Un ma­ris­ca­dor de A Po­bra re­vien­ta el glo­bo ocu­lar a la se­cre­ta­ria del pó­si­to en una pe­lea con un guar­da­pes­ca

La Voz de Galicia (Lugo) - - Cultura - JA­VIER RO­ME­RO

Los pro­fe­sio­na­les de la co­fra­día de A Po­bra do Ca­ra­mi­ñal se­guían ayer ho­rro­ri­za­dos por el epi­so­dio de violencia vi­vi­do el miér­co­les por la tar­de en la se­de la en­ti­dad, y que mo­ti­vó que la se­cre­ta­ria del pó­si­to fue­se hos­pi­ta­li­za­da por la agre­sión que su­frió en un ojo, al pa­re­cer, a ma­nos de un ma­ris­ca­dor. La víc­ti­ma, ayer y tras ser ope­ra­da, tie­ne po­cas po­si­bi­li­da­des de con­ser­var el ojo afec­ta­do por la fuer­za del pu­ñe­ta­zo que re­ci­bió de es­te in­di­vi­duo en el trans­cur­so de una pe­lea que man­te­nía con un guar­da­pes­cas de la co­fra­día. El mo­ti­vo fue una san­ción que el pó­si­to con­si­de­ra jus­ta.

El ori­gen del con­flic­to en­tre el agre­sor —S. G. S., de unos 40 años— y el guar­da­pes­ca se ori­gi­nó unas ho­ras an­tes del fa­tí­di­co al­ter­ca­do. El ci­ta­do ma­ris­ca­dor, que fue de­te­ni­do por agen­tes de la Guar­dia Ci­vil de Boi­ro, al pa­re­cer te­nía la in­ten­ción de sem­brar una can­ti­dad al­me­ja sin el con­sen­ti­mien­to del guar­da­pes­ca, lo que de­ri­vó en una pri­me­ra dis­cu­sión. Ya en tie­rra, las di­fe­ren­cias se avi­va­ron, lo que mo­ti­vó que el em­plea­do de la co­fra­día op­ta­se por tra­mi­tar una san­ción con­tra S. G. S.

Po­co des­pués, el de­te­ni­do se per­so­nó en los des­pa­chos del pó­si­to pa­ra re­cla­mar ex­pli­ca­cio­nes so­bre la mul­ta. Fue la se­cre­ta­ria de la en­ti­dad la per­so­na que lo aten­dió, y le re­cla­mó pa­cien­cia al no es­tar dis­po­ni­ble el guar­da­pes­ca en ese mo­men­to. Aún así, y fru­to de la ca­sua­li­dad, el guar­da­pes­ca apa­re­ció a los po­cos mi­nu­tos. Fue en­ton­ces cuan­do se ini­ció la tri­ful­ca en­tre am­bos. Fuen­tes del pó­si­to ex­pli­ca­ron que S. G. S. man­te­nía una ac­ti­tud desafian­te con el tra­ba­ja­dor, que se vio en la ne­ce­si­dad de qui­tár­se­lo de en­ci­ma dán­do­le una pa­ta­da. Fue en­ton­ces cuan­do un téc­ni­co de la co­fra­día in­ter­vino co­gien­do por la fuer­za a S. G. S. pa­ra se­pa­rar­lo y lle­var­lo has­ta la puer­ta de sa­li­da. Cuan­do S. G. S. es­ta­ba apa­ren­te­men­te cal­ma­do, lo­gró que el téc­ni­co lo sol­ta­se, pe­ro fue en ese mo­men­to cuan­do el pre­sun­to agre­sor en­tró en las ofi­ci­nas nue­va­men­te con la in­ten­ción de pe­gar al vi­gi­lan­te. Pe­ro la ma­la suer­te hi­zo que el pu­ñe­ta­zo im­pac­ta­se en el ojo de la se­cre­ta­ria, a la que rom­pió el glo­bo ocu­lar. En prin­ci­pio, la víc­ti­ma fue tras­la­da­da al hos­pi­tal de Bar­ban­za, pa­ra ser de­ri­va­da, al po­co tiem­po, a Santiago pa­ra ser ope­ra­da de ur­gen­cia.

La víc­ti­ma, ayer, ya es­ta­ba en su ca­sa, y las mis­mas fuen­tes de la co­fra­día in­for­ma­ron de que exis­ten mu­chas po­si­bi­li­da­des de que pue­da per­der el ojo.

El ma­ris­ca­dor ata­có al vi­gi­lan­te por una san­ción, pe­ro el pu­ñe­ta­zo al­can­zó a la se­cre­ta­ria

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