Los lo­bos vuel­ven a ata­car a pe­rros de ca­za en Gui­ti­riz

La Voz de Galicia (Lugo) - - Provincia - X.M.P.

Los lo­bos se ce­ban úl­ti­ma­men­te con los pe­rros de ca­za en el mu­ni­ci­pio de Gui­ti­riz y han vuel­to a ata­car. El ca­so más re­cien­te se dio ha­ce va­rios días, en la pa­rro­quia de Os Vi­la­res, en don­de una pe­rra fue ata­ca­da por un lo­bo, que lo­gró arran­car la ca­de­na con la que aque­lla es­ta­ba su­je­ta y lle­vár­se­la. La in­cur­sión tu­vo lu­gar por la no­che, pe­ro tan cer­ca de la ca­sa del due­ño de la pe­rra que el pro­pie­ta­rio se dio cuen­ta de lo ocu­rri­do y se le­van­tó; sin em­bar­go, el lo­bo ya ha­bía lo­gra­do su pre­sa y se ha­bía ido con ella cuan­do lle­gó.

El due­ño de la pe­rra, Ra­món Par­di­ñas, co­men­tó ayer que por cer­ca de la ca­sa y de la ca­se­ta del ani­mal se veían pi­sa­das de lo­bos y se ob­ser­va­ban res­tos de la pe­lea. No pre­sen­tó de­nun­cia por lo ocu­rri­do; pe­ro sí pre­ci­só que el ani­mal po­dría va­ler unos 500 eu­ros. En esa mis­ma zo­na del mu­ni­ci­pio de Gui­ti­riz, cer­ca del Cor­dal de Mon­tou­to y de la Se­rra da Lo­ba, hu­bo en años pa­sa­dos ata­ques de lo­bos cer­ca de ca­sas; en al­gún ca­so, in­clu­so con pe­rros afec­ta­dos. Ade­más, en pa­rro­quias del sur de mu­ni­ci­pio, co­mo Parga o Ma­riz, tam­bién se die­ron esas mis­mas si­tua­cio­nes.

Ve­ci­nos de Os Vi­la­res ase­gu­ra­ron ayer que los ras­tros de lo­bos eran ha­bi­tua­les en la pa­rro­quia en los úl­ti­mos tiem­pos. No se han da­do has­ta aho­ra, en cam­bio, ata­ques co­mo el re­gis­tra­do en la pa­rro­quia de Tras­par­ga en el 2012, con 33 ove­jas muer­tas, aun­que tam­bién es cierto que los due­ños de reses han to­ma­do las de­bi­das pre­cau­cio­nes: al­guno ha lle­ga­do a cons­truir al­gún mu­ro de con­si­de­ra­bles di­men­sio­nes pa­ra que sus ove­jas se sien­tan a sal­vo.

«Xa non ten que co­mer»

Lo que no pa­re­ce sor­pren­der a los ve­ci­nos de la pa­rro­quia es que el lo­bo lle­gue tan cer­ca de las ca­sas y se lan­ce con­tra pe­rros. «O lo­bo xa non ten que co­mer e ataca a cans por­que é o re­cur­so que lle que­da», de­cía ayer Ra­món Par­di­ñas pa­ra ex­pli­car un ca­so co­mo el re­gis­tra­do a po­cos me­tros de su vi­vien­da. Pa­ra él, una so­lu­ción po­dría ser que en los mon­tes se de­ja­sen res­tos de ani­ma­les muer­tos —eso sí, con la con­di­ción de que no es­tu­vie­sen en­fer­mos—, de mo­do que la fau­na sal­va­je ten­dría ali­men­ta­ción ase­gu­ra­da y los pe­rros de pa­ja es­ta­rían un po­co más se­gu­ros. Y los due­ños, más tranquilos.

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