"Lo mo­derno en el fla­men­co es cui­dar­se y es­tar fuer­te"

Ki­ki Mo­ren­te Ten­go 27 años y soy el me­nor de los Mo­ren­te de Gra­na­da. El 27 de agos­to ac­túo en el Fes­ti­val Fla­men­co On Fi­re (Pam­plo­na), con Jua­ni­to Ha­bi­chue­la. Sa­co, ade­más, mi pri­mer dis­co en so­li­ta­rio: ‘Al­bai­cín’.

La Voz de Galicia (A Coruña) - XL Semanal - - Ella&él -

Xl­se­ma­nal. Al­bai­cín, ¿ha­cien­do pa­tria? Ki­ki Mo­ren­te. La ver­dad es que no me he com­pli­ca­do mu­cho eli­gien­do el tí­tu­lo, pe­ro es de don­de yo soy y don­de he apren­di­do to­do lo que sé. XL. Con esos ojos azu­les tan in­ten­sos, di­cen que tie­ne mez­cla de Brad Pitt y de Ca­ma­rón, ¿pa­ra dón­de pre­fie­re ti­rar? K.K. ¡Joé! ¡Más qui­sie­ra yo! No sé qué es me­jor… Pe­ro, bueno, si es­tá Ca­ma­rón ahí, ten­dré que ti­rar pa­ra él, ¿no? XL. En el Fes­ti­val Fla­men­co On Fi­re se jun­tan los re­to­ños de dos sa­gas de las gran­des: los Ha­bi­chue­la y los Mo­ren­te. ¿Te­la de la bue­na? K.K. ¡Te­la ma­ri­ne­ra! Los dos he­mos vi­vi­do el fla­men­co des­de ni­ños y, aun­que po­dría­mos ha­ber he­cho otras co­sas, nos gus­ta es­to y le so­mos fie­les. XL. Sin em­bar­go, cuen­tan que hay mu­cha ri­va­li­dad en­tre fa­mi­lias. K.K. Sí que la hay, pe­ro pa­ra quien se la quie­ra to­mar. Yo pro­cu­ro ale­jar­me de ri­va­li­da­des por­que pa­ra can­tar me

ten­go que jun­tar con los más fuer­tes. XL. En­ri­que Mo­ren­te, su pa­dre, le di­jo que se de­di­ca­ra a la gui­ta­rra y a las pal­mas, ¿no lo veía can­tan­do? K.K. Es que no sa­bía que me iba a gus­tar can­tar y me me­tió en el Con­ser­va­to­rio de Gra­na­da pa­ra que es­tu­dia­ra gui­ta­rra, a ver qué sa­lía de ahí. Pe­ro, cuan­do vio que que­ría can­tar, me apo­yó. XL. Y en su ca­sa, ¿quién lle­va la voz can­tan­te: Es­tre­lla, So­leá o us­ted? K.K. Ellas más que yo; pe­ro Es­tre­lla es la pa­triar­ca, la que man­da, por­que lle­va mu­chos años en es­to. Me lle­vo bien con las dos: los mar­tes con una y los jue­ves con la otra. Y los miér­co­les es­ta­mos to­dos jun­tos. Las dos son muy crí­ti­cas con­mi­go y muy ra­di­ca­les: me dan una de cal y otra de are­na. XL. Los fla­men­cos siem­pre can­tan de ne­gro y sen­ta­dos, ¿por qué? K.K. Es que sen­ta­dos nos con­cen­tra­mos me­jor, es co­mo un ri­tual; y el ne­gro es siem­pre lo más ele­gan­te y lo más gi­tano. Pe­ro en mi úl­ti­mo re­ci­tal can­té con un tra­je blan­co, más fres­qui­to en ve­rano, pe­ro ese tra­je se­gu­ro que ni se gas­ta ni se mancha [ríe]. XL. La dro­ga y el al­cohol han cau­sa­do es­tra­gos en­tre los fla­men­cos; ¿es agua pa­sa­da?? K.K. ¡Si­gue es­tan­do ahí dan­do gue­rra, pe­ro no so­lo en el fla­men­co sino en to­das las mú­si­cas! Aun­que eso ya ha evo­lu­cio­na­do mu­cho y lo mo­derno y lo que se lle­va aho­ra es cui­dar­se y es­tar fuer­te.

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