CÓ­MO DE­TEC­TAR SI TU HIJO ES­TÁ EN WEBS O JUE­GOS AU­TO­DES­TRUC­TI­VOS Y QUÉ HA­CER

La Voz de Galicia (A Coruña) - XL Semanal - - Magazine En Primer Plano -

Los al­ti­ba­jos emo­cio­na­les son nor­ma­les en la ado­les­cen­cia, pe­ro cuan­do hay una idea­ción sui­ci­da son más lla­ma­ti­vos. Hay que es­tar aten­tos si se quie­ren 'ce­rrar te­mas', si es­cri­ben car­tas de des­pe­di­da... Las au­to­le­sio­nes son una ma­ne­ra de dar sa­li­da a un ma­les­tar que los ado­les­cen­tes no sa­ben có­mo ma­ne­jar. Tra­tan de des­pla­zar el do­lor emo­cio­nal al cuer­po. La im­pul­si­vi­dad en el com­por­ta­mien­to tam­bién es un ras­go que hay que vi­gi­lar. Siem­pre hay que ha­cer ca­so al ado­les­cen­te que ver­ba­li­za sus preo­cu­pa­cio­nes. No hay que to­mar a la li­ge­ra las idea­cio­nes sui­ci­das ni pen­sar que son co­sas de la edad. No hay que en­fa­dar­se. Su in­ten­ción no es desafiar.

LA BO­LA DE NIE­VE.

Evi­tar pe­leas fa­mi­lia­res o mo­men­tos de ten­sión que pue­dan afian­zar en el jo­ven la idea ne­ga­ti­va del mun­do que lo ro­dea. Bus­car mo­men­tos de tran­qui­li­dad pa­ra ha­blar con él, pe­ro sin in­te­rro­gar­lo ni con­ta­giar­le an­gus­tia. y las re­des so­cia­les, la psi­co­sis se ha ex­ten­di­do por me­dio mun­do. Los ado­les­cen­tes tien­den a pen­sar que lo que es­tán vi­vien­do no le su­ce­de a na­die más, que na­die los pue­de com­pren­der. Y se aís­lan. Hay que en­se­ñar­les que los pro­ble­mas son tem­po­ra­les. Re­du­cir el tiem­po que pa­sa co­nec­ta­do. Pe­ro me­jor ne­go­ciar que prohi­bir. Re­ti­rar los dis­po­si­ti­vos mó­vi­les y or­de­na­do­res de las ha­bi­ta­cio­nes, es­pe­cial­men­te por las no­ches.

QEl te­lé­fono de ayu­da y pro­tec­ción a ni­ños y ado­les­cen­tes en ries­go, de la Fun­da­ción ANAR, es el 900 20 20 10. Es gra­tui­to y es­tá aten­di­do du­ran­te las 24 ho­ras del día por psi­có­lo­gos. El de ayu­da fa­mi­liar es 600 50 51 52. de Fa­ce­book ru­so) o lo te­nían en su his­to­rial de na­ve­ga­ción. La in­for­ma­ción tu­vo una enor­me re­so­nan­cia, pe­ro fue ma­lin­ter­pre­ta­da o, si se pre­fie­re, 're­don­dea­da' a ma­la uva, y mu­chos die­ron por hecho que las 130 muer­tes es­ta­ban re­la­cio­na­das con Bu­dei­kin y su re­to. La bo­la de nie­ve ha cre­ci­do des­de en­ton­ces. Pro­li­fe­ran los fo­ros que ha­blan o emu­lan a La Ba­lle­na Azul. Apa­re­cen co­mo se­tas y des­apa­re­cen igual de rá­pi­do, pe­ro lle­gan a con­gre­gar a de­ce­nas de mi­les de usua­rios; la ma­yo­ría, atraí­dos por la cu­rio­si­dad. In­clu­so ha apa­re­ci­do una va­rian­te del jue­go, co­no­ci­da co­mo El Abe­ce­da­rio del Dia­blo, en el que un ni­ño di­ce una pa­la­bra que em­pie­ce con ca­da le­tra del al­fa­be­to mien­tras otro le 'di­bu­ja' la le­tra en el dor­so de las ma­nos con las uñas o, peor, con unas ti­je­ras y cu­yo pri­mer ca­so de­nun­cia­do ha ocu­rri­do en Mie­res (As­tu­rias). Por eso no hay que ba­jar la guar­dia.

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