¡Paco es­tá que ar­de!

La Voz de Galicia (A Coruña) - Yes - - PORTADA - TEX­TO: MA­RÍA VIDAL

Di­ce que «mi­la­gro­sa­men­te» si­gue con su pa­re­ja, An­na Ro­drí­guez Cos­ta, por­que se han pe­lea­do mu­chí­si­mo pa­ra sa­car ade­lan­te su ópe­ra pri­ma en co­mún «Ar­de Ma­drid», la se­rie que aca­ban de es­tre­nar so­bre la vi­da de Ava Gard­ner en Es­pa­ña. Son «bra­vos y di­rec­to­res», pe­ro afor­tu­na­da­men­te se ríen mu­cho y de lo mis­mo

s una fie­ra de­lan­te y de­trás de las cámaras, aun­que él no tie­ne du­da de en qué la­do se si­túa: «Soy un ac­tor que di­ri­ge aho­ra, pe­ro ac­tor». Tam­bién es el al­ma de un equi­po, la ener­gía que im­pul­sa a des­co­nec­tar el pi­lo­to au­to­má­ti­co y bus­car la di­fe­ren­cia. «Hay que arries­gar —di­ce—. Si vas por ca­mi­nos as­fal­ta­dos, vas más se­gu­ro pe­ro son más me­dia­nos». Así es Paco León (Se­vi­lla, 1974), o el hom­bre sal­va­do por una son­ri­sa. —La co­sa que es­tá que ar­de con «Ar­de Ma­drid». Hay mu­cha ex­pec­ta­ción. —De­ma­sia­da, creo. A mí la ex­pec­ta­ción me pa­re­ce fan­tás­ti­ca y las ex­pec­ta­ti­vas no tan­to, pe­ro es­tá bien. Yo creo que hay mu­chas ga­nas de ver­la por­que la idea es bo­ni­ta y la es­ta­mos pro­mo­cio­nan­do bien. —¿Por qué os vie­ne a la ca­be­za es­ta his­to­ria, que creo que lle­váis cin­co años ma­qui­nan­do? —Ana y yo que­ría­mos ha­cer un pro­yec­to jun­tos, ha­cer al­go de te­le­vi­sión de pa­go, que ha­ce cin­co o seis años que ya se veía que iba a ser un si­tio in­tere­san­te pa­ra crear y ha­cer co­sas di­fe­ren­tes. Nos to­pa­mos con una anéc­do­ta, que era que en 1961, Ava Gard­ner coin­ci­dió de ve­ci­na de arri­ba del ge­ne­ral Pe­rón, y cuen­tan que mien­tras el ge­ne­ral en­sa­ya­ba los dis­cur­sos pre­pa­ran­do su vuel­ta a Ar­gen­ti­na, por lo vis­to Ava Gard­ner le gri­ta­ba: ‘¡Pe­rón, ca­brón! ¡Pe­rón, ma­ri­cón!’ Y es­ta en­can­ta­do­ra anéc­do­ta fue el pun­to de par­ti­da. No­so­tros di­ji­mos: ¿quéeee?, ¿có­mo que Pe­rón es­tu­vo aquí? Fue ve­cino de Ava... ¿Es­to nun­ca se ha con­ta­do? Em­pe­za­mos a in­ves­ti­gar y a do­cu­men­tar­nos y nos pa­re­ció una épo­ca fas­ci­nan­te, la dol­ce vi­ta que se vi­vió aquí, des­co­no­ci­da por­que co­mo no ha­bía li­ber­tad de pren­sa, pues muy po­ca gen­te vi­vió esas fies­tas lo­cas de esa éli­te en ese mo­men­to...

—Qué dis­pa­ra­te la Es­pa­ña de aquel en­ton­ces, ¿te hu­bie­ra gus­ta­do vi­vir­la?

—Hom­bre, si me to­ca en los guais sí. Si me to­ca den­tro de esa éli­te cla­ro que sí. Lo que pa­sa es que so­lo muy po­ca gen­te po­día dis­fru­tar de ese pri­vi­le­gio. Los que vi­vían bien, vi­vían muy bien.

—Una pa­ra­do­ja, ¿no? Que por la fal­ta de li­ber­tad que ha­bía por aquel en­ton­ces, se go­zó de una li­ber­tad im­pen­sa­ble.

—Exac­ta­men­te, las dos ra­zo­nes por las que Ava en­con­tró un pa­raí­so es que no ha­bía li­ber­tad de pren­sa y ella po­día cam­par a sus an­chas, bueno, y que no pa­ga­ba im­pues­tos. Aquí los ex­tran­je­ros no pa­ga­ban, y creo que fue Fra­ga Iri­bar­ne el que ca­si la echó, por­que él hi­zo la pri­me­ra ley de li­ber­tad de pren­sa, la for­mu­ló él co­mo mi­nis­tro, cam­bió es­to de que los ex­tran­je­ros no pa­ga­ran im­pues­tos. Cla­ro que em­pe­zó a te­ner pa­pa­ra­zis en­ci­ma y te­nía que pa­gar im­pues­tos, y di­jo: ‘Me voy a Lon­dres’.

—Aho­ra que co­no­ces a Ava co­mo si fue­ra tu her­ma­na, ¿qué fue lo que más te gus­tó de ella?

—Re­co­noz­co que to­do el tra­ba­jo de do­cu­men­ta­ción, el más du­ro, lo ha he­cho An­na, que es la que fir­ma el guion y la que se ha leí­do to­das las bio­gra­fías. Pe­ro lo que nos fas­ci­na un po­co a los dos es la li­ber­tad de la que dis­fru­ta­ba y la ho­nes­ti­dad con la que vi­vía. Era muy com­pli­ca­do, una mu­jer con 30 años que de­ci­dió no ser ma­dre, no te­ner hi­jos o ca­sar­se, —se ca­só tres ve­ces pe­ro es­tu­vo ca­da año un mes ca­sa­da—, y que usó to­da la li­ber­tad que te­nía pa­ra acos­tar­se con quien qui­so. Esa ho­nes­ti­dad y li­ber­tad jun­tas en un épo­ca en la que no era nor­mal que las mu­je­res dis­fru­ta­ran de su cuer­po, y de esa li­ber­tad que se su­po­ne que tie­nen, es de lo más ad­mi­ra­ble.

—Gran des­cu­bri­mien­to de la ac­triz De­bi Ma­zar, que ha­ce de Ava.

—Sí, era com­pli­ca­do en­con­trar a una ac­triz pa­ra in­ter­pre­tar es­te pa­pel, ese per­so­na­je, que es co­mo di­cen los ame­ri­ca­nos Big­ger

than li­fe, co­mo in­abar­ca­ble, por eso ne­ce­si­tá­ba­mos a una ac­triz que tu­vie­se mu­cha no­che, el al­ma

de Ava Gard­ner más que el pa­re­ci­do. Aun­que ella tie­ne un gla­mur a prue­ba de vó­mi­tos, pe­ro no que­ría­mos mos­trar una Ava Gard­ner gla­mu­ro­sa ha­cién­do­se fo­tos, sino que que­ría­mos con­tar la tras­tien­da, la re­sa­ca, la par­te más ín­ti­ma, la que no se ha vis­to.

—Es el pri­mer tra­ba­jo que ha­ces co­do con co­do con tu pa­re­ja. ¿Có­mo ha si­do?

—Sí, bueno, he­mos he­cho un cor­to, Con Len­gua, que di­ri­gió ella y en el que yo ac­tua­ba, una se­rie in­fan­til, en los cor­tos que yo he he­cho me ha ayu­da­do... Siem­pre han si­do co­la­bo­ra­cio­nes de ayu­dar­nos el uno al otro, pe­ro de ha­cer un pro­yec­to des­de el prin­ci­pio así de gran­de jun­tos, era la pri­me­ra vez.

—¿Se­guís jun­tos?

—Mi­la­gro­sa­men­te, por­que nos he­mos pe­lea­do mu­chí­si­mo, pe­ro for­ma par­te del pro­ce­so de tra­ba­jo, y tra­ba­jar en pa­re­ja es así, la ma­yo­ría de las pa­re­jas que tra­ba­jan jun­tas cuen­tan lo mis­mo. Es la pa­sión del tra­ba­jo, de no des­co­nec­tar en nin­gún mo­men­to.

—¿Lle­ga­bais a ca­sa y se­guíais con lo mis­mo?

—Por su­pues­to, nos lle­vá­ba­mos el ca­breo «de eso no es así, no es­toy de acuer­do, tú siem­pre igual»...

—¿Quién aca­ba ce­dien­do?

—De­pen­de, no hay uno que ce­da pa­ra na­da. La ver­dad es que so­mos los dos bas­tan­te bra­vos y bas­tan­te di­rec­to­res. Pe­ro creo que nos com­ple­men­ta­mos y que el fru­to de los uni­ver­sos, co­mo Ar­de Ma­drid, es un or­gu­llo.

—Sois muy di­rec­to­res pe­ro no re­nun­cias a po­ner­te de­lan­te de la cá­ma­ra...

—Yo soy ac­tor, un ac­tor que di­ri­ge aho­ra, pe­ro ac­tor. A mí me gus­ta mu­cho ac­tuar, ha si­do com­pli­ca­do es­tar den­tro y fue­ra pe­ro ya lo ha­bía he­cho con Ki­ki, el amor

se ha­ce. Pa­ra mí es to­do lo mis­mo, lo ha­go to­do a la vez, y pro­du­cir, y or­ques­tar to­da la cam­pa­ña de már­ke­ting, que es­toy tam­bién ahí de­trás...

—¿Te cues­ta de­le­gar?

—De­le­go, por­que hay mu­chí­si­ma gen­te con la que tra­ba­jo, pe­ro de or­ques­tar­lo sí que me en­car­go yo, de que ten­ga el es­pí­ri­tu, de en­tu­sias­mar a un equi­po pa­ra ha­cer co­sas di­fe­ren­tes y aban­do­nar el pi­lo­to au­to­má­ti­co. Y en de­jar de ha­cer lo que to­do el mun­do nor­mal­men­te ha­ce, in­ten­to que ten­ga ca­rác­ter y di­fe­ren­cia.

—En la se­rie eres Ma­no­lo, el chó­fer, pe­ro a ti el co­che co­mo que no te va ¿no?

—Uy, de he­cho no sé con­du­cir, ten­go el car­né por­que me lo sa­qué pa­ra un pe­lí­cu­la, pe­ro nun­ca con­du­je.

—¿Es­ta se­rie no se hu­bie­ra en­ten­di­do en co­lor?

—Se hu­bie­ra pa­re­ci­do a otras co­sas que ya he­mos vis­to de te­le­vi­sión y pa­ra ha­blar de una Es­pa­ña en blan­co y ne­gro es me­jor ha­cer una se­rie en blan­co y ne­gro. Na­die lo ha­bía he­cho, y eso es un plus, pe­ro no so­lo por es­no­bis­mo, por una cues­tión es­té­ti­ca, sino que creo que se cuen­ta me­jor en blan­co y ne­gro.

—¿Te gus­ta arries­gar?

—Sí, yo creo que hay que to­mar ries­gos en la vi­da, si vas por ca­mi­nos ya as­fal­ta­dos, vas más se­gu­ro, pe­ro son más me­dia­nos.

—El otro día de­cías que la ri­sa nos salva una y otra vez, ¿a ti te ha sal­va­do mu­chas ve­ces?

—Mu­chas, mu­chas, ahí ha­bla­ba de no­so­tros, de An­na y de mí, que afor­tu­na­da­men­te lo que nos une es que nos reímos mu­chí­si­mo, ca­si de las mis­mas co­sas. —En­ton­ces en un mo­men­to de ba­jón, ¿pre­fie­res que al­guien te sa­que

una son­ri­sa a un abra­zo no? —Sí. Yo creo que la ri­sa nos salva siem­pre, es la con­se­cuen­cia de una mi­ra­da in­te­li­gen­te a la reali­dad. Te tie­nes que reír, aun­que ha­ya co­sas te­rri­bles. Pa­ra mí es lo que te salva, y por eso ha­go co­me­dia, no lo ha­ce­mos co­mo gé­ne­ro, sino que es una mi­ra­da inevi­ta­ble, es nues­tra ma­ne­ra de ver la vi­da.

—De­cías que te ríes mu­cho con An­na... ¿Es muy im­por­tan­te no ol­vi­dar­se de dis­fru­tar en pa­re­ja?

—Sí, sí, aun­que sea pa­ra in­sul­tar­nos. Siem­pre hay que te­ner un es­pí­ri­tu lú­di­co de com­par­tir, si tie­nes que pa­sar tu vi­da al la­do de al­guien, que por fa­vor te ha­ga reír.

—Di­cen los que te co­no­cen que de­rro­chas crea­ti­vi­dad, ¿vas por la ca­lle y a to­do le ves po­si­bi­li­da­des?

—Sí, cuan­do es­tás en pro­ce­sos crea­ti­vos tie­nes las ore­jas y los ojos más abier­tos, to­do te pue­de va­ler en un mo­men­to da­do. La reali­dad es una par­te muy ins­pi­ra­do­ra...

—¿Y quién te fre­na?

—An­na me ba­ja bas­tan­te, y la reali­dad tam­bién te ba­ja, por­que des­pués vie­ne el tío Paco con las re­ba­jas y vas vien­do que no es pa­ra tan­to, que es com­pli­ca­do pro­yec­tar to­do lo que tú quie­res, al ni­vel que tu quie­res. Ha­ce fal­ta di­ne­ro siem­pre pa­ra ha­cer las co­sas, el di­ne­ro tam­bién me fre­na. Pe­ro bueno, con lo que ten­ga voy ha­cien­do... —Y tan­to, ya es­tá en mar­cha la se­gun­da tem­po­ra­da de «La ca­sa de las flo­res». Te ten­go que pre­gun­tar por Pau­li­na, con­fie­sa: ¿tú tam­bién has in­ten­ta­do ha­blar co­mo ella...? —Hom­bre cla­ro, el día que lle­gué a Mé­xi­co y es­cu­ché a Ce­ci­lia ha­blar así le di­je: ‘¿Pe­ro tú vas a ha­blar así?’, y me di­ce: ‘El per­so­na­je ha­bla así’. Le di­je: ‘Me lo te­nías que ha­ber di­cho, que aho­ra me ten­go que acos­tum­brar a ha­blar con­ti­go así’. La ver­dad es que era una apues­ta de una pe­da­zo de ac­triz co­mo es Ce­ci­lia y es dro­ga du­ra, por­que al prin­ci­pio te da ra­bia, pe­ro des­pués quie­res que sal­ga to­do el tiem­po. Creo que es el triun­fo tam­bién del ries­go. Es el ca­ra­me­lo de la se­rie.

—Y tu pa­pe­lón de Ma­ría Jo­sé.

—Bueno, era un ca­ra­me­lo en­ve­ne­na­do. Un pa­pel bas­tan­te com­pli­ca­do y muy di­fí­cil. Yo lo he he­cho lo me­jor que he po­di­do, pe­ro era com­pli­ca­do. De he­cho, al prin­ci­pio re­ci­bí mu­chas crí­ti­cas por acep­tar el pa­pel, me te­mía lo peor, pe­ro la gen­te lo ha re­ci­bi­do muy bien, in­clu­so mu­chí­si­mos co­lec­ti­vos de gen­te trans me han fe­li­ci­ta­do por ha­ber he­cho el per­so­na­je con ese res­pe­to y huir de la ri­sa fá­cil, de la pa­ro­dia, de la bur­la... y ha­cer to­do lo con­tra­rio, con la in­ten­ción de vi­sua­li­zar y dig­ni­fi­car a ese per­so­na­je trans. Y es­toy ilu­sio­na­dí­si­mo con ha­cer la se­gun­da tem­po­ra­da, por­que creo que esa pa­re­ja pue­de lle­gar muy le­jos.

Ha­go co­me­dia por­que es una mi­ra­da inevi­ta­ble” El día que es­cu­ché a Ce­ci­lia le di­je: ¿Pe­ro tú vas a ha­blar así?”

FO­TO: JA­VIER BIOS­CA

Newspapers in Spanish

Newspapers from Spain

© PressReader. All rights reserved.