ja­do­res en ca­de­na de Ge­ne­ral Mo­tors se trans­for­men en pro­gra­ma­do­res in­for­má­ti­cos. Cuan­do ha­blo de 'pre­pa­ra­ción', no me re­fie­ro a que es­tu­dien In­ge­nie­ría. Bas­ta con sa­ber usar un or­de­na­dor o la in­te­li­gen­cia ar­ti­fi­cial que to­que pa­ra sa­ber có­mo re­pa­rar me­jor al­go, aun­que sea una tu­be­ría… y eso no ne­ce­si­ta mu­cha cua­li­fi­ca­ción. Cual­quie­ra pue­de ser en­tre­na­do pa­ra eso. XL. Bueno, afor­tu­na­da­men­te las nue­vas ge­ne­ra­cio­nes, los mi­llen­nials, eso van a sa­ber ha­cer­lo me­jor que no­so­tros... D.A. Eso sí, pe­ro hay otra cues­tión que no es­tá su­fi­cien­te­men­te aten­di­da. La ha­bi­li­dad pa­ra co­mu­ni­car. Los em­plea­dos que van a tra­ba­jar con in­te­li­gen­cia ar­ti­fi­cial se­rán un puen­te en­tre la tec­no­lo­gía y el con­su­mi­dor. Ser un buen co­mu­ni­ca­dor, un buen en­la­ce en­tre la má­qui­na y tus ne­ce­si­da­des, va a ser cla­ve. XL. ¿Qué de­be­rían es­tu­diar en­ton­ces nues­tros hi­jos? D.A. To­do el mun­do de­be­ría es­tu­diar lo que le in­tere­sa. Pe­ro lo que hay que cam­biar es el sis­te­ma de en­se­ñan­za. Yo me di­ri­jo más a los pro­fe­so­res que a los pa­dres. Lo que hay que en­se­ñar a los ni­ños son me­jo­res for­mas de tra­ba­jar en equi­po, de co­mu­ni­car y de apren­der a li­diar con los con­flic­tos. XL. ¿Cree us­ted que pue­de ha­ber otra gran crisis fi­nan­cie­ra? D.A. Es­toy preo­cu­pa­do. He­mos crea­do un sis­te­ma fi­nan­cie­ro que –sin ne­ce­si­dad de co­rrup­ción– so­lo con los in­cen­ti­vos, so­lo con que los que tra­ba­jan en él ha­gan lo que de­ben ha­cer, ge­ne­ra ries­gos y dis­tor­sio­nes. Ne­ce­si­ta­mos dar un pa­so atrás y pen­sar qué es lo que ne­ce­si­ta­mos co­mo sis­te­ma fi­nan­cie­ro pa­ra la eco­no­mía mo­der­na. En mi opi­nión, el high speed tra­ding no be­ne­fi­cia a la so­cie­dad. Los fon­dos de ca­pi­tal ries­go so­lo be­ne­fi­cian a sus je­fes, a sus em­plea­dos y a al­gu­nos po­cos muy ri­cos que in­vier­ten en ellos. XL. ¿Se pue­de cam­biar eso? D.A. No lo sé. Si un Go­bierno ele­gi­do con su­fi­cien­te apo­yo quie­re prohi­bir cier­to ti­po de transac­ción, no creo que sea im­po­si­ble. La prin­ci­pal di­fi­cul­tad es que si re­gu­las Londres, irán a Sin­ga­pur. No sé có­mo so­lu­cio­nar­lo. XL. ¿Va a ha­ber otra gran crisis fi­nan­cie­ra en los pró­xi­mos diez años? D.A. No ten­go una bo­la de cris­tal, pe­ro en el sis­te­ma ban­ca­rio eu­ro­peo hay enor­mes ries­gos. No des­car­to otra crisis fi­nan­cie­ra. XL. Des­ta­ca us­ted en su li­bro la im­por­tan­cia de te­ner bue­nos lí­de­res po­lí­ti­cos y mi­re lo que hay en es­te mo­men­to: Trump, Pu­tin, Er­do­gan, en su Tur­quía na­tal… D.A. Lo que esos lí­de­res tie­nen en co­mún es que son ex­tre­ma­da­men­te há­bi­les, as­tu­tos. Mi­re Trump. Ins­tin­ti­va­men­te en­con­tró los pun­tos dé­bi­les en la so­cie­dad ame­ri­ca­na y los ex­plo­tó. No es que sea in­te­li­gen­te, pe­ro tie­ne esa ha­bi­li­dad y es lo su­fi­cien­te­men­te des­pia­da­do co­mo pa­ra ex­plo­tar­la. Siem­pre hay per­so­nas así. Por eso ne­ce­si­ta­mos ins­ti­tu­cio­nes. Lo que han fa­lla­do son las ins­ti­tu­cio­nes, que no han lo­gra­do pa­rar a esos lí­de­res ni han sa­bi­do dar al­ter­na­ti­vas.

"Hay que cam­biar el sis­te­ma edu­ca­ti­vo. En­se­ñar a los ni­ños a co­mu­ni­car. Los tra­ba­ja­do­res se­rán un puen­te en­tre má­qui­na y con­su­mi­dor" "La de­sigual­dad va a au­men­tar. Los que crean, fi­fi nan­cian o pro­du­cen nue­vas tec­no­lo­gías van a ser más y más ri­cos "

EN SU DES­PA­CHO Ace­mo­glu en su des­pa­cho del Ins­ti­tu­to Tec­no­ló­gi­co de Mas­sa­chu­setts. Na­ci­do en Tur­quía pe­ro na­cio­na­li­za­do en Es­ta­dos Uni­dos, es­tá ca­sa­do y tie­ne dos hi­jos pe­que­ños, cu­yas fo­tos de­co­ran su lu­gar de tra­ba­jo.

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