NOE­MÍ GA­LE­RA

LA DI­REC­TO­RA DE «OT» CUEN­TA QUIÉN ERA SU FA­VO­RI­TO

La Voz de Galicia (A Coruña) - Yes - - PORTADA - TEX­TO: MA­RÍA VIDAL

Es­tu­vo tres me­ses en­ce­rra­da en la aca­de­mia, un tiem­po en el que Noe­mí Ga­le­ra (Cas­te­llón, 1967) hi­zo de di­rec­to­ra, pe­ro tam­bién de ma­dre. Al lle­gar a su ca­sa te­nía otras dos cria­tu­ras, pe­ro lo ha lle­va­do bien gra­cias a su pa­re­ja, Ar­nau, di­rec­tor mu­si­cal de Tu ca­ra me sue­na, y al que no co­no­ció en OT 1, co­mo se di­ce, sino en

Ope­ra­ción Tony Ma­ne­ro. «¡Oja­lá, to­do lo que me hu­bie­ra aho­rra­do!», con­fie­sa. Con 24 años y un ca­mino orien­ta­do a las le­tras, una ami­ga la con­ven­ció pa­ra con­cur­sar en Amor a pri­me­ra vis­ta, don­de además de a Jo­sep co­no­ció a sus fu­tu­ros je­fes.

—¿Re­cu­pe­ran­do la nor­ma­li­dad?

—Sí, po­nién­do­nos al día con otros programas que lle­va­mos tam­bién y echán­do­los de me­nos...

—Du­ran­te es­tos tres me­ses te has en­tre­ga­do to­tal­men­te, ¿una vez fue­ra, te has da­do cuen­ta de que te has per­di­do mu­cho?

—A ver, no soy muy cons­cien­te de to­do lo que ha pa­sa­do, pe­ro a ni­vel familiar co­mo lo te­ne­mos muy bien mon­ta­do y lo lle­va­mos muy a medias, tan­to Ar­nau co­mo yo, no me he per­di­do ca­si na­da. Por la se­ma­na veía a mis hi­jos ca­da día, acos­tar­los ya no, los lu­nes dor­mía en la aca­de­mia, y los fi­nes de se­ma­na era lo que echa­ba más de me­nos. Pe­ro tres me­ses pa­san muy rá­pi­do. Aho­ra los mi­ro y di­go: «Uy, sí que han cre­ci­do», pe­ro es nor­mal.

—Die­ci­sie­te años des­pués, ¿lo has vi­vi­do de ma­ne­ra di­fe­ren­te?

—Sí, ab­so­lu­ta­men­te, no tie­ne na­da que ver. En la pri­me­ra edi­ción les en­tre­ga­ba los te­mas e hi­ce el cás­ting, es­ta­ba en pla­tó, pe­ro no era tan in­ten­so co­mo es­ta vez. Lle­var la di­rec­ción de la aca­de­mia es heavy, pe­ro me lo he pa­sa­do tan bien que me­re­ce la pe­na. He si­do muy fe­liz.

—A ti Amaia te sor­pren­dió re­la­ti­va­men­te, ¿no? Por­que ha­ce ya ocho años que coin­ci­dis­te con ella en otro pro­gra­ma de te­le­vi­sión.

—La co­no­cí en Cán­ta­me una can­ción, des­pués la vi en Nú­me­ro 1, y aho­ra aquí, así que ya nos co­no­cía­mos y sa­bía­mos que era una ni­ña ta­len­to­sa y con una voz ex­tra­or­di­na­ria.

—¿Era ga­na­do­ra des­de el prin­ci­pio?

—No lo te­nía tan cla­ro. La gen­te vo­ta co­mo vo­ta, y Ai­ta­na es­ta­ba muy cer­ca de Amaia. Co­mo he vis­to co­sas tan ra­ras en te­le­vi­sión, me es­pe­ra­ba cual­quier co­sa. Es ver­dad que te­nía mu­chí­si­mo apo­yo, pe­ro la úni­ca que ha­bía si­do siem­pre favorita del pú­bli­co era Ai­ta­na. De to­das ma­ne­ras ga­nar o no no es lo im­por­tan­te, son 100.000 eu­ros, pe­ro lo im­por­tan­te em­pie­za aho­ra.

—La teo­ría de los se­gun­dos...

—Siem­pre han ga­na­do los se­gun­dos. La suer­te del se­gun­do. Bis­bal, Ca­rras­co, Pa­blo Ló­pez, So­ra­ya...

—¿Por qué?

—No lo sé. La gen­te se enamo­ra del personaje, no di­go que ha­ya ocu­rri­do es­ta vez, por­que creo que ha si­do di­fe­ren­te en ese sen­ti­do, pe­ro en las edi­cio­nes an­te­rio­res sí. Rosa era el pa­ti­to feo, Ain­hoa Cantalapiedra cuan­do no es­ta­ba pi­ca­da, no se lle­va­ba bien con al­guien, y la gen­te le co­gió ter­nu­ra; Pa­blo Ló­pez con la ma­rea azul... El se­gun­do es el que aca­ba te­nien­do una ca­rre­ra más só­li­da, pe­ro no tie­ne por qué ser así es­ta vez, es­ta edi­ción ha cam­bia­do mu­chos es­que­mas, co­sas que so­lían pa­sar no han pa­sa­do. Yo creo que Amaia y Ai­ta­na pue­den te­ner una ca­rre­ra dis­co­grá­fi­ca bri­llan­te.

—¿Te­nías fa­vo­ri­to des­de el prin­ci­pio?

—Yo te­nía mi fa­vo­ri­to en los cás­tings. Yo pen­sa­ba que Ago­ney iba a ser uno de los fi­na­lis­tas, tie­ne una voz pro­di­gio­sa, pe­ro lue­go el con­cur­so es así y hay fac­to­res que no pue­des pre­ver, co­mo que ten­gas un pro­ble­ma en la voz, que ha­ya otros que su pro­gre­sión se dis­pa­re... Lle­gó un mo­men­to que ca­da se­ma­na cam­bia­ba de fa­vo­ri­to. Has­ta pen­sé: «Real­men­te me da igual quien ga­ne».

—Co­mo di­rec­to­ra, ¿fue co­sa tu­ya traer a los Ja­vis de pro­fe­so­res?

—To­das las de­ci­sio­nes las to­ma­mos en gru­po. Te­ner a Ángel Lla­cer de pre­de­ce­sor era com­pli­ca­do, por­que su per­so­na­li­dad es muy mar­ca­da y to­do el mun­do te­nía eso en men­te. El he­cho de que fue­ran dos ya cam­bia­ba mu­cho la his­to­ria, ya era muy di­fí­cil que los com­pa­ra­ran. Creo que ha si­do un acier­to ab­so­lu­to te­ner a los Ja­vis, los chi­cos han evo­lu­cio­na­do mu­cho co­mo can­tan­tes gra­cias a ellos, al igual que te­ner a Ro­ber­to en pla­tó, les ge­ne­ra­ba mu­chí­si­ma con­fian­za, les ha re­la­ja­do mu­cho y lo te­nían co­mo un co­le­ga.

—¿Cuán­to tiem­po ne­ce­si­tas pa­ra ver si al­guien va­le o no?

—De­pen­de, hay gen­te que la ves en­se­gui­da, pe­ro no yo, tú tam­bién. El que can­ta mal lo ves en­se­gui­da y el que can­ta muy bien tam­bién. Lue­go hay gen­te que te can­ta muy bien una can­ción, y que no can­ta tan bien, por­que eso nos ha pa­sa­do mu­chas ve­ces, gen­te que siem­pre can­ta­ba las mis­mas can­cio­nes en los cás­tings y que cuan­do los qui­tas de ahí no sa­ben có­mo ma­ne­jar­se. Es­tos son a los que cues­ta de­tec­tar.

—¿Di­rías que es­ta edi­ción ha es­ta­do al ni­vel de la pri­me­ra?

—No se pue­den com­pa­rar. La so­cie­dad, la ju­ven­tud, su for­ma­ción, la te­le, la ma­ne­ra de ver la te­le... to­do es di­fe­ren­te. En 17 años ha cam­bia­do tan­to to­do, na­die hu­bie­ra ima­gi­na­do po­der uti­li­zar una red so­cial pa­ra co­men­tar el pro­gra­ma. Los con­cur­san­tes de OT 1 prác­ti­ca­men­te no sa­bían in­glés, en es­ta edi­ción ca­si to­dos lo ha­bla­ban, ca­si to­dos to­ca­ban un

ins­tru­men­to. La pri­me­ra fue ex­cep­cio­nal y la re­cor­da­re­mos siem­pre por­que fue la pri­me­ra, y por­que no sa­bían dón­de es­ta­ban ni qué es­ta­ba pa­san­do, y se mos­tra­ron co­mo eran ellos. He­mos re­cu­pe­ra­do un po­co esa sen­sa­ción y han con­se­gui­do mos­trar­se co­mo eran, por­que ca­si no vi­vie­ron esa pri­me­ra edi­ción.

—¿En vues­tra ca­sa can­táis mu­cho?

—Las can­cio­nes de OT es­tán en bu­cle. Mis hi­jos es­tán to­do el día ta­la­drán­do­me con las del pro­gra­ma. Me sor­pren­de mu­cho que mi hi­ja can­te can­cio­nes de Se­rrat, tie­ne 7 años y me sor­pren­de mu­chí­si­mo.

—Es lo que pa­sa en ca­si to­das las ca­sas.

—Cla­ro, pe­ro a mí me sor­pren­de por­que di­go: «Joe, la que he liao».

—¿Y si quie­ren con­cur­sar en «OT»?

—No creo que pue­dan si es­toy yo.

—Y si no es­tu­vie­ras, ¿te im­por­ta­ría?

—No, por­que si es el mis­mo OT he­cho por las mis­mas per­so­nas sé que van a es­tar bien cui­da­dos.

—Eres muy sen­si­ble pe­ro tam­bién trans­mi­tes sen­si­bi­li­dad. Los hi­cis­te llo­rar.

—Gra­cias, siem­pre ha­bía te­ni­do una fa­ma de bor­de que me pre­ce­día. Si es­tás de ju­ra­do es di­fí­cil que gus­tes a to­do el mun­do, ha­brá fans de al­guien que se sien­tan mal por lo que di­ces, y el pa­pel de di­rec­to­ra es mu­cho más agra­de­ci­do.

—¿«OT» te ha da­do lo me­jor de tu vi­da?

—A ni­vel pro­fe­sio­nal sí.

—¿No co­no­cis­te ahí a tu pa­re­ja?

—No, no es así. La gen­te di­ce que Ar­nau ha si­do pro­fe­sor de OT, y nun­ca ha si­do pro­fe­sor. Hi­zo con­mi­go el cás­ting del 2009, pe­ro nos co­no­ci­mos en Ope­ra­ción Tony Ma­ne­ro. Es el di­rec­tor mu­si­cal de Tu ca­ra me sue­na. Di­cen: «Se co­no­cie­ron en OT». Y ¡oja­lá le hu­bie­se co­no­ci­do en OT 1, me hu­bie­ra aho­rra­do un mon­tón de co­sas!

—Tu pri­me­ra apa­ri­ción en te­le­vi­sión fue en «Amor a pri­me­ra vis­ta». ¿Qué fue de Jo­sep?

—Pues la ver­dad es que te­ne­mos con­tac­to vía Fa­ce­book, nos lo pa­sa­mos muy bien en aquel mo­men­to. Te­nía 24 y to­da la vi­da por de­lan­te. En aquel mo­men­to sí que hu­bo su aquel, pe­ro una co­sa mo­men­tá­nea, tam­po­co gran co­sa. Pe­ro aquel pro­gra­ma me cam­bió la vi­da ab­so­lu­ta­men­te, yo te­nía una ami­ga que tra­ba­ja­ba en los cás­tings, y me di­jo: «Ven­ga, va, apún­ta­te». Ahí co­no­cí a los que se­rían mis je­fes du­ran­te mu­chí­si­mos años en la Trin­ca. Me co­no­cie­ron y di­je­ron: «La va­mos a fi­char», y des­de en­ton­ces es­toy tra­ba­jan­do aquí. Ya han pa­sa­do 27 años. Mi­ra si me cam­bió la vi­da, es­tu­dia­ba Fi­lo­lo­gía His­pá­ni­ca, tra­ba­ja­ba pa­ra ga­nar­me unas pe­rri­llas en un cen­tro co­mer­cial aquí en Barcelona... No te­nía na­da que ver con la te­le ni lo hu­bie­ra sos­pe­cha­do.

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