"No soy de me­dio gas. Voy a por to­das”

Se de­fi­ne co­mo una chi­ca nor­mal a la que le en­tu­sias­man los desafíos. Ac­triz, pe­rio­dis­ta, pre­sen­ta­do­ra y aho­ra icono lés­bi­co por su pa­pel de Ire­ne La­rra en «El Mi­nis­te­rio del Tiem­po». Mu­jer del si­glo XXI, Ca­ye­ta­na via­ja­ría a los años vein­te pa­ra co­no­cer a

La Voz de Galicia (A Coruña) - Yes - - RES PON DE - TEX­TO: VIR­GI­NIA MA­DRID

Lu­nes. Diez de la ma­ña­na, di­lu­via en Ma­drid y ma­ra­tón de en­tre­vis­tas. Es­to es lo que se di­ce em­pe­zar bien la se­ma­na ¿no? «Pues sí, eso pa­re­ce. Pe­ro, yo en­can­ta­da de po­der char­lar con­ti­go. Con mis ho­ra­rios im­po­si­bles re­sul­ta muy com­pli­ca­do ha­cer en­tre­vis­tas. Así es que cuan­do quie­ras». La que ha­bla con una son­ri­sa en la bo­ca y un ca­fé a me­dias en la mano es Ca­ye­ta­na Gui­llén Cuer­vo (Ma­drid, 1969). Con­fie­sa que es muy per­fec­cio­nis­ta y exi­gen­te con­si­go mis­ma. «No me gus­ta ha­cer las co­sas por el me­ro he­cho de pa­sar el trá­mi­te. Eso no va con­mi­go. Yo soy de cu­rrar mu­cho». Hi­ja de dos gran­des de la in­ter­pre­ta­ción, Fernando Gui­llén y Gem­ma Cuer­vo y her­ma­na de otro ac­tor de pres­ti­gio, Fernando Gui­llén Cuer­vo, re­co­no­ce que cre­cer en ese am­bien­te im­pri­me ca­rác­ter.

—No pa­ras. Aho­ra mis­mo te ve­mos en «El Mi­nis­te­rio del Tiem­po» y con­ti­núas con Ver­sión Es­pa­ño­la y Aten­ción Obras en La 2. ¿Es­tás en ra­cha?

– Pues sí. Pe­ro tam­bién es cier­to que no de­jo que la ra­cha de­cai­ga. Me es­fuer­zo por ge­ne­rar pro­yec­tos con­ti­nua­men­te. Es­ta pro­fe­sión es muy in­gra­ta y a ve­ces es­tás ahí y otras no. Pre­fie­ro pen­sar que yo soy mi pro­pio mo­tor. Me en­tu­sias­man los re­tos y no pa­ro de idear y pro­po­ner nue­vas his­to­rias in­tere­san­tes.

—En­ton­ces, pa­re­ce que no eres de las que de­jan es­ca­par un tren en mar­cha por te­mor a que no te lle­ve a un buen des­tino. ¿No?

—Efec­ti­va­men­te. No so­lo me subo a los tre­nes que pa­san por de­lan­te de mí, sino que cons­tan­te­men­te los ge­ne­ro pa­ra em­pren­der nue­vos via­jes y aven­tu­ras. No te­mo los desafíos, me gus­tan.

—Tra­ba­jas co­mo ac­triz, pre­sen­ta­do­ra y pe­rio­dis­ta. ¿En qué ám­bi­to te mue­ves co­mo pez en el agua?

—No pue­do ele­gir una, por­que las tres me en­ri­que­cen mu­cho pro­fe­sio­nal­men­te y me en­tu­sias­ma com­pa­gi­nar­las. Creo que uno pue­de ser mu­chas co­sas, siem­pre y cuan­do te pre­pa­res bien, seas ri­gu­ro­so, efi­caz y com­pe­ten­te.

—Eso sue­na a que eres muy per­fec­cio­nis­ta. ¿Es así?

—Sí, soy muy per­fec­cio­nis­ta y exi­gen­te con­mi­go mis­ma. No me gus­ta ha­cer las co­sas por el me­ro he­cho de pa­sar el trá­mi­te. Eso no va con­mi­go. Yo soy de cu­rrar mu­cho. No ten­go mie­do al tra­ba­jo, ten­go mu­cha vo­lun­tad. Una vez que me in­vo­lu­cro en un pro­yec­to, voy a por to­das. No soy de ir a me­dio gas.

—Va­ya­mos a tu pa­pel en el Mi­nis­te­rio del Tiem­po. ¿Qué ha su­pues­to en tu ca­rre­ra el per­so­na­je de Ire­ne La­rra?

—Una enor­me vi­si­bi­li­dad en el mun­do de la te­le­vi­sión. Es­toy muy feliz con to­do lo que me es­tá re­ga­lan­do Ire­ne. Ade­más, es un per­so­na­je tan bien es­cri­to y tan es­tu­pen­da­men­te desa­rro­lla­do en pan­ta­lla que acer­té de pleno al acep­tar­lo. Ire­ne es muy per­fec­cio­nis­ta en su tra­ba­jo, con unos fuer­tes va­lo­res y que vi­ve su ho­mo­se­xua­li­dad con mu­cha na­tu­ra­li­dad. Des­de que leí los pri­me­ros guio­nes, la en­ten­dí tan bien, que Ire­ne me con­quis­tó por com­ple­to.

—Si tie­nes has­ta club de fans: Las Ca­ye­ta­ners.

—¡Es in­creí­ble! Al­go pre­cio­so. Es­toy tan agra­de­ci­da por to­das las mues­tras de ca­ri­ño y apo­yo que re­ci­bo a dia­rio de mis se­gui­do­ras que aho­ra con la pers­pec­ti­va que da el tiem­po, pien­so que si no es­tu­vie­ran a mi la­do, las echa­ría de me­nos.

—¿Có­mo lle­vas lo de que te con­si­de­ren un icono lés­bi­co?

—Muy bien. Siem­pre he es­ta­do muy cer­ca de la cau­sa LGTB (Les­bia­nas, Gays, Tran­se­xua­les y Bi­se­xua­les) y ade­más, ten­go mu­chos ami­gos ho­mo­se­xua­les. El per­so­na­je de Ire­ne da un pa­so más allá y reivin­di­ca la vi­sua­li­za­ción de es­te co­lec­ti­vo en la pan­ta­lla y me pa­re­ce fe­no­me­nal. Ya era ho­ra.

—¿Y eres de las que los lu­nes te plan­tas de­lan­te de la te­le pa­ra no per­der­te «El Mi­nis­te­rio del Tiem­po»?

—¡Cla­ro! Veo la se­rie con mi pa­re­ja y mi hi­jo. Es que es un pun­ta­zo. Los guio­nes son tan bue­nos y tan di­ver­ti­dos que se ve muy bien, es muy en­tre­te­ni­da. Mi hi­jo Leo, que tie­ne 10 años, apren­de mu­cho y lue­go se va al Goo­gle a in­ves­ti­gar quién era Hitler y Es­par­te­ro.

—Si pu­die­ras co­lar­te por una de esas puer­tas má­gi­cas del Mi­nis­te­rio, ¿a qué épo­ca de la his­to­ria te gus­ta­ría via­jar?

—¡Uf! Qué di­fí­cil ele­gir... Ya sé, me gus­ta­ría via­jar a los años vein­te, co­no­cer a Las Sin Som­bre­ro y dar­me tam­bién una vuel­ta por la Re­si­den­cia de Es­tu­dian­tes.

—¿Y qué cam­bia­rías de tu pa­sa­do?

—Es­toy con­ten­ta con mi vi­da, no cam­bia­ría na­da. Ade­más, la his­to­ria no se de­be to­car, es­tá bien co­mo es­tá.

—¿Eres una mu­jer de tu tiem­po?

—Por su­pues­to. Las mu­je­res de mi ge­ne­ra­ción he­mos he­re­da­do las li­ber­ta­des, que otras reivin­di­ca­ron con uñas y dien­tes en épo­cas pa­sa­das. A no­so­tras hoy nos to­ca ba­ta­llar por en­con­trar el equi­li­brio en­tre la fa­mi­lia y el tra­ba­jo.

—¿Có­mo te or­ga­ni­zas pa­ra gra­bar los pro­gra­mas, es­tu­diar­te los guio­nes de la se­rie, cui­dar de tu hi­jo, siem­pre tan bien ves­ti­da?

—Te­nien­do una pa­re­ja ma­ra­vi­llo­sa que me cu­bre cuan­do yo no es­toy y al re­vés. So­mos un equi­po y hoy me to­ca a mí y ma­ña­na a él. Con el ni­ño nos tur­na­mos en to­do. Lle­va­mos una vi­da muy or­ga­ni­za­da, te di­ría ca­si que al mi­nu­to. En cuan­to a mi pre­sen­cia en even­tos, ten­go dos es­ti­lis­tas es­tu­pen­dos, Juan Jo­sé Rodríguez y Paco Ca­sa­do, que me ayu­dan a ele­gir. Sin em­bar­go, en el día a día, me gus­ta ir có­mo­da y prác­ti­ca: va­que­ro, ca­mi­se­ta, za­pa­ti­llas y an­dan­do.

—Per­te­ne­cer a una gran fa­mi­lia de ac­to­res co­mo la tu­ya, im­pri­me ca­rác­ter ¿no?

—Sí, por su­pues­to. Y tam­bién por la educación que me die­ron mis pa­dres que era muy cla­ra en el sen­ti­do de que so­lo el es­fuer­zo, la cons­tan­cia y la per­se­ve­ran­cia ge­ne­ra tra­ba­jo. Siem­pre es­toy ge­ne­ran­do co­sas pa­ra que no pa­re la iner­cia.

—¿Có­mo eres de puer­tas pa­ra aden­tro?

—Pues una chi­ca nor­mal. Yo di­ría que soy un po­co gam­be­rra, muy di­ver­ti­da y un tan­to es­pon­tá­nea.

—Tu día per­fec­to.

—Pa­sar la ma­ña­na con mis dos chi­cos, me­ren­dar al­go ri­co con mi ma­dre y aca­bar la jor­na­da con una ce­na de ami­gas.

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