Chu­ches, geo­gra­fía y más co­sas de ni­ños

Pa­blo Ca­sa­do con­fun­de Ve­ne­zue­la con el Con­go mien­tras Ra­joy pro­me­te aba­ra­tar las go­lo­si­nas

La Voz de Galicia (Lugo) - - A Fondo - JUAN CAR­LOS MAR­TÍ­NEZ

Si a al­gu­nos les sue­na ra­ro eso de que la so­cie­dad ac­tual se es­tá in­fan­ti­li­zan­do, que di­cen al­gu­nos so­ció­lo­gos, ob­ser­ven la cam­pa­ña elec­to­ral y se con­ven­ce­rán de que lle­van ra­zón. Los ni­ños, por no de­cir el ni­ño —Pa­bli­to Go­ma­riz, el pe­que­ño clon de Ra­joy en el pro­gra­ma 26J Quie­ro go­ber­nar, de Te­le­cin­co— vol­vie­ron a ser pro­ta­go­nis­tas ayer de los ac­tos elec­to­ra­les del PP.

El pre­si­den­te del Go­bierno en fun­cio­nes se pre­sen­tó ayer por la ma­ña­na en Mo­li­na de Se­gu­ra (Mur­cia) y el ac­to prin­ci­pal de la jor­na­da fue un de­sa­yuno con Pa­bli­to, de sie­te años de edad, que vi­ve allí. Ra­joy le pro­me­tió que ba­ja­ría el pre­cio de las chu­ches, por­que, si go­bier­na, va a re­du­cir el IVA, y en­ton­ces las go­lo­si­nas se­rán más ba­ra­tas. La ma­dre del cha­val se mos­tró muy in­tere­sa­da por la pro­me­sa por­que, di­jo, en aque­lla co­mar­ca hay mu­chas fá­bri­cas de chu­ches. Ra­joy par­ti­ci­pó des­pués, en Mur­cia, en un mi­tin con el pre­si­den­te de la co­mu­ni­dad autónoma y con el ca­be­za de lis­ta del PP en aque­lla co­mu­ni­dad. Pe­ro ese ac­to lla­mó me­nos la aten­ción ge­ne­ral. Se ve que no fue tan ju­go­so.

Sus­pen­so en geo­gra­fía

El dipu­tado po­pu­lar Pa­blo Ca­sa­do co­me­tió un des­liz que lo pu­so en pri­me­ra lí­nea de fue­go en las re­des so­cia­les. Col­gó en Twitter un ví­deo en el que se veía a po­li­cías con­te­nien­do du­ra­men­te a un gru­po de ma­ni­fes­tan­tes. Su co­men­ta­rio era: «Me man­da es­to un ami­go de Ve­ne­zue­la: el pue- blo se en­fren­ta a la po­li­cía cha­vis­ta pi­dien­do co­mi­da. #NoPo­de­mos to­le­rar­lo». Al ca­bo de un ra­to, usua­rios de la red des­men­tían al men­sa­je­ro: el ví­deo era de una ma­ni­fes­ta­ción en el Con­go, del año pa­sa­do. ¡Ay, las re­vá­li­das!

Al mo­men­to Twitter se in­cen­dió y la pi­fia de Pa­blo Ca­sa­do se con­vir­tió en el asun­to más vis­to en Es­pa­ña, eso que se lla­ma tren­ding to­pic. Las fotos fal­sas sa­lie­ron en cas­ca­da, y con el mem­bre­te «me man­da es­to un ami­go de Ve­ne­zue­la», se vie­ron imá­ge­nes del so­li­ta­rio ma­ni­fes­tan­te de la pla­za de Tia­nan­men, de King Kong en­ca­ra­ma­do al Em­pi­re Sta­te, de Los fu­si­la­mien­tos del 3 de ma­yo, de La gue­rra de las ga­la­xias

y así has­ta la sa­cie­dad. El fa­llo es gra­ve, por­que pro­ce­de del vi­ce­se­cre­ta­rio de Comunicación del par­ti­do que go­bier­na y por­que mues­tra que otros re­gí­me­nes in­jus­tos se ig­no­ran por­que no sir­ven pa­ra ata­car a los ri­va­les po­lí­ti­cos. Ca­sa­do pi­dió dis­cul­pas, pe­ro en es­tos tuits de res­pues­ta a la ava­lan­cha, quien le ha­bía en­via­do el ví­deo ya no era un ami­go, sino Dia­rio las Amé­ri­cas.

A lo Brez­nev

Se­gu­ra­men­te fe­liz por la metedura de pa­ta de «la cas­ta», Pa­blo Igle­sias des­ple­gó en el mi­tin en el que par­ti­ci­pó en Bar­ce­lo­na aún más son­ri­sas y más amor del que se pro­me­tía en los car­te­les de la con­vo­ca­to­ria, que reunía a las fi­gu­ras de Uni­dos Po­de­mos y sus aso­cia­dos. En aquel am­bien­te fes­ti­vo, Igle­sias vol­vió a aga­rrar al lí­der de En Co­mú Po­dem, Xa­vier Do­mè­nech, y a plan­tar­le un be­so de tor­ni­llo, co­mo ya ha­bía he­cho en el Con­gre­so de los Dipu­tados. Es que son co­mo ni­ños.

Uni­dos Po­de­mos ha fa­bri­ca­do un bo­ni­to pro­gra­ma-ca­tá­lo­go que su­gie­re que la po­lí­ti­ca de­be­mos mon­tar­la en­tre to­dos, ca­da uno con su lla­ve­ci­ta Allen. Pe­ro si lle­ga a go­ber­nar y el mo­rreo va a ser el sa­lu­do ofi­cial, ¿no cree que mu­cha gen­te del co­mún se des­ani­ma­rá y pre­fe­ri­rá que va­yan otros, aun­que aca­ben sien­do cas­ta besucona, a re­pre­sen­tar­los?

Más go­mi­no­las. Pa­re­ce que Ma­riano Ra­joy quie­re ro­dear­se de gen­te li­bre de to­da sos­pe­cha. No hay du­da si los acom­pa­ñan­tes son ni­ños, que ya han si­do pro­ta­go­nis­tas de su cam­pa­ña dos días en una se­ma­na. Arri­ba, en el de­sa­yuno de ayer en Mo­li­na de Se­gu­ra. A la iz­quier­da, en Te­le­cin­co. Y en las dos oca­sio­nes, un asun­to des­ta­ca­do: el pre­cio de las go­lo­si­nas. Los ni­ños, con­ten­tos; los nu­tri­cio­nis­tas, ya ve­re­mos.

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