«Mi ca­be­za es­tá lle­na de pe­que­ños bol­si­llos de co­no­ci­mien­to»

Starling, de re­gre­so al Reino Uni­do con una gran re­tros­pec­ti­va, elo­gia la im­por­tan­cia del via­je y la geo­gra­fía en su crea­ción

La Voz de Galicia (Lugo) - - Cultura - RITA ÁL­VA­REZ TUDELA

Ga­na­dor del pres­ti­gio­so pre­mio Tur­ner en el 2005 con una ca­ba­ña de ma­de­ra que des­man­te­ló pa­ra trans­for­mar en bar­ca, Si­mon Starling (Su­rrey, 1967) es aho­ra uno de los ar­tis­tas con­cep­tua­les más im­por­tan­tes en Reino Uni­do. Starling re­si­de en Es­to­col­mo pe­ro re­gre­só a Not­ting­ham pa­ra inau­gu­rar su pri­me­ra re­tros­pec­ti­va.

—¿Có­mo valora la re­tros­pec­ti­va? —Es bo­ni­to vol­ver a Not­ting­ham, don­de es­tu­dié en los años 80. La sa­la de re­ve­la­do en mi uni­ver­si­dad fue el ori­gen de to­do. Era una edu­ca­ción muy prác­ti­ca y lo apre­cio ca­da vez más. La ciu­dad ha cam­bia­do mu­cho, en­ton­ces ha­bía muy po­ca in­fraes­truc­tu­ra pa­ra las ar­tes vi­sua­les.

—Us­ted es com­pa­ra­do ha­bi­tual­men­te con un al­qui­mis­ta... y en es­ta ex­po­si­ción pre­ci­sa­men­te com­par­te sa­la con El al­qui­mis­ta des­cu­brien­do el fós­fo­ro, de Jo­seph Wright. —No fue idea mía ha­cer­lo, es­tá uni­do a la ex­po­si­ción The Grand

Tour. Hu­bo char­las pa­ra ver có­mo co­nec­tar las ciu­da­des par­ti­ci­pan­tes y su­gi­rie­ron ha­cer es­ta unión his­tó­ri­ca. Me gus­ta pen­sar có­mo la pin­tu­ra re­co­rrió un ca­mino lar­go en la vi­da de Jo­seph Wright, y có­mo es­tu­vo inaca­ba­da du­ran­te mu­cho tiem­po. Cuan­do hi­zo un via­je por Eu­ro­pa, se la lle­vó con él y si­guió tra­ba­jan­do en ella to­do el tiem­po. Y eso re­sue­na en la for­ma en la que yo tra­ba­jo en­tre paí­ses. Es una ima­gen muy cau­ti­va­do­ra.

—¿Có­mo ex­pli­ca su cons­tan­te bús­que­da del ori­gen de las co­sas? —Lo que tra­to de ha­cer siem­pre es bus­car ba­jo la su­per­fi­cie de las co­sas. Pen­sar en có­mo apa­re­cen y có­mo son, con la idea de lle­gar al fon­do de los ob­je­tos y las imá­ge­nes. Co­mo des­em­pa­que­tar­los pa­ra con­tar la his­to­ria de su exis­ten­cia.

—¿Y ha­ce un cues­tio­na­mien­to de los va­lo­res cul­tu­ra­les, me­dioam­bien­ta­les y de la eco­no­mía? —Son asun­tos que de una for­ma u otra siem­pre evo­lu­cio­nan en mi tra­ba­jo y es­tán en cons­tan­te cam­bio. Por ejem­plo, aquí, en el pro­yec­to con mag­ne­sio en el agua del Mar Muer­to, los asun­tos po­lí­ti­cos y me­dioam­bien­ta­les re- sue­nan jun­tos. Al mis­mo tiem­po, quie­ro aden­trar­me de for­ma que no se con­vier­ta sim­ple­men­te en una ilustración con una pos­tu­ra po­lí­ti­ca di­rec­ta. —Al­gu­nos crí­ti­cos com­pa­ran su pro­ce­so de bús­que­da con el de un cien­tí­fi­co que va al la­bo­ra­to­rio. —Co­nec­to va­rias dis­ci­pli­nas y mo­dos de pen­sar. Crean­do nue­vas cons­te­la­cio­nes de esas co­sas, lo cual es qui­zás nue­vo. Pe­ro la cien­cia, so­bre lo que ocu­rre en ca­da pro­yec­to es­tá to­do ahí fue­ra. Es so­lo que yo lo pon­go jun­to de una for­ma dis­tin­ta. Mi ca­be­za es­tá lle­na de pe­que­ños bol­si­llos de co­no­ci­mien­to, que se acu­mu­lan por el ca­mino con las his­to­rias y la gen­te con la que tra­ba­jo. Hay mu­chas co­la­bo­ra­cio­nes en el tra­ba­jo que ha­go y eso en­ri­que­ce mi vi­da y la prác­ti­ca del ar­te. Por eso que ca­da vez in­clu­yo a esas per­so­nas en mis obras.

—¿Y có­mo lle­na us­ted esos bol­si­llos de co­no­ci­mien­to? —Lo que inevi­ta­ble­men­te ocu­rre cuan­do tra­ba­jas en un pro­yec­to en par­ti­cu­lar es que co­ges frag­men­tos de otras co­sas que por el mo­men­to no tie­nen una ca­sa. Son una idea a me­dias, un po­co de in­for­ma­ción de aquí y de allá, y te lo lle­vas con­ti­go en tus via­jes y en tus obras. Y, de pron­to, esas co­sas en­cuen­tran de al­gu­na for­ma un ho­gar y co­nec­tan pa­ra una opor­tu­ni­dad o una ex­po­si­ción. Con­sis­te en lle­var las ideas un pa­so más allá. A ve­ces tie­nes un sen­ti­mien­to de que es­tán fue­ra de tu con­trol y tie­nen su pro­pia pro­yec­ción, y de que tú sim­ple­men­te las es­tás guian­do por su ca­mino.

—Sus pro­yec­tos no en­tien­den de fron­te­ras… —Tie­nen una geo­gra­fía com­ple­ja. Con fre­cuen­cia ha­blo de la idea de po­ner ca­pas de ma­pas trans­pa­ren­tes una en­ci­ma de otra, por don­de es­tán las co­ne­xio­nes. Sim­ple­men­te si­gues la ló­gi­ca de las co­sas. Por ejem­plo, vas a Chi­na por­que to­da la pro­duc­ción ma­nu­fac­tu­re­ra es­tá allí. Tam­bién, ten­go que de­cir que ser in­vi­ta­do a ga­le­rías, bie­na­les y ex­po­si­cio­nes es muy im­por­tan­te. No soy un ar­tis­ta que ha­ga las obras en­ce­rra­do en un es­tu­dio, en un sen­ti­do con­ven­cio­nal. Si las in­vi­ta­cio­nes pa­ra­sen, me pre­gun­to qué pa­sa­ría, es­ta­ría muy per­di­do. —¿Pue­de de­cir­se que to­do co­men­zó en sus años en Glas­gow? —Los 90 fue­ron un mo­men­to en que una ge­ne­ra­ción de ar­tis­tas de­ci­die­ron que­dar­se allí y crear una es­ce­na ar­tís­ti­ca, con su pro­pio mun­do y sen­ti­do del ar­te, sin mo­ver­se a Nue­va York y a Lon­dres. Ha­bía un sen­ti­do de ser prác­ti­co y eso tu­vo mu­cha in­fluen­cia en mí. Los via­jes em­pe­za­ron ahí y la geo­gra­fía se con­vir­tió en el cen­tro de mi tra­ba­jo. —Tam­bién ejer­ció co­mo pro­fe­sor en Fránc­fort. —Ape­nas te­nía 34 años, era muy jo­ven. Fue una épo­ca muy bo­ni­ta, era co­mo ser co­le­ga y no pro­fe­sor. Me lle­vó un tiem­po en­ten­der có­mo ser pro­fe­sor de ar­te, ya que ade­más no te­nía mo­de­los ale­ma­nes pa­ra se­guir. Se­ría un ar­tis­ta muy di­fe­ren­te si no hu­bie­se si­do pro­fe­sor esos diez años. —Cuan­do re­ci­bió el pre­mio Tur­ner, ¿cam­bió su vi­da? —Con la pren­sa fue ho­rri­ble. Fue muy du­ro re­ci­bir la re­co­pi­la­ción so­bre mi tra­ba­jo tras el pre­mio. La au­dien­cia em­pe­zó a ser más am­plia, in­tere­sán­do­se en mis pro­yec­tos, pe­ro tam­po­co era que tu­vie­se co­lec­cio­nes y ga­le­rías ha­cien­do co­la pa­ra ha­cer­se con mis tra­ba­jos. La gran di­fe­ren­cia es que aho­ra la gen­te vie­ne a mis char­las en cual­quier lu­gar del mun­do. Eso no ocu­rría an­tes. —En sus dos dé­ca­das de tra­ba­jo, su tra­yec­to­ria em­pe­zó con la fo­to­gra­fía pe­ro se ha ido mo­vien­do por otras dis­ci­pli­nas… —La ver­dad es que no sé ha­cia dón­de me di­ri­jo, pe­ro siem­pre mi­ro ha­cia atrás, ha­cia la fo­to­gra­fía, que nun­ca se va. El tra­ba­jo que ha­go tie­ne mu­chos pro­ce­sos y sien­to que la fo­to­gra­fía sir­ve pa­ra gra­bar­los. Tam­bién pien­so en las imá­ge­nes co­mo ob­je­tos y en su des­ma­te­ria­li­za­ción. —¿Có­mo re­cuer­da sus vi­si­tas a Es­pa­ña? —Vi­go me gus­tó mu­cho, una ciu­dad pe­ri­fé­ri­ca y con pa­sa­do in­dus­trial. Fue muy bue­na lo­ca­li­za­ción pa­ra mos­trar mi tra­ba­jo. Mien­tras que en Má­la­ga me en­con­tré una ciu­dad lle­na de tu­ris­tas in­gle­ses y Pi­cas­so. Tam­bién tra­ba­jé con la Fun­da­ción Joan Mi­ró en Bar­ce­lo­na.

«Lo que tra­to de ha­cer siem­pre es bus­car ba­jo la su­per­fi­cie de las co­sas. Pen­sar en có­mo apa­re­cen y có­mo son» «No sé ha­cia dón­de me di­ri­jo, pe­ro siem­pre mi­ro ha­cia atrás, ha­cia la fo­to­gra­fía, que nun­ca se va»

R. Á. T.

Starling, con una de sus obras en la re­tros­pec­ti­va de Not­ting­ham.

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