Za­fa­rran­cho en la UE pa­ra se­guir a flo­te si se pro­du­ce el peor es­ce­na­rio

La Voz de Galicia (Lugo) - - INTERNACIONAL - CRIS­TI­NA PORTEIRO

Reino Uni­do se aden­tra en la rec­ta fi­nal de cam­pa­ña del re­fe­ren­do so­bre la Unión Eu­ro­pea. Bru­se­las asis­te des­de el otro la­do del Ca­nal de la Man­cha con pá­ni­co con­te­ni­do y el co­ra­zón en un pu­ño a los úl­ti­mos son­deos que es­tre­chan la di­fe­ren­cia en­tre par­ti­da­rios del sí y del no. El re­sul­ta­do es im­pre­de­ci­ble, pe­ro las ins­ti­tu­cio­nes eu­ro­peas y sus lí­de­res no quie­ren de­jar na­da al azar si se con­fir­ma el peor de los es­ce­na­rios, el bre­xit.

En pú­bli­co, la Co­mi­sión Eu­ro­pea se mues­tra con­fia­da y nie­ga que haya un plan B. Tras el te­lón, los tra­ba­jos pa­ra de­jar per­fi­la­da una ho­ja de ru­ta al­ter­na­ti­va se ace­le­ran. El pri­mer signo que en­via­rá la UE tras la vo­ta­ción, sea cual sea el re­sul­ta­do, es de uni­dad. El pro­yec­to europeo sal­drá muy de­bi­li­ta­do. Pue­de ate­rri­zar de for­ma sua­ve en una nue­va fase o pue­de en­fren­tar­se a un in­cen­dio ja­más vis­to en su lar­ga tra­yec­to­ria. «La sa­li­da se­ría una con­mo­ción pa­ra la UE y exi­gi­ría que los paí­ses ga­ran­ti­za­sen mu­tua­men­te que se­gui­rán uni­dos», ad­vir­tió ayer el mi­nis­tro de Ex­te­rio­res ale­mán, Frank Stein­meier, an­tes de ha­cer saltar las alar­mas por el al­to ries­go de «de­sin­te­gra­ción» del blo­que y evo­car aquel di­cho de que «el Reino Uni­do es­tá en la UE pa­ra di­na­mi­tar­la des­de den­tro».

Pa­ra tra­tar de en­ca­jar el gol­pe, el pre­si­den­te del Con­se­jo Europeo, Do­nald Tusk, su ho­mó­lo­go de la Co­mi­sión, Jean Clau­de Junc­ker, el lí­der de la Eu­ro­cá­ma­ra, Mar­tin Schulz, y el pre­si­den­te de turno de la UE, el pri­mer mi­nis­tro ho­lan­dés Mark Rut­te, se re­uni­rán la mañana del 24 en una ci­ta cru­cial. El men­sa­je po­lí­ti­co que lan­cen se­rá tan im­por­tan­te co­mo los pla­nes de con­tin­gen­cia preparados por los ban­cos cen­tra­les. Se­gún Reuters, el pre­si­den­te del Ban­co Cen­tral Europeo, Ma­rio Drag­hi, y su par bri­tá­ni­co, Mark Car­ney, han idea­do un sal­va­vi­das pa­ra el eu­ro y la libra si se desata un hu­ra­cán fi­nan­cie­ro y los flu­jos de di­ne­ro se co­lap­san.

Si el Reino Uni­do se in­cli­na por el di­vor­cio, se ini­cia­rá la des­co­ne­xión con la UE. Un ca­mino in­hós­pi­to nun­ca an­tes re­co­rri­do en los 59 años de vi­da del club. «El pro­ce­so de sa­li­da lle­va­rá años, in­clu­so una dé­ca­da. Ven­drá acom­pa­ña­do de una enor­me incertidumbre eco­nó­mi­ca y po­lí­ti­ca», pro­nos­ti­can ex­per­tos del think tank Brue­gel. Tusk fue más allá al an­ti­ci­par «la des­truc­ción de la ci­vi­li­za­ción oc­ci­den­tal». Pe­ro, ¿có­mo se­rá el pro­ce­so? Gra­dual. Se da por sen­ta­do que Ca­me­ron di­mi­ti­rá. El nue­vo Go­bierno no ten­dría por qué apre­tar de in­me­dia- to el bo­tón rojo. Po­dría es­pe­rar a di­lu­ci­dar el ca­mino an­tes de ac­ti­var el artículo 50 del Tra­ta­do de Lis­boa. A par­tir de ese mo­men­to co­mien­za la cuen­ta atrás. Dis­po­ne de dos años pa­ra de­jar la UE, so­lo pro­rro­ga­bles si hay una­ni­mi­dad en­tre los so­cios. Reino Uni­do po­drá con­ser­var su de­re­cho a vo­to hasta que no de el por­ta­zo de­fi­ni­ti­vo. El tra­ba­jo por de­lan­te se­rá «muy fa­ti­go­so», ad­mi­ten fuen­tes de Bru­se­las. Habrá que en­men­dar pre­su­pues­tos, apla­zar ne­go­cia­cio­nes, re­vi­sar tra­ba­jos en cur­so, cons­truir una nue­va re­la­ción con el ve­cino bri­tá­ni­co y en­con­trar de nue­vo es­pa­cio en la are­na in­ter­na­cio­nal sin uno de sus prin­ci­pa­les es­tan­dar­tes eco­nó­mi­cos y po­lí­ti­cos.

Ale­ma­nia aler­ta de que el club europeo pue­de de­sin­te­grar­se

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