Cal­ve­lo-Ol­mos, la pa­re­ja to­tal

El des­tino ha unido a es­tos dos pí­vots del ba­lon­ces­to de éli­te es­pa­ñol, al­mas ge­me­las con es­tu­dios su­pe­rio­res

La Voz de Galicia (Lugo) - - Deportes - PA­BLO GÓ­MEZ A CO­RU­ÑA / LA VOZ

La gran­de­za de una per­so­na sue­le ir más allá de su es­ta­tu­ra. Hay de­por­tis­tas que con­ju­gan un cuer­po sano con una men­te en ple­na for­ma. La ga­lle­ga Clau­dia Cal­ve­lo (192 cen­tí­me­tros na­ci­dos en Gi­jón en 1992) y el ali­can­tino Ser­gio Ol­mos (el origen de sus 213 cen­tí­me­tros de es­ta­tu­ra es­tá en El­da en 1986) ele­van la fór­mu­la má­gi­ca a su má­xi­mo ex­po­nen­te.

Ella, con me­dia do­ce­na de me­da­llas en ca­te­go­rías in­fe­rio­res de la selección es­pa­ño­la, ha ac­tua­do es­ta tem­po­ra­da co­mo pí­vot del Ri­vas (Li­ga Fe­me­ni­na 2) tras ha­ber ju­ga­do en el En­sino, Bur­gos y TSV Was­ser­burg, cam­peón ale­mán. Aguar­da di­lu­ci­dar su ho­ri­zon­te, qui­zás en ca­te­go­ría su­pe­rior, en un de­por­te fe­me­nino en rui­nas.

Él ha desem­pe­ña­do con bri­llan­tez la mis­ma fun­ción en el Bás­quet Co­ru­ña (equipo sen­sa­ción de la LEB Oro) tras pa­sar por la NCAA con Tem­ple (Es­ta­dos Uni­dos le de­fi­nió co­mo per­so­na), La Pal­ma, Pa­len­cia y Bur­gos (LEB Oro) y Va­len­cia (ACB, sin de­but). Rea­li­za la postem­po­ra­da con el Obra­doi­ro mien­tras de­ci­de su fu­tu­ro.

Fue en Bur­gos (tem­po­ra­da 20132014) cuan­do es­ta en­fer­me­ra y es­te li­cen­cia­do en Ma­te­má­ti­cas por Tem­ple Uni­ver­sity y en Es­ta­dís­ti­ca por la Open Uni­ver­sity británica se co­no­cie­ron en un con­cier­to de Zim­mer­band, una ban­da tri­bu­to a Bob Dy­lan, en la Ca­sa de las Musas. «Ella no sa­bía que yo iba. Yo sí que sa­bía que ella iba», re­cuer­da Ser­gio. «Hu­bo mu­cho va­ci­le por es­to», aña­de ella.

Men­tes com­ple­men­ta­rias

Fue la cua­dra­tu­ra del círcu­lo. «Ella to­ca la gui­ta­rra, es­cri­be, es más crea­ti­va. Yo soy más ló­gi­co y ra­cio­nal y es un con­tras­te que nos com­ple­men­ta bien. Apren­de­mos uno del otro», ana­li­za Ol­mos.

Cal­ve­lo, siem­pre in­ten­sa, co­rro­bo­ra: «Ser­gio es mi tran­qui­li­dad. Des­de que le co­no­cí, me sien­to me­jor a la ho­ra de cen­trar­me para to­do. Me apo­ya, es­tá en mi si­tua­ción, jue­ga al ba­lon­ces­to y sa­be lo que es te­ner que es­tu­diar y dar el 100 % en la can­cha. A na­da que él me di­ga, me ayuda mu­cho. To­do lo que me que­da­ba lo he apro­ba­do con él y es­toy más tran­qui­la».

Su­pe­ra­da la dis­tan­cia fí­si­ca (Was­ser­burg fue una prue­ba de fue­go), en es­tas dos tem­po­ra­das han hin­ca­do los co­dos jun­tos, en el pu­pi­tre y en la can­cha. Ella cum­ple ho­ras de hos­pi­tal en Lu­go y com­par­te en­tre­na­mien­tos con un pí­vot que es­tá a su al­tu­ra.

Ser­gio apun­ta: «De lo que me­nos ha­bla­mos es de ba­lon­ces­to. A ve­ces nos ana­li­za­mos pro­fe­sio­nal­men­te. Lo en­ca­ja­mos bien. So­mos muy pa­re­ci­dos, sa­be­mos re­ci­bir crí­ti­cas sin en­fa­dar­nos. Hay co­si­llas que nos me­jo­ra­mos. Aho­ra en ve­rano en­tre­na­mos jun­tos lo téc­ni­co y lo fí­si­co. Es­te mo­vi­mien­to, es­ta ma­ne­ra de ju­gar...». «Ser­gio aho­ra es un ti­ra­dor sen­sa­cio­nal», bro­mea ella. «Y sin em­bar­go, cuan­do ju­ga­mos uno con­tra otro siem­pre me ga­na ella», apun­ti­lla él. «So­lo en ti­ro, ¿va­le? Ja ja... En el uno con­tra uno se me com­pli­ca», zan­ja ella.

En­tre­na­mien­to con­jun­to

Clau­dia ex­pli­ca: «In­ten­to que con­fíe en su ti­ro. Con las cua­li­da­des que tie­ne os ase­gu­ro que es im­pa­ra­ble. De­be­ría te­ner mu­cha más con­fian­za al ata­car. Es­te año lo ha he­cho mu­cho me­jor. Los mo­vi­mien­tos que tie­ne muy fuer­tes, muy po­de­ro­sos al pos­te ba­jo, has­ta es­te año no se los vi con tan­ta con­tun­den­cia y se­rie­dad». Ser­gio aña­de: «Clau­dia ha ga­na­do jue­go sin ba­lón, mo­vi­mien­tos. Son co­si­llas. Ya sa­be­mos lo que ha­ce­mos mal». «Más que na­da, es que no nos ma­cha­ca­mos des­pués de un par­ti­do. Ser­gio me da mi es­pa­cio, me da mi tiem­po. Mi pa­dre [Jo­sé Manuel Cal­ve­lo, que pi­só ACB] his­tó­ri­ca­men­te me ha da­do mu­cha ca­ña. Pe­ro des­de que es­toy con Ser­gio, me­nos. Aho­ra lo dis­fru­ta más, no lo su­fre tan­to.», re­la­ta ella.

Tam­bién se me­jo­ran sus téc­ni­cas de es­tu­dio. Cal­ve­lo adop­tó una es­pe­cie de tar­je­tas de Tri­vial, idea im­por­ta­da de Es­ta­dos Uni­dos por Ol­mos. Am­bos pro­fe­san va­lo­res que tras­cien­den lo de­por­ti­vo. Ser­gio, a pun­to de co­men­zar un más­ter en bio­es­ta­dís­ti­ca, orien­ta­rá su fu­tu­ro ale­ja­do del ba­lon­ces­to cuan­do de­je las can­chas. «Se­ría ge­nial que exis­tie­se la en­fer­me­ría de­por­ti­va», sus­pi­ra Clau­dia.

Des­ta­can am­bos los va­lo­res del ba­lon­ces­to por en­ci­ma de otras dis­ci­pli­nas co­mo el fútbol (siem­pre el mal ejem­plo) y que la for­ma­ción aca­dé­mi­ca arrai­ga en las nue­vas ge­ne­ra­cio­nes de de­por­tis­tas pe­se a la di­fi­cul­tad para con­ci­liar agen­das (las be­cas en Es­ta­dos Uni­dos co­mo ho­ja de ru­ta), pe­ro con­clu­yen al uní­sono: «Que­re­mos dis­fru­tar de lo que nos que­da de ba­lon­ces­to. Por­que es un tra­ba­jo ge­nial, no uno nor­mal».

En­tre bro­mas y ve­ras, al­gún director de­por­ti­vo ya se ha in­tere­sa­do por su fu­tu­ra des­cen­den­cia, si la hay. El de­por­te se be­ne­fi­cia de la es­ta­bi­li­dad que se brin­dan. Ol­mos re­co­no­ce: «Es­toy mu­cho más or­gu­llo­so de lo que he­mos he­cho con el Bás­quet Co­ru­ña por­que ha si­do en su ciu­dad». Cal­ve­lo pre­su­me: «A mí me ha he­cho sen­tir muy bien. Y me da un po­co de en­vi­dia por­que yo no pu­de ni po­dré. Sus vic­to­rias tam­bién fue­ron las mías».

«Él es mi tran­qui­li­dad; me sien­to me­jor a la ho­ra de cen­trar­me para to­do: es­tu­diar y dar el 100 % en la can­cha» Clau­dia Cal­ve­lo Ju­ga­do­ra ga­lle­ga del Ri­vas «Me sen­tí más or­gu­llo­so de lo he­cho con el Bás­quet Co­ru­ña por­que ha si­do en su ciu­dad» Ser­gio Ol­mos Pí­vot del Bás­quet Co­ru­ña

VÍTOR ME­JU­TO

Clau­dia Cal­ve­lo y Ser­gio Ol­mos po­san para La Voz en una can­cha ca­lle­je­ra.

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