A fon­do.

Mi­les de re­fu­gia­dos aguar­dan en Li­bia su opor­tu­ni­dad pa­ra lan­zar­se en un bo­te y lle­gar a Eu­ro­pa. La Unión Eu­ro­pea es­tá de­ci­di­da a im­pe­dír­se­lo. El tra­ba­jo su­cio se lo hace es­te hom­bre: el co­man­dan­te Al Bi­ja, un cau­di­llo lo­cal que de­ci­de quién cru­za el Me­di

La Voz de Galicia (A Coruña) - XL Semanal - - Sumario - POR MI­CHAEL OBERT / FOTOS: MOISES

Un mi­llón de re­fu­gia­dos es­pe­ran en Li­bia pa­ra lan­zar­se al Me­di­te­rrá­neo. La UE tra­ta de im­pe­dír­se­lo y un cau­di­llo lo­cal le hace el tra­ba­jo su­cio. Ya ha de­vuel­to a Li­bia a más de 37.000 per­so­nas.

El co­man­dan­te Al Bi­ja per­dió dos de­dos de la mano de­re­cha en un ata­que con gra­na­das. Se­gún sus pro­pios cálcu­los, él y su gen­te ya han de­vuel­to a Li­bia más de 37.000 per­so­nas. «No­so­tros so­mos lo úni­co que hay –afir­ma–. La úni­ca vi­gi­lan­cia cos­te­ra». Al Bi­ja tam­bién se de­di­ca a la cría de ca­ba­llos. ¿Cuán­to pue­de cos­tar su se­men­tal Jor­dan? «Cincuenta mil dó­la­res», di­ce.

LLE­VA­MOS DIEZ DÍAS RE­CO­RRIEN­DO LA COS­TA LI­BIA, LA FRON­TE­RA MÁS PE­LI­GRO­SA DEL MUN­DO. HAS­TA UN MI­LLÓN DE RE­FU­GIA­DOS Y EMI­GRAN­TES SE AGOLPAN EN ES­TOS MO­MEN­TOS EN LI­BIA, EL PAÍS DE TRÁN­SI­TO MÁS IM­POR­TAN­TE EN LA RU­TA MA­RÍ­TI­MA EN­TRE ÁFRI­CA Y EU­RO­PA.

SE CREE QUE 300.000 DE ESAS PER­SO­NAS

po­drían al­can­zar las cos­tas eu­ro­peas es­te año. Pe­ro la Unión Eu­ro­pea es­tá de­ci­di­da a re­te­ner­las en Li­bia. Los paí­ses miem­bros acor­da­ron en la cumbre de Mal­ta de es­te año que los guar­da­cos­tas li­bios se en­car­ga­ran de in­ter­cep­tar a los re­fu­gia­dos y de lle­var­los a cen­tros de acogida en tie­rra. Es­te ser­vi­cio de guar­da­cos­tas tie­ne su ba­se al oes­te de la ca­pi­tal, Trí­po­li. Su je­fe: el co­man­dan­te Al Bi­ja, un te­mi­do se­ñor de la gue­rra. Su equi­po: una úni­ca em­bar­ca­ción y 37 hom­bres Al Bi­ja, de 30 años, tie­ne una mano mu­ti­la­da, le fal­tan dos de­dos. «He te­ni­do que ma­tar a mu­cha gen­te», cuen­ta de sí mis­mo. Pa­ra unos, es un hé­roe; pa­ra otros, un ase­sino. Y pa­ra los lí­de­res po­lí­ti­cos de Eu­ro­pa, la úni­ca po­si­bi­li­dad de po­ner fin a los tra­fi­can­tes de per­so­nas en Li­bia. «No­so­tros so­mos lo úni­co que hay», di­ce el co­man­dan­te. Al Bi­ja, pe­lo ha­cia atrás, bar­ba ce­rra­da, mi­ra­da pe­ne­tran­te, pis­to­la me­ti­da en el cin­tu­rón, pan­ta­lo­nes va­que­ros. Mien­tras nos ha­bla, Al Bi­ja sos­tie­ne un ci­ga­rri­llo en­tre el anu­lar y el me­ñi­que de su mano mu­ti­la­da, lo en­cien­de con un me­che­ro y da una pro­fun­da ca­la­da. Jun­to con él es­tán va­rios de sus hom­bres ar­ma­dos con Ka­lásh­ni­kov. «So­mos la úni­ca vi­gi­lan­cia cos­te­ra ope­ra­ti­va en el oes­te de Li­bia», con­clu­ye. El co­man­dan­te Al Bi­ja con­tro­la des­de hace dos años las aguas des­de la fron­te­ra tu­ne­ci­na has­ta Jan­sur, cer­ca de Trí­po­li. Es un te­rri­to­rio in­men­so, y Al Bi­ja so­lo cuen­ta con una em­bar­ca­ción –el Ti­leel, de 16 me­tros de es­lo­ra–, un par de lan­chas rá­pi­das y un pu­ña­do de hom­bres. «Nues­tra mi­sión es res­ca­tar a los re­fu­gia­dos en el mar, lo­ca­li­zar a los tra­fi­can­tes y, si es ne­ce­sa­rio, ma­tar­los», di­ce. Se­gún sus pro­pios cálcu­los, Al Bi­ja y su gen­te han de­vuel­to a Li­bia a más de 37.000 per­so­nas des­de agos­to de 2015. El Ministerio de De­fen­sa li­bio con­fir­ma es­ta ci­fra. ¿Pe­ro es el co­man­dan­te Al Bi­ja el alia­do que bus­ca Eu­ro­pa? ¿Es «uno de los bue­nos», co­mo él mis­mo ase­gu­ra? ¿O jue­ga a dos ban­das? Lo cier­to es que Eu­ro­pa no dis­po­ne de otra al­ter­na­ti­va. Seis años des­pués de la muer­te del dic­ta­dor

El co­man­dan­te con­tro­la des­de hace dos años las aguas de Li­bia. Pa­ra ello cuen­ta con una pa­tru­lle­ra y 37 hom­bres ar­ma­dos

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