¿Era un de­pra­va­do el mar­qués de Sa­de?

La Voz de Galicia (A Coruña) - XL Semanal - - Conocer - POR JO­SÉ SE­GO­VIA

Es­tu­vo 27 años en­tre re­jas. Ca­si la mi­tad de su vi­da. Do­na­tien Alp­hon­se Fra­nçois de Sa­de fue de­te­ni­do y en­ce­rra­do por la mo­nar­quía, la Re­pú­bli­ca y el Im­pe­rio. To­dos lo per­si­guie­ron. ¿Cuál fue su crimen? Su vi­da de ex­ce­sos, que es­tu­vo mar­ca­da por su­pues­tas agre­sio­nes se­xua­les, y sus es­cri­tos, con­si­de­ra­dos vio­len­tos y eró­ti­cos en su épo­ca y en los que pri­ma­ba la idea del triun­fo del vi­cio so­bre la vir­tud. Su pa­dre, que tra­tó de en­de­re­zar la vi­da de su dís­co­lo hi­jo, lo obli­gó a ca­sar­se a los 23 años con una jo­ven des­cen­dien­te de una fa­mi­lia no­ble y adi­ne­ra­da. Ella lo man­tu­vo ca­si to­da su vi­da, a pe­sar de sus con­ti­nuas in­fi­de­li­da­des y es­cán­da­los. Con ape­nas 20 años fue acusado de rap­to, vio­len­cia sexual y ac­tos de bar­ba­rie con­tra tres jo­ven­ci­tas que lo de­nun­cia­ron. Sa­de pa­só gran par­te de su ju­ven­tud hu­yen­do. Cuan­do te­nía 37 años, es­te no­ble na­ci­do en Pa­rís en 1740 fue con­de­na­do a pri­sión por su di­so­lu­ta con­duc­ta. En reali­dad, no ha­cía co­sas más ho­rri­bles y gro­tes­cas que sus aris­to­crá­ti­cos igua­les en la de­ca­den­te ca­pi­tal fran­ce­sa. El pro­ble­ma era su arro­gan­cia, fal­ta de dis­cre­ción, su pa­sión por el la­do sal­va­je de la vi­da y su es­ca­sa ha­bi­li­dad pa­ra cons­truir alian­zas, lo que le pro­cu­ró enemi­gos muy pe­li­gro­sos. Ha­bló de se­xo sin pu­dor, y eso era pe­ca­do en una sociedad tan cí­ni­ca co­mo la pa­ri­si­na de fi­na­les del si­glo XVIII. Pa­só 13 años en las cár­ce­les de Vin­cen­nes y La Bas­ti­lla, pe­rio­do en el que es­cri­bió Los 120 días de So­do­ma. Li­be­ra­do en 1790, el mar­qués de Sa­de so­bre­vi­vió pu­bli­can­do obras clan­des­ti­nas es­can­da­lo­sas, co­mo Jus­ti­ne. Du­ran­te la Re­vo­lu­ción fran­ce­sa, Sa­de mos­tró su la­do más hu­mano al de­nun­ciar la gui­llo­ti­na y la pe­na de muer­te. Odia­ba las eje­cu­cio­nes pú­bli­cas. En 1800, el mar­qués pu­bli­có Zo­loé et ses deux aco­li­tes, no­ve­la que pro­vo­có un enor­me es­cán­da­lo. Es­te li­bro y otros su­yos fue­ron con­de­na­dos por los re­vo­lu­cio­na­rios, que eran unos pu­ri­ta­nos en cues­tio­nes re­la­cio­na­das con el se­xo. Se lo en­ce­rró en con­di­cio­nes pri­vi­le­gia­das en el asi­lo psi­quiá­tri­co de Cha­ren­ton, don­de mu­rió en 1803, a los 74 años. Su obra in­flu­yó a no­ve­lis­tas y poe­tas co­mo Flau­bert, Rim­baud o Dos­to­yevs­ki. An­dré Bre­ton, uno de los fun­da­do­res del mo­vi­mien­to su­rrea­lis­ta, lo pro­cla­mó el 'di­vino mar­qués'. Apo­lli­nai­re afir­mó que Sa­de fue «el es­pí­ri­tu más li­bre que ja­más ha exis­ti­do».

No hi­zo co­sas más ho­rri­bles que otros aris­tó­cra­tas, pe­ro Sa­de pa­só la mi­tad de su vi­da en pri­sión

Sa­de fue en­ce­rra­do en Fran­cia du­ran­te la mo­nar­quía, la Re­pú­bli­ca y el Im­pe­rio.

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