«Sem­pre Sua­ves»

La Voz de Galicia (Lugo) - - OPINIÓN -

Di­cen que si los has vis­to una vez, los has vis­to to­das. No po­día es­tar más en desacuer­do. Ca­da con­cier­to de la ban­da ou­ren­sa­na Los Sua­ves te de­ja una hue­lla in­de­le­ble, per­du­ra­ble en el tiem­po, allí don­de los bue­nos re­cuer­dos se sub­ra­yan en el dia­rio, que di­ría Ro­sen­do a su ma­ne­ra de vi­vir. Con­ven­drán con­mi­go, los que tu­vie­ron la suer­te de asis­tir el pa­sa­do vier­nes a su úl­ti­ma ac­tua­ción en A Co­ru­ña, que de­mos­tra­ron es­tar más en for­ma que nun­ca, de­jan­do dos ho­ras y me­dia de can­ción tras can­ción pa­ra los ana­les del rock ga­lle­go. Pe­ro tris­te­men­te, co­mo anun­cia el nom­bre de la gi­ra, esta vez la música ter­mi­na.

Ate­so­ran tras de sí ca­si cua­tro dé­ca­das mar­ca­das no so­lo por el po­ten­te di­rec­to, que se ha con­ver­ti­do en el gran ba­luar­te del gru­po, sino por esas can­cio­nes con so­los de gui­ta­rra im­po­si­bles a car­go del maes­tro Al­ber­to Ce­rei­jo, y las le­tras del que pa­ra mu­chos es el más amar­go y cruel tes­ti­go de to­do aque­llo que acon­te­ce, Jo­sé Do­mín­guez Yo­si.

Allí es­tá­ba­mos los vie­jos ro­que­ros, que ya se sa­be lo que les pa­sa, pa­dres con hi­jos y pa­re­jas que quién sa­be si se enamo­ra­ron con al­guno de los te­mas de la ban­da. Pe­ro lo que ni el pa­so del tiem­po po­drá arre­ba­tar­me de la me­mo­ria fue­ron las sen­ti­das lá­gri­mas que se des­li­za­ban por mis me­ji­llas, sa­be­do­res mis ojos de que se­ría la úl­ti­ma vez que ve­rían al más fa­mo­so de los ga­tos ne­gros en­ci­ma de un es­ce­na­rio.

Y es que su música me ha acom­pa­ña­do des­de bien crío, des­de el vi­ni­lo y la cin­ta hasta lle­gar al ce­dé, que ya cuen­to bas­tan­tes pri­ma­ve­ras en mi ha­ber, de­jan­do su im­pron­ta en las pri­me­ras al­ga­ra­bías fies­te­ras hasta los arres­tos de la mi­li, en los viajes de va­ca­cio­nes o las lar­gas jor­na­das de cu­rro.

In­clu­so en los pa­sa­jes don­de el des­tino te em­pu­ja a atra­ve­sar el fue­go, en las pos­tra­das es­ta­días de hos­pi­tal, allí es­tu­vie­ron Los Sua­ves.

Sir­van mis pa­la­bras pa­ra aque­llos que sien­ten hoy la mis­ma tris­te­za en sus co­ra­zo­nes que un ser­vi­dor, y pa­ra agra­de­cer­les a los de Ou­ren­se no so­lo la pues­ta de Ga­li­cia en el ma­pa con su buen ha­cer mu­si­cal, sino tam­bién por acom­pa­ñar y for­mar par­te de la his­to­ria de nues­tras vi­das.

Aun­que la música ter­mi­ne, Sem­pre Sua­ves. ÓS­CAR CA­MI­ÑO SAN­TOS. A CO­RU­ÑA.

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