La au­tó­no­ma que do­mi­na la Play

Siem­pre le in­tere­só la po­lí­ti­ca. Que­rría que Ra­joy e Igle­sias vi­vie­ran una de sus jor­na­das: tres hi­jos, ase­so­ría, Con­ce­llo...

La Voz de Galicia (Lugo) - - A FONDO - MARILUZ FE­RREI­RO

Una paloma be­be en la fuen­te de la Pra­za da Es­tre­la. Ma­ría Rey y sus pa­dres la ob­ser­van. Di­ce que to­do pon­te­ve­drés que se pre­cie de ser­lo se ha caí­do en esa fuen­te en su ni­ñez. Ella tam­bién. La can­di­da­ta al Con­gre­so de Ciu­da­da­nos por la pro­vin­cia de Pon­te­ve­dra na­ció aquí, en esta ciu­dad, en 1973. «¡Pon­te­ve­dre­sa de to­da la vi­da!», afir­ma.

«In­fan­cia, in­fan­cia». De ve­ra­nos en Can­gas, «ca­mi­se­ta y chan­clas de mañana a la no­che». Los cur­sos iban pa­san­do. Le gus­ta­ba el co­le­gio. Es­tu­dios uni­ver­si­ta­rios en Vi­go. Gra­dua­do So­cial. «Música, con­cier­tos en Cas­tre­los... la mo­vi­da». Fue «una es­tu­pen­da es­tu­dian­te». Re­cuer­da que, du­ran­te la ca­rre­ra, ju­ga­ba mu­cho a las car­tas. «Al ca­brón, al tu­te, al mus... Las mujeres so­mos me­jo­res al mus, to­do con­sis­te en po­ner ca­ra de pena», apun­ta.

Des­pués vi­vió un año en San­tia­go y re­gre­só a Pon­te­ve­dra. «No po­dría es­tar lejos de mis pa­dres, mis her­ma­nos y mis ami­gos. Siem­pre qui­se que mis hi­jos se cria­ran aquí. Esta es una ciu­dad pa­ra ni­ños, no tie­nes mie­do de que sal­gan a la ca­lle», di­ce. Es em­pre­sa­ria y con­ce­ja­la, y sa­ca ade­lan­te a sus tres hi­jos. Es au­tó­no­ma. «El mo­tor de es­te país. Car­ga­mos con lo peor de la em­pre­sa y del tra­ba­ja­dor. Yo aho­ra tra­ba­jo el do­ble en mi ase­so­ría y co­bro la mi­tad. Me gustaría que Ra­joy y Pa­blo Igle­sias, que tan­to sa­can sus nú­me­ros, me acom­pa­ña­ron un so­lo día», se­ña­la. En su agen­da ci­ta el desa­yuno de los ni­ños, la la­va­do­ra, la co­ci­na, la ase­so­ría, las reunio­nes de Ciu­da­da­nos y el Con­ce­llo. «Com­pa­ti­bi­li­zo to­do. Igual que las mujeres que ha­ce 50 años no te­nían la­va­do­ra, mi­cro­on­das, as­pi­ra­do­ra, y te­nían nue­ve hi­jos y ha­cían las la­bo­res de la tie­rra y de la ca­sa. Ga­li­cia tie­ne un sis­te­ma ma­triar­cal. Las mujeres siem­pre nos hemos ocu­pa­do de to­do», aña­de.

La po­lí­ti­ca le ha gus­ta­do siem­pre. «Mi abue­lo era un so­cia­lis­ta acé­rri­mo». Ella se afi­lió al PSOE cuan­do Fe­li­pe Gon­zá­lez per­dió las elec­cio­nes. «Pe­ro trai­cio­na­ron a la cla­se obre­ra y a los que creen que Es­pa­ña es un país y no de­be rom­per­se». ¿Y cuán­do de­ci­de saltar a la pri­me­ra lí­nea? «Cuan­do es­cu­cho que el cul­pa­ble de la cri­sis es mi pa­dre, que la cla­se me­dia tra­ba­ja­do­ra tie­ne la cul­pa. Mi pa­dre es un cu­rran­te, ha pa­ga­do siem­pre sus im­pues­tos, no ha vi­vi­do por en­ci­ma de sus po­si­bi­li­da­des». Cree que la gen­te es­tá can­sa­da de cier­tos po­lí­ti­cos, pe­ro no de la po­lí­ti­ca. Y afir­ma que, pa­ra ella la po­lí­ti­ca no es una es­ta­ción fi­nal.

In­sis­te en que su vi­da son su ase­so­ría, sus tres ni­ños. Es­tá apren­dien­do a ju­gar al fútbol por ellos. «Ha­ce­mos in­ter­cam­bio de cro­mos to­dos los días en la pa­ra­da del bus. Bus­ca­mos a Pi­qué y no apa­re­ce», ex­pli­ca. Y lan­za una crí­ti­ca con­tra el ju­ga­dor catalán. Tam­bién se ha comprado un pa­ti­ne­te y es bue­na con la Play. Pre­su­me de edu­car a sus hi­jos, tres ni­ños, in­cul­cán­do­les la igual­dad. «Me gus­ta que las mujeres to­me­mos con­cien­cia de quié­nes so­mos», ex­pli­ca.

En su ca­sa vi­ve otra cam­pa­ña pa­ra­le­la a la elec­to­ral: los pe­que­ños quie­ren un lo­ro. Tie­nen ya dos tor­tu­gas y un pez que les to­có en la tóm­bo­la de la Pe­re­gri­na. La Pe­re­gri­na es una ci­ta irre­nun­cia­ble pa­ra ella, pe­ro confiesa que ha de­ja­do de ir a los to­ros: «He en­ten­di­do que el ani­mal su­fre. Ha­ce fal­ta edu­ca­ción, no creo en im­po­si­cio­nes, con­mi­go no han fun­cio­na­do ja­más».

CAPOTILLO

A Ma­ría Rey le en­can­ta ca­lle­jear por Pon­te­ve­dra y dis­fru­tar con sus pa­dres.

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