«Cam­biar la ópe­ra para atraer es to­mar al pú­bli­co por po­co pre­pa­ra­do»

El ba­jo-ba­rí­tono con­si­de­ra que no es su­fi­cien­te con can­tar bien: «Una gran voz sin in­ter­pre­ta­ción es abu­rri­da»

La Voz de Galicia (Lugo) - - Cultura -

Rug­ge­ro Rai­mon­di (Bo­lo­nia, 1941), con­si­de­ra­do el me­jor ba­jo ba­rí­tono del úl­ti­mo cuar­to del si­glo XX, re­pa­só ayer en una con­fe­ren­cia en San­tia­go sus más de 50 años so­bre los es­ce­na­rios. Ase­gu­ra que su se­cre­to para man­te­ner­se tan­to tiem­po es que se di­vier­te. Pien­sa se­guir. Aho­ra es­tá pre­pa­ran­do ya una pues­ta en es­ce­na en Lie­ja. Rai­mon­di, que ac­tuó en dos oca­sio­nes en Galicia —en Vi­go y en San­tia­go—, y ha triun­fa­do en los más pres­ti­gio­sos tea­tros del mun­do, sos­tie­ne que el pú­bli­co sea del país que sea tie­ne un de­no­mi­na­dor co­mún: «Ama las co­sas bellas».

—¿Al­gu­na vez pen­só en pa­sar tan­to tiem­po so­bre los es­ce­na­rios cuan­do co­men­zó en 1964? —Me gus­ta­ba mu­cho la ópe­ra y no me pu­se un lí­mi­te. Aún hoy po­dría can­tar tan­tas co­sas, pe­ro no co­mo an­ti­gua­men­te. —Ade­más, co­mo ba­jo es el que más gra­ba­cio­nes ha rea­li­za­do. ¿Es más di­fí­cil abrir­se ca­mino en la ópe­ra con es­ta voz? —Los ro­les de pro­ta­go­nis­ta que tie­ne un ba­jo-ba­rí­tono son muy li­mi­ta­dos com­pa­ra­do con los de un te­nor, ellos son los pro­ta­go­nis­tas de las ópe­ras ha­bi­tual­men­te.

—Com­bi­na su fa­ce­ta de can­tan­te con la de director de es­ce­na... —Siem­pre he ama­do el tea­tro, in­ter­pre­tar per­so­na­jes para mí siem­pre ha si­do im­por­tan­te y es­to me ha lle­va­do a la di­rec­ción de es­ce­na.

—¿En qué fa­ce­ta pro­fe­sio­nal se sien­te us­ted más có­mo­do? —Aho­ra, co­mo director de es­ce­na, por­que co­mo can­tan­te to­da­vía ten­go po­si­bi­li­da­des pe­ro más re­du­ci­das que an­tes. Aun­que, des­pués de cin­cuen­ta años, co­mo can­tan­te he te­ni­do las má­xi­mas sa­tis­fac­cio­nes.

—Es­ta do­ble ac­ti­vi­dad, ¿au­men­ta su exi­gen­cia a los que hoy les to­ca in­ter­pre­tar? —No les exi­jo más de lo que creo que les pue­do pe­dir, pe­ro les tra­to de ex­pli­car qué es lo que pi­de el per­so­na­je en ca­da ca­so. —De­cía que in­ter­pre­tar era muy im­por­tan­te, en el ca­so de un can­tan­te de ópe­ra, ¿qué pri­ma más, la voz o la in­ter­pre­ta­ción? —Si hay un can­tan­te y hay un in­tér­pre­te, ¿qué pre­fe­ri­ría a pa­ri­dad de voz?

—Pe­ro si no po­see una gran voz, ¿se pue­de su­plir con la in­ter­pre­ta­ción tam­bién en la ópe­ra? —No voy a de­cir nom­bres, pe­ro hay can­tan­tes hoy en día que sin te­ner unas gran­des vo­ces pe­ro con un ce­re­bro ex­tra­or­di­na­rio, han he­cho ca­rre­ras es­tu­pen­das. Una gran voz sin in­ter­pre­ta­ción es abu­rri­da. En el pri­mer mo­men­to, cuan­do la es­cu­chas, di­ces: «Mam­ma mía, ¡qué voz!»; más ade­lan­te: «Tie­ne una voz...»; y la ter­ce­ra vez: «Me gus­ta­ría es­cu­char a otro».

—Pre­ci­sa­men­te, ade­más de can­tan­te y de director de es­ce­na, tam­bién ha si­do ac­tor de cine, ¿por qué es­ta apues­ta por di­ver­si­fi­car su ca­rre­ra? —Can­tar 100 ve­ces Don Car­lo, 300 ve­ces Faust... A mí me gus­tó di­ver­si­fi­car para des­cu­brir el la­do más in­tere­san­te de los per- so­na­jes y de mis po­si­bi­li­da­des. —¿Lle­gó adon­de se pro­pu­so en ca­da una de ellas? —Co­mo ac­tor, si tie­nes un gran director, es al­go es­tu­pen­do; pe­ro cuan­do no es así, lo de ser ac­tor ya no es tan in­tere­san­te. En cam­bio, co­mo can­tan­te, aun­que el director de es­ce­na no te gus­te mu­cho, siem­pre pue­des ex­pla­yar­te a tra­vés de tus sen­ti­mien­tos en la mú­si­ca. —En­ton­ces, ¿us­ted fue mu­chas ve­ces re­bel­de con el director de es­ce­na? —[Ríe] Bas­tan­te. —¿Y se lo per­mi­te a los in­tér­pre­tes cuan­do aho­ra es us­ted el en­car­ga­do de di­ri­gir? —Soy muy li­be­ral. Yo in­sis­to e in­sis­tien­do ha­cen lo que quie­ro. —¿Qué es lo que les exi­ge? —An­tes ha­cía una pre­pa­ra­ción uni­ver­si­ta­ria, his­tó­ri­ca so­bre el per­so­na­je. Aho­ra di­go sen­ci­lla­men­te: «Haz es­to y es­to». Y re­sul­ta me­jor. Es muy im­por­tan­te de­jar li­bre al can­tan­te, para que él ha­ga lo que sien­te. Y yo se lo voy ajus­tan­do des­pués. —¿Có­mo se pue­de acer­car al pú­bli­co jo­ven a la ópe­ra? —Lo que fal­ta es cultura mu­si­cal. En Ale­ma­nia y en Aus­tria, que tie­nen una cultura mu­si­cal muy im­por­tan­te, los jó­ve­nes van a la ópe­ra. —¿Se pue­de in­no­var en la ópe­ra? —La his­to­ria es muy im­por­tan­te, en­ton­ces, ¿por qué cam­biar­la? El pro­ble­ma es en­se­ñar a in­ter­pre­tar los per­so­na­jes, pe­ro siem­pre man­te­nién­do­se fiel a la his­to­ria. Te­ner que cam­biar to­do para atraer a la gen­te su­po­ne to­mar al pú­bli­co por po­co pre­pa­ra­do, por po­co in­te­li­gen­te para com­pren­der lo que han es­cri­to gran­des ar­tis­tas. Por ejem­plo, El Bos­co. Fan­tás­ti­co, si di­go: «No me gus­ta esa pin­tu­ra», pe­ro no se me ocu­rre po­ner­me a pin­tar en­ci­ma y ha­cer otra en su lu­gar. Y eso se ha­ce con­ti­nua­men­te en la ópe­ra.

SAN­DRA ALON­SO

Rai­mon­di lle­va des­de el año 1964 so­bre los es­ce­na­rios.

Newspapers in Spanish

Newspapers from Spain

© PressReader. All rights reserved.