Tá­pa­te... o alé­ja­te de mí

Así que no es­tá en tus ma­nos evi­tar­lo, pe­ro sí to­mar al­gu­nas pre­cau­cio­nes pa­ra no fa­ci­li­tar­le la la­bor. El mé­di­co Da­vid Bou­za nos las cuen­ta.

La Voz de Galicia (A Coruña) - Yes - - A SABER - TEX­TO: NOELIA SILVOSA

Sies­tá pa­ra ti, no po­drás ha­cer na­da pa­ra es­qui­var el ca­ta­rro. Pe­ro muchas ve­ces la co­sa es­tá du­do­sa, y el or­ga­nis­mo ba­ta­lla con­tra ese vi­rus que ha co­gi­do y que pue­de desa­rro­llar­se en cual­quier mo­men­to. Es ahí, en esa lu­cha in­ter­na, cuan­do te­ne­mos que ayu­dar­le o, al me­nos, no ha­cér­se­lo más di­fí­cil. El mé­di­co de Aten­ción Pri­ma­ria Da­vid Bou­za nos da esas cla­ves «an­ti­vi­rus» que, ase­gu­ra, de­be­ría­mos apli­car­nos a dia­rio. Pe­ro lo pri­me­ro que di­ce el es­pe­cia­lis­ta es al­go que no to­do el mun­do tie­ne cla­ro: «Sin vi­rus no hay ca­ta­rro. Pa­ra te­ner un ca­ta­rro ha­ce falta un vi­rus. Una ex­po­si­ción al frío, por ejem­plo, no es el agen­te que pro­vo­ca el pro­ce­so. Si me mo­jo los pies o me ha co­gi­do el frío, ¿có­mo pue­do ex­pli­car que me aca­ta­rre?». El doc­tor va más allá y alu­de a un ex­pe­ri­men­to: «In­clu­so se ha co­gi­do a gen­te a la que se le ha de­ja­do vein­te mi­nu­tos con los pies en agua he­la­da, y hu­bo tan­to per­so­nas que se aca­ta­rra­ron co­mo otras tan­tas que no. Por los pies no se co­ge un vi­rus».

Lo que sí exis­ten son de­ter­mi­na­das ma­las cos­tum­bres que en un mo­men­to da­do pue­den ha­cer que ese vi­rus con el que ya es­ta­mos en contacto pue­da desa­rro­llar­se. Una de ellas es no acom­pa­ñar con la ro­pa ade­cua­da los cam­bios de tem­pe­ra­tu­ra, lo que vie­ne sien­do no abri­gar­se lo su­fi­cien­te cuan­do sa­li­mos de la ca­le­fac­ción al frío o al re­vés. «Esa si­tua­ción pue­de ba­jar las de­fen­sas, y que ese vi­rus con el que yo ya es­toy en contacto pue­da aflo­rar», in­di­ca Bou­za, que aña­de que exis­ten fac­to­res con­fu­so­res que pue­den pa­re­cer el agen­te cau­san­te del ca­ta­rro, pe­ro que en reali­dad no lo son: «Uno de ellos es el en­fria­mien­to del que ha­blá­ba­mos, con esos cam­bios de tem­pe­ra­tu­ra im­por­tan­tes de es­ta épo­ca. Pe­ro hay otro fac­tor con más in­ci­den­cia, que es el he­cho de que ese frío pro­vo­ca que pa­se­mos más tiem­po en es­pa­cios ce­rra­dos en los que te­ne­mos un ma­yor contacto con los vi­rus».

UN PO­CO DE EDU­CA­CIÓN

Por­que los di­cho­sos vi­rus es­tán pu­lu­lan­do en el am­bien­te, y por eso hay que ex­tre­mar las pre­cau­cio­nes: «La­var­se las ma­nos es fun­da­men­tal pa­ra no con­traer­los ni ex­pan­dir­los. Y lue­go es­tán los es­tor­nu­dos. Si no se ta­pa la na­riz con un pa­ñue­lo, los vi­rus van pa­ra fue­ra. Si so­lo te ta­pas con la mano es­tás pasando tú los vi­rus, mien­tra que si no te ta­pas es­tán ex­pan­dién­do­los. Hay que te­ner en cuen­ta que en un es­tor­nu­do el ai­re pue­de sa­lir dis­pa­ra­do a cer­ca de 120 ki­ló­me­tros por ho­ra». ¿Y si ya lo he­mos co­gi­do, qué? Pues hay que pa­sar­lo. «El res­fria­do co­mún es un pro­ce­so que du­ra en­tre seis y diez días. Y la gen­te de­be­ría te­ner cui­da­do con eso de to­mar­se el ibu­pro­feno ale­gre­men­te, por­que es un an­ti­in­fla­ma­to­rio sin­to­má­ti­co, que dis­mi­nu­ye el sín­to­ma pe­ro no actúa con­tra el vi­rus. Tam­bién lo son los re­me­dios ca­se­ros, pe­ro to­mar­se al­go ca­lien­te nun­ca nos va a ha­cer da­ño», di­ce el mé­di­co. Y lo que ali­via.

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