CER­VE­ZAS Y ES­TRE­LLAS

La Voz de Galicia (A Coruña) - XL Semanal - - Magazine En Portada -

P.D. Sí, mis pa­dres eran muy alen­ta­do­res. Te ani­ma­ban to­do el ra­to. Mi ma­dre es pro­fe­so­ra de mú­si­ca. Mi her­mano es vio­li­nis­ta. Mis pa­dres eran li­be­ra­les, muy con­cien­cia­dos... Me en­se­ña­ron la com­pa­sión ha­cia to­dos los se­res vi­vos, el amor a la na­tu­ra­le­za. XL. ¿Es us­ted ve­ge­ta­riano des­de en­ton­ces? P.D. Des­de la ado­les­cen­cia. Y fui ve­gano fui du­ran­te un tiem­po. Ya no. Aho­ra co­mo al­go de pes­ca­do de vez en cuan­do. XL. Ten­go un ami­go que no co­me ma­mí­fe­ros... P.D. [Frun­ce el ce­ño, pe­ro no di­ce na­da]. XL. Le re­sul­ta di­fí­cil ser ve­ge­ta­riano de­bi­do a que na­die en su fa­mi­lia lo es. Así que de mo­men­to se li­mi­ta a no co­mer ma­mí­fe­ros, por­que tie­nen ma­dre, co­mo él. Y le es más fá­cil sen­tir em­pa­tía por ellos que por un sal­món, por ejem­plo. P.D. Eso es muy an­tro­po­mór­fi­co. Su ami­go so­lo res­pe­ta a los que tie­nen al­go en co­mún con él. Pues, mi­re, los pul­pos son muy in­te­li­gen­tes. Dí­ga­se­lo a su ami­go. Mi pa­dre pes­ca­ba, pe­ro tam­bién es­ta­ba muy preo­cu­pa­do por el me­dioam­bien­te. Él me en­se­ñó a res­pe­tar a to­dos los ani­ma­les. In­clu­so a los que po­nes en tu pla­to. XL. Le preo­cu­pa el bie­nes­tar de los ani­ma­les. P.D. Sí, mu­chí­si­mo. De­be­ría preo­cu­par­nos a to­dos. Ma­tar oca­sio­nal­men­te pa­ra vi­vir es muy di­fe­ren­te a mon­tar una in­dus­tria don­de los ani­ma­les son tra­ta­dos co­mo si fue­ran co­sas que no sien­ten ni padecen, don­de su su­fri­mien­to no cuen­ta pa­ra na­da. Ce­rra­mos los ojos y ha­ce­mos co­mo si ese su­fri­mien­to no exis­tie­ra. Es­te te­ma me po­ne de muy mal hu­mor. Si em­pie­zo, no pa­ro... Es una cues­tión de res­pe­to. No res­pe­ta­mos el pla­ne­ta ni a las cria­tu­ras que vi­ven en él. Te­ne­mos es­ta pre­sun­ción de que so­mos los amos y que po­de­mos ha­cer lo que nos dé la ga­na. En es­pe­cial, en mi país. XL. ¿Qué opi­na de la si­tua­ción po­lí­ti­ca en Es­ta­dos Uni­dos? P.D. Que es un desas­tre. He­mos ele­gi­do a la per­so­na equi­vo­ca­da. Ni si­quie­ra fue ele­gi­do lim­pia­men­te. Trump di­ce una co­sa y ha­ce otra. Se ro­dea de gen­te que no cree en el cam­bio cli­má­ti­co. Sus de­ci­sio­nes –can­ce­lar el Oba­ma­ca­re, lo del Mu­ro...– ¡son ab­sur­das, ri­dí­cu­las! Pe­ro la gen­te en Es­ta­dos Uni­dos nun­ca es­tá sa­tis­fe­cha. So­lo quie­re cam­bios. Eso es­tá bien si no en­tras en un bu­cle... De Bush a Clin­ton; lue­go, otro Bush; lue­go, Oba­ma; aho­ra, Trump... Es co­mo un pén­du­lo. No avan­zas. Aho­ra, a la per­so­na que di­ri­ge el país so­lo le eter Din­kla­ge en­car­na a un de­tec­ti­ve en el ter­cer cor­to­me­tra­je de la sa­ga Me­di­te­rrá­nea­men­te, de la cer­ve­za Es­tre­lla Damm. Un for­ma­to pu­bli­ci­ta­rio que ha con­se­gui­do una gran acep­ta­ción. Com­ple­tan el re­par­to Álvaro Cer­van­tes, In­grid Gar­cía-jons­son y Mar­cel Bo­rràs. El ro­da­je, en Lloret de Mar (Ge­ro­na), ha du­ra­do nue­ve días y han par­ti­ci­pa­do de­ce­nas de ex­tras. El di­rec­tor es Raúl Aré­va­lo, pre­mia­do con el úl­ti­mo Go­ya a la me­jor di­rec­ción no­vel por Tar­de pa­ra la ira. Arér­va­lo to­ma el re­le­vo de Ale­jan­dro Ame­ná­bar y Al­ber­to Ro­drí­guez. El trái­ler ya es­tá dis­po­ni­ble en www. es­tre­lla­damm. com y el cor­to se po­drá ver a par­tir del 12 de ju­nio. La cam­pa­ña ve­ra­nie­ga de Damm ya ha con­ta­do con ac­to­res in­ter­na­cio­na­les co­mo Jean Reno (el año pa­sa­do) y Da­ko­ta John­son, y es­tre­llas na­cio­na­les co­mo Laia Cos­ta y Quim Gu­tié­rrez. Tam­bién han par­ti­ci­pa­do chefs co­mo Fe­rran Adrià e Hi­de­ki Mat­suhi­sa. preo­cu­pa te­ner con­ten­tos a los lob­bies a sus ami­gos. XL. ¿No le da la im­pre­sión de que se abu­rre? P.D. ¡¡¡Sí!!! Se abu­rre mu­chí­si­mo. Él so­lo que­ría ga­nar las elec­cio­nes. Es un con­quis­ta­dor. Aho­ra es­tá en la Ca­sa Blan­ca, ya lo ha con­se­gui­do, y es co­mo si el asun­to ya no le in­tere­sa­ra de­ma­sia­do. ¡Un pre­si­den­te que se pa­sa la vi­da en Twit­ter! Más preo­cu­pa­do de los co­men­ta­rios que de go­ber­nar. Es tan des­mo­ra­li­za­dor pen­sar en es­to.

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