En cuan­to sa­ben a qué me de­di­co me piden el pa­so de Dirty Dan­cing”

La Voz de Galicia (A Coruña) - Yes - - RESPONDE - Christian Sán­chez BAILARÍN Y ACTOR

Ha bai­la­do en «Fie­bre del sá­ba­do no­che», «High School Mu­si­cal», «Hair», «El rey león»… los me­jo­res mu­si­ca­les. Y aho­ra en el tea­tro se po­ne en la piel de Johnny, el per­so­na­je que en el ci­ne in­ter­pre­tó Patrick Swayze.

TEX­TO: ANA MONTES

Ha­ce­de An­dré en Yo qui­sie­ra (Di­vi­nity), que irá a por su se­gun­da tem­po­ra­da y le ve­re­mos co­mo Al­va­ri­to en Per­dó­na­me Se­ñor jun­to a Paz Ve­ga. Pe­ro en Dirty Dan­cing, que se estrena en el Tea­tro Nue­vo Al­ca­lá, de Ma­drid, Christian Sán­chez ha vuel­to a sus raí­ces. «Cuan­do aca­ba­ba de dar el sal­to al ci­ne y la te­le­vi­sión, me han vuel­to a res­ca­tar pa­ra po­ner­me a bai­lar», co­men­ta es­te bailarín y actor «siem­pre en for­ma­ción pa­ra se­guir cre­cien­do en la in­ter­pre­ta­ción».

—Des­de su de­but en el tea­tro en Aus­tra­lia, en el 2004, «Dirty Dan­cing» se ha con­ver­ti­do en un fe­nó­meno mun­dial y Es­pa­ña es su úl­ti­ma parada. ¿Im­po­ne?

—Im­po­ne, sí. Al ser una pe­lí­cu­la tan clá­si­ca que en nuestro país mar­có una ge­ne­ra­ción y un cam­bio en el ci­ne mu­si­cal por el icono se­xual que Patrick Swayze creó. Es un gran re­to igua­lar el tra­ba­jo es­plén­di­do del actor y que per­ma­ne­ce aún en el re­cuer­do de la gen­te.

—¿Qué es lo que te re­sul­ta más di­fí­cil de cap­tar de «Dirty Dan­cing»?

—Su per­so­na­li­dad, muy com­ple­ja y ca­ris­má­ti­ca. Ese per­fec­cio­nis­mo y du­re­za que con­tras­ta con sus com­ple­jos y sen­si­bi­li­dad son ma­ti­ces que cues­ta plas­mar­los en el tea­tro por­que hay que ser más ex­pre­si­vo.

—¿Hay al­go que no te gus­te de Patrick Swayze co­mo actor?

—No, to­do lo con­tra­rio. Le ten­go co­mo re­fe­ren­te por có­mo lle­vó su vi­da, ya que des­de jo­ven se de­di­có al bai­le y le cos­tó me­ter­se en el mun­do de la in­ter­pre­ta­ción por los pre­jui­cios que se ge­ne­ran en el sec­tor. Se sue­le pen­sar que el bai­le li­mi­ta en la in­ter­pre­ta­ción. Así que pa­ra mí es un ídolo y oja­lá que me pue­da pa­re­cer a él so­lo un 25 por cien­to.

—¿Qué es lo que más te gus­ta de los 80, la épo­ca cuan­do se es­tre­nó la pe­lí­cu­la, y de los 60, en la que es­tá ins­pi­ra­da la obra?

—De los 80 me si­guen gus­tan­do los va­lo­res que se in­cul­ca­ba a los jó­ve­nes que lu­cha­ban por lo que creían ayu­dán­do­se en­tre sí, ade­más de la mú­si­ca tan bue­na que nos si­gue gus­tan­do hoy. Y de los 60 me gus­ta el te­ma del ra­cis­mo que vol­ve­mos a traer al mu­si­cal. Es muy es­pe­cial po­der se­guir di­vul­gan­do va­lo­res tan bo­ni­tos y tan so­cia­les.

—¿Cuán­tas ve­ces has vis­to la pe­lí­cu­la?

—Siem­pre ha es­ta­do pre­sen­te en mi vi­da des­de que era pe­que­ño. Pe­ro no he que­ri­do ver­la pa­ra el mu­si­cal por­que no me gus­tan las co­pias y no que­ría in­fluen­ciar­me.

—En la obra se re­vi­ven las es­ce­nas de amor. ¿Te sien­tes más ro­mán­ti­co aho­ra que es­tás me­ti­do en ella de lleno?

—En par­te sí, por­que la obra es muy fiel a la pe­lí­cu­la y así la gen­te va a po­der volver atrás y re­vi­vir es­tos mo­men­tos que im­pac­ta­ron en su vi­da. In­ter­pre­tar ca­da día es­ce­nas tan bo­ni­tas ge­ne­ra que tu vi­da y tu día se vi­van de otra ma­ne­ra. Y es­toy en­can­ta­do por­que ade­más hay es­ce­nas muy sen­sua­les que po­ten­cia­mos de una for­ma muy es­té­ti­ca.

—¿Qué te pa­re­ce lo más sexy en una mu­jer?

—Ca­da mu­jer tie­ne lo su­yo, pe­ro yo me fi­jo mu­cho en la mi­ra­da, la esen­cia de la per­so­na. Jus­to en es­ta obra se en­cuen­tra eso por­que Johnny no se enamo­ra de Baby por el fí­si­co, sino por los va­lo­res que tie­ne.

—¿Los bai­la­ri­nes son muy ti­quis­mi­quis con la die­ta?

—Bueno, hoy no so­lo los bai­la­ri­nes sino que la gen­te ca­da vez es­tá más con­cien­cia­da con cui­dar­se no ya por el fí­si­co sino por to­da la co­mi­da adul­te­ra­da y con quí­mi­cos que con­su­mi­mos. Siem­pre co­mo sano y sal­go a co­rrer pe­ro aho­ra, con el es­trés, no le di­go que no a un pas­tel.

—¿Có­mo po­de­mos ima­gi­nar­te en­tre ami­gos?

—Me gus­ta mu­cho la fies­ta pe­ro más es­tar en ca­sa. Soy muy tran­qui­lo y de des­per­tar­me tem­prano por la ma­ña­na. Más que tras­no­char, el ma­dru­gar y desa­yu­nar me vuel­ve lo­co. Me en­can­ta pla­near el desa­yuno, sa­lir y ver el sol aun­que me gus­ta­ría dor­mir más.

—¿Cuán­tas fo­tos tie­nes de ti mis­mo?

—No ten­go ni idea. No me las ha­go por nar­ci­sis­mo pe­ro for­ma par­te de la pro­fe­sión col­gar­las en Ins­ta­gram por­que las re­des so­cia­les son im­por­tan­tes pa­ra que la gen­te te co­noz­ca.

—¿Se ponen muy pe­sa­das las chi­cas pa­ra que les ha­gas el nu­me­ri­to de Baby? ¿Lo has usa­do al­gu­na vez pa­ra con­quis­tar?

—Bueno, en cuan­to les di­ces que eres bai­la­rían te piden si les puedes ha­cer el sal­to ese pe­ro no lo he usa­do pa­ra con­quis­tar. No he te­ni­do la opor­tu­ni­dad pe­ro igual aho­ra con el mu­si­cal es un buen pun­to pa­ra li­gar [ri­sas].

—¿Qué vas a pe­dir a los Re­yes?

—Apar­te de que me va­ya muy bien el tra­ba­jo, me gus­tan más los re­ga­los emo­cio­na­les que ma­te­ria­les. Si pue­do, me re­ga­la­ré un via­je por­que co­no­cer cul­tu­ras es una de mis gran­des afi­cio­nes. La que más me mar­có fue Ba­li: me ma­ra­vi­lló có­mo tra­tan a la gen­te, sus va­lo­res. Hay una ener­gía muy bue­na. Co­no­cer al­go nue­vo y apren­der es lo que me mue­ve ca­da día.

—En enero es­tre­nas «Per­dó­na­me Se­ñor» con Paz Ve­ga, y en Di­vi­nity, «Yo qui­sie­ra», se­gun­da tem­po­ra­da de es­ta se­rie jun­to con Lu­cía Gil.

—Per­dó­na­me Se­ñor va a ser un bom­ba­zo. Fue un ro­da­je de cin­co me­ses en Bar­ba­te (Cá­diz). Paz Ve­ga, una mon­ja, se de­ba­te en­tre la mu­jer y la re­li­gio­sa, en­tre el bien y el mal, con un tras­fon­do de nar­co­trá­fi­co. Mi per­so­na­je es má­gi­co por­que tie­ne muy bue­nos va­lo­res y, co­mo lí­der y co­ra­zón de un gru­po de chi­cos, tra­ta de in­cul­cár­se­los pa­ra que man­ten­gan los pies en la tie­rra. Al fi­nal to­do se ba­sa en eso.

—Se no­ta que tu fa­mi­lia tam­bién te los ha trans­mi­ti­do a ti.

—Uno va cam­bian­do de metas y ob­je­ti­vos pe­ro, sin ser un mo­ra­lis­ta, me gus­ta mu­cho la gen­te que in­ten­ta ha­cer el bien por en­ci­ma del mal.

—¿Eres de los que no pa­ran has­ta que con­si­guen lo que quiere?

— Soy bas­tan­te cons­tan­te y ten­go muy cla­ro lo que de­seo, por eso in­ten­to con­se­guir­lo con la per­se­ve­ran­cia.

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