MA­RI­NA SAN JO­SÉ

«MIS PA­DRES NO SON DE DAR­ME MU­CHOS CON­SE­JOS»

La Voz de Galicia (A Coruña) - Yes - - PORTADA - TEX­TO: VIR­GI­NIA MA­DRID

ie­ne una ri­sa con­ta­gio­sa, y aun­que es bas­tan­te tí­mi­da y re­ser­va­da cuan­do se le pre­gun­ta por su fa­ce­ta más per­so­nal, ya bri­lla con luz pro­pia so­bre los es­ce­na­rios. Cuan­do a Ma­ri­na San Jo­sé (Ma­drid, 1983) le di­ces que se pa­re­ce a su ma­dre, la ac­triz y can­tan­te Ana Be­lén, lo re­ci­be con or­gu­llo y un agra­de­ci­do: «Mu­chas gra­cias. Fí­ja­te, yo creo que me pa­rez­co más a mi pa­dre, pe­ro es ver­dad que ten­go mu­chos ges­tos de mi ma­dre». Con de­ci­sión y pa­so fir­me, así ha ido la­bran­do su ca­rre­ra co­mo ac­triz la ma­dri­le­ña. «Cuan­do lle­gan los pro­yec­tos, los es­tu­dio y los abor­do co­mo me­jor sé». Y, ¿les pi­des con­se­jos a tus pa­dres? le pre­gun­ta­mos. «Ni mis pa­dres son de dar con­se­jos ni yo de pe­dir­los. Ellos me di­cen que dis­fru­te, que apren­da de ca­da tra­ba­jo», ase­gu­ra.

—Re­gre­sas al tea­tro con la obra «El Test» pa­ra plan­tear­nos un gran di­le­ma: ele­gir en­tre ga­nar 100.000 eu­ros hoy o un mi­llón den­tro de una dé­ca­da.

—Sí. Es­toy con­ten­ta, por­que la obra ya tu­vo mu­cho éxi­to la tem­po­ra­da pa­sa­da y ade­más de que el pú­bli­co en­tra en el tex­to muy rá­pi­do, em­pa­ti­za con los per­so­na­jes des­de el prin­ci­pio. Es una fun­ción muy di­ver­ti­da y es­toy fe­liz.

—¿Qué pen­sas­te cuan­do te ofre­cie­ron par­ti­ci­par en es­te pro­yec­to?

—¡Me­nu­da suer­te! Siem­pre que he tra­ba­ja­do con la fa­mi­lia La­rra­ña­ga me ha he­cho sen­tir muy a gus­to. Ya tra­ba­jé con ellos en

Her­ma­nas. Son muy bue­na gen­te y gran­des ac­to­res, de for­ma que cuan­do me pro­pu­sie­ron es­te per­so­na­je, en­se­gui­da me in­tere­só. Ade­más el tex­to es ge­nial, muy di­ver­ti­do y los es­pec­ta­do­res en­tran muy rá­pi­do en el di­le­ma.

—Por cier­to, ¿tú qué ele­gi­rías?

–—Fí­ja­te, to­da­vía no lo sé. Pe­ro co­mo es­toy muy in­fluen­cia­da por Ber­ta, mi per­so­na­je, que es una pájara, te di­ría que el mi­llón. Ella con­si­de­ra que co­ger los cien mil es de fra­ca­sa­dos. Me­nu­da es.

—In­ter­pre­tas a Ber­ta, una psi­có­lo­ga un

po­co ma­ri­sa­bi­di­lla.

—Y re­pe­len­te y pe­tar­da y su­per­fi­cial y am­bi­cio­sa. Es te­rri­ble. ¡Ja,ja,ja! Me­nos mal que no nos pa­re­ce­mos en na­da. Es muy di­ver­ti­do cuan­do ha­go per­so­na­jes tan ale­ja­dos de mí, por­que apren­do mu­cho y pue­des vi­vir otras vi­das. No me ex­tra­ña que al pú­bli­co mi per­so­na­je le cai­ga fa­tal.

—Y tú, ¿eres am­bi­cio­sa?

—No. Yo soy fe­liz con mi tra­ba­jo. Quie­ro ha­cer­lo bien, que la gen­te dis­fru­te, y de­seo se­guir apren­dien­do y cre­cien­do co­mo ac­triz.

—Aho­ra te ve­mos en una co­me­dia, pe­ro tam­bién has he­cho mu­cho dra­ma. ¿Qué pre­fie­res ha­cer?

—Sí, co­mo Las tres her­ma­nas o Mat­hil­de. No me de­fino por dra­mas o co­me­dias. Cuan­do lle­gan los pro­yec­tos, los es­tu­dio y los abor­do co­mo me­jor sé.

—Tus pri­me­ros tra­ba­jos fue­ron so­bre el es­ce­na­rio. ¿Qué te re­ga­la el tea­tro? ¿Qué sien­tes cuan­do se sube el te­lón y co­mien­za la fun­ción?

—Es mi vi­da, mi pa­sión y don­de más he

tra­ba­ja­do. Mi pri­mer tra­ba­jo fue en El

car­te­ro de Ne­ru­da. Lo dis­fru­to mu­cho, por­que es muy ins­tan­tá­neo, ves en di­rec­to la respuesta de la gen­te y aun­que es muy sa­cri­fi­ca­do, ado­ro ha­cer tea­tro. Cuan­do voy a en­trar en el es­ce­na­rio me in­va­de una gran emo­ción y tam­bién me im­po­ne mu­cho, por­que es una gran res­pon­sa­bi­li­dad.

—¿Cuál es el pri­mer re­cuer­do bo­ni­to que tie­nes del tea­tro?

—¡Hum! De la obra La be­lla He­le­na que hi­zo mi ma­dre con Jo­sé Car­los Pla­za en el Tea­tro Al­be­niz. Me sa­bía los diá­lo­gos de memoria. Me en­tu­sias­ma­ba. Y un día, por fin, sa­lí al es­ce­na­rio. Fue inol­vi­da­ble.

—Te­nien­do a tu ma­dre co­mo un gran re­fe­ren­te del ofi­cio. ¿Qué con­se­jos te da aho­ra?

—Ni mis pa­dres son de dar con­se­jos ni yo de pe­dir­los. Ellos me di­cen que dis­fru­te, que apren­da mu­cho de ca­da pro­yec­to y que me de­je lle­var.

—Pe­ro me ima­gino que irán a ver­te al tea­tro. ¿Ver­dad?

—¡Cla­ro! Son mis pa­dres, me apo­yan y es­tán a mi la­do en ca­da nue­vo pro­yec­to.

—Cuén­ta­nos, ¿có­mo vi­ves las ho­ras

pre­vias a sa­lir al es­ce­na­rio?

—Lle­go tran­qui­la al tea­tro, me ma­qui­llo y pre­pa­ro la voz ha­cien­do un ca­len­ta­mien­to vo­cal. No soy na­da su­pers­ti­cio­sa ni ten­go ri­tua­les. Y an­tes de em­pe­zar, char­la­mos un po­co to­dos jun­tos, pa­ra ver có­mo es­ta­mos, có­mo nos ha ido el día y des­pués nos desea­mos suer­te y al es­ce­na­rio.

—¿El aplau­so es la me­jor re­com­pen­sa?

—Es al­go in­creí­ble. Es la respuesta del pú­bli­co de que la obra y el tra­ba­jo de los ac­to­res han gus­ta­do, por­que los es­pec­ta­do­res tam­bién for­man par­te de la fun­ción, les es­cu­chas reír­se, sor­pren­der­se y has­ta emo­cio­nar­se. Es muy gra­ti­fi­can­te.

—¿Quié­nes son tus re­fe­ren­tes en el mun­do de la in­ter­pre­ta­ción? ¿A quién ad­mi­ras?

—No ten­go ído­los ni una ac­triz fa­vo­ri­ta. Me fi­jo más en la in­ter­pre­ta­ción de un per­so­na­je de­ter­mi­na­do que en un ac­tor en con­cre­to. De lo úl­ti­mo que he vis­to, Ja­vier Gu­tié­rrez es­tá

ex­tra­or­di­na­rio en El au­tor.

—¿Siem­pre so­ñas­te con ser ac­triz y vi­vir mil y una vi­das a tra­vés de la in­ter­pre­ta­ción?

—¡Qué va! Yo de ni­ña que­ría ser ve­te­ri­na­ria, por­que me en­can­tan los ani­ma­les, cui­dar­los, pe­ro no ope­rar­los, no se­ría ca­paz. Cuan­do ter­mi­né el ins­ti­tu­to, no sa­bía qué ha­cer, me atraía el ofi­cio de ac­triz, por­que lo ha­bía vi­vi­do des­de ni­ña en ca­sa con mi ma­dre, pe­ro no lo te­nía muy cla­ro. De for­ma que fui a cla­ses de in­ter­pre­ta­ción en el La­bo­ra­to­rio de Wi­lliam Lay­ton pa­ra com­pro­bar si me gus­ta­ba o no. Des­cu­brí que era lo mío, ya que me sen­tí a gus­to en­se­gui­da, de­ci­dí am­pliar mi for­ma­ción y has­ta hoy.

—Y de­di­cán­do­se tus pa­dres a la mú­si­ca, ¿no te tien­ta can­tar?

—No. Les he acom­pa­ña­do en al­gu­nas gi­ras y les he he­cho los co­ros, pe­ro na­da más. Por aho­ra es­toy cen­tra­da en la in­ter­pre­ta­ción, que me fas­ci­na.

—¿Có­mo es Ma­ri­na de puer­tas pa­ra aden­tro?

—Soy muy ca­se­ra. Me en­can­ta pa­sear con mis pe­rros por La Quin­ta de los Mo­li­nos en Ma­drid y dis­fru­to tam­bién le­yen­do una no­ve­la o vien­do una pe­lí­cu­la en ca­sa.

—Y, ¿có­mo des­co­nec­tas de las fun­cio­nes y los en­sa­yos?

—Con mis ani­ma­les. Ten­go dos pe­rros y dos pá­ja­ras. Y sa­lir a pa­sear con ellos y cui­dar­les me ayu­da a re­la­jar­me.

—¿Eres de se­ries? ¿A cuál es­tás en­gan­cha­da?

—No mu­cho, la ver­dad. No le he pi­lla­do el pun­to. Bueno, aho­ra veo Trai­ción, en la que par­ti­ci­pa mi ma­dre.

—¿La ve­rás con tus pa­dres?

—No creo. Pe­ro nos man­da­mos al­gún wa­sap co­men­tan­do los per­so­na­jes y la tra­ma.

—Y, cuan­do ce­le­bráis una co­mi­da fa­mi­liar, ¿ha­bláis del ofi­cio?

—¡Qué va! Pa­ra na­da. Char­la­mos so­bre có­mo es­ta­mos, que es lo real­men­te im­por­tan­te.

—¿Ha­cia dón­de va Ma­ri­na San Jo­sé? ¿Cuál es tu pró­xi­mo ob­je­ti­vo?

—De­seo se­guir apren­dien­do y dis­fru­tan­do tan­to de es­te ofi­cio co­mo has­ta aho­ra. Te di­ría que in­ten­tar sa­lir de la zo­na de con­fort, por­que aun­que en­fren­tar­se a co­sas nue­vas siem­pre da mie­do, es una bue­na for­ma de pro­gre­sar y cre­cer.

Yo de ni­ña que­ría ser ve­te­ri­na­ria, lo de ac­triz vino des­pués”

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